Este año leer ha sido escuchar

Con motivo del año que llevamos de Covid-19, Hypermedia Magazine ha despachado las siguientes preguntas a un amplio grupo de escritores cubanos:

1) ¿La pandemia ha modificado sus hábitos y/o métodos de escritura? ¿De qué modo?

2) ¿Han variado este año sus hábitos de lectura? ¿Ha leído más? ¿Ha leído menos?

3) ¿Cuáles han sido las lecturas (títulos, autores, plataformas) más reveladoras durante esta pandemia?

4) ¿La nueva situación global le ha inspirado algún proyecto literario?

5) Cuéntenos cómo es actualmente un día en su vida de escritor(a).

Compartimos con nuestros lectores los mensajes que retornan a nuestro buzón.




1.

Dispersión total. La casa ha sido la escuela, el taller de todo, el hogar las 24 horas. Lxs tres hemos terminado el séptimo grado, que es el final de la primaria en Buenos Aires y algunas otras provincias argentinas. Mi hija ha estudiado más que nunca, somos de esas familias que se involucraron muy profundamente en el aprendizaje virtual.

Acompañar a la estudiante y a lxs maestrxs ha sido fascinante, aunque agotador, deserotizante en un punto, por esa promiscuidad de la vida expuesta todo el tiempo, pero también algo descarnadamente amoroso, participativo, por la disponibilidad total, la curiosidad por lo inimaginable. También la frustración, porque no siempre el deseo de estar con todo en esas instancias se convierte en acción. Una siempre va soltando pedazos por el camino… Si le preguntan a la adolescente que ha terminado la primaria, no sé qué contará…



La escritura este año vino después de lecturas, acompañamientos, instancias de la madre, principalmente, como dije antes. He retomado el libro Sagrada Emilia, que intenta dialogar con el título de Gertrude Stein (por familia también); he comenzado a escribir otro, que quiero que se llame Sala de las memorias inútiles; todo lo escrito y acumulado para la versión de Orlando de Teatro El Público (me ha tocado el capítulo 6 de la novela de Virginia Woolf) se ha vuelto lejano y por tanto susceptible de ser reescrito, retrabajado, ampliado, puesto en delirio… Esas mutaciones multiplicadas del universo Virginia Woolf-Vita Sackville-West, por ejemplo, se están armando en otro libro de título provisorio Las enamoradas. Romance de entreguerras.

He leído mucho en las redes, también bajo el síndrome de la dispersión, sintiendo la digitalización acelerada de la realidad en esta ciudad con un 40 % de inflación, con un gobierno de empresarios millonarios que abjuran de lo público, la responsabilidad colectiva, las políticas culturales. Hasta agosto, más o menos, fue encierro casi total; después comenzamos a salir, y arranqué con algunos libros de la editorial Caja Negra, como los de Sara Ahmed, Mark Fisher, Laura Berlant…

Filosofía de matriz marxista, eso sostiene a gran cantidad de colegas en Buenos Aires, y yo me siento aliviada porque es atroz la incertidumbre y la sensación de abismo y tragedia en la que se vive. La pandemia ha acentuado esta sensación de estar a solas interpretando el mundo, y la amenaza del virus se ha asociado a ese estado de viralización de posverdad, de búsqueda de confirmación de lo que cada unx piensa y quiere… Así que lo que he leído me ha hecho buscar lo que no está ahí tan a la mano, que son textos confrontativos, como decía antes, cercanos a la filosofía y la crítica.

Leí La hermana menor de Mariana Enríquez, junto a la narrativa de la propia Silvina Ocampo. He vuelto sobre algunos de los libros de Rosa Ileana Boudet: Piñera y Felipe: escándalo y mito, y Cuba entre cómicos (este en colaboración a Manuel Villabella). Leí y trabajé con Taimí Diéguez Mallo su obra Con la ropa de mi madre, con la que preparábamos una lectura dramatizada en Panta Théâtre, como parte de un festival dedicado a la dramaturgia de mujeres en Cuba. Participaban también del Festival Agnieska Hernández y Alessandra Santiesteban. Y volví a Las conversadoras de Margarite Duras y La Jesenská de Ana Arzoumanian, entre otros textos.

