Uber Cuba 0029

Personajes planos, parrafitos raquíticos, anécdotas huecas. Acción desmotivada, diálogos sin función. Cero descripciones o atmósferas. Esta mierda no parece ni literatura cubana. Es decir, no parece ni literatura. Y así es imposible impresionar con estas cagarrutias de Uber a un Duanel Díaz, por ejemplo, o a un Rafael Rojas (en cualquier orden de relevancia, por favor: no se mátense).

Es la hora de parar esta sección sin sentido. A la patada. Me está arruinando mi carrera literaria, que ya era antes de empezar una ruina, pero perdonable por la bobería de los arrestos en Cuba y la contrarrevolución digital.

Es la hora de desinstalar la aplicación de Uber de mi móvil viejito. De hecho, lo conservo desde que salí de Cuba el martes 5 de marzo del 2013, como un regalo del presidente Obama que me llegó a través de los millonarios pro-Castro de la mafia amorosa de Miami.

Miren, cubanos que me escuchan, si ya cerré mi Facebook y mi Twitter, también me puedo ir al carajo de aquí. Esto se está acabando, compañeros y compañeras. A la hora de recoger los bates. El exilio, exhausta. Cuba te reclama el culo y las calles cochinas de La Habana comienzan a quedarme cada día un poco más cerca del corazón. Por si acaso yo regreso.

Prepárense, taxistas de la Seguridad del Estado.

Sin comentarios aún

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.