Uber Cuba 0039

Hay un momento en el exilio donde el exilio se nos hace consistentemente verdad. En ese momento toda nuestra vida anterior en Cuba adquiere su mejor consistencia falsa de impostura, pesadilla, patraña.

Ocurre, según me han dicho incontables exiliados cubanos, alrededor de los cinco años viviendo afuera. Siempre y cuando, por supuesto, uno no haya viajado de vuelta a la Isla durante ese quinquenio inicial, crítico, definitivo para la metamorfosis de cubano provinciano a cosmopolita cubano.

Ese momento a mí me ocurrió hoy. En un taxi Uber, en Saint Louis. Por la noche. A poco de cumplir seis años fuera de Cuba (mi cumplexilios es el 5 de marzo). Acabo de bajarme del carro. Y vine directo para la laptop.

No fue nada sobrenatural. El chofer era un blanconazo norteamericano, afable y con sentido común. La conversación fue sencilla y cortés, ligeramente meteorológica, en inglés sosegado. La música, perfecta, irreconocible, de clase media decente.

La carrerita corta, de Clayton a Central West End, bordeando la Universidad de Washington y el Forest Park. Pero fue así que ocurrió. Una visión, un fogonazo, algo así como un color que habíamos olvidado. Una manera de ser que nos definía y que, sabemos, nunca más podremos poner en práctica. Cierta forma de sonreír, de tocar, de hacernos visibles entre otros seres humanos. Algo relacionado vagamente con la edad, pero de manera fundamental. Una como memoria de los muertos jóvenes a los que no pondremos de nuevo ni una florecita pecosa. Un sonido que era el sonido de la soledad en una ciudad donde era imposible la soledad.

Todo eso y otras cosas que ustedes, los cubanos, no creerían.

Pensé que había perdido la cordura. Todavía lo pienso. Por eso escribo esto a la carrera. Por si todavía estoy a tiempo de detener la avalancha de sensaciones incomunicables, por si todavía no es muy tarde para regresar a la cordura, aunque se trate de una cordura sin cuerda llamada Cuba.

Como el hijo del rey o del pastor, me quedé fuera de Cuba. Como el hijo del pastor o del rey, se ha quedado Cuba sin mí. Juro que nada de esto yo lo sabía antes del Uber de hoy.

Uber Cuba 0038

Uber Cuba 0038

Orlando Luis Pardo Lazo

La Revolución Cubana será eterna y todo, pero está repleta de comemierdas.

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