Carlos Varela y el jolgorio poscomunista

25 años después de Como los peces

Carlos Varela vino a Madrid a festejar los 25 años de su disco Como los peces. Un disco que, para aquellos que éramos jóvenes y nos moríamos de hambre y aburrimiento en la Cuba de mediados de los noventa, pudo significar esa puerta hacia una libertad que se nos hacía, a un tiempo, tan necesaria como imposible.

El país atravesaba la misma crisis económica de siempre, solo que entonces había menos de todo, y la gente vagaba por las calles con la sensación de habitar un espacio en guerra, donde lo que único que sobraba era el tiempo. 

Teníamos solo eso a nuestro favor: tiempo. En abundancia.

Tiempo para zurcir la ropa, para remendar los zapatos, para desesperarnos por la comida de la noche, para olvidarla con alcoholes mortales, para hacer el amor sin ninguna precaución, para vigilarnos los unos a los otros, o para intentar una y mil veces —y con todo el desespero de que éramos capaces— el modo de largarnos de aquel país, donde todo parecía estar en contra de cualquier forma hermosa de vida.

Pobres de nosotros.

Y las canciones que entonces cantaba Carlos Varela hablaban de ese país de familias rotas, de los seres alienados que sin duda éramos, de nuestra implacable persecución a los homosexuales —¡nosotros, los cubanos, cuyos hombres triplican la tasa de bugarrones de cualquier otro sitio!—, y del dolor que nos provocaba, como una suerte de masoquismo nacional, sabernos abandonados.

De eso hablaba Como los peces

En el disco, Cuba era un lugar a punto de quebrarse de modo irreversible. De ese modo en que efectivamente ya se quebraba y del que no habría vuelta atrás. De ese modo en que desaparece la nobleza, se extirpan los frenos éticos, o, sencillamente, a fuerza de luchar contra todos, unos pocos individuos —nosotros, por ejemplo— cruzábamos por el paisaje como seres invisibles y golpeados.

Muy golpeados.

¿Dónde? 

Eso era lo de menos. 

Golpeados o sacudidos por la prostitución, la humillación ante el dinero, la necesidad de no dar muchas más vueltas al asunto y acabar acostándote con cualquiera capaz de sacarte de allí. 

O no. Y entonces volver a repetirlo, por si la vez siguiente había suerte. 

Mientras, en el muro del Malecón, te emborrachabas, fumabas marihuana alguna que otra vez, volvías a emborracharte, mirabas el mar, mirabas el mar, mirabas el mar y te emborrachabas y fumabas marihuana y pensabas en el belga/italiano/español/francés/alemán que aún no conocías y con el que tendrías que vivir los próximos cinco o diez años de tu vida.

Eso era todo. 

Porque frente a ti estaba el mar y, detrás, la música de Carlos Varela.

La música de Carlos Varela que yo me llevé en una cinta —como un tesoro— a mi primera parada europea: Francia.

La única música que tenía pensado no olvidar. 

Que no podía olvidar. 

Que me había prohibido olvidar.

El asunto de la lengua de Carlos Varela

La música que me había prohibido a mí misma no olvidar era la del mismo Carlos Varela que, después de Como los peces, enmudeció.

Sí, porque después de ese disco, que para mí era el mayor tesoro del mundo, el pobre Carlos se tragó la lengua. Se la zampó. 

¿Cómo lo hizo?

Nadie —ni él mismo— ha sido capaz de contarlo.

Yo estaba en Francia cuando sucedió. Lo de su lengua. 

Estaba en Francia sin haber tenido la necesidad —tampoco sé si el valor— de acostarme con un francés. Porque, por suerte, pude hacerlo con una francesa. Lo que en definitiva viene a ser lo mismo. 

Y esperaba que después de Como los peces, Carlos Varela se atreviera y sacara otro disco, y otro, y otro, y que todos fueran patadas a la cara del gobierno cubano, como lo había sido ese.

Porque por entonces Carlos Varela era nuestro Bruce Lee. Nuestro Chuck Norris. Medía 1.60 pero era un gigante. El único capaz de volar con su música la Plaza de la Revolución desde lo profundo de las oficinas del Consejo de Estado, es decir, desde sus cimientos. 

