Telegram y estar a la moda

Una característica de los filósofos es que nunca hemos estado, por lo general, a la moda. Hablo de las personas a las que realmente les interesa la Filosofía (no libros de autoayuda, no Umberto Eco). 

Creo que eso tiene una razón sumamente lógica: tenemos por fuerza que adentrarnos en el pasado para poder pensar la actualidad, o incluso repensar el pasado en sí. 

Como yo siempre he estado en la misma movida, considero que nunca he logrado estar a la moda. O bueno, no he podido estar a la moda dentro del mundo real, porque si mis amigos imaginarios cuentan como realidad, sí que he estado muy a la moda. 

Hay algo importante: ser cool, tener onda, no necesariamente es estar a la moda, porque, ¿qué creen?, yo tengo mucha onda, mis outfits son geniales y, además, me autoproclamo ante mis alumnos como “la profesora cool”… Y mis alumnos me dicen que es cierto… Bueno, algunos… Otros no responden… A esos no les doy diez.  

En fin…

Como era de esperar, la mayoría (si no todos) de mis amigos o colegas más cercanos viven una situación similar a la que yo enfrento. No estamos mucho a la moda, por eso de que nos la pasamos reflexionando, o siendo estúpidos, pero estúpidos reflexivos. Al final eso no está mal, debido a que podemos analizar una gama de temas que las demás personas, que sí están a la moda, no pueden pensar con la profundidad requerida. 

Uno de esos temas es la tecnología. Una de mis líneas de investigación es, precisamente, la conformación del cuerpo y la existencia técnico-virtual contemporánea. Cyborgs, cuerpos modificados virtualmente, filtros, tetas falsas, asiáticos feos que parecen modelos, existencias que ganan money sin existir en lo que antes entendíamos como realidad… 

Esos son algunos de mis tópicos, los cuales puedo tratar gracias a que no estoy a la moda. Si estuviera metida en las novedades, en lo del momento, sería imposible pensar en todo esto debido a la cercanía, a la mirada predeterminada que tendría ante la actualidad. 

Si checan quiénes son los señores que integran el grupo poshumanista de Estudios de Ciencia y Tecnología (ECT), verán que todos son un montón de viejos que si les da COVID-19 ahí mismo se quedan. Esa gente piensa la actualidad mejor que los sociólogos, antropólogos y etnólogos contemporáneos. 

Conclusión: me vale madres no estar a la moda.

Me vale madres.

La mayoría del tiempo.

Pero ayer y hoy, no. 

Es que se me acumularon varias cosas. Primero, que hace dos meses cumplí treinta y (sí, ya sé que es un drama) me he sentido en un drama. Como que siento que soy anciana. A eso hay que sumarle que he tenido bastantes problemas de insomnio y ansiedad, que se reflejan en gastritis, vómito, bilis. El doctor me mandó a tomar Valeriana, y también fui al acupunturista a que me pusiera agujitas. 

De repente, ayer, a las once de la noche, estaba yo en mi cama, tomándome dos Valerianas con té de tila y preguntándole a un amigo cómo es que puedo buscar cosas en Twitter, porque siempre me salen noticias parecidas. En ese instante me miré, profundamente, en el reflejo del celular, y vi algo que siempre detesté: a una adulta joven casi anciana hippie hipocondriaca que apoya productos homeopáticos. 

Ahí mismo se me aceleró el corazón y dije: esto tiene que cambiar. 

Me metí en Instagram y encontré una revista que me interesó y que se actualizaba a través de una app llamada Telegram. Ya me habían hablado de ella. Mi contraparte de números pares en “Pinky Filosofía”, Curbelo, me había dicho que estaba buena. Luego, otro amigo, que también vive en Cuba, me dijo que por ahí hablaban la mayoría de los cubanos que viven en la Isla. 

Yo no les hice mucho caso, porque la verdad es que los cubanos que viven en Cuba son como yo: tenemos onda, tenemos swing, somos cool, pero no estamos a la moda. Imagínense, no es culpa del gobierno, es por el bloqueo… Entonces me di cuenta de que sí, de que se usaba esa app. Y yo dije: “Ohhhhh, qué novedad. A ver, la bajaré”. 

