Anna Lidia Vega Serova

Tarot para principiantes

1

El hombre no se venía si no mataba.

No quería matar, sabía que es malo. Se masturbaba largamente sentado en el borde de la taza y luego lloraba con el pene maltratado erguido entre las piernas, sin derramar una gota de semen.

Es un personaje de un escritor ruso cuyo nombre no recuerdo, porque leo demasiado y porque tengo mala memoria. Pero no puedo olvidar a ese hombre lleno de dolor e impotencia que debe salir a matar otra vez y llora, llora, llora.

2

Antes de escribir hay que tomarse un vaso de agua / vino / té / ron, prender un cigarro / tabaco / incienso / vela, amarrar un pañuelo en la cabeza / una tira a la pata de la cama / una venda en los ojos, invocar a los santos / espíritus / demonios / orishas / a quien le pueda interesar, buscar un bolígrafo / lápiz / pluma de pavo real / alfiler y una hoja / libreta / pared / orilla / trozo de piel / trozo del alma.

3

Lleno páginas con palabras
las arranco
las estrujo
las tiro
camino hacia el baño
a la cocina
por encima de trozos de papel deshecho
fumo
pongo y quito música
prendo y apago luces
escribo
rompo
camino
fumo
escribo
lloro
lloro
lloro.

4

Me coloca las manos en los hombros.

No la miro, no puedo. Bebo despacio el tiempo azul. Espero.

Pregunta, me dice al oído. Pregunto.

Debes matar a tu madre. Debes arrancarle las entrañas a tu madre antes de su primera menstruación. Debes cortarle el pelo y las uñas, bañarla con cuidado y abrirle el vientre. Debes enterrar sus ovarios y su útero en un descampado al que nunca volverás, y marcar el pudridero con una piedra para que no se acerquen aves ni animales, ni crezca planta alguna a diez metros en redonda. Debes quemar su pelo y sus uñas y esparcir las cenizas en el desierto y verter el agua en la boca de un volcán apagado.

Anna Lidia Vega Serova

No la miro, no puedo. Siento el olor que desprende. Tierra seca. Escucho su voz, tan antigua y silenciosa. Una voz sin voz.


5

Tomo la primera carta del mazo, leve rectángulo. Es el comienzo del viaje, después será más fácil, dice.

El Mago voltea la cara sin dejar de hacer malabares. Tira los dados, agita la vara. El viento se detiene, los pájaros enmudecen. La ansiedad pulsa en mis oídos. ¿Cuál será el próximo golpe del azar? 

Las posibilidades son infinitas, pero solo se ha de elegir una. Todo está en tus manos. Todo está en tus manos, dice.

No te creo, respondo.

Solo como chocolate cuando me lo regalan. Solo bebo ron cuando me lo brindan. Solo uso ropa reciclada. Solo fumo colillas.

Todo está en tus manos, repite, y me extiende la navaja.

6

Bebo despacio el tiempo azul, sin fondo. Por cada gota recibo un regalo indeseado.

No, gracias, intento ser amable.

Pero mi cuerpo se transforma irremediablemente. Mis dientes, mi pelo, mi piel mutan de modo perceptible y brutal. Trago a trago, dejo de ser. La transparencia de los espejos enceguece.

No queda más que tenderme de espaldas y abandonarme a la corriente, mientras alguien en el lugar a donde van a parar las cosas perdidas pinta un bello retrato.

7

¿Quién dijo que después será más fácil?

La segunda baraja tiembla con mayor fuerza entre mis dedos. La Sacerdotisa sonríe lejana, sosteniendo el Libro de la Vida a medio escribir. ¿Con qué palabras he de llenar las páginas restantes? ¿Cómo darle un giro a la historia narrada hasta el momento?

Las hojas vírgenes se ofrecen con esperanza y humildad. Estoy paralizada de miedo a verme caminando por encima de trozos de papel deshecho: páginas arrancadas de mi vida.

Vuelvo a sentir el olor a tierra, la voz sin voz: también podrías engendrar un hijo o plantar un árbol; construir una casa, arar un campo, moldear la arcilla, forjar, curar, tejer, crear.

No la miro, pero acepto la navaja que me tiende piadosa.

