Mercenarios mercenarios, todos somos mercenarios

Llevo varios días escuchando la palabra mercenario. A partir de los acontecimientos ocurridos en la Isla hace casi un mes, la palabra aparece no solo en los medios de prensa y comunicación de allá, sino también en comentarios en las redes o a través de sistemas de comunicación digital.

Entonces, me han dicho que todos los participantes en las manifestaciones en Cuba son mercenarios. Hablo de San Isidro, del MINCULT, de los que salieron a protestar en la Habana Vieja, de los que salieron a protestar en provincias, también de los que salieron a protestar frente a algunas embajadas cubanas regadas por el mundo.

Y, bueno, los argumentos que he podido recolectar respecto a por qué son mercenarios, mayoritariamente, son los siguientes:

Son mercenarios porque reciben apoyo del enemigo del Norte, que quiere desarticular y desestabilizar al pueblo cubano. Este apoyo se traduce en recargas de teléfono, dinero para insumos básicos y también para gastos de transportación.

En algún caso, vi que publicaron imágenes de Facebook donde una persona escribía que daban mil dólares (o una suma similar) para que le dieran candela a algún lugar en Cuba. Por el hecho de que alguien, en algún lugar del mundo, publicara eso en sus redes, el gobierno y parte del pueblo cubano asumió que alguien había aceptado la oferta, y que lo haría.

Hasta el momento no ha pasado nada más allá de una pedrada a la tienda de Línea y 12. Pero bueno, no importa lo que pasó: el caso es que también son mercenarios por eso. Por algo que escribió alguien, en algún lugar del mundo; y porque, claro está, existe la posibilidad, como potencia (la puissance, en francés), de que alguien en algún lugar de Cuba hiciera algo. Entonces pagan todos, por mercenarios.

Son mercenarios porque son unos vendepatria. Y venden su patria por una recarga, un dinerito para insumos básicos, para transportación… Lo que dije antes.

También son mercenarios porque son mercenarios. Este es otro argumento que se repite mucho. En Twitter ya he preguntado varias veces: “Oiga compañero, buenos días, ¿me puede explicar por qué son mercenarios?”.

Respuesta: “Porque son mercenarios”.

Acabo de señalar los argumentos para el mercenarismo cubano.

A mí, la verdad, me gustaron. Me gustaron mucho, sobre todo, por la reconfiguración que ha tenido este concepto dentro de nuestra intelectual Isla.

Cuando hablamos de mercenarios, pienso en primer lugar en el origen etimológico e histórico donde el mercenario era aquel que cuidaba la mercancía de otro por un pago irrisorio, cosa que lo motivaba tanto a robar de vez en cuando algo de la mercancía, como a irse con otro comerciante que pagara mejor. Para aquellos mercenarios griegos, no existía mucha empatía con el otro, o por lo menos se intentaba opacar.

Pero luego el mercenarismo, como concepto de divulgación bastante popular, comenzó a ser categóricamente interpretado como aquel que lucha en un conflicto bélico no por un ideal determinado, sino por su propio beneficio económico. Esto no lo digo yo, ni lo leí en un libro especializado: lo dice Wikipedia, lo cual nos acerca a la idea de lo popular, conocido y estructurado que es este concepto.

Entonces, me encantó que en la interpretación cubana, en ningún caso se hiciera referencia a ese detalle: la parte relacionada a los ideales y a la falta de empatía por el otro. Solo hablaban del apoyo que venía de otra parte. Pero, según entiendo, el peso del mercenarismo no está en la paga, sino en la no filiación ideológica, política o intelectual con absolutamente ningún proceso por el que seas contratado para luchar.

Ejemplo: si a mí ahora me dicen que vaya a manifestarme en contra de aquellos que matan a los delfines y que por hacer eso me van a pagar mil dólares, yo lo haría, porque a mí no me interesan los delfines. Lo mismo si me dicen que me monte en un buque de pesca a matar delfines a cambio de mil dólares: lo hago porque no me interesan los delfines. En cualquiera de los dos casos, me interesan los mil dólares.

En ese sentido yo sería una mercenaria, y cualquiera de los que se manifestaron en Cuba o en cualquier otro lugar por las injusticias gubernamentales cometidas, podrían ser mercenarios en caso de que recibieran dinero por salir a la calle sin sentir la más mínima empatía o sin apoyar aquello por lo que están siendo remunerados.

Les pongo otro ejemplo. Pensando estrictamente en el concepto de mercenario que manejo yo, que manejan los politólogos e historiadores y que manejan hasta en Wikipedia: entre aquellas personas que salieron a hacer actos de repudio durante estas últimas semanas, seguramente sí había muchos mercenarios. Porque muchos fueron por la merienda que les dieron, o por la promesa de cambiar la placa del techo.