Vi Algo en que creer, Jordskott, Dark… Por citar series de las que le hacen volar a una la cabeza, como si volvieran los tiempos de ver la telenovela brasileña a las 9:00 p.m. Esas lecturas que son lavativas, tan necesarias…, y a la vez con mucho de fantástico; pensé en la literatura de mi infancia, llena de bosques, cuervos, nieve, espantapájaros; me dan ganas de hacer algo en la Loma del Burro, en Lawton, que es el bosque de mi niñez; me la pasaba “subiendo la loma”… También he pensado mucho en la idea de comunidad.

La pandemia lo ha modificado todo, en primerísimo lugar el teatro, la vida de los teatristas, el destino de la profesión, el estar en lo público. Y yo soy un animal del encuentro, de lo público. La cultura independiente, la de más raigambre investigativa en esta ciudad (cuando vine por primera vez a Buenos Aires amé esta ciudad, como le pasa a tanta gente, y sentí que el riesgo y la investigación no estaban en la universidad, sino en los estudios de teatro independientes), es la que más ha sufrido después de casi un año de teatros cerrados. Junto a esto, también una disminución abrumadora de libros publicados por las editoriales independientes: la cultura independiente es la que más necesita al Estado, a las políticas culturales públicas. En eso estamos: sobreviviendo, exigiendo derechos como cualquier trabajador.


2.

He leído de forma más arbitraria… Lo primero: las lecturas de séptimo grado, que son excelentes, es un plan de estudios fabuloso; ver a mi hija leer a Ray Bradbury, Edgar Allan Poe, Roberto Arlt, Liliana Bodoc, me ha gustado más que leer yo misma mi “junta de planificación”, así que me estuve dejando atravesar por todo eso. Da mucha esperanza ver leer a lxs hijxs, da mucha esperanza escuchar cómo comentan los textos, qué les queda… Ver el esfuerzo y el placer; y escuchar a lxs padres contar lo difícil que se les hace, el desinterés de muchxs, etc. Da mucha esperanza insistir, acompañar, leer junto a mi hija… Me quedaría ahí para siempre, en su cuarto, en esa situación no del todo placentera, pero de la que ves nacer el conocimiento, los argumentos, la sensibilidad, las dudas… Cambiaría toda mi vida ahora y me iría de maestra a la escuela primaria. Vengo de una familia de maestrxs, uno de mis bisabuelos fue un maestro español que vino del País Vasco con su título firmado por el Rey a un curso de verano en La Habana, y se quedó… Casi todxs en mi familia materna han sido maestrxs… Lxs entiendo mucho mejor en este tiempo.

Leo habitualmente textos en concursos de los que soy jurado. Este año volví a ser prejurado del Fondo Nacional de las Artes, así que es una experiencia alucinante que agradezco y siempre me sorprende. Particularmente, en esta edición del concurso, me tocaron libros de autores que no son de Buenos Aires, y eso fue magnífico. Otra experiencia intensísima y maravillosa fue la de haber sido jurado del Premio Virgilio Piñera, organizado por Tablas Alarcos. Fueron días de gran intercambio con colegas muy queridxs como Raquel Carrió y Yerandy Fleites; me parecieron obras excelentes que me siguen confirmando la potencia de la escritura dramatúrgica en Cuba, del valor del estatuto literario de nuestro teatro.


3.

Es reveladora la idea de la posverdad que circula fundamentalmente en las redes, esa construcción hecha a golpes de “Me gusta” y otros acuerdos de opinología. Es reveladora la sensación de devastación, de lectura unívoca, de homogeneización. Es reveladora la sensación de que se siguen repitiendo los mismos axiomas, errores y lugares comunes que dejan por fuera tanta complejidad, tantos nombres, tanto trabajo, tanta memoria colectiva.

