De Cuba en peor (II)

C

Cabaré 

Tugurio en el que unas bailarinas borrachas bailan cualquier ritmo. Muchas personas están dispuestas a pagar lo que sea por transportarse al mundo de la infamia.

La mala música en Cuba pasa como buena música para unos cuantos. La mala música (horrenda, venenosa, plástica, repugnante, bullosa, putrefacta…) encabeza carteleras del boom en esa “poética de la sabrosura” que denigra lo que toca. 

En cabarés y sitios con características parecidas, esa mala música cuesta meses de salario para algunos. Pero el dinero aparece. Los bailadores aparecen. 

La cultura baila con la más fea. Está de luto.

Cacerolada 

En muchos países existe, en Cuba no. 

En muchos países las personas protestan contra leyes u otros desmanes parecidos golpeando las cacerolas. En Cuba no. 

En Cuba no hay ni cacerolas.

Cacique 

El que ostentan un poder, por mínimo que sea. Quien se aprovecha de las ventajas que le brinda ese poder. Quien lo impone.

Camuflar 

El mimetismo permite a muchos seres vivos parecerse a otros seres vivos. O muertos (he visto a artistas “falsificados” a la imagen del Che Guevara). 

Esa transformación, ese disfraz, no es gratuito. Me disfrazo para desplazarme de lo que soy y convertirme (desde una coordenada subliminal) en lo que no puedo ser. También para aprovechar las atenuantes que proveen esos cambios. Las culpas son del hábitat, de los organismos que nos rodean.

Canibalismos 

Las clases sociales más poderosas no son esas que se comen a sus semejantes. Son aquellas que los multiplican.

Caracoles 

No fueron detestados los caracoles porque llevaban la casa con ellos (y esto declinaba el áspero asunto de engordar papeles y trámites por la boscosa avenida de las legislaciones) o porque se arrastraban (símbolo desmejorado de bajezas e infamias, a manos llenas), sino por un delito imperdonable para el gobierno: siempre estaban o querían estar en las orillas. 

Carné de no identidad 

El que se impone uno mismo para no ser testigo y parte de la novela circunstancial que otros escriben para ti. 

Carné de imbecilidad 

Lo llevan con insoportable donosura algunos de los más insoportables habitantes del planeta Sordidez. Tal documento le provee privilegios similares a los de cierta tribu africana: tragar el semen de los mayores para heredar sus virtudes.

Carteles 

“¿Adónde van los locos cuando se vuelven cuerdos?”.

Palabras escritas debajo de un puente en una desolada comarca del oriente cubano. 

¿Quién las escribió? ¿Un loco? ¿Un cuerdo? ¿Un atormentado por padecimientos que iban, o podían ir, más allá de senectudes o corduras? ¿Un poeta?

¿Habría en esa frase una sutil marca de rebeldía política? ¿Lo sabían los repugnantes policías que hurgaban contra carteles rebeldes, anunciados subversivamente (una de las palabras preferidas del régimen) en cualquier territorio del país? 

“¿Adónde van los locos cuando se vuelven cuerdos?”.

Y: ¿Adónde van los cuerdos cuando se vuelven locos?

Y: ¿Adónde van los hombres buenos cuando se convierten en hombres malos?

Y: ¿Adónde van esos que escriben poesía dolorosa arrancada de jirones patrios, sin otra enmienda que entregarse a un aire sin preguntas ni respuestas, limpio y libre como el inicio de las cosas más remotas?

Carterista 

Hay muchos tipos de carteristas, y ahora uso (o maltrato) a mi favor una idea de Bertolt Brecht. Son tenebrosos y vulgares esos ladrones que sustraen lo que logras meter en tu cartera. Abundan en ómnibus públicos, grandes congregaciones, etc.

Tenebrosos y vulgares, cierto. Pero mucho más ladrones y despreciables son esos que hacen posible que en tu cartera escasee el dinero necesario para, entre otras cosas, no convertirte en carterista.

Celia Cruz 

Escucho con mi amada los boleros de Celia Cruz en una tarde triste y nacional (valga la redundancia). Bailo (o lo intento, porque mis cercanos saben que ese verbo es sospechoso e irreal si de mí se trata) con sus jacarandosas guarachas y sones en fiestas con amigos o mi familia. 

Los artistas de su linaje conquistan y renuevan mapas que jamás existieron. Ellos son esos mapas.

