Flamencos: la especie protegida que se exporta en Cuba

Dos, tres veces, zambullen la cabeza en el agua. El agua no está muy profunda, tampoco en Santa Clara ha llovido tanto en los últimos días de abril. El zoológico recibió catorce nuevas especies procedentes de Namibia, son el nuevo espectáculo de la visita. El zoo no es muy grande, los monos son vecinos de los leones, del cocodrilo, y de los flamencos.

Los flamencos son cuatro. A veces tienen agua, a veces no. Tampoco viven solos, comparten “piscina”, con dos patos de Egipto, las yaguasas, cuatro tortugas, y unas ocas escandalosamente molestas. Los flamencos no suelen inmutarse. En una pierna, zambullen la cabeza en el agua y repiten sincronizadamente el ejercicio, solo interrumpido por el andar de Yudit Fortes, especialista en nutrición animal del zoo. 

Los flamencos en cautiverio de Santa Clara provienen del refugio protegido de fauna de Las Picúas-Cayo Cristo, en Quemado de Güines, al norte de la provincia de Villa Clara. Algunos tienen más de ocho años en este estanque, otros solo unos meses. Por el déficit de recursos los especialistas de la instalación no han podido diferenciar quiénes son los más viejos, quiénes los recién llegados. Los flamencos han intentado anidar y reproducirse, mas no lo han conseguido. Todo en su entorno conspira contra ello. 

“A veces las personas arrojan objetos que crean traumatismos a la especie; alimentos inapropiados que pueden enfermarlos y restar las variedades”, dice la veterinaria del zoológico, Dulzaides Castañeda. Los flamencos están sufriendo una especie de trauma, adaptándose a un cambio de hábitat que no terminan de incorporar jamás. 

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¿Cómo se llega a Las Picúas?

—En barco, en bote —contesta un poblador de la comunidad costera de Carahatas, en Quemado de Güines—. Pero tienes que tener un permiso de Flora y Fauna, que son los jefes ahí, advierte. 

Para llegar a Carahatas hay que tener suerte y paciencia. Un largo terraplén, en pésimo estado, te separa de los biplantas (viviendas construidas luego del paso del huracán Michel, en 2001). Los biplantas totalizan 58 casas, en el pueblo hay más de 300, el resto está más cerca de la costa. Ha llovido. En tiempo de sequía, habría polvo y piedras, ahora todo es un terreno fangoso. Algún camión particular atravesará el camino; a los lados, marabú y cercas. 

Carahatas no es distinto al resto de los poblados costeros de la Isla. Sal, mucha sal. Olor a marisco. Gente tostada por el sol. Los cangrejos salen detrás de los pinos, los niños corren detrás de ellos. Todo parece detenido en el tiempo. La gente se queja de lo mismo: mal estado de los caminos, déficit de transporte público, carencia de alumbrado, problemas con el bajo voltaje. Carahatas es un pueblo repitente. 

La temporada de anidamiento de los flamencos rosados en Cuba comenzó desde marzo; las lluvias adelantadas del período de la primavera en la Isla dictan más idoneidad al asunto. Los naturales saben de esto. 

La costa no es tan baja. Pero en la zona de playa casi no hay arena, hace cuatro años no se vierte. El huracán Irma tampoco dejó demasiado. Pescaderos y escameros hacen su trabajo cerca de lo que antes fue un muelle. “Irma se llevó el muelle, solo dejó esos palos”, apunta uno de ellos. En esos palos hay tres o cuatro botes lidiando con la marea.  

—¿Qué sucede en este pueblo a esta hora?

—Nada —contestan casi a coro—, es lo mismo todos los días, a veces un proyecto comunitario hace alguna actividad, pero no por ahora. 

La Estación Biológica “Flamenco Rosado” tiene bien justificado su nombre, aunque nadie sospecharía que dentro de esas cuatro paredes algo pueda ser nombrado como un centro científico. Podría ser una panadería, o una casa familiar. Quizás sea la idea. A poco más de veinte kilómetros está Las Picúas, una porción de tierra perteneciente a la cayería norte de la provincia, donde de marzo a julio anidan más de 8 000 flamencos rosados. Esta temporada es muy probable que esa cifra disminuya, sucede cuando los huracanes destruyen parte del ecosistema ideal. 

En el año 2001, con la afectación de Michel, se redujo allí el cincuenta por ciento de esas aves; para esta temporada se prevé algo similar. 

Antes de que Las Picúas se declarara área protegida, algo que sucedió en 1991, la caza furtiva era lo normal en la zona. Todavía sucede, en menor medida con los flamencos, pero sostenida con otra especie en peligro, y que también habita la zona: el manatí. En cuanto al flamenco, lo más usual es el maltrato a las crías. 

Jaime Febles Acosta, especialista en Conservación del Refugio de Fauna Las Picúas-Cayo Cristo, cree que podrán sobrevivir este año el noventa por ciento de los pichones. Algunos ejemplares mayores irán a las zonas turísticas de esa misma cayería, o se trasladarán a zoológicos más lejanos. Pero la mayor concentración de flamencos se encuentra en Río Máximo, en Camagüey. Ese es ahora mismo un ecosistema marino-costero extremadamente frágil, en curso de salinización. Allí existe una granja para reproducirlos en cautiverio, con el objetivo único de comercializarlos en Cuba y en el extranjero. ¿La responsable? Alcona S.A.

