Dagoberto Pedraja: “Siro, para salir de la Aduana tuve que cantar una canción de Raúl Torres”

Apenas me enteré del problema que tuvo mi amigo Dagoberto Pedraja en la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional “José Martí” de La Habana, salí de inmediato para su casa a fin de conocer de primera mano todo lo sucedido ese día, a su regreso a la patria, tras varias semanas en Hialeah donde el Dago, cada vez que va, asegura sentirse como en casa.

De la amistad que nos une pudiera decir muchas cosas; pero basta con decir que entre ambos hay un gran parecido, excepto por el pelo; y que Robin, su hijo, y director de Vistar Magazine, se parece mucho a mí cuando yo era más joven.

En realidad yo hubiese querido ir después. Todavía estaba yo atolondrado acerca de lo narrado por él. Por ejemplo, que hubiese una cola de 20 personas y una sola persona atendiendo, revisando y anotando.

O que la aduanera no supiera qué cosa es una baqueta, o que no supiera qué cosa es la UNEAC. Pero luego me puse a pensar que la materia gris si no se cultiva, no crece, pero perece; que el médico chino si viaja a Cuba muere sin ser atendido, y que nuestros aduaneros son la primera trinchera del deber, aunque el 90% de ellos no conozca a Manuel Porto, Amaury Pérez o… a Dagoberto Pedraja.

Siro Cuartel: ¡Dagooooo, ábreme! ¡Soy yo! ¡P…. con el rock ese! Dagoooooooooo

Dagoberto Pedraja: (abriendo la puerta) Siro, ¡mi hermano! ¿Por qué gritas?

SC: Coño, compadre, que esa bulla me atolondra. No sé como puedes estar oyendo rock a toda hora.

DP: ¡El Metal es lo mío, compadre! Lo mío es el Heavy Metal… Manowa, Powerslave, Alice in Chains, Over Kill, Megadeth, Metálica, Machinehead, Rush… cuche, cuche esa parte: ca can can ca ca can can… ¡eso es arte, compadre!

SC: Bueno, para esa música, que vengo a entrevistarte.

DP: ¿Por lo qué pasó en el aeropuerto?

SC: ¡Pues claro! 

DP: Tengo que reconocer que estoy en baja. Necesito que Carlitos me llame pronto.

SC: ¿Valenciaga?

DP: ¡¿Cómo que Valenciaga!? ¡¿Qué voy a hacer yo en la Biblioteca Nacional, compadre!? Carlitos Varela, viejo. Carlos Varela.

SC: Coño, dile que te lleve a Miami. Tiene concierto con Pablo.

DP: ¿Pablo FG? ¿Una fusión?

SC: Fusión ni infusión. Pablo Milanés, compadre. Van a tocar juntos.

DP: Ah, sí, verdad. Yo quería ir.

SC: ¡Yo también!

DP: Bueno, eso, que me llame Carlitos… Eso que pasó en el aeropuerto… eso fue porque no me conocieron.

SC: Es que no conocían ni qué cosa es la UNEAC.

DP: Me costó trabajo analizar esa talla. ¡Está dura! Yo que saqué la carta y dije, con esta sí que los mato. Yo pensaba que tenía una patente de corso en mis manos; y que con eso podía entrar hasta un consolador.

SC: Bueno, hay un video por ahí…

DP: ¡Eso es falso! Ese consolador no es mío. En fin, saqué mi carta con orgullo.

SC: ¡Tremenda carta! ¡Un As de Espadas!

DP: ¡Mierda! Eso creía yo, en realidad era La Torre, La Muerte y El Diablo; las tres en una.

SC: ¡Qué tristeza siento! Que pasen esas cosas…

DP: No es mía la culpa, Siro. La culpa es de quien hizo o hace la ECURED. Mientras yo no esté en ECURED seguirán pasando estas cosas.

SC: Coño, ¿tú no estás en la Ecured?

DP: Bueno, estoy, pero sin link. Estoy de guitarrista de Varela, y de grupo acompañante de Charly Salgado. Vaya, no es que yo… pero, ¿tú sabes lo que es que en la ECURED esté Charly Salgado, un guajiro de Manzanillo, que nació el otro día, y que yo no esté? O peor dicho, que esté “acompañándolo”. Vaya,… hay que ponerse en el lugar de nuestros aduaneros y aduaneras. ¿Cómo me iban a reconocer si yo no salgo ni en la ECURED?

SC: Es que…

DP: Pero además, si Amaury, que es Amaury, le pasó lo que le pasó en la Aduana, ¿quién soy yo para que no me pase?

SC: ¿Amaury Gutiérrez?

DP: No, viejo. Amaury Pérez. Un hombre con la trayectoria de Amaury. Un hombre que incluso tenía parabólica cuando nadie la tenía. Y no solo es que la tenía. Sino que decía que la tenía. En fin, me fue difícil, pero he tenido que aceptar lo que me sucedió. No lo justifico, pero lo entiendo. Entiendo que esa pobre muchacha, no sepa que eran los parchos, ni los atriles.

SC: Que confundiera los platillos con una antena parabólica…

DP: ¡Exacto! Mira, mirándolo bien… vaya, mirándolo como un anormal, una persona sin cultura, sin conocimientos, tú abres una maleta y ves todo eso, y sí, parece que querían armar una parabólica.

SC: Menos mal que pudiste pagar los $300 pesos e irte.

DP: Bueno, en realidad eso no fue lo que me salvó.

SC: ¿Ah, no? ¿Y qué fue?

DP: Coño, Siro, por tu madre… ¡no me hagas decir eso!

SC: Pero… ¿es tan grave?

DP: Coño, Siro, que me da pena.

SC: Bueno, a ver…

DP: Coño, Siro, ¡prométeme que no vas a decir nada!

SC: ¡Pero sueltaaaa! Suelta ya, que se me acaba la carga del móvil.

DP: Quisieron que yo compusiera una canción ahí mismo.

SC: ¿Los de la Aduana?

DP: Sí, ellos mismos.

SC: ¿Y tú qué hiciste?

DP: Les dije que yo no era reguetonero; que yo no podía componer una canción así como así; que eso llevaba su tiempo, su inspiración, un motivo.

SC: Y te perdonaron, te dijeron que podías irte.

DP: No. Me hablaron de Raúl Torres.

SC: ¿Eh?

DP: Y peor que eso. Me hicieron cantar una de sus canciones.

SC: ¡Sube esa música, Dago! ¡Quiero llorar!

DP: ¡Ca can can ca ca can can!

SC: Buaaaaaaaaaaaaaa, buaaaaaaaaaaaaaaaa, buaaaaaaaaaaaaaa

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