Celia cantaba (canta) con salerosa diplomacia; jamás lo ordinario o vulgar entra en su repertorio. Grandes motivos tuvo para que su obra se llenase de resentimientos y quejidos; sin embargo, admiramos un desenfrenado elixir de identidad y un carnavalesco poema que procura permanecer lejos de los límites políticos, procurando la única distinción posible para ella: la contagiosa cubanidad.

Circo 

Recuerdo imágenes que parecen extraídas de un circo absurdo o banal. Cuba es el circo y uno es espectador y ejecutante (no artista; ahora esa palabra me parece distinguida, luminosa). Hay circo por donde quiera, pero no hay pan, así que cualquier parentesco con las series romanas es pura charlatanería. 

Combatir

A piojos, mosquitos, alimañas: el enemigo yace en todas partes, y el enemigo no guarda reparos en hacernos la guerra de las formas más solapadas.

Comedia 

Si me río de mis desgracias es porque no sé hacer algo peor, o mejor, según las circunstancias. 

No es una virtud, muy al contrario de la puesta escénica tradicional. Un coro de bufones rodea al poderoso y ríe hasta los remilgos más trágicos. 

Quisiera citar a Groucho Marx, a Chaplin, a los Monty Python, pero no caben citas aquí. El momento resulta dramático y triste.

Concurrencias 

Algún izquierdista sospechoso espera la concurrencia para Cuba de un dirigente que porte en sus venas políticas una mezcla de Deng Xiaoping, Gorbachov y Lula da Silva. El juego se va a extrainning. Después se suspenderá. Por lluvia o apagón. 

Consignas 

Un país lleno de consignas. Denme una consigna y moveré el mundo… unos kilómetros más allá de mí. 

Las consignas tienen una identidad, un cuerpo, y si es posible, un mapa de viaje parecido a innumerables mapas de viaje. 

Hay consignas que envejecen más rápido que nosotros, otras que transitan sobre un eje de velocidad equilibrado en el eje continuo. 

Las consignas más hermosas debieran ser las que hablan del hombre desafiando todo lo supuestamente hermoso de las consignas. 

Consecuencias 

Cómo entender un país en el que las cosas que existen son consecuencia de cosas que existen lejos de ellas. 

Consumar 

A cada cual con el delito que le toca. El mío el de reprender a delincuentes de capa y cartel. O resucitar entre vengadores cansinos. Los delitos buscan a sus progenitores. Los delincuentes de capa y espada consuman la experiencia del oprobio carnal. 

Contrario 

El contrario redunda en aquello que distiende de mi punto cardinal (geográfico, político, ético), pero hay situaciones que por contrarias simulan y reinciden en cercanías supremas. 

Coprofagia 

Hay muchas maneras de “comer mierda” que no son esas explícitas y enumeradas por la escatología más ordinaria. 

Criar cerdos 

Uno de mis mejores amigos decidió dedicarle más tiempo a criar cerdos que a escribir poesía. Su talento escritural no era poco, pero mis hijos tienen qué comer y vestir, me confesó atribulado por la resignada elección. 

He visto a marejadas de talentosos ciudadanos desertar de empleos con baja remuneración económica y alistarse en los puestos más ínfimos (profesionalmente hablando) pero con cuotas distinguibles de ganancias: ingenieros que venden pan a domicilio, médicos reconvertidos en taxistas ambulantes, profesores instalando cafeterías. Más y hacia todas partes. 

También Cuba parece un gigantesco corral y muchos de sus habitantes no distienden mucho las diferencias con los émulos porcinos. 


D

Democracia 

Lo que vi en una película y lo que leí de algunos griegos. 

El nombre del cerdo antagónico en mi novelita Los elefantes las prefieren rubias.

La democracia es un juego de dados: después de lanzarlos siempre caen con la misma cara.

Denigrar 

Habla mal del otro porque siempre el otro está en el otro lado. Entre más calumniosa sea tu embestida mayor el placer. 

Quien denigra no lleva escudos, las balas en contra no le hacen daño. Es fácil entenderlo. 

Todavía existe otro en esta historia: el que recibe esas balas, el que las sufre.

Deporte favorito 

Mi deporte favorito no es otro que nadar contra la corriente, aun cuando el estilo no se vanaglorie de prácticas masivas; muy al contrario, su estilo opuesto tiene en Cuba muchos más “deportistas” que el béisbol o el fútbol.

Las palabras de mi padre: ¿Por qué un día no te atreves a nadar a favor de la corriente? 

Mi respuesta: Porque no puedo, porque no me preocupé por aprenderlo. 

