Fernando Fraguela

Los hijos del hombre nuevo

Hyman Roth: ¡Los rebeldes son gente loca!
Michel Corleone: Quizás, pero pensé… que a los soldados les pagan por pelear, a los rebeldes no.
Hyman Roth: ¿Y qué te dice eso?
Michael Corleone: Que pueden ganar la guerra.
Hyman Roth: En este país hay rebeldes desde hace 50 años, lo llevan en la sangre. Lo sé, vengo aquí desde los años veinte.


Este diálogo de El Padrino II me entristece. La rebeldía que mencionan Coppola y Puzo me parece una leyenda, un mito de escuela. Desde Hatuey y el primer grado escolar escuchas, aprendes y repites esos mitos. Pero, ¿cómo creer en ellos? ¿Dónde está hoy la evidencia de que descendemos de Maceo, Martí, Guiteras?

El último rebelde que conocí: mi abuelo. Con 18 años se unió a la lucha clandestina. Sus razones: los policías era prepotentes; manoteaban y lo sacaban del parque donde iba a noviar. Sentía impotencia. Más lejos, algún compañero de instituto era apresado, torturado o asesinado. 

¿Qué haría mi abuelo hoy ante la prepotencia y el abuso policial tan frecuentes, ante los cubanos apresados, torturados o asesinados en estos 60 años

¿Le parecería muy lejano? 

¿Se sentiría tan impotente y desamparado… como yo? 

La rebeldía ha muerto, la mataron. 

No somos cubanos, no lo merecemos. Hemos dejado de ser cubanos para convertirnos en otra cosa.

Esta pandemia no ha traído nada nuevo

La materialización de las mascarillas que usamos hace sesenta años: ahora son de tela, se hacen visibles, pero las hemos usado siempre; incluso en toda la cara: tapan nuestros ojos, boca y oídos

Hace mucho tiempo se acabaron las justificaciones para usar esta full mascarilla; sin embargo, la mayoría prefiere usarla: tapar sus ojos, oídos y boca. Limitarse a soñar o recordar leyendas de rebeldía.

Estos pensamientos me consumen durante la cuarentena. En tiempos normales observo mucho, demasiado, y pienso. Ahora, por desgracia, lo hago más. Siento que me torturo, pero no puedo evitarlo. 

¿Ahora las personas pensarán más? ¿La pausa los motivará a observar y pensar? 

No lo creo. Ojalá.

Si no hubiera sucedido el confinamiento, estuviera filmando un nuevo documental. O quizás no. Hace años que digo que lo voy a filmar y siempre procrastino. Ahora vino la pandemia, la mejor excusa. 

Es un documental sobre el barrio donde nací y viví por veinte años. Cientos y cientos de edificios de microbrigadas construidos en los años setenta. Edificios y nada más. Llenos de personas. El gobierno hizo los edificios, los edificios hicieron a las personas. Las paredes cuadradas de microbrigadas encuadran sus mentes. Desde hace treinta años no pasa nada; las personas amanecen, simulan que van a trabajar, regresan, simulan que cocinan, comen arroz y frijoles mientras ven el noticiero y la novela y simulan que duermen, así una y otra vez. Ni siquiera envejecen, solo van quedando cada vez menos personas.

¿Cómo hacer un documental sobre algo que repeles profundamente? 

Esa iba a ser mi búsqueda, el viaje. Por mucho que me aleje, siento que llevo las cuatro paredes de microbrigadas a cuestas, y quiero dejarlas atrás. No quiero verme reflejado más en ese espejo: romperlo mediante un enfrentamiento directo, cámara en mano.

Limitado de filmar, escribo. Escribo películas imposibles de filmar con este “gobierno”. 

Y cuando termine este desgobierno no sé si quiera filmarlas ya, o si alguien quiera verlas. 

Escribo un guion inspirado en un cuento de Lino Novas Calvo, “La noche de Ramón Yendía”. Durante la revolución del treinta, Ramón queda atrapado en medio del caos y la violencia; distintos grupos armados combaten entre sí por el poder y Ramón, un taxista que no pertenece a ninguno grupo pero ha llevado personas de diferentes inclinaciones políticas, debe huir de todos los que quieren matarlo, porque piensan que es del bando contrario.

Quiero compartir aquí las primeras páginas de este guion. 

Creo que no son mías, nos pertenecen a todos: podemos escribirlas juntos. 

Lo que pasó en la década de 1930 puede ocurrir, por desgracia, en el próximo treinta años, o antes, y no podemos violentarnos entre nosotros por ser incapaces de dialogar para alcanzar el mismo objetivo. 

La rebeldía ha evolucionado: quitémonos las mascarillas.


LOS HIJOS DEL HOMBRE NUEVO

SOBRE NEGRO

ESCUCHAMOS UNA CANCIÓN DE CELIA CRUZ PROCEDENTE DE UN RADIO.

FADE IN

Divisamos la avenida del malecón habanero.

CARTEL EN PANTALLA: HABANA 2033

INT. AUTO EN MOVIMIENTO. DÍA.

Close-up de una mano que mueve la radio del carro cambiando las sintonías.

ESCUCHAMOS ESTÁTICA Y UNA MEZCLA DE MÚSICA CON VOCES.

La mano se detiene. La mano sube y toma el volante del auto. Seguimos la mano y nos detenemos en el rostro de JULIO (40), moreno, rasgos indios, serio mira la avenida y escucha la radio.

LOCUTOR (V.O.)