Él solo. Carlos Varela.

Pero cuentan que entonces, una tarde, se lo llevaron a dar una vuelta. Una gran vuelta. La vuelta más grande que jamás él haya dado.

Quizás no fue exactamente una tarde, pero fue.

Se lo llevaron a dar una vuelta, lo citaron en una oficina, lo tuvieron horas mirando el paisaje devastado del país, le hicieron escuchar unas cien veces aquel disco que tenía a los especialistas en Inteligencia con los nervios de punta, a los policías de a pie con los nervios de punta, a los vigilantes de los CDR con los nervios de punta, a Silvio Rodríguez con los nervios de punta, al mismo Fidel Castro con los nervios de punta

Y le pidieron, por favor, que se callara de una vez.

O si no, se iba a tragar la lengua.

Centímetro a centímetro.

Toda.

Entera.

Si no quería que…

Si pretendía seguir viviendo como…

Si aspiraba a permanecer en…

Si no deseaba enfrentarse a…

Y cualquiera —yo misma— habría podido creer que Carlos Varela jamás haría algo así. Que era imposible. Él era nuestro Bruce Lee. Nuestro Chuck Norris. Incluso nuestro Clint Eastwood. Y contra esos tipos, los malos no pueden. Nunca. 

Pero Carlos Varela nos sorprendió a todos. 

Dejó aquella oficina. Echó a andar hacia el mar y mientras caminaba bajo los laureles de Paseo, comenzó a tragarse la lengua. 

Centímetro a centímetro.

Toda.

Entera.

Nadie lo notó.

Medía 1.60 y pasó como un fantasma por entre los fantasmas de aquel país devastado, del que por suerte ya yo me había ido. 

Carlos Varela, esa tarde, cruzó Paseo hasta 23, dobló a la izquierda y puso rumbo a su casa. 

No volvería a salir de su casa jamás. 

(A los mandados, a grabaciones de otros discos, a las fiestas, a los conciertos, al Ministerio de Cultura, a casa de Silvio, a casa de Pablito Milanés, a El Tocororo, a La Cecilia, a los restaurantes de moda… solía ir otro Carlos Varela. Ya no era el mismo).

El jolgorio poscomunista

El pasado sábado 12 de octubre de 2019, Carlos Varela anunció que actuaría en Madrid para festejar los 25 años de su disco Como los peces.

Yo ya no vivo en Francia, sino en Estrasburgo, donde trabajo como traductora para uno de los tantos departamentos de la Unión Europea. Tampoco he vuelto a escuchar a Carlos Varela.

Jamás.

Pero —quizás es la parte de mi herencia nacional— una es recurrente con el dolor, y hay traiciones que prefiero ver con mis propios ojos. Por lo que compré dos billetes de avión —uno para mí y otro para mi novia, también cubana— y una habitación de hotel por una noche, en pleno centro de Madrid. 

Quería entender qué celebraba Carlos Varela 25 años después. 

Sobre todo, quería saber con quiénes lo celebraría.

Sí. Estaba dispuesta a gastar mi dinero y mi tiempo solo por acallar una curiosidad.  

Mi novia intentó disuadirme. ¿Por qué insistía en aquel viaje? Carlos Varela hacía siglos que no le interesaba a nadie. Hacía siglos que había dejado de cantar. Hacía siglos que no había vuelto a escribir una canción que valiera la pena.

¿Qué había hecho entonces?

—Lo único que ha hecho es engordar —me dijo mi novia—. Como Frank Delgado, ¿te acuerdas?

—Pero Frank Delgado era alto…

—Está igual de ancho…

—…

—También Varela lo está.

—…

—¿No te das cuenta de que no se puede ser contestatario y rechoncho?

Mi novia es ocho años menor que yo. Nos conocimos en Nanterre, cuando ambas estudiábamos el doctorado. Venimos de familias diferentes, de épocas diferentes, y de cierto modo, también venimos de un país diferente.

La Cuba que ella reconoce como suya es la misma que yo abandoné sin darme tiempo a vivirla. Por tanto, por mucho que yo le explique, ella no termina de entender qué significó en medio de aquel paisaje desolado de los años noventa las canciones de Como los peces

Quizás yo estaba viva gracias a un disco como aquel. 

