Cuba ‘for sale’

Empezaré hablando de lo que no está en venta, para dejar dicho de una vez todo lo que se puede vender. 

No es mucho lo que hay para vender y para comprar en Cuba. La comercialización de lo que queda se ha vuelto un reflejo involuntario del cubano para sobrevivir. Muchos ni siquiera venden: prefieren cambiar sus cosas por otras que necesitan con más urgencia. 

Los estudiosos de la comunidad primitiva llamaron trueque a esta práctica comercial donde una cosa se cambia por otra, según las necesidades de cada cual. La mayoría de los estudiosos de la Cuba contemporánea enfrentan demasiados “problemas” para llamar las cosas por su nombre, y estudiar las dolencias reales de la economía y la sociedad cubanas. Más bien es la Cuba contemporánea la que los estudia, los revisa y los somete a ellos. Somete a estudiosos, científicos, profesores, obreros, amas de casa y gente sin casa. 

Es una ilusión pensar que todos los cubanos estamos bajo el mismo nivel de sometimiento: ni en eso hay igualdad. Pero sí se puede afirmar, sin lugar a dudas, que todos estamos de alguna manera sometidos. Algunos porque sí y otros porque no; e incluso los que ni sí ni no: esos también están sometidos. Pero peor son los silentes, los mudos, los que sin llegar a decir nada, ya están sometidos en el silencio.

Están sometidos los que llaman a la Cuba contemporánea “Revolución”. De la misma manera que están sometidos los que la llaman “Dictadura”. También quienes hablan de “Totalitarismo”, o aquel que dice “Gobierno” o “Estado”. 

Si bien son diferentes y hasta contrapuestas estas definiciones, no se puede negar que Cuba cumple con alguna que otra característica de cada una. Cuba es de todo un poco: absurda y paradójica. Y que tiren la primera piedra Otaola y Díaz-Canel: que los dictadores dicten y que los seguidores sigan. Que cada cual juegue la base que más le convenga, que someta y sea sometido hasta que pierdan. 

Porque si hay algo claro es que todos vamos a perder, hasta los que dicen que no tienen nada que perder. 

El sistema está diseñado para que todos nos sometamos entre todos. Y no al estilo de Sodoma y Gomorra (benditos fueran los ángeles cubanos si todos no toqueteáramos en el Jardín de las Delicias; pero la Cuba contemporánea está lejos de ser un jardín, y los cubanos están lejos de ser ángeles).

Empezaré haciendo una lista imaginaria de cosas que quiero comprar y cosas que quiero vender para poder comprar las primeras cosas.

Hipotéticamente, podría comprar carne, verduras, frutas, productos de aseo, productos de limpieza y más carne, porque nunca es suficiente. Pese a los veganos y vegetarianos, que siguen siendo minoría, Cuba es un país carnívoro en todos los sentidos. Tanto así, que lo primero que se me ocurre vender para comprar alguna cosa de las anteriores, es mi propia carne. 

Muchos jóvenes cubanos se están abriendo cuentas en OnlyFans, están ofreciendo sus fotos y videos eróticos y pornográficos a cambio de recargas al móvil o transferencias de dinero; dinero que atraviesa por muchos países y procesos antes de poder hacerse real y contable dentro de Cuba. Otros invierten en Trust Investing, con la esperanza de recuperar y aumentar su inversión. Otros trabajan en Facebook, generando visitas a acortadores de noticias y blogs. Por supuesto, están los negocios clásicos en la calle: venta y reventa. Pero los que están en el boom de la Cuba contemporánea son los negocios de las redes, porque Cuba se ha vuelto un país viral, un país transmedial, un país que no existe fuera de la pantalla, fuera del business y el espectáculo. 

Esto también es una forma de emigrar: enajenarse de un sistema supuestamente socialista para meterse en pinchas explícitamente capitalistas. 

¿Qué joven cubano quiere trabajar para el Estado? 

¿Qué joven cubano puede aspirar el aire que brinda el Estado? 

Con el “reordenamiento”, con el cebo del aumento de salario, el Estado intentó someter a todos los cubanos en edad laboral para que trabajaran para él. Pocos jóvenes cayeron en el hechizo. En efecto: el reordenamiento se traduce hoy en inflación, desequilibrio y miseria. Salarios que no llegan a materializarse, pagos atrasados, dinero que se va como agua… Es cierto aquel refrán: río revuelto, ganancia para el pescador. 

