El pensamiento de Félix Savón

El maestro Swami Brahgamuda (Bora Bora, 1919), fundador de la Escuela Tautológica (ET), cuenta en su libro de memorias He sido lo que he sido (Editorial Anagrama, 2016) la admiración que profesó durante toda su vida por uno de sus más destacados discípulos, el campeón de boxeo Félix Savón (Guantánamo, 1967). 

El paso de Félix por la ET no fue siempre feliz, estuvo marcado por numerosos y violentos encuentros con sus compañeros, en los que a menudo la campana del timbre era la que salvaba de una potencial tragedia. A pesar de ello, su desempeño académico fue siempre destacado y su máximo aporte llegó con una obra titulada La técnica es la técnica, que luego ampliaría con un segundo volumen: Y sin técnica no hay técnica

Esta posterior añadidura marcó el comienzo de sus discrepancias con las enseñanzas de Brahgamuda, pues la mera proposición implicaba un deslizamiento semántico a favor de más de una lectura posible, lo cual a todas luces daba paso a una ambigüedad siempre muy mal vista por el Maestro, quien, como todos sabemos, no confiaba ni tantito así en la más mínima expresión que se separase de su doctrina y con frecuencia expulsaba (a menudo con bastonazos incluidos) a los estudiantes que, por osadía o por ingenuidad, caían en semejantes transgresiones. 

Así pues, decir que “sin técnica no hay técnica” podía significar que la ausencia de técnica implica la ausencia de algo más que al no quedar claro, se hace confuso. 

O podía significar que la ausencia de técnica no es condición necesaria para la no existencia de técnica. 

En todo caso, había oscuridad, y hasta cierto matiz de relativismo escéptico. Fue tras este acontecimiento que se decidió tomar una medida severa con el discípulo infractor y desviacionista. 

Dado el alto prestigio del que gozaba el Baba Savón —sí, sus memorables aportes le hicieron incluso alcanzar este título—, fue convocado el COCO (Consejo Ocupador de Cuestiones Obstantes) para decidir si se le expulsaba o se le permitía culminar estudios. 

El maestro Brahgamuda, a pesar de su inflexibilidad, declara en sus memorias que incluso llegó a contemplar la idea de incorporar una nueva línea de pensamiento a sus enseñanzas, con tal de mantener cerca a tan preciado aprendiz. Pero su rectitud no conoció flaqueza y la polémica, que duró por espacio de 10 meses, 10 días con sus noches, 10 horas, 10 minutos y 10 segundos, periodo durante el cual las clases fueron suspendidas, sería prontamente resuelta, luego de que el COCO convocara a Savón para que diera su declaración personal sobre eso de que “sin técnica no hay técnica”.

Sin mucho preámbulo el convocado dijo, con mucha entereza: “La técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica”; a lo que añadió, inmediatamente después: “Y yo solo sé que no sé nada”. 

Tras esto último, nos narra el maestro Brahgamuda, se hizo un silencio vergonzoso en el recinto donde se celebraba el proceso. 

La transgresión había sobrepasado los límites de lo permisible. No solo había Savón citado a uno de los más enigmáticos e irritantes filósofos de la historia, amante de la ambigüedad y la confusión, embaucador de estudiantes y propenso a las preguntas capciosas, sino que había citado a uno de los pensadores que, por tener tanto en común con Jesucristo, constituía una de las entelequias cuya existencia era cuestionada por la doctrina de la ET (para ello tenían una máxima que definía dicha postura: “Al pan, pan, y al vino, vino. El agua, es el agua”). 

Eso sin contar que la fórmula socrática pronunciada denotaba una clara inclinación hacia los preceptos de lo que luego sería la Escuela Heterológica[1] (EH). 

Por supuesto, la medida aplicada al Baba fue la separación definitiva de los centros de enseñanza de la ET.

Nadie entendió nunca esa repentina actitud, tan irreverente, del destacado alumno. Brahgamuda insinúa en sus memorias algo relacionado con una contusión en la cabeza causada por un tal Ruslán Chagaev y luego dice al respecto: “Quien mal anda, mal anda”. 

Habiéndosele preguntado al Baba Savón acerca de su desafortunada expulsión, respondía siempre de la misma manera: “Es una circunstancia que ni me beneficia ni me perjudica, sino todo lo contrario”. 

Con dicho enunciado quedaba demostrada su definitiva orientación hacia la doctrina heterológica, de la cual nunca más se separaría. 

Estas filiaciones suyas, desde que salieron a la luz pública, le han acarreado numerosas críticas por parte de diversos sectores e incluso ha tenido que enfrentar pleitos legales de gran envergadura —desde luego, no relacionados con la escuela de Brahgamuda. 

No obstante todo lo ocurrido, su sabiduría es aún muy respetada y sus aportes al sistema de enseñanza de la ET son aún estudiados. Su pensamiento posterior a su salida de dicha escuela fue adoptado por la Orden del Pleonasmo Libre (instituto anexo a la EH y altamente conocido por su vocación falocentrista y de derechas), donde se le asignó una cátedra y donde, desde su retiro de los rings —la actividad deportiva siempre la llevó en paralelo a sus estudios de Letras—, imparte clases de Tautología Aplicada a la Lucha de Contrarios y de Cacofonía Comparada. 

En esta última es considerado una eminencia y de hecho la asignatura es creación suya; nótese que la tartamudez, desarrollada con los años, y la lentitud al hablar, hacen de esas clases un suceso notabilísimo, según afirman sus estudiantes.




Nota:
[i] Veánse las obras Je est un otre (Éditions Gallimard, 1999) El futuro anterior (Editorial Milenio, 2001), de Janein Schwarzenweiss, fundador de dicha escuela.





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