Fue automático. Dejé de sentirme como una adulta joven casi anciana hippie hipocondriaca que apoya productos homeopáticos. Fue un trago de juventud lo que me atravesó. Enseguida le escribí a mi mejor amiga filósofa, que está en las mismas que yo. Primero, me hice la superchida y le pregunté: “Oye, ¿apoco no tienes Telegram?”. Ella me dijo: “No, ¿qué es eso?” (pobre, es que ella estudia filosofía de la religión y el erotismo, y ahora intenta adentrarse en el mundo de las fake news). Yo le dije: “Mija, es un híbrido entre WhatsApp y Twitter. Hay un montón de grupos y páginas… ¡de todo! Aparte, está superdemoda. Vamos a estar a la moda. Tú y yo, a la moda”. 

Mi amiga, que no por gusto es mi mejor amiga, escribió: “Ahuevo, le entro”. Entonces empezamos a utilizar Telegram. Una locura de vitalidad. Hoy, a las siete de la mañana, hice un canal de “Pinky Filosofía” en Telegram.

También le mandé cositas a mi amiga y mi amiga me mandó cositas a mí. Nos unimos a grupos. Buscamos, obviamente, grupos randoms:

  • Muerte Sangrienta, 
  • Sangre, Dolor y Muerte, 
  • Muerte rápida, 
  • Putos todos, 
  • Putas deprimidas, 
  • Sexo duro, 
  • Enanos Posting, 
  • Penes de Enanos, 
  • Cosas que dicen los fascistas, 
  • Ministerio de Restauración en Cristo, 
  • Organización de Extestigos de Jehová, 
  • Confesiones de Gordos con Obesidad Mórbida. 

También buscamos organizaciones obreras: Obreros Organizados Unidos NY… Y así, un montón de obreros organizados en Telegram. 

Una maravilla. 

¡Qué ligera la vida cuando se está a la moda! ¡Qué maravilla no tener que pensar las cosas debido a la actualidad tan grande que la rodea! 

La actualidad no es terreno efectivo para la reflexión si no está amparada por un precedente concreto y estructurado. 

Me sentía feliz, la verdad. Eso me relajó más que las Valerianas. Además, hizo que replanteara mi hipótesis de que los cubanos que viven en Cuba no están a la moda… Que chingara su existencia el gobierno, digo, el bloqueo…  

Igualmente, me percaté de que un montón de mis contactos usaban Telegram y, pues nada, por eso le escribí a mi contraparte par, Curbelo, y le dije: “Hice un “Pinky…” en Telegram; te puse de administrador” (así, con lenguaje a la moda). Ya teníamos, de plano, la primera seguidora: mi amiga que ahora, como yo, era una superfilósofa a la supermoda. 

Pero, como suele ocurrir con lo bueno, siempre marcado por la fugacidad, este estado de plenitud que agrupaba filosofía y moda en su totalidad, se desvaneció. Debido a mis dudas sobre cómo agregar unas cosas al canal de “Pinky…”, fui a YouTube a buscar un tutorial. Y, ¿con qué me encontré? Con videos, sobre Telegram, de hace seis años. ¡Seis años! 

Le escribí a una alumna: “Hola, querida alumna, oye ¿tú ocupas Telegram?”. Ella me respondió que sí, que era algo ya viejo, que desde hacía como dos o tres años tenía esa app, por aquello de que puedes tener mensajes ultraprivados y está bueno si le quieres poner los cuernos a tu novio. Y que, de vez en cuando, seguía bots de juegos o grupos de ropa. 

“Okgraciasporeldatoquetengasunbuendía”, le escribí así, sin respirar, o por lo menos así lo sintieron mis pulmones.

Se acabó el estar a la moda, pero bueno, ya al rato me va a volver a valer madres ese tema. Igual puedo hablar por ahí con mis amigos que viven en Cuba, ya el canal de “Pinky…” tiene como 70 seguidores, puedo seguir entrando a grupos randoms

Aún no le digo a Paula que nuestro intento de estar a la moda fue un fiasco.

Paula es mi amiguita, la filósofa de la religión y el erotismo.




Querida PNR - Jesús Jank Curbelo

Querida PNR

Jesús Jank Curbelo

Hansel Hernández perdió una pelea desigual y polémica de piedras contra balas. Nada pasa con los policías cuando fallan. Nada pasa con el “pueblo enardecido” que comenta en Cubadebate que Hansel Hernández murió como debía, y que es una alimañamenos que alimentar. Nos está consumiendo el odio.


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