Obituarios burlescos, obituarios onerosos

Ha sido Antonio José Ponte, escritor cubano exiliado en España, quien ha alertado sobre el tono cabrón y zorruno con que la oficialidad cubana ha distinguido —digamos mejor, “conmemorado”, al viejo estilo de su grisura coloreada— el deceso del poeta villaclareño Sigfredo Ariel, coincidiendo otra pérdida más con las festividades infaustas del 26 de julio, no ordenadas esta vez ni en La Habana ni en Santiago. 

Por faltarles “de todo” lo que hay que tener hasta para ser sinceros.

—El País no está pa’ fiestecitas —aseveró una funcionaria de la sección de Escritores de la UNEAC, como si hablara del Grupo PRISA y no del subsuelo patrio, la víspera de la tríada del “descanso obrero subsidiado”, y lo hizo durante la presentación de un librito-ladrillo progubernamental en la Sala Villena, cuando un novel miembro del clan intelectual le preguntó, esperanzado, por “las habituales jornadas de lecturas veraniegas en el Pabellón Cuba”. 

—Cero: no habrá nada —dijo aquella, molesta—. Además, no tenemos fondos suficientes para pagarte la resolución No. 35… Apenas si vendemos libros ya —concluyó tajante.

Sobre el suicidio de Haydée Santamaría, ocurrido en esa misma fecha hace 40 años —y cuyo traslado oportuno fue publicitado dos días después que terminaran los decretos feriados, para no estropearlos—, ha pasado inadvertido —de nuevo— lo escrito por la cuasi centenaria Marta Rojas, redundante como siempre en la incursión granmense donde no abunda la claridad en nada

Pues “nunca apareció la presunta carta de despedida de la occisa” —¿contrarrevolucionaria por el acto cobarde de matarse?—dirigida al inmovible e inmorible empedrado en jefe, en la que acaso relatara de sus continuos dolores/decepciones, desde el “glorioso” 1953 hasta la fecha en que se hartó la guerrillera de respirar.

(Para escenificar un tanto el panorama reinante afuera de esa misma Casa de las Américas que ella fundara, y en donde dejó los restos: los cubanos iban —era ya 1980— rumbo al embarcadero del Mariel, gritando verdades y consignas…, a favor o en contra de la Oficina de Intereses yanqui, igualmente agitados por ambiguos intereses).

Ahora, nueva manipulación de las palabras se ha hecho visible en las redes, a través del mencionado poeta —y codirector del Diario de Cuba (DDC)—, cercano colaborador del polémico intelectual Fermín Gabor, con quien a lo largo de estos años ha compuesto, a varias manos, la tripa enjundiosa de un libro intitulado La lengua suelta: un “odioso” compendio de sátiras sobre el sempiterno festín que significa “intentar entender el trajín cultural del patio”. Crónicas publicitadas anteriormente en el resucitado magazín La Habana Elegante, de Francisco Morán, que recaban ciertas reminiscencias —a su tiempo de pánicos tempranos— del apéndice bucal de Virgilio Piñera.

Morirse por cuenta propia en el socialismo tropical tiene muchísimas interpretaciones. Que Nicolás Guillen, canchánchara en la rechifla sincopada del “Velorio de Papá Montero”, pudiera haber establecido pauta para la implementación de la “izquierdista” visión de la sorna republicana, o “irse del parque prudentemente antes que la debacle nacional acontezca”, no constituyen razón suficiente para que el choteo de otro ambiguo intelectual, Jorge Mañach, quiebre las fronteras éticas e irrespete.

En la perpetración castrista de la falacia, se prefiere el golpe del tambor al aullido lacrimógeno, porque en su afán de “quedar bien”, enseñan al unísono oreja, hocico y pata peludos.

Inconformes con la muerte largamente esperada de Eusebio Leal, el empresario historiador de La City, citaron mil y una réplicas de las posturas procastristas del finiquitado. 

No mencionaron su adhesión a la famosa carta fratricida que justificaba los asesinatos de los asaltadores de lanchas en 2003, ni otras abyecciones suyas, como apañar al cardenal Jaime Ortega Alamino, también en camino al mismo purgatorio.