Quizás. 

Y de alguna manera —aunque no fuera consciente— pensaba que aún había una explicación para aquel silencio tan largo de Carlos Varela. 

¡25 años!

Pensaba que podría tomar el micrófono y explicarnos: tuve que tragarme la lengua. Eso fue.

La cárcel o mi lengua. Podrirme en vida, o mi lengua. La suerte de otros, o mi lengua. Ustedes o mi lengua. Así que decidí, opté por callarme. No necesito que me entiendan, solo que me perdonen. Gracias.

Entonces yo habría corrido a descargar su disco en Spotify. A incorporar una vez más Como los peces a la banda sonora de mi vida de mujer de cincuenta años. A escuchar “Retrato de familia” con cada copa de Burdeos. A escuchar “Grethel” cada vez que pensara en mi novia. 

Entonces, hubiera sido el amor.

Pero nos encontramos lo que ambas ya sabíamos que nos íbamos a encontrar.

Carlos Varela salió al escenario vestido de negro. Había engordado tanto como decía mi novia que había engordado Frank Delgado. Horriblemente. 

El público lo aplaudió. 

El público.

El público…

¿Quién era aquel público?

Yo reconocí algunas caras. Pero mi novia reconoció más.

Los fue mentando: uno a uno. 

Los vimos a todos y a todas. 

Los vimos cantando eufóricos las letras sobre aquel país devastado. 

Todas y todos mucho más gordos. Mucho más saludables. Mucho mejor alimentados. Mucho mejor vestidos. 

Cincuentenarios, todas y todos. Convencidos de la inexistencia del horror, de la inexistencia de la miseria, de la inexistencia de cualquier realidad totalitaria en Cuba.

Ellos eran los dueños de Carlos Varela. Él les pertenecía. 

Él —como ellos— era de los muchos que se habían tragado la lengua. Otro más. Y durante décadas no había vuelto a decir ni mu

Ni esta boca es mía, ni qué duro está este mambo. 

Nada. 

La felicidad que se respiraba allí, en Madrid, solo podía compararse con la solvencia y la desmemoria.

Carlos Varela era nuestro Alzheimer Nacional.




¿Alguien dijo feminismo en Cuba?

¿Alguien dijo feminismo en Cuba?

Anaeli Ibarra Cáceres

La persistencia de un sistema patriarcal y heterosexista, arraigado a las estructuras y prácticas de estatalidad, es un problema que atraviesa el nacionalismo revolucionario cubano. En los gobiernos nacionalistas, marcados por los movimientos de descolonización, se reedita obstinadamente la violencia machista y el discurso heteronormado.


31 Comments
  1. El ´publico!!! yo estaba también en ese público. No quiero reconocer que estoy más gorda, siempre me digo -y me dicen- que estoy bien alimentada y saludable.
    NO me reconozco convencida de la inexistencia de la miseria, de la inexistencia de cualquier realidad totalitaria en Cuba. Me gustaban sus canciones, como dices, era nuestro Bruce Lee…solo eso. Como me gustan las películas de Woody Allen, como me gusta David Bowie tan provocador y en algún momento de su vida atraído por la figura de Hitler.

    Quizás como el mismo Bowie contestó: ‘funciono solo a base de mitología’.

  2. Son los riesgos de ver el mundo como voluntad y representación, literalmente, ni siquiera con la cordura investigativa de Schopenhauer (suponiendo que la haya tenido), el resultado es amargo, como tu artículo, o como algunas vidas lo han sido, pero eso no significa que tengamos que negar la felicidad porque nosotros no fuimos felices, o que haya que desconocer la música actual de Varela porque no nos sirva como discurso.

    1. Me parece un artículo absurdo, mentiroso y retorcido. Yo estuve ahí y me encantó. La autora me vió disfrutando y cantando, según ella vio a todos. Yo no la vi… es raro no ver a la única persona delgada en la sala!

    2. Yo pensé que con todo lo de la novia francesa, el texto tomaría un giro porno (léase interesante). Sobre todo por el desconocimiento u obviedad conciente de los temas y discos que vinieron después de Como los Peces, junto al cuento del héroe personal que no fue (y tampoco pidió serlo), además del cuento que dice que cuentan sobre el paseo de la lengua tragada… Definitivamente, hubiera preferido la historia del jolgorio con la flaquita francesa ¿o es postflaquita?