Réplica de él: No tienes remedio.

Así mismo, le digo.

Depredación 

Me gusta mucho esta palabra, algunos amigos lo saben. Me imagino que cada escritor tenga palabras preferidas, por lo que dicen o por cómo se escuchan. 

No me gusta lo que la depredación hace; en sentido general no me gusta, habrá atuendos íntimos, marcas específicas, no más allá de eso. El concepto resume, sin embargo, muchas cosas. Saqueo, destrucción, rapiña, despojo, devastación. Por ahí, y las ideas después fluyen. 

Depredar, a veces, muy a veces, es corregir, o alertar, o hasta influir de alguna manera en los que, de alguna manera, están pendientes de ti.


E

Ecosistema social 

Abundan las especies medusa. No tienen cerebro, no hay corazón dentro de ellas, solo escuchan. Como las del reino acuático, que han logrado sobrevivir durante quinientos años. 

No me es difícil establecer un símil cruel: estamos rodeados de personas medusas. Y no me voy a molestar en contarlas. Suena imposible enumerar el infinito.

Elipsis 

La historia cambia bruscamente su discurrir lógico. La política dramática de un país que usa a los clásicos de la tragedia para armar una especial comedia divina. 

Elogio 

No se permite la honra al ausente (ausente por razones conocidas). El aplauso produce excitación. 


F

Faisán 

Nunca comí faisán (mucho menos de la India, como juguetean algunos). Nunca comí ostras del Mediterráneo, ni de donde fueran. Nunca comí caviar. Nunca comí civet de liebre. Nunca comí jamón de Bayona (ni jamones más allá de los cuasi verduzcos y agrios de cada día). Nunca comí el frigărui rumano ni un plato de mejillones al estilo del Rin o un empedrat de Cataluña. Nunca tuve sobre mi mesa un pot-au-feu francés, un chucrut alsaciano, un oliebollen holandés. 

Los libros más vendidos en las últimas ferias realizadas en Cuba fueron de cocina, recetas de cocina. Cosmopolitismo gastronómico. Ciencia ficción ideológica. Libros para coleccionar, o para que la boca se te hiciera agua.

Felicidad 

La felicidad en tierra patria no es, como la brumosa metáfora Beatle, una pistola caliente, sino una comida caliente.

Fidelidad 

Fui fiel a esas mínimas cosas a las que no les importaba mi fidelidad. 

Frases de otros 

No puedo negar que me hubiese gustado escribir muchos libros escritos por otros, idea que pueden repetir mis colegas. Ahora simplifico, inquiero, bordeo márgenes, restrinjo, resumo, hacia frases a las que con donosura les habría puesto mi firma:

“La pobreza es el lujo de los ricos”, dice Frédéric Beigbeder en Windows on the world. Y dice en esa misma novela: “El único interés de vivir en democracia consiste en poder criticarla”.


G

Gallina 

La gallina de los huevos de oro era la Unión Soviética porque nosotros solo conocíamos pocas aves en el corral. El águila era como cualquiera de su especie: un bicho raro, maligno, depredador, un símbolo imperial (y debimos saber que el animalillo era, seguiría siendo, el verdadero símbolo patrio de las legiones romanas, o del Imperio Bizantino, o sinónimo de autoridad para algunas tribus como mayas y aztecas, símbolo de México y de su escudo, y más, pero la idea es hablar sobre la gallina). 

La gallina es escurridiza y piojosa, puta como la puta más sobresaliente. Los huevos de oro son una mala metáfora socialista.

Guerra 

Cualquiera de los cubanos va a una guerra (Angola, Etiopía, Congo, Nicaragua, El Salvador, Argentina, Chile). Cualquiera hace lo que no debe hacerse en una guerra: mata a su semejante. O lo salva. Cualquiera comete errores así. 

Por eso, o para eso, las guerras existen. Estar en un punto o en el otro no distiende el verdadero dilema de la elección. A veces hay que perder las guerras para que se terminen. Duro axioma de perdedor, pero la derrota será una leve reconciliación con las sombras que deja el heroísmo. Nadie es héroe si no salva o mata. 

No adoro los héroes, tampoco los desprecio. Diré que son necesarios. Necesarios para idealistas de capas embarradas. Necesarios para políticos que arengan a través de esos héroes, viven de ellos, de un canibalismo patriótico ensordecedor. 

Me veo en una pastoril selva africana embestido con un traje de héroe perdedor (una especie casi extinguida). 

