Etiqueta: Planeta Cerquillo

Carlos Lechuga

Libros, libreras, lectoras

De vuelta de mi viaje a España llegué con una maleta llena de libros. Ahora no me queda casi ninguno. Me queda un grupo de amigas que han leído los libros que yo compré, y otro grupo de amigas que me han bloqueado, pero que así y todo cargaron en sus carteras con Buñuel, Jhumpa, Satyajit, Jane, Buri, Bolaño…

Carlos Lechuga

Horario laboral

Estoy pensando en que esto de ser artista en el trópico es tremenda mierda, en que la culpa de todo la tiene el maldito ego. Debería haberme puesto para conseguir un trabajo estatal. Normal. De 8 a 5. Con los pies en la tierra. Sin esperar que nada caiga del cielo. Hay que tener menos boberías en la cabeza.

Karla Pérez

Aeropuertos y mazmorras

Escribo estas líneas pensando en la situación de la periodista Karla Pérez. Con este castigo, con este destierro, el gobierno cubano hace un juicio ejemplarizante. Para que todos los jóvenes que quieren una Cuba mejor, sepan que es por gusto. Te pueden joder la vida en un santiamén. Estés aquí, estés allá, dondequiera que estés.

Carlos Lechuga

Modo vaca

¿Tú has estado en un tren? ¿Has visto cuando pasas por el campo y hay unas vaquitas pastando? Entonces el tren sigue. Para las vacas, eso es un segundo que pasa haciendo un ruido tremendo, y les da igual. A veces hay que hacer como las vacas. Activar el modo vaca, y no hacerle caso a nada. Seguir pastando.

Carlos Lechuga

Toque de queda

Leo palabras sueltas: cola, hija, pollo, bulevar, policía, vecina, llanto. Recuerdo ese poema de Kozer, el que termina diciendo: “(todas) caballo”. Qué loco es todo. Hay una mezcla de gozadera con necesidad y represión. Muchos países dentro de un mismo país. Muchas ganas de escapar, de pasarla bien.

Carlos Lechuga

Monstruos para asustar a niños comunistas (III)

Su motivación era solo una: lograr que Cuba fuera un país más justo. En medio de la madrugada, cuando todos dormían, la vigilante se colaba por la ventana, agarraba una almohada y se subía encima de alguno de los corruptos que sobraban en el ambiente: un viceministro, un director de empresa… Y los dejaba sin aire. Los ahogaba.

Carlos Lechuga

La Revolución de los hijos

Nuestros dirigentes tienen mucho que aprender. Algunos están a tiempo. Solo hay que poner las manos atrás, como cuando se entra a un museo. Escuchar y quitarse la careta. Sincerarse y decir: “Sí, sé que en este momento la policía está dando golpes, pero yo no puedo hacer nada, porque tengo miedo, porque también tengo una hija”.