Los hábitats imaginados por tres pintores cubanos en Miami

Son tiempos en que muchos quisiéramos mudar de mundo, entender lo que nos rodea desde perspectivas nuevas, volar con la utopía de un trazo. A eso están invitando tres pintores cubanos que, desde una sala expositiva en Miami, se animan a imaginar “hábitats”; o más bien, a recrear desde una visión diferente espacios y formas de la galopante escenografía “real” de nuestros días. 

Tres generaciones confluyeron en Imaginary Habitats: la exposición de Ismael Gómez-Peralta, Norlam de León y Andy Astencio en el Miami Hispanic Cultural Art Center de la Florida. En medio de crisis y pandemias, los tres artistas se lanzaron al desafío de construir un coro visual, donde la abstracción devela la coherencia al (re)crear subjetivamente los espacios. 

Gómez Peralta estudió en la Escuela de San Alejandro, de La Habana, y ha expuesto en importantes museos y colecciones privadas. Llegó a Estados Unidos en 2002 y ha logrado abrirse camino en el mundo de la pintura con una obra que destaca por su mirada onírica a la arquitectura y la ruina. Por su parte, Norlam de León tiene experiencia en el grabado y la pintura. Tal vez por eso juega con los materiales, logrando sugestivas manipulaciones de la luz al tallar la madera y el metal. En esta exposición regresa a lo primitivo, a la solidez imaginada de la roca. Su voluntad experimental dialoga con la obra Astencio, el más joven de la tríada, cuya vocación como diseñador gráfico se deja ver en la composición de sus cuadros. El resultado que vemos es, de algún modo, el retorno de lo incierto, pues Andy crea a través de capas de pintura desde las que emerge la obra.

La idea de exponer juntos vino de la propia interacción creativa, entre visitas y conversaciones. Pero los tres coinciden en que fue el crítico y escritor Ricardo Pau-Llosa quien concertó el acierto de unirlos en un mismo espacio aprovechando la invitación que el Hispanic Ballet de Miami le había hecho a Ismael. Andy visitaba los estudios de sus dos colegas, y de esas conversaciones fueron armando el proyecto. Las influencias de criterios determinaron la estrecha relación que se fue gestando, añade de León.

Al ser artistas cubanos que viven y crean desde Estados Unidos, lo transnacional susurra sobre sus sentidos y emerge entre las formas de sus búsquedas creativas. Viviendo en la diáspora, concretar una muestra de este tipo es siempre un guiño a la identidad múltiple. De esa inquietud surge mi propuesta de conversar con ellos, para que a tres voces cuenten a Hypermedia Magazine los caminos y principios que subyacen en su proyecto colaborativo.

Cada uno de ustedes pertenece a una generación del arte cubano, pero sus obras revelan conexiones formales y temáticas. ¿Cómo dialogan entre sí? 

Norlam de León: Es común que muchos artistas se unan a dialogar por algunos acercamientos estéticos o por ideas que guardan alguna relación existencial. El arte cubano y el repaso generacional han dado muy buenos resultados en cuanto al tema, y nosotros, aunque desde esta perspectiva migratoria, no somos la excepción. 

Muchos artistas cubanos abogaron por grandes y fructíferas reuniones, charlas, conferencias, grupos de creación, exposiciones entre distintas generaciones, en bien de la creación y el enriquecimiento espiritual, para una cultura de vanguardia. Con nosotros ha sido una extensión de este proceso: el acuerdo referencial, las conversaciones, las exposiciones y proyectos donde se ha coincidido con otros artistas, todo fue determinando un resultado que tenía que tomarse en cuenta para este proyecto.

Andy Astencio: La arquitectura, o más bien la estructura en sí, nos hace dialogar formalmente. Creo que hay cierta conexión con el pasado y el espacio que este ocupa en el futuro. Los tres estamos en un proceso constante de experimentación que nos lleva a un diálogo común; los elementos que utilizamos tienen que ver con el proceso de destrucción/creación que rige el desarrollo humano. 

