Michel Pérez Pollo: Rehuir del mercado me parece una impostura

Michel Pérez Pollo nació en Manzanillo en 1981. Estudió en la Escuela Profesional de Artes Plásticas de Holguín y en el Instituto Superior de Arte de La Habana, donde se graduó en 2007. Vive y trabaja en La Habana.

Hace unos quince años que conozco y trato a Pollo, cuya obra, singular y ambigua, ejerce sobre mí un gran poder de fascinación. Sus pinturas transfiguran los objetos que recicla, combina, ensambla y modela a partir de esculturas (hechas con plastilina, arcilla, madera, piedra, roca, fruta…), para interrogar físicamente el acto de mirar, de observar, de escrutar la apariencia y la esencia de las cosas. Su obra origina una desviación consciente de nuestra concepción empírica del mundo; tiene el poder poético de determinar sus distintas perspectivas y de detener el tiempo, “el justo tiempo humano”, estirándolo para dinamizar el espacio y ver aparecer la inmanencia de las cosas.

También está el color. En las pinturas de Pollo, el color es lo primero que vemos y nos emociona. El color es lo que realmente crea estos objetos: les da forma, corporeidad; los junta o separa con sus tonos delicados, desvaídos, plomizos, aplicados por transparencia; con sus tenues y sutiles velos cromáticos; con sus grados de claridad y sombra, de donde aflora su indecible presencia, su manifestación, su fuerza, su expansión.

Michel Pérez Pollo es uno de los pintores contemporáneos que más contribuyen a elevar el vigor y la perennidad de la pintura, a seguir haciendo de ella una fuerza de resistencia a toda voluntad de negar la vida, una actividad metafísica de la existencia.

Empecemos por un autorretrato: háblame de tu infancia en Cuba, de tu familia…

Nací en Manzanillo en 1981 y viví casi toda mi infancia entre Campechuela y Manzanillo. Soy hijo de obreros y nieto de campesinos. Mi infancia fue una época de mucha libertad y creatividad, aunque estuvo marcada por una profunda crisis económica. Por lo general, la adolescencia en Cuba en los años noventa fue muy dura; tengo muy claros recuerdos de esa época y de lo difícil que fue, principalmente para nuestros padres.

Pero, curiosamente, agradezco mucho haber tenido esa niñez. Por ejemplo, recuerdo que tuve que construir todos mis juguetes; los niños del barrio siempre estábamos en las carpinterías tratando de hacer cosas para jugar. Viéndolo en la distancia, pienso que mi trabajo le debe mucho a esa etapa de mi vida.

¿Cuál fue tu primera emoción estética? ¿Qué pasó para que te decidieras a ser artista plástico?

Creo que mis primeras emociones estéticas vienen de mi abuela y mi madre. A mi abuela le gustaba la poesía y se dedicaba a la costura; aún es muy creativa. Mi madre siempre apoyó todo lo que se me ocurriera, ya fuera en el arte, en el deporte o en mis aventuras de todo tipo. Ella era optimista y me decía que yo podía hacer cualquier cosa que me propusiera.

Pero quizás el punto de inflexión fue a los doce años, cuando empecé a estudiar en un taller de cerámica con un maestro que se llama Israel Osorio. Todavía hoy tengo la sensación de amasar el barro y el recuerdo del olor del horno: muchas sensaciones que guardo en el subconsciente y la memoria.

Tuve la suerte de tener muy buenos maestros. En Holguín, mis maestros eran los artistas que yo más admiraba en la ciudad: Rubén Hechavarría y Ernesto Blanco; y en el ISA, Eduardo Ponjuán, a quien he considerado siempre un extraordinario maestro y uno de mis artistas favoritos.

¿De qué manera has evolucionado como artista?

La palabra “evolución” me gusta más que “cambio”. La evolución conlleva concentración y constancia en una cosa, y nuestro modo de vida actual no favorece esto, sino el cambio: la novedad se ha convertido en una necesidad constante. Yo he procurado que mi trabajo evolucione, mejore y crezca.

Hay una línea muy fina entre la evolución y la repetición; es muy fácil repetir y repetirse. En mi caso, me guía el aburrimiento. Cuando me siento aburrido, cuando no tengo ganas de ir al estudio, entonces tengo que pasar a otro escalón. Es por eso que nunca he podido pintar por encargo: es muy aburrido.

¿Han cambiado tus ideas sobre el arte?

Yo creo que, fundamentalmente, uno siempre es el mismo; aunque cambie la forma, el contenido varía muy poco. Es el caso de los filósofos o los escritores: casi siempre tienen una idea, un modo de ver y de hacer que no cambia, que de alguna forma los define. Y yo no soy la excepción.

¿Cómo definirías tu práctica artística?

Nunca me atrevería a hacer eso.

¿Eres reacio a explicar tu trabajo, al acercamiento crítico?

Creo que siempre he estado abierto al acercamiento crítico y al diálogo, pero nunca le he encontrado sentido a explicar mi obra (más allá de la explicación morfológica, claro está). Es imposible explicar algo que es una emoción; siempre nos vemos ridículos en ese rol de artista filósofo que tanto nos han exigido, y que siguen exigiéndonos.

Entiendo que la gente necesita palabras para entender ciertas cosas, pero ese es un mal acercamiento al arte, a mi modo de ver. No se les exige lo mismo a los músicos, poetas, bailarines… En la pintura tampoco tiene sentido.

¿Qué artistas te han influenciado y a cuáles sigues admirando?

Como puedes imaginar, me interesa casi todo el arte: desde el arte rupestre paleolítico, que me apasiona, hasta el arte clásico; los primitivos flamencos e italianos, Velázquez, Cézanne, Picasso, Morandi, De Chirico, Monet, Matisse, Lam, y muchos más.