Porque en un inusual post aparecido a manera de “tributo postrero” en la página oficial de la Oficina Nacional del Diseño Industrial que Eusebio apadrinara, dependencia creada en 1980 y única sobreviviente del fracasado Instituto Cubano de la Demanda Interna, hoy tributaria del Ministerio de Industrias, se cataloga al recién partido como un “gendarme”. 

Evidentemente, el redactor o la redactora de semejante insulto se ha topado con una andanada de repulsas, consecuentes con el comentario divulgado en las controversiales redes sociales. Luego, el entuerto fue subsanado cuando sonó la alerta mediática.

La muerte inesperada del santaclareño Ariel, que no fue “voluntaria” como la de Haydée, y por tanto no imputable a gesto adverso al clan familiar, fue descrita en Cubaliteraria —anónimamente— de la siguiente manera: 

“En una fecha tan histórica para los cubanos como el 26 de julio falleció el intelectual cubano Sigfredo Ariel, víctima de cáncer”. 

Prefiriendo el parche de jelengue al solemne luto. Evidencia de que quieren hacer creer (es la estupidez de la propaganda política) que el escritor eligió fecha de muerte para adornar el calendario oficial, acorde con el ponente.

Sigfredo no fue un “poeta épico de la Revolución” ni tampoco un “disentón abierto”, como suele la membresía “uniáxica” catalogar a sus parientes/súbditos en el rango cortesano

Porque el artista que fue —también diseñador, disertante y musicólogo— vivió una temporadita fuera de la Isla, en la odiosa —y adorada— Madre Patria, durante lo menos álgido del descojonante Período Especial, es decir, después de los 2000 (aunque igualmente desarrapados los cubanos que en la década precedente).

Pero como los hijos de las nomenclaturas descaradas tampoco vivieron en casita pobre, ni se graduaron en universidades insulares en fechas tan candentes —ni en ninguna otra—, se sobreentiende que a Teresa Melo —o al posteador anónimo de Cubaliteraria— le hayan suministrado sus gendarmes culturales licencias expresas para mentarlo.

Porque para Ponte & Lapidarios, “la Revolución es una grosería tras otra”. Pues [Sigfredo Ariel] “no fue un exiliado ni un opositor, gozó en ocasiones del favor oficial, y, no obstante, ese oficialismo no lo iba a dejar irse sin dedicarle su ración de grosería. Lo homenajean, sí, pero ofensivamente. Porque está en la naturaleza de ese oficialismo comportarse así”. 

Y finaliza su apología sobre él de esta manera:

“Yo tengo la esperanza de que su poesía, llena de textos memorables, va a ser leída cuando los únicos dispuestos a celebrar las efemérides del cambio de una dictadura por un totalitarismo sea gente como Díaz-Canel [et al.], si es que para entonces todos ellos sostienen sus respectivas abyecciones con entereza.”

Lo curioso —y triste— de todas estas lecturas y sainetes mediáticos diluidos en la pluma de estos neolibrepensadores de hoy, es la desaparición inmediata en esos medios oficialistas de ambos “obituarios”. Consecuencia quizá del rebrote escandaloso de la vergüenza de Chibás, justo después de la denuncia del insulto infringido a la imagen del poeta, más la reacción en la misma gacetilla con la que —antes de las recientes revelaciones del presidente sobre “considerar las opiniones del enemigo” ¿para pensarnos como país?— se limpiaron el culo.

Habrá que esperar a ver con cuál esquela mortuoria se le aparecen al “Yéneral”, cuando se haya ido lo “Electric”.




Microfonito me genera ansiedad - Amanda Rosa Pérez Morales

Microfonito me genera ansiedad

Amanda Rosa Pérez Morales

Yo vivo en un torbellino de emociones diarias… Los perros me causan ansiedad, las videollamadas me causan ansiedad, los videos de casas bonitas me causan ansiedad, mis padres me causan ansiedad, Cuba me causa ansiedad.


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