Ismael aborda la arquitectura desde un punto más espiritual, como si sus cuadros estuvieran envueltos en una bruma de nostalgia. Desde el dibujo y el grabado, con formas que contrastan entre lo antiguo y lo moderno, Norlam nos recuerda una continuidad histórica que a veces olvidamos. En mi caso es el uso de la acumulación de capas de pintura, que crean texturas visuales, líneas bien definidas y a la vez distorsionadas que también hablan del tiempo.

Ismael Gómez-Peralta: Nos diferencian oficios y formaciones diferentes, pero esto también enriquece, ya que en los tres hay un nivel intenso de realización. Se ve que estamos excavando un camino profundo, nuestras facturas y rasgos formales son muy personales y en cada uno se distingue la singularidad. Si bien los tres abordamos la pintura como género, en Andy se ve el mundo del diseño, el grabado en Norlam, y la atmósfera de la pintura en mis cuadros.

Con formaciones diversas en Cuba, los tres viven como inmigrantes en Miami, una ciudad que está ganando importancia como mercado del arte contemporáneo. Para un artista latino, ¿qué tan complejo es abrirse paso en el mercado del arte de la ciudad?

IGP: El mercado no es solo calidad en la obra y talento, es también trayectoria y muchas relaciones. Ahí existe una parte asqueante: el mundo sucio del dinero moviendo cordeles… Siempre le digo a mis amigos: haz tu obra, sigue, enciende esa hoguera de la creación en tu estudio, lo demás vendrá. 

Yo tuve la oportunidad de trabajar con Cernuda Arte y anduve por muchas ferias y subastas. Hicieron una gran labor con mi trabajo, tres exhibiciones importantes con catálogos, publicidad y críticas. Art Basel trajo a Miami muchos coleccionistas internacionales y la posibilidad de ver buen arte (y malo también).

AA: Existen espacios creativos, centros artísticos, competencias a las que se puede acceder y mostrar tu obra a un público. Más que nada, está en manos de cada cual qué tan lejos se puede llegar, y me parece que poco a poco habrá más oportunidades.

NDL: Esto depende de muchos factores. El arte tiene autonomía, existe en un mundo inmaterial, pero tiene que ser expresado a través de lenguajes que canalizan las ideas de una realidad concreta en apariencia. Llevar esto a una cantidad económica es un fenómeno muy complejo, pero creo que, en todos los casos, es muy difícil para un artista latino entender una nueva plataforma para el mercado de su obra. Implica la restructuración de un pensamiento político-social y, por ende el uso de recursos técnicos y procesuales, aun cuando mantengamos la preferencia por las técnicas tradicionales de las bellas artes. 

En el mercado del arte actual debemos ser consecuentes con el cambio, la constante experimentación y el debate de las diferencias estéticas en el nuevo enfoque perceptivo de las artes visuales. 

¿Cómo ha sido la experiencia de cada uno al convertirse en un “artista cubano de la diáspora”? ¿Esa etiqueta todavía significa algo? 

IGP: Claro que es una etiqueta, y cuando te quedas en Miami con razones claras, las puertas de Cuba se cierran para ti y hay que empezar de aquí hacia el universo

Yo vine muy decepcionado de todo en Cuba. Hice todo lo posible por realizarme allí, pero existe un grupito favorecido y el rollo policíaco y paranoico nos marca. Yo todavía he vivido más tiempo allá que aquí, y eso implica mucho. Mis muertos están allá, solitos en esa turbulencia. 

Dedico muchas horas a pensar en esa trama de Cuba, y pintar aquí deshoja toda esa desesperanza y me da valor. Creo que un artista es más completo cuando emigra, porque rompe con muchos arquetipos y se enfrenta de verdad al camino.

AA: Cuando emigré, mis deseos creativos se consolidaron más. Para algunos, ser un artista de la “diáspora” es como perder el misticismo del artista cubano. A veces parece que para ser artista cubano tienes que vivir en Cuba; algo que no entiendo del todo, ya que Miami y la Habana son ciudades dependientes en ciertos aspectos.