8

Mis amigos usan maquillaje, Omega3, dientes postizos, yoga, complejos vitamínicos, libros de autoayuda, miel, budismo, cremas humectantes / nutritivas / exfoliantes, tinte para el pelo, dietas diversas, la antidieta, aeróbicos, acupuntura, purgantes, sabiduría maya, discotembas, psicoanálisis, psicoballet, Viagra, orinoterapia, noni y moringa, los ritos tibetanos, pastillas para adelgazar, la terapia de la risa, alcohol, alcohólicos anónimos, anillos antiestrés, parches nicotínicos, Éxtasis, videojuegos, meditación trascendental, música para relajar la mente, telenovelas, aromaterapia, Prozac, sexo tántrico y sexo vulgar, comida macrobiótica, viajes astrales, masajes, liposucción, Tai Chi, hipnosis, marihuana, santería, trabajo extenuante (en casa y fuera de ella), operaciones plásticas, orgasmos múltiples, lloran, lloran, lloran.

9

Trazo una herida horizontal sobre la palma de la mano, la línea que le falta.

Todo el amor que llevo dentro encuentra salida a través de la húmeda piel. Recorro la ciudad saludando a los transeúntes. Ellos sacan servilletas y pañuelos. Se apuran en limpiar mi huella, se desinfectan y se ponen guantes.

Debes calar más hondo, dice la voz. Debes abrirte el pecho, el cráneo, orinar en cada esquina, vomitar en cada parque, sudar, llorar, hasta que no quede más que un puñado de polvo que el viento haga bailar en los rayos de luz.

Anna Lidia Vega Serova

Pero la llaga se cierra y cicatriza. Mi Línea del Corazón se disuelve. Mi sangre no es más que acuarela roja en el lugar donde van a parar las cosas perdidas, dos o tres pinceladas frescas.


10

Uso gafas de sol y tapones para los oídos, desconecto el teléfono, no le abro a nadie, no acepto invitaciones, reduzco al mínimo el trato con los vecinos, a cero el roce con desconocidos. 

Después de un encuentro que no logro evitar caer en cama y tardo horas en recuperarme. Cierro puertas y ventanas, tapo los espejos, no prendo el televisor, no doy señales de humo. Como y duermo poquísimo, apenas respiro. Leo demasiado, pierdo la memoria, mi cuerpo se transforma…

¿En qué me iré a convertir?

11

La tercera baraja me deslumbra, me corta el aliento: La Emperatriz.

Llega en su real esplendor a colmar el mundo de vida, luz, sonido, alegría. El trigo madura en los campos y los frutos se llenan de jugo en las ramas. El pescador recoge las redes cargadas, el alfarero saca las vasijas del horno, el mercader cuenta las monedas: todo es oro, todo es éxito y abundancia, todo es amor.

Los dominios de La Emperatriz iluminan los rincones más oscuros de la existencia. Por unos instantes me estalla un sol dentro.

Solo por unos instantes.

12

Otro personaje del libro del ruso (cuyo nombre no recuerdo porque leo demasiado y porque tengo mala memoria) es una mujer que no se viene si no se lacera los muslos con algún objeto hiriente. A lo que comúnmente se le denomina sexo (penetración, frotación entre pene y vagina, clímax) lo llama coito vainilla. Puede estar durante horas practicando el coito vainilla sin sentir absolutamente nada. En algún momento se ve obligada a abandonar al amante desconcertado, encerrarse en el baño, sentarse en el borde de la taza y rasgar su piel con un alfiler / bolígrafo / lápiz / pluma de ave real.

No recuerdo el nombre del autor ni el de sus personajes, pero no logro olvidar a esa mujer llena de dolor e impotencia que lacera su carne una y otra vez y llora, llora, llora.

13

Cuando llegue el momento, romperás la crisálida. (No la miro, no puedo). Entonces buscarás a los tres mendigos / los tres monos sabios / los tres pilares del saber / las tres gracias, y comprenderás que debes matar a tu madre y a tu padre, a la madre y al padre de ellos, y así sucesivamente hasta erradicar a todas las madres y padres que podrían hacerte posible.

¿No hay otro camino?

Claro, ríe, todo está en tus manos.

Alzo mis manos huérfanas, alas impotentes. He pasado tanto tiempo en tierra que me dan miedo las alturas. Sería un solo salto, pienso.

Será un solo salto, dice la voz. Su risa parece el ladrido de un perro.





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