Soandry del Rio: “Fácil es ser hombre, difícil es ser negro”

Soandry del Rio tiene la sabiduría de los pioneros. Un pionero no es un niño con pañoleta roja o azul. Un pionero es alguien que asume su responsabilidad y manifiesta su identidad sin importar las condiciones.

Mucha de nuestra consciencia se la debemos a los pioneros. Soandry es un pionero del activismo y del hip hop cubano. Su medio primario es la oralidad y la síntesis, pero accedió a escribir y a analizar, espontaneidad por delante. En esta entrevista, Soandry nos muestra la bondad de mantenerse ingenioso y expansivo en situaciones alienantes y confusas.


Soandry del Rio

Soandry del Rio.


Soandry, mientras escribo estoy escuchando en SoundCloud tu disco Material de Estudio. Le seguirán Modus Operandi y Esto no tiene nombre. Sin embargo, no dejo de pensar en “La luz que me espera a la salida del túnel”, de tu presentación en WhatsApp, y el tatuaje en el brazo derecho que te describe en tu perfil de MELAH (Movimiento de Expresiones Latinoamericanas de Hip Hop). Cuéntame más de esa luz, y del tatuaje.

La luz al final del túnel es una reflexión interna, es un mensaje que puse ahí para mí, aunque pienso que sirve para todos. Fue una etapa de mi vida, no hace tanto, en la cual me vi afrontando muchas decepciones al mismo tiempo en lo personal y lo social, cosa que suele suceder cuando se apuesta en serio en el casino de la hipocresía, sobre todo en una cultura como la nuestra, extremadamente teórica y complicadamente práctica.

Es un recordatorio de que, sin importar qué, siempre hay un amanecer después de la guerra, y para mí esos momentos son de un profundo empoderamiento psíquico. El paso de toda tormenta te da la noción de muchas cosas, desde los elementos más débiles hasta los árboles más fuertes, y lo que el viento se llevó solo te da una perspectiva real del entorno.

Referente a mis canciones: soy de la vieja escuela del rap cubano, por lo que mi proceso creativo responde al concepto de “yo quiero decir esto” y no a “me conviene decir esto”, o “esto le va a gustar a la gente”. El arte es una herramienta de liberación; hoy lo tienen condenado en la prisión del qué dirán, por lo que se ha vuelto más importante la aceptación que la originalidad. Yo trato de mantenerme fiel a mis necesidades de cambio social, tocando temas de cierta molestia para muchos, como el racismo en Cuba, la dictadura política en Cuba, la opresión institucional, la censura, etcétera.

La música para mí es terapia y un poco de filosofía de vida. No trato de convencer, no busco aprobación, pero sí denuncio y establezco mi punto de vista a través de la necesidad de expresarme. Me proyecto antisistémico. Creo en el empoderamiento y la independencia desde lo personal, creo en el derecho de asociación y aborrezco el fanatismo. Seguiré rompiendo el ticket que me invita al popular tobogán emocional con destino a la necesidad de un líder para labrar el camino de todos.



Soandry del Rio.


¿Y el tatuaje? Insisto porque me parece un dato poco común para un perfil.

El tatuaje del brazo es el número de mi primer pasaporte. Para mí tiene un sentido profundo, ya que fue una lucha personal larga y difícil, de mucho chantaje y bajeza por parte de las instituciones cubanas.

Recibí alrededor de seis cartas de invitación para participar en eventos alternativos en Venezuela. De estos, el grupo que más lo intentó fue el proyecto Tiuna El Fuerte. Recibí otras tres invitaciones a eventos oficialistas, todo a través del Instituto Cubano de la Música. Sucedía que mandaban, en nuestro lugar, a otros grupos vistos como políticamente correctos.

Otras dos invitaciones a México también fracasaron, porque en una ocasión se perdieron los papeles en la Asociación Hermanos Saíz. Y tres invitaciones a los Estados Unidos; dos de las cuales eran a Los Ángeles, a la premier del documental East of Habana, producido por Charlize Theron, en el que yo fui protagonista. En esta ocasión las excusas las envió el mismo MINREX, alegando que eran tiempos convulsos en las relaciones Cuba-Estados Unidos; mientras que, por su parte, la embajada estadounidense en La Habana me informaba la fecha para presentar los papeles y proceder con el trámite establecido.

Por último, en el año 2008 los astros se alinearon y logré salir del país rumbo a Asturias, España, a través del Proyecto Voces Rebeldes, después de un largo camino burocrático que incluía seguro médico internacional y permiso de salida.