  3. ……… te he llegado a querer con este articulo. no se puede sentir una coneccion mas especifica de lo q siento , que lo q te he leido, clara como el agua, simple como la lechuga, ha sido esa lengua tuya ! Carlos entre otros…. los peores son los que no se la tragaron y aun siguen regalandola para q se la corten a otros. Tremendo articulo que acabo de compartir con varios amigos, yo q no comparto casi nada, ja. Saludos, Abrazos, q de eso… besos !

  4. Este artículo, lo confieso, me sorprendió al leerlo. Y como supuse, ha levantado polvo, no tanto por aquí pero sí en Facebook.

    Y me llama la atención lo siguiente:

    -¿Por qué confundimos ‘la obra’ con el individuo?

    -¿Tenemos que vincular la primera con el segundo?

    Si no entendí mal, la autora no está criticando ‘la obra’, sino la actitud del individuo y, sobre todo, la nostalgia nacional. Ese sentimiento que permite confundir, fácilmente, obra e individuo, acaso por amistad, acaso por nostalgia justamente, acaso por sentimientos de compadreo, confabulación o jerarquía dentro del sistema social, sin dudas, poscomunista que vive Cuba.

    La pregunta es:

    -¿cuántos de esos supuestos artistas/ opositores-contestarlos-a contracorriente del gobierno, lo son realmente?

    La inmensa mayoría de ellos, en cambio, sin cómplices del gobierno.

    ¿Por qué?

    Porque las propiedades a su nombre, las fundaciones a su nombre, las galerías a su nombre, los negocios a su nombre (también todo ello bajo el nombre de terceros) lo demuestran.

    Carlos Valera no es la excepción.

    La autora obviamente no posee datos. De tenerlos, estoy seguro, los hubiera ofrecido.

    Pero Carlos Varela, a efectos de hacernos una idea del personaje económico, es una suerte de Silvio Rodríguez menor (aunque para nada desguarnecido, por supuesto) que funge a un tiempo como empresario, negociante ideológico, traficante de influencias dentro de Cuba y puerta giratoria entre el gobierno cubano y los agentes externos.

    Ese es Carlos Varela hoy.

    Pero no solo ese es Carlos Varela. Lo son los centenares que a día de hoy obtienen réditos de su relación con el gobierno cubano: músicos, artistas plásticos, médicos, profesores, ideólogos, escritores, profesionales, comerciantes, etc., etc.

    Y eso es, justamente, lo notable de este artículo, que tantas molestias está causando: obviar la obra (que sería la función de la crítica) y centrarse en el sujeto (que es la función del periodismo).

    Esperemos que Maria E. Rodriguez no se deje intimidar. La Cuba por venir necesita, justamente, distinguir entre producto estético y sujeto, entre ideología y actor ideológico.

    Porque lamentablemente, frente a nosotros, solo hay 2 caminos: la inculpación o el perdón, y ambas situaciones, pesan siempre sobre los individuos en cuanto figuras sociales. Las purgas sobre el texto son purgas simbólicas, las dolorosas ciertamente se ejecutan sobre el cuerpo.

    Mario

  5. Si el artículo de Maria Rodriguez es excelente. su comentario supera y aclara cualquier duda de los muchos que han engullido la glotta.
    Mis respetos y saludos para usted.

      1. Muy buen artículo. Muchos nos preguntamos por las lenguas de aquellos atrevidos que luego bajaron la cabeza y entraron por el aro, para desilusión de sus seguidores, quienes les veían como héroes, incapaces de bajar cabezas para pasar por aros.

