Uber Cuba 0017

Pedí y pedí un taxi Uber, usando la aplicación de mi móvil. Como de costumbre.

No había señal de internet, parece. O la recepción del GPS con el satélite estaba muy pobre, no sé. Pasa a veces cuando los cielos de Estados Unidos están muy nublados.

Volví a intentarlo otra vez, muchas veces. Pero la respuesta de la aplicación siempre era religiosamente igual: No se detecta ningún taxi Uber a tu alrededor (There is no Uber near you).

Maldije la causa del inoportuno error. Odié a la AT&T y a Google Maps. Seguí intentándolo, entre la fe y la frustración.

Como a la hora de estar doblado sobre mi móvil, sentí de pronto como un escalofrío en el pecho. También en la sien. Sudor helado, dificultad para respirar. Me temblaban un poco las manos.

Toda vez fuera de Cuba, la idea de vivir sin Uber se me había hecho ya inconcebible. Y heme ahora aquí, en una de esas ciudades norteamericanas horribles, que son todas, rodeado de una soledad sin sinónimos. Abandonado en una esquina del Primer Mundo, como todos los cubanos. Incapaz de llegar a ninguna parte. Inválido.

Juro que ha sido la única vez en que la idea del suicidio no me sonó escalofriante.

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