Ahora cualquiera puede viajar (de manera más fácil que antes, me refiero), pero a mí me costó mucha espera, injusticia, frustración, chantaje, freno a mi desarrollo artístico, asfixia de mis planes de vida. Ese tatuaje es un recordatorio de la verdadera cara de la oficialidad en mi país.


Soandry del Rio

Soandry del Rio.


Me parece que te mueves por estratos de veracidad que problematizan las apariencias y las pertenencias, siendo “todo el tiempo realista”. ¿Se podría apreciar así este estribillo de la canción “Lágrimas negras, del disco La causa nostra (2002): “Siento odio profundo por tu racismo / ya no me confundo con tu ironía / y lloro sin que sientas que el llanto mío / tiene lágrimas negras como mi vida”?

Referente al coro de “Lágrimas negras”, uno de los temas de una trilogía con respecto al tema racial (las otros dos son “El negro cubano” y “La historia mal contada”): me viene de aportes de carácter activista que me han marcado, de los cuales tengo que mencionar el evento Queloides en Pittsburgh, y ALARI (Afro-Latin American Research Institute) en la Universidad de Harvard. Estas experiencias han formado mi percepción del tema racial. También pudiera mencionar la experiencia de ser el primer artista latino en presentarse en la Penn State University. Así he tenido contacto con diferentes y diversas ciudades y pueblos de los Estados Unidos.

Ahora, es importante destacar esto, ya que para nadie es un secreto que el vecino del norte siempre ha sido la balanza comparativa en todos los aspectos del tema Cuba, y la racialidad no está exenta de esto: basándome en la experiencia recibida dentro y fuera de la Isla, tengo que decir que en nuestro país tenemos uno de los racismos más hipócritas del mundo, con altos niveles de ignorancia, sutileza, cinismo y ventaja, dependiendo del caso. Empezando por el sistema educativo, la historia, la publicidad y la praxis política; pasando por la escala de valores sociales, de mentalidad neocolonizada, incapaz de asumir el mestizaje de nuestra identidad en toda su gama; y terminando por la casi imposibilidad de emplear estrategias capaces de transformar, para mejor, el prostituido término de “cubanía”.

La mayoría de los negros en la Isla están mareados y confundidos. Yo no lo estoy, y en parte se debe a que “viví en el monstruo y en sus entrañas”. Allí fue que le pude comprar a mi hija una muñeca acorde con su color de piel, ya que Cuba, cuando le conviene, se jacta de su ascendencia multicultural, sin embargo, los pocos productos que oferta son enfocados única y exclusivamente en las personas de piel blanca. Por ser cuidadoso en la crianza de esa niña me he visto forzado a abrir los ojos aún más, ya que en este país todos estamos sometidos al mismo bombardeo, mediáticamente desigual.

Una anécdota que quiero agregar a esto fue nuestra visita a la Feria del Libro. Todo el que ha ido sabe que hay allí una microindustria enfocada en los niños. Cada dos pasos había gente ofreciéndole cosas a la niña, buscando llegar a cierta fibra cerebral que provoque el antojo o una necesidad suficientemente fuerte como para presionar a los padres a comprar artículos cuatro o cinco veces por encima de su precio. ¿Y cómo te los quitas de encima? Con la siguiente pregunta:

“Señoras y señores, estoy buscando un póster o un cuaderno o pegatina de algún animado de los que le ofrecen a ella, pero que tenga su color de piel. ¿Nadie tiene muñequitos negros por ahí? ¿No? Ok, entonces no me le ofrezcan más Barbies ni más Bratz, ni más princesas rosadas. ¡Buenas tardes!”.

Este es un tema largo y que abre muchas heridas. De parte de los negros, me atrevo a decir que estamos en talla porque sabemos que “fácil es ser hombre, difícil es ser negro”. La mayoría de personas racistas (que incluye no solo personas de piel blanca de verdad: hay muchos que no asumen lo afro y otros que esconden su mestizaje), que viven en un ambiente tan blanco dogmatizado, cuando escuchan esta realidad se ofenden o contraatacan con la última arma de moda: el “racismo inverso”.

Aclaratoria: el racismo inverso no existe. Lo que existe es el odio, la discriminación y la segregación inversa; pero el racismo inverso no, ya que el racismo tiene la capacidad de frenar el avance social de todo un grupo o etnia desde la estructura de poder, y a nivel mundial dicha estructura es netamente blanca. Decir que el racismo inverso existe es un disparate.