  6. Parece que definitivamente eso somos los cubanos, quítate tú que voy yo, yo vivo fuera, yo en la Habana, los de aquí, los de allá, tengo el derecho de hablar lo que me da la gana ahora que estoy en Europa, porque en Cuba me hubieran tirado asesinado en una zanja…en fin. Mentiras a medias, verdades a medias. Por qué tenemos que exigirle a otros lo que no supimos (o tuvimos los huevos de) hacer? Este artículo es nefasto, tendencioso y sobre todo resentido. Por qué los cubanos no se irán de Cuba como se iba un Gallego de España? sin resentimientos, a trabajar para sobrevivir o progresar, sin tanto drama. Familias separadas hay dentro del país, a pocas cuadras de distancia. ¿Por qué los que están fuera resulta que siempre fueron contestatarios y disidentes? por qué alguien piensa que los que estamos en Cuba somos todos del Partido? Sobre todas las cosas: ¿por qué pretendemos que los artistas hagan, digan y suenen como queremos? ¿Quién le dijo a este señor que Frank Delgado se acomodó? que ya no es consecuente? ¿Cuántas veces ha podido venir a sus presentaciones desde que está allá? Los cubanos nos vamos y dejamos en PAUSA la isla, pretendiendo que esté igual para cuando nos de la egoísta gana de regresar a llorar en su Malecón en frente de todos y a arreglarnos la boca en el odontólogo gratis…a escondidas.

  7. Me parece que Carlos Varela no tiene nada a que ver con las masturbaciones mentale de la autora, es simplemente un artista que hace lo que quiere el y no lo que quiere la autora….

  8. A lo mejor, si no nos hubiéramos ido, él habría seguido cantando. A veces le pedimos a otros la valentía que nosotros no tenemos. Silvio dijo una vez, que la cobardía también es un derecho hmano

  9. Cada dia me doy cuenta que Cuba tiene “la oposicion” que cualquier politico desearia tener.Con opositores asi La Bastilla nunca habria caido, Hitler hubiera conquistado al mundo , Batista hubiera dejado su legado en continuidad y claro , a lo mejor seguirian contemplando desde el Malecon…COMO LOS PECES , mas gorditos , contentos ,rozagantes y con amor a los dos bandos sin lio ,que nunca fue lio pero bue….por el momento….Fomento .

  10. ¿Tendría que tomar Carlos Varela la cicuta que tomó Sócrates?
    Para que la autora de este artículo pudiera escribir entonces La apología de Carlos Varela.
    Creo que muchos nos tragamos la lengua, y otros nos fuimos bien lejos para que no vieran como la engullíamos.

  11. Lo que dices, Ariel Diaz, es lo más parecido a mi pensamiento sobre el tema. Mi hija tiene 19 años y oye a Carlos Varela, se tatúa frases de aquellos tiempos, suyas, de CV, sobre la libertad, y replica un imaginario y una ilusión parecida. Del Carlos de ayer. También descubre al Frank de isla puta y demás. Y canta, oye y sueña… Vale la obra, que vuelve y vuelve… Suficiente.
    Los dos artículos están muy bien escritos…!!!

  12. Wuao que polvera se ha levantado por la celebración de un disco 25 años después , el texto en cuestión me parece como literatura hasta cierto punto muy bueno casi logra que como lector me duelan sus heridas, y entienda de sus frustraciones emocionales ,humanas ,psicológicas, lo que no voy a entender es a las personas que luego de salir de cuba siguen creyendo que que salieron de cuba por culpa de un sistema o de alguien que lo obligo a salir pq no tenían aquí el futuro que creían merecían, o lo que es peor que el país se detendría en ese minuto y que nada cambiaría , al parecer su malecón no tendría mas mareas.
    Quien sabe por que rezones por nosotros ignoradas dijo Ferrer el silencio de un artista como este es bien perdonado por los que como el sabemos lo que cuesta una buena canción ,ESA QUE PROVOCA QUE CADA UNO DE LOS QUE LA ESCUCHE SE HAGA SE CREA SU HISTORIA,lograr que un país de jóvenes que durante muchos años ha soñado un futuro mejor desde aquí te escuche y llene los teatros , le lance monedas al aire , y se vuelvan locos para verlo y escucharlo con atención eso es aquí bastante difícil y el lo logro sin empresas que te promueven , sin tener que pagar para que lo pusieran en la radio(solo a veces ) o en los tontos programas de tv , ademas esta el echo de que después de ese disco salieron muchos mas con tanta calidad y canciones que aun logran que los jóvenes y los ya no tan (que también tenemos barrigas ) lo sigan escuchando
    Sobre Frank jajaj que contestar tendrías que comprate dos boletos mas (también para tu novia ) y pasar un fin de semana para que sepas que aun con barrigas los trovadores en cuba siguen siendo el látigo con cascabel , pero no para complacer a nadie sino para señalar los errores (que hay muchos aun) pero podemos ser mejores como país .

