Martí y la margustia

Los apuntes deben ser el género martiano menor, cuadernos inéditos cosidos con hilo rojo. Es lo personalísimo que se tiene del Apóstol: notas íntimas, nosequés, garabatos caprichosos salidos del cerebrismo de la noche, del hachís, la soledad y el desconsuelo. Un Martí de tono menor en lírico equívoco, fuera del épico público. En 1879, casi al comienzo del cuaderno Nº. 1, el poeta escribe: “Que el dolor es perenne. —Schopenhauer”.

Entre pregunta y respuesta, ni el uno ni lo otro. Es casi seguro que Martí no leyó Die Welt als Wille und Vorstellung. Lecturas al vuelo, sí; no da tiempo para escribir, traducir, conspirar, arengar y vivir un poco. No obstante, los apuntes entre 1879-1881 revelan a alguien demasiado preocupado con la angustia: la suya que no cede.

A Martí le duele el dolor: “Los dolores —como ángeles benévolos— descorren los velos de mi vida”.1 Qué hay detrás del velo, no lo sabremos nunca. Mientras más busca el poeta en su futuro, más dolor encuentra:

“El alma como un ave, bate el ala:
Presa en el cuerpo, se revuelve, azota,
Revuelve clava, hiriente grito exhala
Y en la cárcel carnal su fuerza embota”.2

¡Alma ignota! Es el único momento en que Martí se permite meditar el fenómeno de su angustia profunda, obsesiva, siquiátrica. Angustia no es una palabra salida de la pluma de Schopenhauer; sufrimiento sí, como consecuencia de la voluntad. La angst es fría y danesa, ansiedad de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor a Regine Olson, que llevó a Sören Kierkegaard, id est, Victor Eremita, a dedicarle un libro a la ansiedad. 

Otro José poeta, desde la bruma del siglo XX, experimentó esa angustia martiana. Martirgaard Kozer admite que no pudo subir tan alto y emular la perfección del Apóstol.3

¿Y qué es la angustia? Vigilius Haufniensis, nom de plume de Sören, vigía del puerto, la describe como antipatía simpatética.4 Es lo que se siente al borde del abismo: repulsión por el vacío y a la vez el deseo de saltar. 

Otra metáfora haufniensiana es la manzana del árbol del Edén, cuya prohibición empuja a Eva a probarla. A la voluntad le basta un no para que se asome el sí. Con la angustia se descubre que el libre albedrío, más que un estado afectivo, es la proyección del ser hacia el error. Sin error no hay horror de pecar. 

Volvamos al párrafo anterior; Martí responde a Schopenhauer: “Lo que es perenne es la causa del dolor”. El poeta buscador de causas esclarece: Hay una diferencia entre el dolor como síntoma y el dolor como causa. A él le interesa lo último y ya veremos por qué. La “inconformidad del alma con la existencia real”, inconformidad permanente del alma. No hay arreglo, si viene de fábrica el Hueco Negro del Ser. 

Deja Martí caer esta oración en paracaídas: “La inconformidad es constante, pero no incesante”. Lo que cesa consta, lo que consta no cesa.5

Continúa:

“La relación de los afligidos disminuye la aflicción […] cuando hallamos un hermano de la pena ya no estamos solos. Cesa el dolor, porque cesa instantáneamente uno de sus motivos… se encuentra algo de lo que se busca”.

No un mero hermano, sino un hermano de la pena. Como veremos, se engaña Martí o, mejor dicho, lo engaña la ilusión de la causa. Aparece una evasiva, casi hedonista en letra cursiva:“Por ficción y exaltación, el dolor cesa y ese es el placer”.

Martí no es epicúreo, es estoico.6 Filia, ¿dónde estás? En Lisis, Platón advirtió: “… pensábamos que, si uno ama al otro, son amigos ambos; en cambio ahora pensamos: a menos se que amen los dos, ninguno es amigo”. 

