Jorge Rodríguez: Perder los ojos

En las pinturas de Jorge Rodríguez (Holguín, 1991) no hay ojos; su lugar ha sido deformado, desplazado. Las anomalías fisionómicas así logradas hacen que los retratos pertenecientes a las series Competencia Cosmonautas vs. Astronautas y Theratos, sean inquietantes.

Los retratos de Rodríguez recuerdan fotografías vistas bajo el agua. Naturalezas destruidas. 

En esta entrevista Jorge Rodríguez hierve pastas. Espaguetis al dente. Undici minuti. Su novia le recuerda añadir apio a la salsa. Jorge Rodríguez pone la mesa para cuatro. Cuatro platos hondos. Cuatro tenedores.

Nos servimos de la olla humeante: Jorge, Patricia —su novia, quien lleva un bob negro rizado y ya no se asemeja tanto a otra Patricia rubia que Jorge Rodríguez pintó en 2019, colgada a su izquierda— y yo. El cuarto comensal es un experiodista de la BBC.

En una repisa hay cuadros más pequeños, protegidos con dos vueltas de nailon transparente, y uno pertenece a la serie Cosmonautas vs. Astronautas: “Fig. 98”, acrílico sobre lienzo, 25×25 cm, donde una perra se escucha jadear.

De veras, se escucha jadear.

¿Laika?, pregunto. Y Jorge Rodríguez asiente.



“Fig. 98”, de la serie Cosmonautas vs. Astronautas.


¿En qué momento específico un niño desea convertirse en pintor?

Mi primer choque con la idea de reproducir o intentar hacer pinturas comenzó con los libros de medicina. Mis padres son médicos y me interesaban sus libros rusos de anatomía; en casa había un estante lleno, donde aparecían acuarelas de la figura humana que llamaban mi atención, y también las caligrafías, las palabras. Después de hacer estas reproducciones me llevaron a las escuelas de pintura de Holguín, donde tuve un profesor buenísimo, un artista, que me contaba los orígenes del arte y me enseñaba nuevas palabras. Y esto me atraía, porque me encantan los diccionarios, conocer significados.

Ahora mismo trabajas con el concepto de teratología, que se refiere al estudio de criaturas anómalas dentro de la zoología…

Al inicio pensé que me resultaba atractivo por la misma razón que nos atraen los fenómenos de circo, las ferias donde se exponen personas con rasgos diferentes, singulares, en su anatomía. Estas extrañezas atraen el público, y por ahí va mi búsqueda.

También estuve leyendo sobre las persecuciones en el Medioevo. Personas que fueron perseguidas por sus rasgos, bajo el concepto de que el alma se reflejaba en el rostro, en la anatomía. Y lo que se consideraba feo, se consideraba también hereje, diabólico. Yo lo que intento es reproducir la belleza, el atractivo de los fenómenos.

¿Qué modelos buscas para tus retratos?

He trabajado con amigos, gente que frecuenta los mismos lugares que yo. Bares, por ejemplo. Me interesa desfigurar los rostros, perder los ojos, crear rasgos que sean complejos de reconocer, jugar con los charcos de agua y de pigmento que hago y luego dejo secar entre uno o dos días, hasta que se reducen. Porque mi forma de trabajo es horizontal, en el suelo, yo no trabajo vertical. Lo que hago es esparcir pigmento con una jeringa y crear manchas.

De lo que pueda resultar obsceno o terrorífico, ¿qué te interesa?

Yo tengo cierto problema con los rostros, se me dificulta poder mirar a los ojos, y ese es mi primer interés. Quizás estoy buscando eso, experimentando con el retrato. Antes los retratos se hacían por encargo. Pero yo los hago porque lo deseo.



“Figs. 70-90, 94, 95, 97, 99”, de la serie Theratos.


¿Qué tiempo te toma pintar un cuadro?

Algunas veces me toma una semana, depende del clima, de los agregos que utilizo buscando efectos, como sal o vinagre. Me puedo cansar muy rápido de lo que estoy haciendo, e intento saltar de un proyecto a otro. En estos últimos dos años me he estado concentrando más en llevar a cabo la serie Theratos.   

A veces se te acumulan conflictos sobre lo que verdaderamente quieres hacer. Y mi propia obra, cuando ya han pasado uno o dos meses, no quisiera ni verla. Ya basta, digo. Esto me impulsa a trabajar.

¿Qué figuras componen Theratos?

Hay amigos, un autorretrato, mi novia… Y fotografías famosas con las que he trabajado, y de las que intento aprovecharme porque me gustaron, pueden ser políticas o históricas.

Me gusta ver qué pasa cuando distorsionas la expresión, lo simétrico. Como estoy obsesionado con la simetría, lo que intento es romper esa obsesión. Yo busco que mis cuadros sean cuadrados, bien simétricos, ubico las imágenes al centro; pero el centro de esas imágenes, el rostro, me interesa destruirlo.

También trabajo con los números. Con múltiplos de siete para las medidas. Mis primeras pinturas están influenciadas por la metafísica y la numerología, quizás aún hay rastros de eso.

¿Cómo ha sido tu recorrido como artista?

Estudié en la Academia de Artes de Holguín y luego pasé mi primer año de servicio social en el ISA de Holguín, en la sala de edición, porque mi tesis fue sobre audiovisuales; allí trabajé con stop-motion.Después vine para La Habana, en el año 2011. Tenía 21 años.

A veces he tenido mis paradas. Siempre he trabajado, pero la transición entre una obra y otra me puede tomar mucho tiempo: quizás tres cuadros en un año. Esa pausa también viene con otros conflictos, por ejemplo: acomodarte, insertarte, porque has llegado a una ciudad nueva. En aquel tiempo los materiales eran difíciles de conseguir y me interesé por la lectura y terminé aislándome un poco. Estuve leyendo mucha literatura científica, seudociencia… Luego decidí dejar un poco la lectura para trabajar más.

¿Cuál es el origen de tu serie Competencia Cosmonautas vs. Astronautas?

Yo nací en 1991, cuando cayó el bloque socialista. Mi abuelo había estado en la Unión Soviética, y me hablaba mucho de los logros que los soviéticos alcanzaron en las carreras espaciales; él me enseñaba los libros y todo esto me inspiraba. ¡Los astronautas!, era como un sueño de niños. Además, me atraía el espacio, el aislamiento, todo lo que tiene que ver con salir de este planeta, vivir fuera del medio ambiente natural. Trabajé también con la historia de Cuba, porque tuvimos un cosmonauta que fue al espacio. Esta carrera entre en la Unión Soviética y los Estados Unidos quise abordarla desde lo zoológico, lo biológico, la anatomía.



“Figs. 111, 127-136”, de la serie Competencia Cosmonautas vs. Astronautas.


También estoy pensando hacer un libro con mis pinturas, desde una ficción personal. Trabajar con el concepto de bacteria. Como una pintura que hice a partir de la imagen de Mao Zedong: Patógenos. Trabajar con retratos de líderes, gente que hizo daño con sus ideologías. ¿Hasta cuándo una idea puede destruir otras ideas?



“Figs. 100-108”, Patógenos.


¿A qué no le perderías los ojos?

Hay ojos que me gusta conservar. Aunque no me gusta ser observado, por eso la posición de mis retratos es frontal: parece que te están mirando, pero no. Tampoco quiero ser un Bacon; hasta ahora intento alejarme de lo convencional. Ver hasta dónde puedo llegar. La extrañeza en lo facial.

Ahora seguiré trabajando con el espacio y sus personajes más famosos, el boom de sus rostros en la prensa, los héroes de aquel momento…

¿Qué artistas fueron tus referentes iniciales?

Francis Bacon. Quizás porque tenía que ver con lo escatológico.

A inicios de año ganaste el Tercer Premio de Post-it 7, que consiste en la programación de una exposición personal. ¿Qué ha significado esto para ti?

Cuando me presenté al Post-it no pensaba en el premio, sino en colgar mi obra en una pared y que fuera vista. Antes yo visitaba el Post-it, pero no conocía la premiación. Siempre quise exponer en Galiano, porque me gustaba la curaduría del espacio y, bueno, dos años después obtuve este premio. Me encantaría que la exposición fuera en esa galería.

Desde tu experiencia con el mercado del arte (nacional y extranjero), ¿a qué retos se enfrenta un novel artista visual cubano para lograr vender su obra, posicionarse…?

Mi interacción con el mercado ha sido difícil. Vender es un medio para poder financiar mis proyectos, es frecuente que tenga que ajustarme al presupuesto para sacar el mejor provecho. En fin, no entiendo mucho sobre la relación de mi arte y el mercado cubano, lo cual nos hace sentir, a mi serie más reciente (Theratos) y a mí, como extraños en esta Isla.

Mi trabajo ha tenido más visibilidad a través de exposiciones y plataformas virtuales. Las redes sociales (Instagram y Facebook) han sido plataformas que me han trazado el camino; también otros sitios de arte como Artsy y Behart. Todos ellos me parecen adecuados para la visualización de la obra de artistas jóvenes. Pensando en el contexto en que vivo, considero vital la interacción que se da entre mi arte y los medios digitales.

¿Cómo ha afectado la pandemia tus formas de trabajo?

El aislamiento social a causa del virus me hizo más productivo que antes. El silencio humano me ayuda a enfocarme. Antes trabajaba de madrugada, pero el cansancio y la falta de luz natural me frustraban. Las mañanas pandémicas tienen un efecto positivo en mi mente y obra.

El gran problema es encontrar los recursos físicos para trabajar. La escasez, los altos precios de los materiales y la desaparición de recursos artísticos son los grandes problemas, pero sigo prefiriendo esta calma. Ha sido una oportunidad excepcional para mi creación: las ideas se vuelven más potables, preparándose para su materialización, y fluyen por nuevos rumbos.



“Figs. 110, 119-123”, de la serie Competencia Cosmonautas vs. Astronautas.




Laura Weinstein

Laura Weinstein en Cuba

Salomé García

Laura Weinstein, defensora de los derechos humanos y transfeminista colombiana, compartió sus experiencias en el espacio de Telegram del grupo 11M Cuba. Días después nos llegó la noticia de su fallecimiento. Con la transcripción y publicación de este debate, espero acercarla nuevamente a nuestra tierra y su gente.





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