  13. Yo solo diré que me asombra que, casualmente, no esté incluido en el artículo cómo se grito Viva Cuba Libre, no una, ni dos, ni tres, ni diez veces, sino muuuchaaas más, y con dolor, y con ganas, y sí, Varela también lo gritó, y no una, ni dos… ¿Sesgo o casualidad? ¿Intención, o ganas de ver la realidad desde lo que ya se quiere escribir o desde lo que se sintió? Por cierto, yo estaba allí, saludé a muchos, la mayoría, gente joven, pero nada, yo no escribiré un artículo.

  14. también explicó cómo lo silenciaron y lo sacaron de circulación por dos años, allí, frente a todos, y yo me pregunto, la autora estaba en el baño en ese momento. Y por último, no sé cómo llamar silencio a discos posteriores a temas como Guillermo Tell, Telón de Fondo, Cambia, Jalisco Park y otros, no sé, me estaré poniendo vieja y escuchando cosas solo yo.

  15. Me pareces una troll resentida, quien eres para exigir inmolaciones, quien eres para adjudicar títulos de salvador o príncipe valiente, de cabeza de lanza. Moderna pq has incluido que eres mejor que el resto por no tener sexo por dinero, pero vacía en tu interior por haberlo pensado, valorado e incluso deseado para suplir otras miserias¿
    Me pareces triste y que vuelcas en otra persona las muchas palabras que te dedicarías a ti misma en momentos de rabia. Ah no…que tú has desfilado con pancartas contra el gobierno de seguro y has marcado la diferencia con tu propio ejemplo inmolándote por los demás.
    Gracias maria has sido una Chuck Norris

  16. Querida pececita,

    Solo espero tu artículo sobre cuando te sacaron a tí a dar una vuelta en carro…ah!…no?…entonces ten el pudor de hacer silencio por aquellos que al menos lo intentaron y no se callaron…COMO LOS PECES!

    Nota: No veo la razón de tener que agredir a la persona…no creo que para mí sea importante si es gordo, gay, negro, emigrante, chino o lesbiana!…creo que como minoría (tanmbién soy parte de una de ellas) deberías respetar eso!

    Saludos,

  17. Culpa y responsabilidad? La culpa mira al pasado, la responsabilidad mira hacia el futuro. Es muy fácil desde Estrasburgo mandar a otros a denunciar y a hacer la resistencia. Culpar a un artista de una responsabilidad ciudadana que es individual deja muy claro quien esta anclado en el pasado y quien puede en el presente celebrar 25 años de una de sus obra. Para colmo, las aluciones personales quitan toda credibilidad al pretendido análisis. Y ya lo dice por ahí ese viejo conocido refrán ” De la abundancia del corazón habla la boca”.

  18. En gustos se rompen generos y a veces los generos rompen gustos, he leido meticulosamente el articulo si en su caso podria llamarse como tal, mas bien es una carta anecdotica de un pasado compuesto por resentimientos con algo de mal gusto por algo que le gustaba, mas bien es una pildora a los años pasados que nunca pasaran…… alli quedaron, una historia tal vez creible pero que no implica verazmente que sea real, lo insolito del articulo es lo iracundo o despota que este mismo se atrevio a ser, pasando por la perpetua adoracion al odio tan facilmente, tan efimero que cae en lo pueril, no hay duda que los artistas cambian algunos perduran otros no, unos se inspiran en el mar o la luna , otros en en el amor, en el individuo o como usted inspirada en su pareja le dedica unas engorrosas y respetables lineas a Carlos Varela.

  19. Qué manera de guarachar. Es como el temba que se pone a bailar reguetón, pidiendo a gritos que lo miren. Acepten que el comunismo nos partió el culo y ya, y ahora somos unos seudociudadanos de un mundo que aprendimos tardíamente, incapaces de ser sinceros con nosotros mismos. Por eso a mi me gustan los Rolling Stones.

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