Etiqueta: Carlos A. Aguilera

Clausewitz y yo

‘Clausewitz y yo’: letal

Sentada en una habitación sin ventanas, leo una novela que dispone, desde la crueldad doméstica, la violencia primitiva de los sistemas afectivos y políticos. ‘Clausewitz y yo’, de Carlos A. Aguilera, suena como si existiera una banda punk astrohúngara que actualizara la obra de Edmund Burke.

Carlos A. Aguilera

Meterle al ‘stop’ poco a poco

Sigo escribiendo después de tener pensado y repensado un proyecto, y sigo con las mismas obsesiones y las mismas palabras de los últimos años. Lo que sí cambió fue cierto ánimo, cierto choque de energías, cierto desborde que en mi caso está relacionado con cierta soledad y cierta concentración.

Terror

La sociedad del terror

Para esto organizan arengas y mítines patrióticos de manera “espontánea”, con días y a veces meses de antelación, o inventan una Constitución, un código-ley o un país que no cumple las expectativas de nadie, ya que el fin último del terror-todo es que el otro acepte el temor propio como parte del miedo general.

El atleta que surgió del frío - Iván de la Nuez

El atleta que surgió del frío

¿De qué manera activar la incorrección política en una era en que la corrección ha quedado secuestrada por la academia y la obediencia? ¿Cómo detener las formas desnudas del avance del capitalismo en un planeta sin el contrapeso del socialismo real? ¿Cómo concederle a la democracia un sentido diferente en Occidente?

9550 - Abel Arcos

9550

¿Quién coño es Lezama Lima comparado con el Che Guevara? ¿Quién es Lezama Lima, y cuántos viejitos cubano podrían morir mañana sin haberlo leído?

Abedulia - Waldo Pérez Cino

Abedulia

Castresana había recorrido todos los museos en el área soviética de los Cárpatos, y había viajado en tren desde Transilvania hasta Moscú, donde había comido por primera vez mermelada casera de frutas del bosque y había paseado por primera vez por un bosque de abedules.

Sin descansar ese verano - José Manuel Prieto

Sin descansar ese verano

Un día de finales de agosto, cuando ya llovía mucho y las tardes se volvían frías, Frank me estaba pasando el maletín lleno de carne cuando vi la figura de un hombre al final de la acera. Ya está, pensé. De cabeza para Cuba. No podríamos negar la acusación de robo porque tenía el maletín en la mano y el hombre debía haberlo visto todo.

Una artista del hombre - Idalia Morejón Arnaiz

Una artista del hombre

Poquita Cosa deja caer la pluma con un gesto cinematográfico. Cierra los ojos y repasa la escena en cámara lenta: ha comenzado a escribir sus futuras memorias: Hombres en mi vida. Aspira a transformarlas en una obra más compleja que Crimen y castigo, más realista que la Comédie Humaine y “áspera, áspera como la mano de un hombre”.