El incremento de la población de flamencos en Río Máximo, que sobrepasa los ciento veinte mil ejemplares, fue en parte debido a que no se tomó en cuenta el impacto ecológico en el diseño del pedraplén de Morón a Cayo Coco. “Aunque después lo solucionaron en el de Caibarién (Cayo Santa María), la deficiente cantidad de puentes cambió el sistema de corrientes marinas de la zona y con ello la alimentación de los flamencos. Es por ello que acabaron mudándose para acá”, dijo José Concepción Morales, responsable del proyecto en Río Máximo, a OnCuba. También dijo que las mejores crías eran separadas para su cuidado y posterior comercialización. La desembocadura de este río, que forma un delta arenoso, ya ha sido declarada sitio Ramsar (Humedal de Importancia Internacional) por la Unesco.

Para el biólogo cubano Carlos Martínez todos los hoteles de Varadero, y de los cayos en Cuba, deberían estar bajo prohibición permanente de ganar algún reconocimiento ambiental. “Se destruyeron bosques para construirlos, y se fragmentó el bosque para hacer las carreteras de acceso. Los efectos de la fragmentación son una de las principales causas de pérdida de la biodiversidad en los ecosistemas a nivel mundial”. Los flamencos en Cuba, han sufrido con esto. En la Bahía de los Perros, al sur de Cayo Coco, ya habían desaparecido por completo; retornaron hace un lustro, cuando se recuperó el estuario afectado por las obras constructivas. 

“Hay una moratoria total a nivel de país, en cuanto al corte de mangle, desde hace años para personas y empresas —dice el biólogo Martínez—. El mangle cumple varias funciones: constituye una fuente de alimentos, protege y estabiliza la línea de costa de la erosión marina y también de la que viene de tierra. Además, sirve de criadero a juveniles y larvas de muchas especies. Pero al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) le han pasado por encima históricamente”. 

Los límites de los parques protegidos se negocian en Cuba bajo presión cuando hay infraestructura hotelera y turística de por medio. Las mejores playas quedan fuera de esos parques para ser explotadas, o no habrá tal parque. Así de simple. Con las especies ni siquiera hay negociación, Alcona S.A. ya las etiqueta como “animales ornamentales”, listos para su venta. 

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Alcona S.A. es una comercializadora, perteneciente al Ministerio de Agricultura, que nació durante el Período Especial. Cuando no quedaba nada que vender, el Comandante de la Revolución, Guillermo García Frías, ideó la finca de igual nombre —Alcona, a unos 20 kilómetros de la capital cubana—, que primero lidiaba gallos y controlaba las apuestas, y después expandía sus tentáculos hacia la venta de “caballos, peces, cocodrilos y flamencos”. So pretexto de exportar el excedente de la flora y la fauna, sobre todo de los flamencos, una especie que, según su grado de riesgo, es de “preocupación menor”, aunque es un ave protegida por el Convenio de Washington en su segundo apéndice. El flamenco ha visto disminuir sus poblaciones, debido a la salinización de las aguas, la instalación de hoteles en zonas que antes fueron protegidas, y la acción de la naturaleza. Pero Alcona tenía que sobrevivir pese a la crisis. 

Durante el paso del huracán Irma, la televisión nacional cubana mostró imágenes impactantes en Cayo Coco, al norte de la Isla, de cientos de cadáveres de flamencos que no sobrevivieron a la fuerza de los vientos, superior a los 300 kilómetros por hora. Estaban desperdigados hacia donde la fuerza del mar y el viento los arrastró. Sobre ramas, sin forma aparente. Vencidos. El Gobierno se excusó con el hecho de que eran aves salvajes. Lo que el televidente medio nunca supo es que la gran mayoría de esas aves (entonces salvajes) eran monitoreadas por el CITMA, y parte de un criadero para su exportación, un poco más al este, en la desembocadura del río Máximo, en Camagüey. Lo que el televidente medio tampoco supo fue que se había afectado un rubro exportable en Cuba. 

Alcona S.A no se esconde. “En la actualidad, se exporta anualmente 400 animales, fundamentalmente a China, Corea, Holanda y Bélgica, entre otras naciones”, dice sin miramientos el sitio oficial de la comercializadora cubana sobre la venta de flamencos autóctonos. Si los gallos de lidia, otro “producto” exportable, alcanzan la cotización de 250 dólares por cada ejemplar, los flamencos han de duplicar ese precio. 

El zoológico de Barcelona, en España, es uno de los beneficiarios con esas ventas, y los exhibe con una advertencia: “El principal problema al que se enfrenta el flamenco de Cuba es la creciente destrucción de su hábitat. A pesar de que aún mantiene una población bastante numerosa, de unos ochenta a noventa mil ejemplares, su número va disminuyendo progresivamente”. 

La adquisición de los flamencos por parte del zoo de Barcelona se hizo en el año 2000. Desde entonces no han vuelto a importar porque, como explica su grupo de Comunicación vía e-mail a esta reportera, “el clima benigno de la ciudad, la alimentación, los cuidados de los profesionales y la instalación creada específicamente para los ejemplares, han sido factores para que la reproducción se favorezca”. 

La comercializadora asegura que “el dinero recaudado por cada una de las esferas del grupo se emplea en la conservación de la naturaleza, tal y como lo reiteran los ejecutivos de Alcona S.A”. Es decir: Alcona es juez y parte. Vende las especies, y se justifica a sí misma con buenos propósitos. El primer rubro exportable de la empresa, en 1993, fueron los gallos de lidia, el “símbolo”, como suelen calificarlo, pero no son el renglón principal. Ahora es el carbón vegetal. Los flamencos están en la media, siguen siendo rentables. 

Sin que exista independencia de acción, y todo se rija por el mismo organismo, y las empresas de “protección de la flora y la fauna” sean las mismas que comercializan, todo indica que el “excedente de flamencos” seguirá sirviendo de ornamentos a la industria hotelera; una pieza más en la “colección de un zoológico”. 

El flamenco figura entre las especies amenazadas en Cuba, y aún así, se vende. 

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