La margustia requiere una filia recíproca del dolor; dolor del placer. Ay, ¡qué de placeres! En sus volúmenes figuran, entre otros: el placer del sacrificio, el placer superior y el placer sublime, único del poeta.7 Angustia y los placeres para aliviarla. Y el alivio requiere compañía. Martí & Co. Otra pista: en uno de sus discursos en Hardman Hall, New York, 1893, Martí pronuncia: “Los hombres se abrazan en la compañía del martirio”.8

El amor de los afligidos disminuye la aflicción del martirio. En efecto, hay muchas margustias:

  • la que expresa dolor físico9
  • la angustia patriótica10
  • la angustia como el peso del deber11
  • como sinónimo de preocupación12
  • como ¡ardor y asiduidad!13
  • como deseo incumplido de independencia14

Interpela el Apóstol: “¿Somos los únicos que sufrimos de esta manera?”. 

Pocos saben que eres Doctor Honoris Causa del placer de la angustia. Lástima que Vigilius no te leyera. No deseaste definir la margustia. Eras ella. 

Volvamos al genial maestro teutónico de los aforismos. La voluntad es principio originario, ciego, cósmico. ¡Qué cómico! Martí lo ve trágico. Der Wille, apunta el joven poeta cubano en su cuaderno, lo es todo. Surge por una falta básica en el seno del ser y deviene sufrimiento recóndito. Y si bien hay deseos que se satisfacen, la mayoría de ellos quedan latentes. El deseo duro, dura. 

¿Satisfacer el deseo? No bastaría. Schopenhauer advierte que es cual limosna arrojada al mendigo para que se conforme hasta mañana. Demasiado para un corazón que ambiciona ser mártir. Morir por la patria debe ser algo más que un suicidio. Martí no lo escribió así, pero llegó cerca. Martuicidio es la capitulación ante la voluntad, pero capitulación libre por la causa. Martuicidio es la forma desesperada de vivir en el martirio; morir por la Patria para vivir en el símbolo.15

La contraposición lógica martiana es esta: Patria o Muerte; no Patria, luego, Muerte.

¡Qué ironía! Se creía que el ideario martiano era idealista y optimista. Que el amor martiano por Whitman, Emerson, Spencer y los teósofos, garantizaba una América salida del Corazón de los Andes de Church. 

No, el verdadero ideario martiano es la martisofía: 

“Lo que yo llamo cuerpo no es el cuerpo en sí, sino una especie de alma corpórea, levadura terrenal con que los sentidos se mezclan en los sentimientos, yo llamo, cuerpo a las mezquinas ideas, a las satisfacciones vanidosas, a todo lo que no siendo material no es sin embargo amor fraternal. Pasión por el deber: preferencia por el martirio voluntario, esto es alma que asciende”.16 

En la martisofía el cuerpo sale perdiendo, pero ojo, cuidado: sin cuerpo no hay angustia. El cuerpo es el guaguancó. De ahí esta frase urgente y musical: “… está la importancia del cuerpo, pero desdeñándolo le hace ignorar la clave de su angustia”. 

Mientras tanto, el pesimismo pegajoso de Schopenhauer se mantiene inmutable detrás del gabinete del Doctor Torrente.17En la vida, la voluntad prima y jode los planes. Un rabo de nube americano pronuncia: “La felicidad es álibi, alivio temporal de los santos inocentes revolucionarios como tú, con eneros a cuestas”. “¡Que qué angustia —qué inquietud, qué imposibilidad de estar sentado en la visita de lo desconocido!”.18

Se acerca el martístencialista montado en la montaña rusa:

“Así pasa la dicha por la vida:
Como un copo de nieve
Que al llegar a la tierra se deshace”.19

En otro apunte:

“Morir no es descanso. No hay descanso hasta que toda la tarea esté cumplida, y el mundo puro hallado —¡y el lienzo en su marco! No quiero descansar: porque hay goce en sufrir bien, y lo que es, debe ser”.20

Lo que es, debe ser. Palabras deterministas para un profeta de la libertad. 

