Por los muertos, el regreso

For the Cuban Dead

Once they were men fully because they belonged,
and everywhere they looked and chatted and sipped
a bit of coffee, whisked away a fly with a wrist
or jolted a newspaper readably straight,
or flirted, or worried about the world and where
the damn country was going as a trolley rolled
and curtains dipped and bulged breast-like
and hid again in the proper window. They were
home and citizens of it and dared and loved
and were decent and stole and killed and loved again.
They were home. How like the root in the earth,
the crease in the linen, the wind rending the cloud,
the growl in the hunger, the pavement sprayed
with waves crashing against the sea wall.
How like all right things in the mind of place,
they jostled and failed, learned and betrayed.
Like coins in pockets made for them
they cried stridently or simply tinkled in murmurs,
and it didn’t matter is talk or life had substance.
Right of place was substance.

There is no enough in exile. Not enough anger,
and the blanket of safety always leaves the feet bare.
And it is here, no matter how clean and golden,
that one learns how different the wrist and the fly
and the shot of wave, how once never stops
calling although the law of distance deafens.
Memory is the heart’s gravity.
The accent of their children
becomes unbearably alien, a dampness
from the sidewalk creeping past the thin sole
and into the ignored sock. Now nothing
escapes notice and the balance is always against.
And it hits them, these never again composed,
that the time to see and hear was then,
when rightness held even the stormy evils
of the quotidian in the same palm
with the trash of years of seconds
and the kissed joys.

Then, as we have come to know, was
the proper place to gaze at the dust
of butterfly panoplies, ponder
the calligraphic crud on china,
relinquish decorous ears to taut goatskins,
wash in the lace of Sunday clouds,
and otherwise pay attention
with one’s whole life to shadows
knitting five centuries of incomparable capital,
field’s antique jewel, and the cradling shore.
God it was who let them die
filled with late understanding,
so who dares say we the innocent lurk
unpunished in the works and days?

Por los muertos cubanos 

Alguna vez fueron personas del todo, porque pertenecían,
y donde quiera que miraron o chismearon o probaban
sus buchitos de café, espantando las moscas de un manotazo,
o sacudiendo el periódico para estirarlo antes de leer,
o coquetearon, preocupándose por el mundo o por saber adónde
se les estaba yendo el cabrón país, mientras un tranvía pasaba,
y las cortinitas bajas y después infladas como un par de senos, 
y a la postre recogidas en una ventana de ocasión; allí, estaban 
en casa, y eran ciudadanos de casa, y se arriesgaron y amaron,
y eran decentes, y robaban y mataban y amaron una vez más.
Porque estaban en casa. Como la raíz es a la tierra
y el pliegue al lino, como el viento a la nube desguazada
y el crujir de las tripas es al hambre; el asfalto rociado
por olas que se hacían añicos contra el muro del malecón.
Como cada cosa encajaba en su propio espacio mental,
así se afanaron y fracasaron, y aprendieron, y se traicionaron.
Como monedas en un bolsillo hecho a su medida,
se desgañitaron o tintineaban apenas en un rumor,
y no importaba si lo dicho o hecho tenía sustancia.
El derecho a estar en su espacio era la sustancia.

Nada es ya suficiente en el exilio. Ni la cólera alcanza,
y la colcha que te cubre te deja al cabo los pies al aire.
Porque es aquí, no importa cuán pulcro y plateado parezca todo,
que uno aprende lo diferente que son el manotazo y la mosca
y el tren de olas; tal como aquella vez nunca cesa
de convocarnos, por más que la ley de la distancia nos deje sordos.
La memoria es la fuerza de gravedad del corazón.
El acento de sus hijos se les fue tornando 
intolerablemente ajeno, como esa humedad que trepa 
desde la acera, atravesando nuestra frágil suela
hasta las medias que antes ni notábamos. Hoy nada pasa 
inadvertido y las conclusiones serán siempre en contra.
Y les choca, a ellos que nunca más se recompusieron,
que el tiempo para ver y oír fuera justo aquel,
cuando encajar bastaba para compensar las borrascas
de lo cotidiano; en una misma mano 
el desperdicio de estos años a cuentagotas
junto a la bendita alegría. 

Entonces, como ahora por fin sabemos, era
el sitio exacto para contemplar el polvo de panoplias
de mariposas, tantear la caligrafía 
agrietada de las porcelanas,
renunciar por pudor a oír las retumbantes pieles de chivo,
lavar los encajitos endomingados bajo las nubes
y, por lo demás, prestar atención 
a una vida entera de sombras entretejidas
durante cinco siglos en una ciudad capital incomparable,
en maravillas campestres antiquísimas, en la costa que los acunó.
Dios mismo los fue dejando morir
ahítos de un entendimiento muy tardío,
¿quién osaría decir ahora que nosotros, en inocencia,
no hemos pagado igual el precio de esos trabajos y esos días? 

Return To Havana

What will that day be like, the return
to streets and shadows that have only names
and which I have learned to miss as if my own?

Will I ponder the smashed doorframe, the burnt
field, the cracked wall, the color-gutted pane
and say, this day is like no other, this return

will stand pure and unmatched, a warrior alone
among meek memories because he could sustain
the conviction that only what you miss is your own?

He will be a tired soldier, this thought learned
from a need like air, constant like the beat of rain
that always treads great days. This return

will not be different, will be full of scorn
for the heat, the bugs, the dust and din
of a strange locale, missed without possession,
 
ensnared in myths. The desperate champion
of memory, faltering, will be happier among ruins
than among questions. Only the days return
to teach him his duty: lose what you fear to own.

Regreso a La Habana

¿Cómo será ese día, de regreso a calles y sombras 
que no existen más allá de un nombre, pero 
que uno aprende a extrañar como casi propias?
  
¿Detenerse ante el marco roto de una puerta, 
un campo quemado, las grietas, el descolorido espejo,
y decir, este día es el día, ahora estar de vuelta

será por siempre puro y sin rival; entre memorias mansas
va el guerrero solitario, blandiendo sólo ese credo
de que nadie nunca posee lo que no se extraña?

Un soldado exhausto, idea que uno aprende por necesidad
aérea, idea fija como aquella música de los aguaceros
que anunciaban siempre al gran día. Hoy regresar

no será lo mismo, experiencia llena acaso de aversión
ante el calor, los bichos, el polvo y el estrépito
de un sitio ya extraño, que se extraña ya sin posesión,

mitificado. Así el campeón de la memoria, desesperado,
indeciso, terminará siendo más feliz entre ruinas
que entre dudas. El día a día por fin le habrá enseñado
su deber: perder justo aquello que se temía poseer.

.

* Del libro Parable Hunter (Carnegie Mellon University Press, Pittsburgh, 2008), de Ricardo Pau-Llosa, en la traducción de Orlando Luis Pardo Lazo.

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