Dentro de Cuba se ve una realidad distorsionada. Uno se completa como artista cuando ve otras realidades. Tal vez mi madurez y mi inspiración para trabajar y dedicar más tiempo al arte, han sido por esa razón.

NDL: Como parte de una generación de artistas influenciados por el carácter político en Cuba (la formación de un lenguaje visual que responde a la conciencia del momento histórico, y realizar una obra que de una forma u otra siempre está influenciada por ese proceso), para mí la “diáspora”, lejos de ser algo negativo, se convierte en un espectro enriquecedor de ideas, una gama de motivos a subjetivar, a entender desde otra perspectiva, ya sea desde el vuelco hacia una obra totalmente nueva, o hacia la continuación de una postura pre-migratoria, donde se siguen tocando temas y referencias del quehacer artístico cubano.

¿Cómo se relacionan con Cuba y el arte cubano? ¿Dónde está Cuba en sus obras, y por qué?

IGP: Algunos amigos me dicen que ya dejé de ser un pintor cubano. Lo que pinto se ha alejado de Cuba. Les pasa a algunos, y yo estoy en ese tránsito.Voy soltando a Cuba, pero me viene a veces, y lo que pinto es mágico: está el misterio de Cuba con la nueva mirada de acá.

Todos estamos muy marcados por la continuidad del arte cubano. Yo tuve a mi maestro Raúl Martínez, y lo tengo presente en muchos momentos de mi creación. Uno se llena de nostalgia. Hay una Cuba adentro, que nadie pudo tocar: esa es mía hasta el final. Yo he expresado mucho de Cuba en mi obra: las ruinas de La Habana, las catedrales, ahora metamorfosis del paisaje urbano en Miami.

NDL: Cuba siempre estará de muchas maneras en todo nuestro proceso como artistas, es algo latente: el apego a la educación, la formación académica, la familia, los amigos, la cultura en general que distingue a la sociedad donde has vivido por muchos años. Hoy sabemos distinguir y crear una obra que sobrevive al contexto anterior, pero lucha contra él, se arriesga a no olvidar. Cuba es ese punto cero de donde todo salió.

AA: Cuba va con nosotros a donde vayamos. Allá viví mis primeros 26 años, y cuando emigras, de alguna manera piensas más en tu identidad en contraste con lo que te rodea. 

Yo pienso en mi arte en gran medida como arte cubano; ya los más entendidos dirán en su momento sobre el asunto. Lo que uno hace, de alguna manera, es una acumulación de sus experiencias e intereses, aunque esta acumulación sea inconsciente. Hay obras que he realizado en Miami pero cuyo origen se remonta a La Habana, trabajos que parten de fotografías tomadas en el tiempo en que todavía vivía allá. 

Creo que emigrar te hace pensar más en el tiempo y los cambios que uno experimenta, y eso se refleja en la manera en que trabajo, en la idea de la huella, el tiempo y lo que se acumula con este, la añoranza de algo pasado y lo que depara el futuro. 

Pese a que muchas de las obras en esta exposición trabajan con un lenguaje abstracto, a mí me remontaron a la esencia de la forma, a la necesidad de asideros: la estructura desnuda, la ciudad vacía, la solidez de la roca, las ruinas… ¿Qué dicen esas imágenes del mundo de hoy? ¿Qué les interesa comunicar con ellas?

AA: Para mí tiene que ver con el cambio constante y cada vez más rápido del ambiente que nos rodea. Tal vez, en mi caso, estoy tratando de solidificar un momento específico y tratando de representarlo con cierto simbolismo.

NDL: Es revelador el contraste con muchas formas de vida en la actualidad. Creo que es una necesidad ir un poco en contra a lo establecido por la sociedad contemporánea, y a la vez ir a los laberintos de la misma. Pero se me hace urgente el deseo de reflexionar sobre el “origen” de esta sociedad, cuando solo hacían falta megaestructuras de piedras para darle forma a un nuevo orden. 