Hoy he hablado con alguien que también estuvo en la guerra. Ambos inventamos falaces emboscadas, batallas decisivas. Mentimos para comprobar que después de todo, después de muchos años, no nos quedan más opciones. A nadie le importan nuestras hazañas (la verdadera hazaña será sobrevivir mejor que el prójimo, escaparse del país, acopiar billetes a ras de lucros sinuosos, convertirte en dirigente-ladrón): resistimos a ellas para comprobar que ellas no nos ayudan a resistir.

Conozco a la madre de un soldado muerto. Me ha dicho que su hijo murió dos veces. Allá, en un combate oscuro; aquí, a la luz de todos los días. 

Lo sé, y procuro mantenerme despierto. Cualquiera no va a una guerra. Cualquiera no mata a su semejante. Cualquiera comete el error de ser un héroe.

Guerra de guerrillas 

Todo depende desde dónde se mire. O cómo, o para quién. Cualquier terrorista será llamado guerrillero por sus compinches. Un supuesto guerrillero (ver algunos ejemplos de las llamadas guerrillas latinoamericanas) será renombrado por el poder oficial como terrorista. 

La guerra de guerrillas existe desde siglos atrás; Mao y Che Guevara le dibujaron rótulos rojos. Si hay una montaña, mejor. Si te mueves continuamente, mejor. Así sucede en otros ámbitos. Sobreviven los que dan un golpe y no se dejan ver, se esconden. Y a veces no aparecen jamás.

Guion 

No todas las películas tienen un final terrible, pero esta, que no termina aún, tiene tramos poco gloriosos, un drama coloreado por una biología sangrienta e infame. 

Somos actores de los que nadie reconoce. El guion habla de enfrentar la locura, con más locura o con dejarse arrastrar. Fluir como si fueses un barco en cualquier parte, en un irreconocible mar. 

Que la noche te borre.


H

Hígado 

No sé qué por ciento de cubanos almacena sus esperanzas en cantinas y bares del país. ¿Quince? ¿Veinte? Las cifras son inexactas, pero crecen.

Himno 

Ya lo dije en un poema de mi libro Bala de cañón, sin ánimos burlescos: “Morir por la patria / a veces / es morir”. 

Porque acaso habrá un simulacro de sobrevida en la no tan dichosa posibilidad de convertirte en héroe después de morir por tu patria. O te puedes morir sin que la patria te lance a su idílico cesto de mimbre. 

Yo prefiero no morir, o morir como se mueren los muertos normales, aquellos que buscan la inmortalidad en una difusa cotidianidad. 

Siempre que la patria me contemple orgullosa.

Huésped 

Huésped de ninguna parte, vagabundo por los territorios que nos pertenecen. Extranjero hasta en la puerta de tu casa. 

I

Idéntico 

Lo que nos vuelve idénticos ante la mayoría es que somos, a pesar de las diferencias, la mayoría.

Ignorancia 

En Cuba no han existido ignorantes en los últimos cincuenta años porque las estadísticas, realizadas por la tropa gubernamental, ignoran esos datos.

Impostor 

El impostor es astuto porque exige (necesita) de los necios o crédulos. Su disfraz de héroe es casi shakesperiano, pero resulta que la impostura es conquista y festejo de esa conquista. En Shakespeare la escena tiene un actor de la realidad que establece su servidumbre en otra, distante de la que se encuentra. 

Los impostores cubren los numerosos tramos de la vida cubana, a uno y otro bando. Historia de fantasmas en la que ni siquiera existen los fantasmas. 

Inflar globo 

Verbo muy cubano; ejemplo: “Ubre Blanca produjo diez mil litros de leche en una semana”. Otro: “Se cumplió el plan de producción de la empresa a un 137 %”. Más: “La asistencia a la asamblea es de un 165 %” (lo que sugiere la presencia de personas extrañas a esa asamblea).

Intelectual 

Esa palabra me ofende. Revoco las energías que me conectan a ella. 

Soy alguien que escribe, un artista del hambre (como el de Kafka, se entiende), un condenado a la descreación mundana del arte, el eslabón inconexo con una forma de resistencia obligada.


De Cuba en peor

De Cuba en peor (I)

Carlos Esquivel

Acá el mono desciende del hombre, aunque a veces el hombre no tiene peores descendencias que hombres peores. Acá el pez pequeño se come al más grande, aunque a veces se ponen de acuerdo y entre ellos devoran al pez mediano. Acá la evolución de las especies recién comienzaY hay algunos que no quieren que avance.


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