Manuel Almenares: “Fotografiar la marea como venga”

Manuel Almenares (La Habana, 1992) es un fotógrafo cubano cuyo principal interés temático se ancla en el individuo anónimo de su contemporaneidad, aquel que refleja las angustias, ansiedades y pasiones de la colectividad social cubana.

A propósito de su exitoso ensayo La enfermedad sobre la enfermedad, y de la muestra virtual homónima auspiciada por el South Florida Latin American Photography Forum (SoFlaFoto), para la plataforma online The Exhibit, Manuel Almenares ha tenido a bien compartir con Hypermedia Magazine. En esta entrevista podremos conocer más de cerca, y en primera persona, las claves estéticas y conceptuales que mantienen activo su pensamiento como fotógrafo comprometido con la realidad que vivimos.

Coméntame un poco sobre cómo y cuándo llegas al mundo de la fotografía.

Esta historia es un poco fortuita; fue un momento que llegó a mí y que supe aprovechar. En 2014 comencé a trabajar como mensajero en la Iglesia Ortodoxa Griega de Cuba, a un costado del convento San Francisco de Asís. Ayudaba en las tareas del templo y entregaba o recogía documentos. Sin embargo, había una clara necesidad en la Iglesia de que alguien de la comunidad documentara las actividades y celebraciones. Para ese entonces, se contaba con la colaboración de algunas personas que hacían su mejor esfuerzo, pero que no tenían formación ni preparación. Muchas de las imágenes no respondían ni funcionaban para el sostén de la misión.

En ese momento, justo había terminado mi bachiller y había pasado dos años de Servicio Militar, puesto que no opté por una carrera universitaria; entonces vi una oportunidad dentro de la iglesia para labrarme, quizás, un oficio. Hablé con el sacerdote, quien se ofreció a apoyarme en la búsqueda de cursos que permitieran acercarme a la técnica y aprender, primero que todo, qué era una cámara fotográfica.

En ese transcurso, llegué a la Fototeca de Cuba buscando información. Fue allí donde conocí a Rufino del Valle, fotógrafo y maestro del oficio, quien me habló del proyecto que tenía en conjunto con el profesor Ramón Cabrales, ambos fundadores de la Academia de Arte y Fotografía Cabrales del Valle (hoy Casa del Fotógrafo Cabrales del Valle), en mi opinión uno de los mejores lugares de Cuba para aprender sobre el arte fotográfico y su historia. Con ellos me formé y conocí desde los aspectos técnicos hasta los géneros y estilos fotográficos.

En tanto cultor de la fotografía documental, ¿cuáles son tus criterios para decidir escenas, encuadres, personajes, historias?

Creo que mi trabajo, desde sus comienzos hasta hoy, ha ido evolucionando. Ese proceso evolutivo es importante para mí, si he de hacerme una autocrítica.  

Desde el comienzo siempre busqué referentes clásicos. Pienso que eso ha influenciado mi estilo. La importancia de la imagen en blanco y negro, las perspectivas variables que utilizo para los encuadres…, son recursos con los que pretendo darle un toque personal a cada escena, para que el espectador perciba un momento de su cotidianidad desde otro punto de vista, si no nuevo, sí diferente y singular.

Como partícipe activo de mi propio tiempo, los personajes que reflejo y las historias que narro en mi trabajo parten de fenómenos sociales, de la cotidianidad y de la privacidad de los individuos que me rodean. Es como la actualización de un diario, aunque te confieso que en varias ocasiones regreso a casa sin haber obturado ni una sola vez mi cámara. Esto me ha venido sucediendo hace pocos años, pero no lo siento como una frustración del trabajo sino como una manera de disfrutar lo que hago: observo lugares, estudio el comportamiento de la luz en distintos horarios del día, analizo las costumbres de las personas… He percibido, por ejemplo, que el Sagrado Corazón de Cristo lleva años colgado en la misma pared, y me pregunto sobre el significado de eso.

En fin, esto me permite hacer un estudio visual y descubrir qué es lo que realmente me interesa, con qué quedarme de estos lugares y personas. Es por eso que te comento sobre la importancia de la evolución de mi trabajo fotográfico. Y no solo me refiero al dominio de la técnica, que siempre me mantiene alerta para continuar estudiándola, sino también a la maduración del ojo fotográfico, esa herramienta especial del creador.

¿Pudieras profundizar sobre el nacimiento y desarrollo del ensayo La enfermedad sobre la enfermedad? En 2020, este ensayo obtuvo el Gran Premio de la Fototeca de Cuba y la Beca de Creación Alfredo Sarabia. ¿Qué ha significado para ti este galardón?

La enfermedad sobre la enfermedad surge del interés y la intención que siempre he tenido de ser testigo de mi tiempo. Y eso es precisamente lo que recoge este ensayo: la crónica de una situación sanitaria que todos vivimos, a la que nos enfrentamos a diario y de la cual intentamos sobrevivir de la mejor manera posible.

En un inicio, no pretendía ser una serie ni un ensayo; era solamente un grupo de imágenes que había estado tomando en los mismos lugares que siempre he fotografiado. Incluso en algunas escenas aparecían reiteradamente personas que ya había retratado, en otro momento y en otras circunstancias, como es el caso de mi madre.

Al avanzar en el trabajo y ver las semejanzas de unas situaciones con otras, decidí presentarlo como ensayo, por la fuerza que encontraba en ellas de manera conjunta. Ya el tiempo y la crítica se encargarían de hacerme saber la potencialidad, las lagunas y el alcance de este trabajo.

Ser galardonado en el certamen de la Bienal de Fotografía Alfredo Sarabia In Memoriam fue sumamente gratificante para mí. No solo recompensaba la constancia de varios meses de trabajo, sino que también me ratificaba que el camino escogido era el correcto. Y te digo más: para mí es un honor y tiene una importancia suprema representar dicho certamen, bautizado con el nombre de este magnífico fotógrafo cubano al cual admiro profundamente.