Plataformas que me gustan mucho: los sitios de las editoriales Caja Negra, Buenos Aires Poetry, Lobo suelto; ediciones sinsentido en su canal de Telegram, a través del cual tantxs teatristas y algunxs escritorxs han publicado y leído sus textos; el canal de Telegram Los susurros también existen, creado por Soleida Ríos, con poesía cubana fundamentalmente…

Algo muy hermoso de lo que participé fue el taller Los sonidos del confinamiento, impartido por Isabel Toledo, convocado desde la Cátedra Bergman de la UNAM. Doce mujeres nos encontramos por Zoom todos los jueves de octubre durante cuatro horas, para recopilar, intercambiar y compartir el espacio sonoro que habitamos; así que durante ese tiempo fui una buscadora y escuchadora incesante de todo sonido, ruidito, efecto… Y tratamos de hacer pequeñas piezas con ese universo sonoro. Fue interesante darme cuenta de que el espacio doméstico que habito no está aislado sonoramente, sino que es intervenido de forma continua por el afuera; a casi todas nos pasó… Así que fue un principio para pensar la soledad y la vida en comunidad durante este año de encierro. Digamos que fue una lectura a través de la escucha, algo que para lxs dramaturgxs es fundamental.

Volviendo a las lecturas: creo que ha sido un año de escuchar leer y la voz ha sido la protagonista; una voz encarnada, desdoblada, que exige concentración, elaboración, formas de la atención. Amo poner voz a los textos, he aprendido a conocer un poco más mi voz en este tiempo; amo escuchar los archivos sonoros que llegan desde tantos lados… Y todo esto continúa lo que hice con Charlotte Corday. Poema dramático, junto a los músicos Marian Dames y Guillermo Esborraz, y el paisaje sonoro que es mi poemario Arpegio.

Son extrañas conexiones, familiaridades que se acumulan y a veces dormitan y otras veces, estallan.


4.

En diciembre me llegó la propuesta de Juan Arabia, director de la editorial Buenos Aires Poetry, de preparar una muestra de poesía cubana. Seremos 7 poetascubanas (Soleida Ríos, Reina María Rodríguez, Damaris Calderón, Jamila Medina Ríos, Legna Rodríguez Iglesias, Martha Luisa Hernández Cadenas y yo) en un libro de textos inéditos que puede funcionar como poema colectivo, nómade, criatura de laboratorio, sosteniendo la ensoñación de lo grupal y los imaginarios de cada una a la distancia. Estoy muy feliz por esta apuesta de BAP hacia nuestra poesía, un bellísimo milagro. Y antes comentaba de tres libros en proceso en los que ando metida, junto a un libro de poesía para niñxs y un texto para la escena.


5.

Un día de escritora puede ser cualquiera en el que me adapto a horarios flexibles de trabajo y vida familiar. Días que cambian, no hay rutina. Voy y vengo. Tomo apuntes, acumulo, reescribo, organizo, avanzo o no. Por otra parte, preparo clases, leo textos de los talleristas, estoy a la búsqueda de nuevos ejercicios y consignas que proponerles, de bibliografía que lxs haga reverberar esas creaciones recientes.

Hay un lado mío que pertenece a la teatrología, así que eso me implica lecturas específicas y escritura de textos de investigación teatral que forman parte de una instancia académica, y es el Instituto de Artes del Espectáculo de la UBA, que dirige Jorge Dubatti.

Pienso que cada libro, cada proceso de investigación para un libro viene con su mecanismo y sus andariveles: Arpegio (Alción, 2019), por ejemplo, extrañamente lo escribí casi todo en el celular, entre 2017 y mediados de 2018; fue ese tipo de texto- estallido, vómito negro, cuando la lengua es tomada por otra… Algo muy violento, extrañamente hermoso, como una sacudida. No hubiera podido escribir ese largo poema del duelo si no hubiera sido en una situación de rapto, de regurgitación, de intermitencia.




Janet Batet

2020: un año bizarro

Janet Batet

Uno de los efectos más curiosos que tuvo la pandemia fue la de dislocar la relación espacial. Todo llegaba a mi patio con la misma intensidad: el encarcelamiento de Luis Manuel Otero Alcántara, la muerte de George Floyd, la campaña electoral estadounidense, el Movimiento San Isidro, la elección de Biden, el 27N.





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