Busco en lo básico el deseo de aludir a una conducta actual que no es compleja, si no que la hemos complejizado. Me atrevería a decir que toda esta muestra está exponiendo el mismo criterio: partimos de una estructura que una vez fue alguien, o algo, y desnuda la belleza del deterioro, de lo que se niega a ser olvidado y reclama su valor. 

No es necesario el uso de la abstracción pura para que los diferentes elementos estén dispuestos a ocultar verdades: basta con que no lo digan todo. Me interesa mucho comunicar desde la singularidad de las rocas, como partículas que le dieron forma física y moral a la historia que hoy conocemos como contemporaneidad. 

IGP: Los tres tenemos esa desolación, ese drama de la existencia, las pérdidas, el inicio o el origen. Yo cargo mis obras de materia, rocas. Norlam también. Andy las lacera. En Cuba yo tuve un periodo abstracto, y cargado de expresionismo también; todo eso se me quedó en el uso de mis espacios y materiales, en mi sentido del color y la materia pictórica.

En tiempos de mucha experimentación, performance y a veces especulación dentro del arte… ¿Por qué seguir apostando por la línea, el dibujo, la pintura?

AA: La base del arte sigue siendo la representación de la imagen, y dentro de esta creo que todavía queda mucho por experimentar. Consciente o inconscientemente, la imagen sigue siendo una de las formas más importantes de comunicación. A pesar de que la pintura sea una de las modalidades más exploradas, todavía queda mucho por experimentar.

NDL: Se apuesta cuando dentro de ti existe la posibilidad del reconocimiento, la fe absoluta en lo que haces y eres capaz de trasmitir. En una respuesta anterior hablaba de las “diferencias” y el respeto cuando se trata de modos de representar y expresar el arte; aquí cabe mencionar nuevamente que de ahí nace la valoración correcta de tu espacio como creador. 

No todas las opciones temáticas caben en una súper pintura o en una súper instalación o en un súper arte en la red. Optar por técnicas más tradicionales y combinarlas entre sí es una elección estética, y es esa elección la que determina tu mejor forma de expresarte, de estar cómodo y conforme con lo que vas a hacer, sin dejar de experimentar y establecer una vanguardia creadora.

IGP: Nada mejor para crear que seguir un género o una técnica. Cuando pinto con óleo tengo su carga dentro de mí, y este medio es perfecto, es antiguo, es sagrado. Hasta el olor, los aceites… Es casi como cocinar. Expresar una idea con solo grafito o charcoal, con esa humildad del material, es algo poderoso.

Ahora me gustaría que cada uno reflexionara sobre los procesos de creación de sus piezas, sobre la manera en que experimentan con la técnica, los materiales y las ideas. ¿El proceso es tan importante con el resultado final? 

IGP: Quien me diga que pintar es fácil, que venga: le mostraré. Yo sé que hay pintores tejedores, que empiezan por un lado y salen por el otro. Respeto todo, no lo critico. Yo tengo una batalla con el cuadro; Raúl [Martínez] me lo decía: es deconstrucción de deconstrucción, y capas y capas, y atacarlo sin miedos. 

Hay que destruir para construir, hay que deshacer cánones, decapar el material. Es muy importante seguir el proceso. Les digo a mis alumnos que detrás del cuadro no hay un abismo…

AA: Uso la imagen por lo que esta representa para mí en su simbología y su forma. Busco desentrañar el enigma que encierran en sí mismos los objetos y paisajes cotidianos. Con esa idea voy construyendo mi propia versión de la imagen por medio de superposición de capas de pintura, en una manera de alterarla y hacerla mía. Todo esto es un proceso que voy controlando, donde el accidente es otro residuo que aprovecho. 

La última etapa es una fase de destrucción de estas capas, como la que pudieran hacer el tiempo y la memoria, hasta el punto donde considero que es la obra final. Para mí las obras siempre van cambiando en su realización, cada una va tomando su camino, creando sus propias realidades, su propio universo. 