Esa también fue la respuesta que me dio una señora que participó en alguno de esos actos, y que casualmente conozco y tengo en las redes. Yo le pregunté: “Fulanita, mija, ¿y por qué tú te prestaste para eso?”. Ella me respondió: “Porque la placa de mi casa está en candela y yo no tengo forma de resolver. Aparte, nos dieron merienda y tú sabes que yo tengo un niño. A mí no me importa nada, porque yo no le importo a nadie”.

Su respuesta me encantó. Sincera y directa. Ella es una mercenaria que me explicó por qué es una mercenaria. Nadie la apoya, pues ella no apoya a nadie. Salir a gritar ¡Viva Díaz Canel!, no es apoyar. Salir a gritar ¡Viva Fidel!, no es salir apoyar. Eso simplemente es gritar y, a menos que alguien se me quiera poner poético, un grito es la expresión de algo, pero no específicamente de apoyo.

Pero si alguien recibe apoyo por emprender una lucha, o manifestación, o gritería, algo en lo que mediana o totalmente cree, eso no es ser un mercenario, al menos en el sentido tradicional del concepto. Eso es ser una persona que recibe recursos para comenzar algo. Como mismo ha pasado en absolutamente todos los movimientos sociales, sean del corte político que sean, en el periodo histórico que sean.

Para luchar, para gritar, para armar lío, hay que comer, hay que moverse y, actualmente, hay que tener conexión y celular para transmitir. Entonces, si fuera el caso de que los del Norte le pagaron a toda esa gente (cosa que no me consta para nada, pero vamos a suponer que sí, vamos a seguir ese juego), todos aquellos que recibieron alguna remuneración, del tipo que sea, no son mercenarios, sino personas que reciben recursos para poder llevar algo a cabo.

Igualito a como ha sido la relación del gobierno cubano con múltiples países, incluso desde antes del Triunfo de la Revolución. Antes de este periodo, se le llamaba colonialismo o neocolonialismo. A partir del triunfo, se le llamó ayuda solidaria. Tú me das plata para yo poder hacer las cosas que necesito, y yo te doy lo que tengo a cambio de esa ayuda, o simplemente te agradezco sin darte nada a cambio. Creo que no hay mucha diferencia entre este hecho y aquel supuesto caso en que los “revoltosos” recibieran ayuda de otros para poder hacer su “revuelta”.

A esto debo añadir una incógnita que me surgió: si mercenarios son aquellos que viven en Cuba y que les pusiero recarga y les dieron dinerito, ¿qué son (somos) todos los que, desde afuera, han (hemos) hecho algo en pos de contribuir a la revuelta cubana? Los que fueron a las embajadas a manifestarse, los que han escrito comentarios en Facebook, los que han retuiteado o compartido, los que han hecho directas, los que simplemente han leído y dado like… A todas estas personas, ¿quién les paga? ¿Quién los apoya con algo, para así convertirse en “mercenarios”? Quisiera que alguien me explicara cuál es el estatus político-ideológico de ellos, de nosotros.

Para ir concluyendo, creo que la cosa quedaría así:

Si entendemos mercenario como alguien que no empatiza para nada con aquello por lo que lucha, y solo le interesa la retribución monetaria, entonces la gran mayoría de los que estuvieron manifestándose en Cuba NO son mercenarios. Otra minoría seguramente sí, pero la gran mayoría no. Podrán haber ido a manifestarse por cualquier otra razón (quizás estaban dando la vuelta, quizás querían farandulear…); pero porque fueron retribuidos económicamente, no.

No hay bolsillo que aguanta darle money a tanta gente. Además, sí había empatía por parte de todos.

Pero si entendemos mercenario como aquel que recibe apoyo para llevar a cabo una empresa, sea política, sea ideológica, sea económica, entonces TODOS somos mercenarios. Todos, absolutamente todos, en este mundo somos mercenarios.

Nadie en el mundo puede hacer algo solo. Nadie en el mundo puede hacer algo sin ayuda.

A ver qué definición argumentada te gusta más, Estado cubano. A ver cuál te sirve más para el noticiero.

Saludos.




Amanda Rosa Pérez Morales

Talasofobia

Amanda Rosa Pérez Morales

Siempre he pensado que uno puede evadir su existencia personal cuando los problemas son propios. Los problemas de uno, o se sufren o se olvidan. Pero los que no se pueden separar, esconder, evadir tan fácilmente, son los problemas de ciertos otros. O al menos eso opino yo. Precisamente, en el otro es donde más estoy yo.


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