Ocultarme frente a un enemigo invisible

Con motivo del año que llevamos de Covid-19, Hypermedia Magazine ha despachado las siguientes preguntas a un amplio grupo de escritores cubanos:

1) ¿La pandemia ha modificado sus hábitos y/o métodos de escritura? ¿De qué modo?

2) ¿Han variado este año sus hábitos de lectura? ¿Ha leído más? ¿Ha leído menos?

3) ¿Cuáles han sido las lecturas (títulos, autores, plataformas) más reveladoras durante esta pandemia?

4) ¿La nueva situación global le ha inspirado algún proyecto literario?

5) Cuéntenos cómo es actualmente un día en su vida de escritor(a).

Compartimos con nuestros lectores los mensajes que retornan a nuestro buzón.




Desde que se declaró la alarma por la COVID-19 en Estados Unidos, he estado recluida; una rutina que no me resulta demasiado forzosa ni difícil, porque suelo vivir bastante enclaustrada. Pero una cosa es aislarse por voluntad propia, y otra muy diferente hacerlo con toda clase de precauciones, como si tuviera que ocultarme frente a un enemigo invisible.

Los primeros meses fueron los más difíciles. Luego una se acostumbra a la paranoia. Aunque sigo tomando todas las precauciones, ahora lo hago sin la fobia excesiva del inicio. De todos modos, esa actitud permanente de supervivencia no favorece la concentración. Por eso me ha sido más fácil leer que escribir. El año pasado leí más de setenta libros, de los cuales recomendé diez en mi blog (ver “Mis lecturas preferidas 2020”.

No he dejado de escribir, pero el desasosiego del encierro me ha impedido adelantar mucho. De hecho, traté de continuar dos novelas que había empezado años atrás, pero tuve que dejarlas. Finalmente decidí regresar al relato. Hacía tiempo que no escribía un libro de cuentos y me está resultando un ejercicio refrescante.

Estoy explorando el universo de las distopías. Nunca me ha atraído mucho ese registro literario, que suele ser bastante deprimente —y de depresiones ya tenemos bastante—, pero los últimos meses han sido demasiado sombríos. Así es que no me ha quedado más remedio que enfrentarme a la realidad e intentar deconstruirla a la luz de mi propia naturaleza que se empeña en ser optimista, aunque todo esté de color hormiga.  

Por otro lado, el desbarajuste ambiental se ha reflejado en mi rutina como escritora hasta tal punto que he perdido mis horarios de trabajo. Lo mismo puedo empezar a las siete de la mañana que a las dos de la tarde. Debido a una especie de Babel anímica, a veces escribo durante tres días seguidos y luego no lo hago en los siguientes tres.

Hace poco, varios escritores entrevistados por la prensa estadounidense decían que apenas habían logrado escribir durante todo el año debido a las condiciones de incertidumbre en que vivían. Por mi parte, espero que este caos se aplaque en algún momento y nos permita recuperar la cordura, aunque creo que los efectos psicológicos del virus seguirán con nosotros durante un buen tiempo.



Daína Chaviano en un recital en el Koubec Center (Imagen de portada).


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Gleyvis Coro Montanet

Vivir a toda mecha creativa

Gleyvis Coro Montanet

La pandemia me encerró en casa y me regaló horas imprevistas. Puso a mi disposición esos valiosos colgajos de tiempo que invertimos en trasladarnos, reunirnos, contarnos cosas esenciales o tontas. Suprimió el directo presencial y yo lo aproveché: desde marzo de 2020 he publicado tres libros.





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