La otra cuestión es que los negros se están victimizando. Repito: el dogma y sus precarios beneficios son tan abarcadores y profundos, que la mayoría terminan como el pez, que no sabe lo que es el agua; mientras que muchos otros saben lo que hay, pero se hacen los locos porque les conviene que las cosas se mantengan como están. La mayoría pide cambios y una Cuba libre, pero muy pocos proyectos contemplan la equidad racial y la asunción de una verdadera identidad nacional, como debe ser.


Soandry del Rio

Soandry del Rio.


¿Entonces tu hip hop quiere hacer énfasis en las genealogías, las ficciones de la igualdad, el sentimiento y el precio de ser negro en una Isla que te desconoce, te desdibuja y te retira la libertad de pensamiento, de palabra y de organización?

Yo considero que la música está ahí, y la música habla por sí sola. Puedo hablar sobre los referentes, los motivos, pero la última palabra la tiene quien escucha. Veo una barrera en imponer significados, y la respeto. Mi hip hop responde a mi derecho vetado de libertad de expresión.

Evidentemente, pienso que hay todo un gran andamiaje de censura puesto en función de todo aquello que no responda al sistema centralizado impuesto en Cuba. Por supuesto que creo que no hay libertad de iniciativa alguna que no implique un altísimo riesgo de cárcel, sin posibilidad de defensa legal, ya que todas las leyes y decretos están hechos mayoritariamente en función de salvaguardar la estabilidad institucional, que a su vez no representa al ciudadano, sino al concepto “Pueblo”, que es como se hace llamar el Estado totalitario. Solo un pequeñísimo margen legal ofrece una diminuta protección personal, y la misma funciona en la práctica más o menos en dependencia de varios aspectos, como el color de piel, el poder adquisitivo, los parentescos, antecedentes sociales y políticos, etc.

Otra cosa: creo que por lo general se tiene un nivel de entendimiento bastante precario sobre organización. A medida que el mundo avanza nos va forzando a buscar más eficiencia en todos los aspectos, y creo que es el exterior y los avances tecnológicos los que han obligado al sistema cubano a soltar un poco la soga. En términos de subsistencia somos una economía parásita, y en términos ideológicos el cubano común acampa bajo la sombra de obsoletos paradigmas. Por lo tanto, los cambios gubernamentales responden a las decisiones o medidas de otros gobiernos que lo obligan a reaccionar.

La tecnología ha empoderado de manera significativa al ciudadano de a pie y eso fuerza un avance; pero, como decía anteriormente, carecemos de la sangre fría necesaria para el cálculo estratégico en pos de los objetivos, además de cargar con una mochila llena de lastres para la construcción de una nación nueva: la vanidad, la tibieza, el victimismo, el excentricismo, el protagonismo centralizado, la oratoria ensimismada, el temperamento explosivo, el fervor, la rumba, la fiesta, la especulación… Son elementos que debemos poner en función de una meta, si no se puede prescindir de ellos.

Mi opinión es que se debe denunciar la tragedia, pero no amplificarla. Hay que sumar a las masas a la idea de ser independientes, pero con creatividad y entusiasmo y no con sangre. Y con más sacrificio, a través de una fórmula que tenga como ecuación la prosperidad en democracia, pero hasta tanto no ajustemos esos tornillos, el carro seguirá siendo remolcado.

Hay un enfoque extremo en el aspecto físico, pero la libertad empieza en el terreno cognitivo. Sin un esfuerzo conjunto coordinado, sucede que unos pagan precios muy altos y otros transfieren el esfuerzo grupal en objetivo personal. Por tanto, es indispensable la organización para lograr un efecto huracanado, que a la larga mueve más cosas que un tornado, pese a que este tenga vientos más fuertes.


Soandry del Rio

Soandry del Rio.


Fuiste director del Festival Puños Arriba; eres padre, ciudadano consciente y exigente, rapero, activista, y todas las microhistorias que se me escapan; es decir, te has realizado en miles de ámbitos por tu desobediencia fraternal y con causa. ¿Cómo es tu relación con un sistema que repugna la independencia y el librepensar?

Bueno, activista es lo que más soy, y es lo que no te queda claro; pienso que a mucha gente le pasa lo mismo. He estado en círculos de activistas en Cuba y me han dado credencial de músico.