Para mí, el proceso y el resultado son parte de lo mismo: un aprendizaje constante. Me encanta la sorpresa que va apareciendo en el proceso de realización.

NDL: La experimentación formal es muy importante y constante; es la vía que se necesita para desmitificar el cansancio visual de las técnicas más tradicionales en la pintura: el dibujo, el grabado y la escultura. Estos procesos tienen, en mi obra, una combinación que supera los límites convencionales; muchas veces se muestran en apariencia, o sea: extraigo la esencia de ellos para relacionarlos en un mismo formato representacional. 

La idea siempre promueve la relación que guarda con el manejo de las técnicas, dependiendo de qué tan reconocible o abstracto se quiere llegar a ser. Usar el color, sin que sea concretamente una pintura; usar los altos contrastes y tratamientos del grabado a relieve, sin ser una xilografía tal y como la hemos visto por siglos: esa historia de aludir, de insinuar, de establecer roces entre diferentes técnicas, es algo que me gusta mucho. 

El proceso no solamente es tan importante como el resultado final, sino que define la correcta decodificación de la idea una vez concluida la obra. Durante el proceso, muchas veces uno deja de ser el creador para convertirse en el perceptor de su propia obra, en su propio juez; esto es algo enriquecedor, y te adentra aún más en esa hermosa y nueva realidad subjetivada que siempre nos ofrece el arte.

En lo personal, ¿qué significa compartir esta exposición?

NDL: He tenido la oportunidad de compartir espacios expositivos con buenos artistas. Es buena la posibilidad de refrescar conocimientos y aprender de ellos, de cómo reflejan sus pensamientos y su actitud ante la vida y el arte en general. 

Esta exposición ha sido una gran experiencia, más allá de nuestros encuentros y conversaciones de estudios, para reconocer y admirar la obra de Ismael y de Andy, entenderla mejor, apreciarla desde este espacio donde no compiten con nada, sino que hablan entre sí.

Ismael es la enciclopedia del arte; su obra expresa el legado, la fuerza de la pintura, la pasión y el romance; vindica lo bello en el deterioro, en el desgaste, todo junto a la escuela de los grandes maestros de la pintura. Es una obra que siempre estudia el gesto desmedido, que prefiere ocultar sentimientos y mostrarlos todos a la vez: amables demonios que exorcizan el lienzo en blanco. 

Andy, por su parte, es la personalidad inquieta, sedienta de mostrar un carácter que cuestiona la realidad una y otra vez: cada proceso, cada capa es una idea dentro de otra, para luego salir todas juntas. Es la inmensa necesidad de lo espontáneo, de lo irreconocible hasta que es mostrado por última vez. Sus imágenes fueron una vez legibles en una fotografía, en un muelle, en una avenida o detrás de la puerta, pero hoy son parte de una nueva realidad que se niega a descansar.

AA: Para mí ha sido una tremendísima experiencia exponer con Ismael y Norlam, siempre dispuestos a compartir sus opiniones, conocimientos, siempre aprendiendo de ellos. Ver todas las obras juntas ha sido algo nuevo; he logrado ver conexiones más profundas que las que veía en un comienzo.

IGP: Desde que conozco a Norlam y Andy he sido testigo de su evolución; han trabajado duro y aguantando el aire en condiciones difíciles. Pintar sin haber vendido mucho, creo que es bueno para sus formaciones: cuando te deshaces de todo pierdes referencias de tu trabajo. 

Andy me mostró sus tintas, muy frescas, con esa fuerza de la desnudez de una idea, casi asiáticas. Norlam, con esas maderas que va calando y el misticismo de esas rocas casi tótems, que remiten al inicio, a la caverna. Y ahora Andy con estos cuadros que caminan hacia una abstracción exuberante, y con un magistral uso del color. Y Norlam convirtiendo el oficio del grabado en dibujo fuerte, y el medio del grabado convertido en el original. Creo que son pasos muy maduros y con una buena trama para seguir…Cuando vi la muestra, la distribución de las obras en las paredes fue un canto. