Victor Jeifets: “Cuba es un gran mercado para Moscú”

Entrevista a Victor Jeifets, editor en jefe de la revista Latinskaya Amerika (Academia Rusa de Ciencias) y director del Centro de Estudios Iberoamericanos, Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Estatal de San Petersburgo.

Armando Chaguaceda



¿Cuáles son a tu juicio los intereses y objetivos del Estado ruso en este regreso a América Latina en los dos o tres últimos años? 

Hay varias razones, a diferencia de cuando estaba la URSS, donde el interés era meramente geopolítico. Actualmente hay varias razones que además se mezclan, pero cada país es un caso, porque el caso venezolano no es el mismo que el brasileño o peruano. Una de las razones es la creación de un mundo multilateral, donde América Latina es muy importante. Para Rusia, América Latina tiene una función importante y clave para la construcción de un mundo multilateral, sobre todo partiendo del hecho de la creciente instalación de organizaciones internacionales en América Latina. 

La segunda es geopolítica: cuando Rusia regresó a América Latina, esta no era una región tan importante, pero ahora está tomando más peso en la escena internacional. Ha sido una región considerada como el patio trasero de EE.UU., por lo que Rusia compite en esta zona que parecía que solo era de EE.UU. 

Además, hoy Rusia tiene más relaciones con América Latina que las que tenía la URSS, así que se ha cambiado la dinámica. En los tiempos soviéticos, el socio principal era Cuba; a día de hoy es Brasil, según las cifras. Y en los tiempos soviéticos, por ejemplo, Brasil y Venezuela no tenían relaciones comerciales con la URSS. El comercio es un punto importante, ya que con Venezuela es un comercio de créditos bancarios, por ejemplo. 

Y el comercio siempre va asociado a la geopolítica y a las decisiones políticas. El caso de Argentina merece ser mencionado porque Rusia ha tenido relaciones comerciales con todos los gobiernos argentinos: Macri, Kirchner, etc. Sin importar quién estuviera o esté en la Casa Rosada. 

Con México ha sucedido lo mismo, sin importar quién gobierne, Rusia mantiene relaciones comerciales, aunque estas son escasas, porque México sustenta sus relaciones comerciales con EE.UU., que es su país vecino. Pero se ha dado el caso;por ejemplo, México compraba helicópteros militares rusos. En el caso de este país, es muy importante la relación que tiene con EE.UU. Y en el caso de Brasil, con Bolsonaro, tampoco ha habido cambios, con el cual Rusia mantiene sus relaciones comerciales, siendo un país que no se ha salido de los BRICS. De hecho, hubo un descenso comercial con Dilma Rousseff, aunque las relaciones políticas eran muy buenas. 

Podemos ir país por país viendo cada caso. Por ejemplo, con Chile es una relación comercial, al igual que con Perú; mientras que con Nicaragua es geopolítica. El caso de Cuba es más complicado porque el comercio es muy importante. Cuba es un gran mercado para Moscú, sobre todo porque hay muchas herencias soviéticas. Entonces, podemos ver que hay una relación comercial y política a la vez. Pero hay que recordar que Cuba fue abandonada por la URSS y por Rusia en los 90; es imposible que Rusia tenga el peso que tuvo la URSS en Cuba, no lo va a retomar. Y en el caso de Venezuela es muy importante el comercio energético con el petróleo y el gas. Pero, además, hacia Venezuela hay ayudas económicas y humanitarias, lo cual también es dinero y mejora las relaciones. 

La última razón es que Rusia ve a América Latina como una región en la que puede utilizar el soft power. Sobre todo, actualmente, donde estamos en una Guerra Fría 2.0, porque ideológicamente no vemos similitudes entre los países de América Latina y Rusia. Los países de la ola izquierdista ven a Rusia como un socio político, pero esta no tiene vínculos ideológicos ni está a favor del modelo bolivariano. El modelo económico ruso es diferente, tiende a ser un modelo entre neoliberalismo y capitalismo estatal, pero no es socialismo. 

En ese caso, Colombia, Perú o Brasil están más cerca de Rusia que Cuba, Venezuela o Nicaragua. También hay que ver los temas en los que se puede converger y a la vez discrepar. Por ejemplo, Rusia y Uruguay pueden hablar de DD.HH., pero no lo hacen de igual forma, ya que los ministros rusos nunca hablarán de matrimonio homosexual, pero los uruguayos sí. 

Coincido contigo en cuanto al rol de las ideas. El Estado ruso es conservador, no es de izquierdas radical, y es más iliberal. Estoy de acuerdo contigo, pero me gustaría preguntar, ¿qué rol ocupan las ideas en la proyección rusa en América Latina? ¿Detectas algún elemento común entre las ideas del gobierno ruso y los gobiernos de América Latina? Yo, por ejemplo, creo que les une el iliberalismo, pese a que no tienen la misma ideología. 

Yo creo que sí, que este elemento les une —aunque es más de facto y no tanto como una estrategia planeada— y es algo en común. Si tomamos el ejemplo de RT lo podemos ver muy bien, porque apunta todas las fallas que existen en democracia, DD.HH., seguridad, etc. Lo paradójico es que es lo mismo que critican a Rusia otros países, como los europeos. RT no está diciendo mentiras, para nada, las informaciones son ciertas, pero estas mismas cosas podrían ser propias de otros países. RT critica el modelo capitalista, pero es lo mismo que se le puede criticar a Rusia. 

Las élites rusas, no políticas ni gubernamentales, están confundiendo muchas veces la percepción que tienen los latinoamericanos en este tema. Por ejemplo, cuando un académico ruso dijo en un evento con la presencia de estudiosos rusos y latinoamericanos hace un par de años que los latinoamericanos y rusos deberían unirse contra la ofensiva liberal, una amiga mía, brasileña y comunista, me dijo de manera muy enojada: “¿Victor, quién es este tonto que está hablando?”. Esto nos demuestra que el enfoque y la forma de entender el sistema liberal y conservador en América Latina es diferente al de Rusia; por lo menos esto se aplica a una parte considerable de los investigadores rusos. Aunque la academia rusa tiene una idea un tanto extraña, porque por un lado desean una América Latina unida y de izquierdas; pero, por otro, quieren valores conservadores como en Rusia, similar a la ideología del candidato Castillo en Perú, que es de una izquierda conservadora —obviamente, estoy refiriéndome a solo una parte de la academia, pero esta parte es bastante extensa y se forma con los estudiosos de alto prestigio. 

Volviendo al tema de Rusia en la región, ¿crees que este regreso del Estado ruso en América Latina refuerza los vínculos de la academia rusa aquí?

Hay una brecha muy fuerte aquí. El interés del Estado en América Latina no se refuerza ni se apoya por parte del Estado en el ámbito académico. Por ejemplo, yo dirijo una revista sobre América Latina, en la que escribimos en ruso y este año tuvimos un recorte del 50% de la Academia de Ciencias de Rusia —al igual que muchas otras revistas—. Las empresas como Gazprom y Rosneft, con grandes intereses en América Latina, no cuentan con la academia rusa, sino que tienen sus propios analistas. Y aquí hay una brecha entre el Estado y la ciencia. El Ministerio de Exteriores sí que habla con la academia rusa, aunque luego tome unas decisiones diferentes, pero sí cuenta con nosotros. 

El interés hacia la presencia no se acompaña de la academia. También veo una brecha entre los consejos que piden y las respuestas que reciben. Por ejemplo, un colega académico japonés nos dijo que 80% de consejos que da al Estado por parte de la academia japonesa, lo cumplen. Y que si el Estado consulta a los académicos, es para cumplirlo. 

Yo te diría que en Rusia es 10% porque tenemos una política internacional presidencial donde no somos importantes para la toma de decisiones. En Rusia, si la academia coincide con la visión del poder político, el consejo sigue adelante, pero si no coinciden, no se les va a tener en cuenta. 

Tú has trabajado con la mayor red de instituciones de ciencias sociales latinoamericanas, CLACSO. Háblame de ese nexo que tiene con Rusia.

Que yo sepa, CLACSO solo tiene dos afilados en Rusia. Y uno de ellos es nuestro centro, somos asociados. Yo contacté a Pablo Gentili, le propuse varias cosas y aceptó. Pero hemos participado [la academia rusa] con CLACSO, por ejemplo, cuando llevamos a Dilma Rousseff en 2017. Ellos nos sirven a nosotros para establecer contactos en América Latina y nosotros a ellos para establecerlos en Rusia. Aunque últimamente CLACSO está tomando una línea muy de izquierda y nosotros somos más abiertos, tenemos gente de diversas ideologías. 

Nuestro vínculo no tiene nada de ideología y es más por redes académicas. Las redes académicas son un problema para los rusos, yo solo conozco a cinco rusos que son miembros de LASA —tal vez me falta algún nombre, pero las cifras no cambian mucho—. Y yo creo que es generacional, porque en unos años habrá más rusos jóvenes que ampliarán las redes. Además, las universidades rusas se mueven mejor que la academia estatal, ya que esta última es más cerrada todavia. 

¿Ves diferencias entre el trabajo que llevan a cabo las universidades rusas y lo que hace el MGIMO?

MGIMO tiene muchos recursos, tiene un gran potencial porque depende directamente del Estado ruso y varios de sus egresados forman parte del aparato político estatal. Además, MGIMO tiene menos rejas burocráticas que las otras universidades, que tienen que seguir cumpliendo cauces legales que obstaculizan el trabajo. 

¿Ves diferencias entre la academia soviética y la academia rusa de hoy en día en AL?

Actualmente, la academia rusa tiene más libertad para decir las conclusiones de las investigaciones. No hay censura ni directrices que tenemos que cumplir. Pese a que dependa de dónde publicamos, en general, tenemos manos libres. Los contactos de la academia desaparecieron, no había nada, y todo estaba muy cerrado, pero a su vez, ese intercambio cambió y se abrieron a otros académicos de Portugal, España… Disminuyeron las redes, pero a la vez los contactos se ampliaron. Por lo cual, yo veo más ventajas que desventajas. 



Victor Jeifets 

Egresado de la Universidad Pedagógica Rusa (1994), Doctor en Historia Universal (1998, por la Universidad Estatal de San Petersburgo), investigador-becario en la Dirección de Estudios Históricos del INAH (México, D.F.) en 1998-1999. Realizó estudios post-doctorales en el Centro de Estudios Sociológicos y Politológicos de las Sociedades en Transición (Instituto de Latinoamérica, Moscú, 2003-2006). Doctor Habilitado en Historia Universal, profesor titular (2011, por la Universidad Estatal de San Petersburgo). Director del Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Estatal de San Petersburgo (St. Petersburg University) y profesor de la misma universidad. Editor en jefe de la revista Latinskaya Amerika (editada por el Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias Rusa). Profesor del Departamento de Relaciones Internacionales y Problemas Globales de la Academia de Ciencias Rusa. 



© Imagen de portada: cortesía del entrevistado.




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