¿La enfermedad sobre la enfermedad ya tiene punto final o consideras que aún hay ángulos interesantes por trabajar?

Es difícil ofrecer una respuesta definitiva a esto. Creo que, por el momento, esta pandemia no nos dará un respiro. Estoy seguro de que cada vez que salga a la calle a se me presentarán escenas, situaciones donde estará muy presente el impacto de la Covid-19. Por tanto, quizás el ensayo crezca, o incluso puede que aborde otras visualidades que, en cierto sentido, se distancien de este trabajo. Aunque de una manera u otra, también estarán condicionadas por la pandemia.

Como te digo, no creo que la situación social causada por el virus se extinga inmediatamente, así que ya lo iré viendo. 

Dentro de tu carrera, la muestra virtual La enfermedad sobre la enfermedad en La Habana, disponible en la plataforma The Exhibit, se presenta como la primera de esta modalidad curatorial. Coméntame sobre esta experiencia. ¿Qué impacto crees ha tenido en el público?

Creo que, tanto para los autores como para el público consumidor de las artes visuales, las plataformas virtuales han sido un refugio ante este caos. Desde sus casas, sin riesgo alguno, las personas pueden asistir a una exposición, apreciar un performance o cualquier otra manifestación a través de estos sitios online. Es una manera de seguir creando y compartiendo el arte.

Me atrevería a decir (y quizás estoy siendo ingenuo) que estas plataformas tienen más alcance que una muestra física en una galería, y a la larga cumplen los mismos objetivos: visibilizar al artista, socializar y compartir su obra. Mis conocidos, amigos, colegas y familiares que han accedido a la muestra en The Exhibit han quedado muy complacidos con la calidad de la misma.

¿En qué te encuentras trabajando en estos momentos? ¿Series, ensayos, obras sueltas, exposiciones, proyectos?

Sigo saliendo a la calle a diario, o por lo menos lo intento. Sigo buscando en la ciudad instantes decisivos, personajes, historias, momentos de la condición humana que se presenten ante mi lente. Unos de mis métodos, que desarrollo desde hace unos años, cuando empecé a tomar en serio la fotografía, es trabajar por series; de esta manera me siento más organizado. Y aquellas imágenes que quedan fuera de algún cuerpo de trabajo ya avanzado, pasan a formar parte de una serie titulada La Habana. Ciudad heterogénea.

Por lo pronto, seguiré moviéndome por las calles y recovecos de Centro Habana, principalmente. Tengo planes para crear un cuerpo de trabajo fuera de la ciudad; será una de las pocas veces que expanda mi trabajo más allá de Habana Vieja y Centro Habana. Todo esto depende de cómo se comporte la situación epidemiológica en los meses siguientes.

Actualmente, pertenezco a Jíbaro Photos, un grupo internacional integrado por prestigiosos fotógrafos unidos en un mismo interés: representar el paisaje, el medio ambiente y la humanidad de la Cuba actual.

El nervio social, el sujeto de a pie, las vivencias personales, son temáticas que ocupan un espacio central en tu producción fotográfica. ¿Te ha interesado siempre este coqueteo con lo social como constructo narratológico y visual para tu obra? ¿Este el camino o, al menos, el sendero de trabajo donde más cómodo te sientes?

Como te decía, mis referentes han tenido mucho que ver con mis intereses y estilo: Henri Cartier-Bresson, Robert Frank, Diane Arbus, Robert Capa, Robert Doisneau (por mencionarte algunos nombres), han sido humanistas por excelencia. El objetivo principal de mi trabajo es el ser humano en el devenir de su corta vida, tan frágil y tan amenazada.

Debo decirte que, además de la obra documental, que es la que mayor peso tiene dentro de mi trayectoria, he hecho otro tipo de fotografía: algún paisaje, desnudo, un poco de fotografía conceptual; pero nada, absolutamente nada me complace más que introducirme en el cardumen de la ciudad y fotografiar la marea como venga: situaciones y cambios de luces que no se pueden controlar, dejarme llevar por esa corriente y ver qué me ofrece al final.

Henri Cartier-Bresson afirmó que el fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, y no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento que representa. ¿Cuánto te implicas y comprometes con tu objetivo fotográfico para lograr aquello que quieres transmitir con la imagen?

A la hora de trabajar, es importante saber lo que se ha hecho sobre la temática que se quiere abordar, y de esa manera conocer qué se puede aportar de novedoso, además del buen trabajo técnico.

Trato de tomar cada temática como un trabajo de tesis. Averiguo, estudio y cuestiono todo. A partir de ahí, y del transcurso de los acontecimientos, el trabajo mismo puede presentar giros inesperados, para bien o para mal, pero es sumamente necesario involucrarme, porque al final es lo que permite que la obra cobre importancia y adquiera peso.

No me refiero solo a un involucramiento para la realización de un cuerpo extenso de trabajo; me sucede igual cuando fotografío desconocidos en la calle, cuando trato de dialogar, de conocerlos por unos pocos minutos; cuando intento atravesar la barrera de lo público hacia lo privado, cuando me adentro en el intríngulis de una comunidad social determinada. Así, he podido comprender realidades inquietantes, y es a partir de esa participación activa (como fotógrafo que busca “algo”) que el trabajo va tomando forma, consistencia y fuerza.

Ha sido un proceso de enriquecimiento y aprendizaje el hecho de involucrarme en el ejercicio de documentar las historias que reflejo. Sin dudas, este ha sido uno de los saldos positivos que he alcanzado en mi carrera.


Galería


Manuel Almenares – Galería.




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