Tercia Schopenhauer: “Digo que cada ser, sin excepción, actúa bajo una necesidad estricta”.21

Desciende la margustia a cogerlo por el cuello, a José, quien escribe angustiado, à la màniere de Pascal, un tira-y-encoge de la negación pisándole los talones a la fe: 

“El poeta es ahora subjetivo, porque no puede ser ni lírico ni épico. Nadie tiene hoy su fe segura. Los que lo creen se engañan. Y a sus solas dudan. Un inmenso hombre pálido, de rostro enjuto, ojos tristes y boca seca, vestidos negros, anda con pasos graves, sin reposar ni dormir por toda la tierra” (nota: en doce años un pintor noruego de nombre Munch pintará esta imagen).22

La siguiente oración despunta cejijunta, casi existencialista: “Qué vacío en el cerebro, qué demandar lo que no viene, qué no saber lo que se desea, qué sentir a la par embriaguez y náuseas en el espíritu”.23

Este es el enunciado más vulnerable y nihilista de Martí. Con él adivina, desde su época decimonónica, la clave de la existencia. Ahí está la nausée pegajosa, en las fisuras húmedas de las paredes en las largas, tediosas noches del estival neuyorkino. Si la náusea expresa la angustia y la angustia apunta al martirio, ¿qué le queda al que así siente? 

El placer del sacrificio. Y el sacrificio es la nada. 

Escribe el nazareno de Dos Ríos en su delirio: “¡Qué placer será la muerte!”.24

¿Por qué tanto miedo a la angustia y no a la muerte? Por un lado, el poeta intuye que la angustia es parte de la vida, pero morir para acabar con la angustia es morir en vida: 

“En esta tierra no hay más que una salvación: el sacrificio. No hay más que un bien seguro, que viene de sacrificarse: la paz del alma. Todas las desventuras comienzan en el instante en que, disfrazado de razón humana el deseo obliga al hombre de separarse —siquiera sea la desviación imperceptible— del cumplimiento heroico del deber. El martirio, he aquí la calma”.25

El sacrificio del apostolado es un vivir en la muerte, paz axiomática del alma. 

“¡José, qué párrafo!”, apuntaría un filósofo español en el futuro. En Agonía del cristianismo pinta al sacrificio de forma parecida, pero advierte un peligro: “… se puede morir en sacrificio sin agonía y se puede vivir, y muchos años en ella para él”. 

Sentir el sacrificio tan a flor de piel puede llevarnos a disfrutar la muerte en sí misma, la tanatofilia. 

¡Hosanna a ese enfermo de margustias!

Al principio descubrimos que la solución al sufrimiento es encontrar a otro ser humano como uno. Uno de nombre Unamuno está en desacuerdo: “lo que más le une a cada ser humano con los demás y consigo mismo, son las discordias”.26

Hablando de síntomas, ¿será la margustia un síntoma de morir en compañía: Martí e Hijos?

En este cierre finisecular martiano, el dolor profundo vendrá siempre acompañado con la evasiva del martirio. Sin duda, en esas noches desoladoras, el Apóstol selló su destino con la causa. No se ignore esta última. La margustia es la metáfora del tira-y-encoje de la angustia sublimada por la causa: paz hermética, erótica y herética.

Si esa fuese la verdadera paz, solo el poeta lo sabrá.