Los jóvenes seguimos prefiriendo emigrar a cualquier espacio, incluso mental, que no tenga que ver con la institución Cuba. Algunos jóvenes se enfrentan a esa institución, pero también hay muchos a quienes no les interesa disentir, solo sobrevivir, irse de Cuba o simplemente no pensar demasiado en Cuba, porque Cuba puede ser vendida o cambiada como cualquier otra cosa. Cuba no es un artículo de primera necesidad. 

No sé de otros tiempos, ni de otros lugares, para que nadie me diga que esto sucede en todo el mundo. La Cuba contemporánea se me presenta como un espejismo, como una enorme cortina de humo, como una fuga a algún lugar que no sabemos ni podemos ver con claridad. No hablo solo del dinero o de las riquezas, que son casi inexistentes; hablo también de las palabras, de lo que ocultan los gestos, de la verdad de todo, de lo genuino de todo.

No sé que esperar de un país donde la comida es hipotética. El dinero no existe. El dinero que se puede tocar no vale nada. Cada día son menos tangibles las cosas, las personas. Todos detrás de una pantalla, trabajando, ganando dinero. Nadie a quien tocar, nadie a quien acceder. 

Que dicten los dictadores y que sigan los seguidores. Perdónenme los estudiosos de la Cuba contemporánea que piensan más calmadamente en el futuro de todes, pero yo no creo en las hadas desde que se me cayeron los dientes de leche y nadie vino a recogerlos. 

Pues eso: que Cuba ya está vendida. Y si Cuba se puede vender, todo se puede vender dentro de ella. 

Porque el pueblo compra a Cuba todo el tiempo. El pueblo financia y sostiene a Cuba, y a lo que Cuba representa. Ya sea Revolución, Dictadura o Totalitarismo: todo es financiado y sustentado por el pueblo. 

Pero el pueblo no es quien dice la última palabra. 

El pueblo, en todo caso, es el eco: un hueco, una trampa.




Cuba

Oportunidades políticas en Cuba: cambio de paradigma

Oscar Grandío Moráguez

El manifiesto lanzado por el 27N se constituye en un importante hito en la lucha contra el totalitarismo, al definir un modelo organizativo de corte horizontal sin inclinaciones ideológicas, marcando de una manera clara y concisa el camino estratégico hacia la construcción de un sistema democrático en Cuba.





Print Friendly, PDF & Email
1 Comentario
  1. Pues muy bien. En principio, cualquier país es una ficción, una comunidad imaginada, pero Cuba es un delirio kafkiano del que se huye con el cargue y la noche. Dos patrias tengo yo: el cargue y la noche.
    En la medida en que la nación no pasa de una pesadilla, es a la vez horroroso e inconsistente. (Inconsistente y volátil como su propia moneda). ¿Te imaginas si a Camus le hubiera tocado vivir en Cuba? No habría escrito El extranjero, novela innecesaria como innecesario es nombrar la arena y los camellos en El Corán. Un país donde lo absurdo te rodea como el agua por todas partes, hace de todos nosotros existencialistas fiesteros. (¿Alguien se ha puesto a pensar en lo cruel que es suicidarse dándose candela?)
    Las complejas evoluciones de un banco de peces responden a dos únicas reglas que todos los pececillos siguen individualmente: si los otros peces se te acercan mucho, sepárate de ellos; si se alejan mucho, acércate a ellos.
    Toda la complejidad de Cuba se reduce a unas pocas reglas que heredamos de los esclavos: si el amo te da una orden, finge que vas a obedecer, pero de ser posible no la cumplas; si corres mortal peligro, trata de salvar tu pellejo, que aquí lo que hay es no morirse; adonde fueres, haz lo que vieres (esto consiste en camuflarse en la multitud, disolverse en el lugar común, hacerse masa… cárnica).
    Canelo me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente… pues siempre hay salidas por la izquierda en el país de rosca izquierda.
    El kárate y la tonfa serán un arma de la Revolución, pero chotear y tirar a mondongo serán nuestra forma eterna de resistencia.
    Este siglo se realizará el viejo temor de la sacarocracia criolla: al fin seremos Haití.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.