Jorge Luis Arcos

Discurso de H. [Hermes] sobre H. [Hécate]

[fragmentos]

I

Hacía mucho tiempo H. [Hécate] no me avasallaba
Con el aire denso y turbulento
Olor a promiscuidades con P. [Perséfone] y D. [Deméter]
Intercambiar sandalias de bronce (ahora unisex)
Persiste antiguo ritual pánico
Sumisión a la diosa (dominatrix)
Nocturna licenciosa codorniz
¡Ah, mi pharmakon!

Persiste
el sufrimiento
Aunque acaso con el vigor de un hombre muerto [Empédocles dixit]
El dolor
viene
callado
como la saeta [“Epístola moral a Fabio”]
viene
lento en la sombra [lentus in umbra]
[Égloga 1, 4, y “Poema de los dones”]

[sí, robo versos, porque soy hermético, ladrón, mentiroso, o su incestuoso hermano gemelo, o Hermécate, me dicen también, como a un travesti]

II

(no puedo sufrir más)
Sienes deliran
Transpirar con olor a macho cabrío
Ojos líquidos
Sexo escondido
(no puedo sufrir más)

La maldición de la diosa

Mi ánima


III

¿Qué sucede?
Qué cielo más sombrío
Pesadas nubes
Piedras brillan con extraño resplandor
Intensa humedad 
Olor a semen podrido
Se incrementa desasosiego en el corazón

Hay algo

Algo avanza lento inaudito voraz
¿Es una barca?

Nave
Cicatriz
Franja entre olas
Ominosa luz
Remos parecen raíces
(¿nervios de M. [Medusa]?)
Brazos iluminados
Eléctricas lianas

Ah
Indeciso vaivén
La punta de la noche
(ambigua trémula fosca fatal)
Ánima sola
(¿insinuación obscena?
¿concha entreabierta ávida?
¿latidos del cíclope ciego?)
Pálpitos lunares
Algo mordido dañado roto herido
Antigua madera putrefacta
y
Se nubla la vista y
Tar-ta-tar-ta-mu-de-ar y
Tropezar y
[…]

IV

No elegí amar a mi doble o a mi hermana o a mi otra mitad o a mi parte femenina o a lo que no tiene nombre
Mi ánima
Me excito cuando los ojos refulgen
La perversidad
Intensa manera de sentirme desterrado
Extranjero en propio cuerpo
Me fascina la prolijidad lunar
Paisaje lívido que contamina
Gélida procaz decadente
Perpetua perdiz
Hermosa como desierto en la noche
Cambiante como cresta de ola
Ambivalente como orilla de playa
Y es
(sobre todo)
Alguien que despierta oscuros deseos mercuriales
¿Místicos?
Tal vez

Pero nada como las yerbas
Cuando arden
morosamente suicidas
Al conjuro de arborescente música
Danza pánica
Ritmo enervante incombustible insensato
Tornar toda materia
frontera
laberinto
encrucijada
Cruzar un camino de noche
Con olivo retorcido y luna escarlata
 
Ay
Y líquida oscuridad del velloso páramo
Ígnea sonrisa
Y carnosos lujuriosos pétalos de asfódelas
Herida ardiente
(tatuaje marca estigma indelebles)
Donde el pene pervive
declina
desaparece

Ay




El paisaje como un lienzo. Jorge Luis Arcos (entrevista).

El paisaje como un lienzo

Alejandra Aguirre Ordóñez

Una conversación con el escritor Jorge Luis Arcos.


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