… con los sucesos ocurridos ayer en Báguano ya suman cinco municipios del Oriente de Cuba que se han lanzado a las calles clamando por el cambio. Las autoridades y los órganos represores del régimen fueron incapaces de enfrentar la avalancha de personas, huyendo y dejando a su albedrío al pueblo que sobrevive… 

Un auto sobrepasa a toda velocidad a Julio que va por la senda rápida, maniobra bruscamente para evitar el choque, finalmente logra estabilizar su auto. Julio toca repetidamente el claxon y le grita al otro auto.

JULIO

¡Ta’ comiendo mierda, compay!

Julio disminuye la marcha y cambia de senda, su auto dobla y entra por una calle de Centro Habana.

LOCUTOR

Más adelante le contaremos sobre la ayuda que preparan en la hermana y liberada tierra de Venezuela con alimentos e insumos para los municipios liberados, así como un posible cargamento de armas dirigido especialmente al pueblo de Cuba en su lucha por la libertad. ¡Esta es Radio Libertad Patriótica, informando desde el corazón de Cuba!

Julio detiene su auto frente a un semáforo en rojo, una patrulla frena a su costado, Julio disimuladamente baja el volumen de la radio a cero. El policía lo escudriña, Julio muy serio, mira la luz roja del semáforo.

ESCUCHAMOS RADIO CON ESTÁTICA PROCEDENTE DE LA PATRULLA.

El policía toma la radio y responde a la llamada de la estación. Julio ahora lo observa. El policía enciende las luces y la sirena, arranca a toda velocidad ignorando el semáforo en rojo. 

El sonido de la sirena se mezcla con el de otras sirenas a los lejos, hacen un eco a través de las calles y edificios. El semáforo cambia a verde. Julio, cual autómata, gira a la derecha en dirección contraria a la patrulla. 

JULIO (V.O.)

¡Ay carajo! Que uno tiene que vivir con el corazón en la boca to’l tiempo. Los nagües esto han puesto la cosa mala, mala, yo no sé qué me voy a hacer, se han perdío to’ los clientes! vo’a tener que entregar el cacharro este y dedicarme a otra cosa…

Julio mueve su rostro y sus labios mudos, conversa consigo mismo. La luz del sol le golpea la cara y baja el tapasol del auto, revelando una foto de una mujer y tres niñas pequeñas, todas morenas, acaricia con sus dedos los rostros de las niñas.

A través del parabrisas vemos la calle semivacía, ya no escuchamos las sirenas. Solo el silencio, una atmósfera pesada que contrasta con la algarabía típica de Centro Habana.

El auto dobla una esquina.

ESCUCHAMOS UN DISPARO, LUEGO OTRO Y OTRO.

Julio detiene el auto en seco, en la esquina un grupo de hombres echan a correr en direcciones distintas. Detrás de ellos Julio observa las piernas de otro hombre sobre la acera y lo que aparenta ser un charco de sangre. 

Dos hombres corren en dirección al auto de Julio, este intenta dar media vuelta, pero la estrechez de la calle se lo impide. Traga en seco. Los hombres lo miran, pistolas en mano, abren las puertas del auto, se sientan uno delante y otro detrás. Guardan las pistolas, el de adelante ALEXANDER (30), mira a Julio serio.

ALEXANDER

¡Arranca, bróder, arranca esto ya!

Julio aprieta el embrague a fondo, sigue de largo por la esquina donde permanece el cadáver tendido, Julio de reojo lo mira, luego mira de reojo a su acompañante a través del retrovisor.

El hombre a su lado lo inspecciona también.

ALEXANDER

¿Tú eres revolucionario?

Julio se sorprende con la pregunta, inspecciona disimuladamente al hombre que usa jeans y enguatada negra remangada, en el antebrazo deja ver parcialmente un tatuaje que parece decir Directorio

JULIO

¿Para dónde van? ¿Dónde los dejo?

ALEXANDER

Coge envuelta del Cotorro, cuando estemos allá yo te digo y por favor con cuidado, no quiero que nos detengan por una bobería.

Julio asiente con la cabeza, aprieta el volante y confiado maneja su auto buscando las calles principales.

CORTE A:

ALEXANDER

¿Cómo te llamas?

JULIO

Julio

ALEXANDER

¿De dónde eres? 

JULIO

De Granma. Bueno, de un pueblo, La Jatía.

El hombre asiente, complacido. Saca de su bolsillo un fajo con billetes, toma uno de cincuenta dólares y se lo extiende a Julio. Este abre los ojos sorprendido, mira al hombre pero no toma el dinero.

ALEXANDER

Hombre, Julio, has hecho un buen trabajo, esto es lo menos que puedo hacer por ti.

Alexander pone el billete en el bolsillo de Julio.

ALEXANDER

Dime, Julio, ¿me puedes dar tu celular? ¿Estarías disponible si te llamo?

Julio aprieta con sus manos el volante del auto, mira en el parasol la foto de sus niñas pequeñas, lo sube de nuevo a su lugar escondiendo la foto. Mueve la cabeza y los labios mudos, habla consigo mismo.

JULIO

(muy seguro)
Sí, me puedes llamar cuando lo necesites.


Fernando Fraguela

Fernando Fraguela.




Pídeme que te cuente todo lo que siento - Ricardo Sarmiento

Ricardo Sarmiento

Ricardo Sarmiento

Fotos de hombres muy lindos. Hay un tal Alfredito que me encantó, y otros desconocidos que también me gustaron mucho. Probablemente seamos familia. Los hombres cubanos de 40 años hoy en día no son tan lindos como Alfredito. Parecen actores de Páginas del Diario de José Martí, los de las fotos.


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