Algo muy común en nuestro país es el mal manejo de los conceptos y la expropiación de los significados. No sé si tu concepción es que el activismo es pararte en la calle, que te arresten, o andar con un cartel, o es solo a través de la acción física. Yo creo que el activismo se puede hacer también cantando canciones, aunque en muchas ocasiones la vida te pone encrucijadas y hay que ir más allá: tienes que pasar del arte a la acción. La vida es acción y el arte es expresión, pero nosotros somos vida primero y después somos arte, por lo que uno es complemento del otro, y la prioridad es determinada por las circunstancias.

Lo mío no solo ha sido cantar, he ido un poco más allá: protestas frente al Instituto Cubano de la Música; lo que sucedió en el Capitolio, referente al Decreto 349; gestionar recursos para personas necesitadas, etc. Se hace activismo a través de la palabra, de la poesía, de la pintura, pero a veces es incompleto, hay que ir más allá, sobre todo en el país loco este en el que estamos viviendo.

La dirección del Festival Puños Arriba fue puro activismo, desde la logística de los espacios, aguantar la presión de la Seguridad del Estado y sus amenazas, la presión de la institución y sus chantajes, los plazos traicioneros de los falsos compromisos, los imprevistos; lidiar con el ego artístico-social de quienes no tienen la menor idea de la magnitud, ni del escenario general; la protesta frente al Instituto de la Música; o sea, una marejada de tomas de decisiones dentro de un marco muy limitado de acción, con un único objetivo: llenar un espacio vacío pero necesario dentro de una subcultura censurada, convertida en la voz del cubano de a pie. En otras palabras: la prensa musical del barrio. Soy consciente que una sola canción puede hacer más activismo que un litro de sudor mal empleado.

En mi labor fuera de la Isla el manejo del concepto es más balanceado. Los talleres que he impartido en ciertas comunidades rurales en Latinoamérica han sido bajo la acreditación del activismo. Pero en realidad me da igual, ¿sabes? Soy lo que soy y me correspondo.

No obstante, tengo experiencia en realización de eventos, dirección de espectáculos y tres programas de estudio de administración de empresas, uno en Miami, otro en Cuba y un tercero en México. Entre otras cosas, he tenido que desarrollar casi toda mi infraestructura de vida desde el exterior, pues expresar lo que pienso y escoger mis amistades es considerado prácticamente un delito en este sistema totalitario, y la presión de los de arriba es absolutamente nada si no fallan los de abajo.

Te puedo decir que tengo todas las puertas de la institución cerradas en todos los aspectos. Ahora estoy desarrollando ciertas ideas, pero como dijo el maestro: “En silencio ha tenido que ser”. Solo te adelanto que está en proceso de trabajo un proyecto con Osvaldo Navarro, miembro del grupo La Alianza y activista.

Por lo demás: aportando mi grano de arena al encuentro de una solución para un país con derecho de asociación y una libertad de expresión que no implique el exterminio o amedrentamiento de grupo social alguno. Una nación basada en la equidad racial, de género, con protección animal, etc. Una nación donde todos obtengan lo que sean capaces de generar, sin afectar ni robar a nadie, mediante una economía abierta que priorice al nacional antes que al extranjero, donde la ley tenga mecanismos de regulación democráticos y esté por encima del Estado y deba ser respetada también por el presidente y sus órganos de gobierno, donde no impere el culto a la personalidad ni el fanatismo ideológico y los valores sociales y políticos respondan a una meritocracia que se actualice constantemente. Una nación con prensa libre, propiedad privada, sociedad civil, abogados independientes, sentido de pertenencia por nacionalidad y nacimiento, sin paradigmas europeos, ni americanos, ni chinos, ni anexionismos por incapacidad, etc.

Vivimos en una nación geográficamente bendecida, pero militarmente secuestrada. Una nación que, en general, salvo por muy pequeñas temporadas en toda su historia, nunca ha pertenecido a los cubanos. La libertad de esta isla siempre ha sido un conejo que solo se ve en el sombrero de aquel mago al que la varita se le desapareció de las manos.


© Fotos: Sory del Rio.




Contra la Granma mensura - Juliana Rabelo

Contra la Granma mensura

Juliana Rabelo

Se está hablando de feminicidios en Cuba. Suceden feminicidios en Cuba. Allí donde suceda, y cuando suceda, un feminicidio no es un potencial mediático, no es un pretexto de oportunistas, no es “uno de los recursos más explotados por la maquinaria de medios digitales financiados para la guerra comunicacional dirigida hacia la sociedad cubana”.


Sin comentarios aún

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.