Notas:
José Martí: Apuntes, Editorial Trópico: La Habana, 1945, p. 56. 
José Martí: Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, 2ª edición, La Habana, 1975. Cuaderno Nº. 4, p. 134. 
José Kozer: “Martí, una ansiedad”, Encuentro de la cultura cubana, Nº. 3, p. 65. 
Sören Kierkegaard: Concept of Anxiety, University Press: Princeton, 1980, p. 44, 61. 
Apuntes, p. 24. 
6 Ídem. De acuerdo con Medardo Vitier, la fijación con el sufrimiento en Martí tiene origen estoico. Vea Las ideas en Cuba (Edición Trópico: La Habana, 1938), Volumen II, p. 67. La influencia de Séneca en Martí es señalada por Félix Lizaso en Posibilidades filosóficas en Martí (Molina y Cía: La Habana, 1935). Finalmente, está el testimonio personal de Juan Bonilla, miembro del círculo negro de lecturas de La Liga Antillana, quien asegura que Martí le recomendó leer a Renán, Emerson y Séneca. Lilian Guerra, The Myth of José Martí (University of North Carolina Press, 2005), p. 23. 
7 Refiriéndose al poeta cubano, Francisco Sellén, expresa: “el placer sublime es el sacrificio del poeta”. José Martí: Obras Completas, Volumen 5, p. 195. 
8José Martí: Obras Completas, Volumen 4, p. 317. 
9 “A veces la angustia es mucha y creo que acabó. Quisieron tasajearme, pero no era preciso: yo me dejaba para poder seguir andando. Ni el mejor médico sabe ahora lo que tengo: los intestinos rotos, y una postración que no me deja levantar la mano”. Carta a José Dolores Poyo, 20 de abril 1892, Volumen 1, p. 404. 
10 Carta a Félix Iznaga, 1893, Volumen 2, p. 223 
11 Se menciona “la angustia sagrada de mi cargo”. Carta al presidente del Club Cayo Hueso, 1893, Volumen 2, p. 234. 
12 Tan solo en la Carta a la Delegación del Partido Revolucionario Cubano (1893), Martí menciona la palabra angustia cinco veces como sinónimo de preocupación. Volumen 2, p. 358-361. 
13 “Lo que en mí es patriotismo y angustia, pudiera parecerle ambición mía, o deseo de servir mi preponderancia”. Carta a Serafín Sánchez, 1893, Volumen 2, p. 422. 
14 “… temeroso por la angustia del plazo”. Carta a Máximo Gómez, 1894, Volumen 3, p. 69. 
15 La muerte de Martí en Dos Ríos pareciera una autoinmolación, suicidio por martirio, o lo que llamo martuicidio.  
16 Frederic Edwin Church (1826-1900), importante pintor neuyorkino de la llamada Escuela del Río Hudson. Su pintura “Corazón de los Andes” es una de las más representativas del grupo. Fragmento 22, p. 322. 
17 “Dr. Torrente” es el apodo que Martí se gana en Ciudad de Guatemala en 1877, a partir de unas conferencias dadas para la Sociedad Literaria El Porvenir, en el Teatro Colón. Alborch Bataller, José Martí: obra y vida (Ediciones Siruela, Madrid, 1995). 
18 Apuntes, p. 105. 
19 Apuntes, p. 70. Escribe Martí sobre el filosofo alemán: “Después de muchos siglos Schopenhauer ha venido a parar en la misma doctrina. Todo cuanto es, el Sol, se reducen apariciones y formas en que Der Wille, la Voluntad o el Amor, se revela y hace visible. Las criaturas son objetivaciones de Amor. Der Wille es el principio real del Universo, y la solución del problema cosmológico”. José Martí: Obras Completas, Fragmentos 83, p. 53 
20 Apuntes, p. 135. 
21 Arthur Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación, Volumen II, capítulo XXV.  
22 José Martí: Obras Completas, Volumen 21, p. 169. Aludiendo a Schopenhauer Martí escribe que “cada pueblo ha tenido un solo poeta”. José Martí: Obras Completas, Fragmento, 233, p. 143. 
23 Apuntes, p. 105. 
24 José Martí: Obras Completas, Volumen 3, p. 157. 
25 José Martí: Obras Completas, Cuaderno 4, Volumen 21, p. 138. 26 Miguel de Unamuno, Agonía del Cristianismo (Salamanca 2009) p. 646.




Amadeo Roldán: lo negro se hizo eje de todas las miradas

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Alfredo Triff

La entrevista que sigue acontece en el éter de la cuarta dimensión. El corresponsal de Hypermedia Magazine viaja al año 1935, al Hotel Inglaterra en La Habana. Entrevistamos al compositor y director de la Orquesta Filarmónica de Cuba, el señor Amadeo Roldán.


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