¿Cómo valoras el arte cubano contemporáneo?

Me parece prolífico y diverso, tal como debe ser. Del patio también he tenido maestros a los que siempre he seguido y que me han influenciado en gran medida, como Flavio Garciandía, Tomás Esson, Eduardo Ponjuán, entre otros.

Por otro lado, creo entender las actitudes y maneras de otros artistas, aunque no comparta su opinión. Lo que no comprendo es cuando el arte depende demasiado de las circunstancias, de un ente exterior, para ser arte; por ejemplo: el arte puramente político, o de género; ya que cuando le quitas el apellido simplemente no se sostiene, no es nada. Ese tipo de arte no me interesa mucho.

¿Conoces la influencia que ha tenido tu obra en otros artistas cubanos?

No estoy muy al tanto de mi influencia en artistas más jóvenes, aunque me alegraría mucho saber que puedo aportar algo a alguien. Sería un gran honor.

¿Qué es lo que desencadena tu necesidad de crear?

Me motiva construir imágenes que puedan contener una emoción, que te transporten a sensaciones y recuerdos que creías olvidados. Pienso mucho en el teatro (estudié diseño escénico durante dos años), en la manera en que se construye una escena, dónde poner el énfasis, dónde dirigir la luz correcta… Todos estos recursos los usa el director para decirte, incluso, cuándo es el momento de llorar o reír. Me interesa mucho esta manera de ver el proceso de creación. Puede parecer muy premeditada y calculada, pero en realidad está guiada por la intuición y el subconsciente.

Mis recursos son el dibujo, la fotografía, los objetos, las acuarelas, etc. Todo con la vista puesta siempre en la imagen final del cuadro.

¿Qué particularidad tienen la pintura o el dibujo para que continuamente se anuncie su muerte y su resurrección?

Pienso que esa es una controversia totalmente estéril. La pintura es un acto natural, y siempre tendremos la necesidad de representar. Nunca he podido comprender este argumento; sería como plantear la muerte del lenguaje hablado.

¿Creas sin pensar en un público, sean amigos, coleccionistas, galeristas…?

Trabajo siempre por una necesidad, un deseo fuerte de hacer algo que no puede quedar sin hacerse. Pero creo que siempre tenemos a alguien en mente: en mi caso, casi siempre son amigos, gente muy sensible pero muy directa y que no tiene reparos en decirme lo que piensa. Cuando esos amigos ven la obra, es como la prueba de fuego para mí. También Johanna, mi esposa, puede ser muy crítica, lo cual agradezco mucho.

¿Qué relación mantienes con las otras artes?

Tengo predilección por la literatura. De niño leía algo, pero tengo que decir que, desde que a los quince años mi amigo Orestes Hernández me dijo que debía leerme Las aventuras de Huckleberry Finn, no he parado de leer. Para mí, los escritores son los verdaderos héroes, capaces de crear mundos tan increíblemente ciertos.

¿Qué opinión te merece el mercado del arte y el lugar que ocupa el dinero hoy día en este mundo? ¿Piensas que el mercado orienta la creación?

Por mi maestro Gustavo Pita, he aprendido que el mercado es una herramienta muy eficiente que conviene saber utilizar para que la obra se conozca y llegue a personas a las que, de otro modo, no llegaría. Es también la manera que tenemos los artistas de ganar un sustento, y el dinero es necesario en muchas circunstancias.

Se pueden hacer muchas cosas buenas y difundir mucha cultura a través del mercado. Este es el escenario positivo: cuando usas el mercado con un fin claro y bueno. Otra cosa muy diferente es cuando el mercado te usa a ti, cuando tú te dejas usar. Cuando simplemente necesitas dinero y no sabes para qué, algo anda mal.

¿Qué relación tienes con los galeristas?

Nunca he tenido conflicto con el mercado ni con los galeristas: tengo muy buena relación con los que he trabajado y con los que trabajo en la actualidad. Rehuir del mercado siempre me ha parecido una impostura. El mercado es una infraestructura que cumple una función. Mucho arte del que disfrutamos hoy hubiera sido imposible sin mecenas e instituciones que lo apoyaron en el pasado. En fin, yo lo veo muy claro.

¿Qué papel le concedes al arte en nuestra sociedad actual?

Creo que el arte tiene una función vital, siempre la ha tenido y la tendrá. Una sociedad sin arte no tendría memoria, poesía. No puedo siquiera imaginarlo.

El arte es siempre transgresor, y el mundo se vuelve cada vez más cerrado a ciertos temas y formas de arte, lo cual a la larga puede ser muy peligroso: podemos regresar al Medioevo de manera tonta e irresponsable. Creo que es un desafío para el arte actual.

¿Qué representa Cuba y La Habana en tu vida y en tu arte?

Cuba es un familiar muy cercano al que amas, pero con el que siempre cuesta trabajo convivir. Es difícil hablar de Cuba sin pasión. Un día puedo decir que no significa nada; al otro día, me va la vida en ello. Esto es Cuba para mí: el sitio de todas las posibilidades.


Galería


Michel Pérez Pollo – Galería.




César Beltrán

César Beltrán: “Cuba y La Habana son un padecimiento psiquiátrico”

François Vallée

“Todo mi trabajo está relacionado con Cuba. Toda mi vida también. Pero no regresaré nunca. La Cuba de hoy sigue igual o peor que cuando me fui. Para colmo, no me gustan la mayoría de los cubanos de ahora: los encuentro vulgares, alardosos, incultos e hipócritas, interesados y manipuladores”.


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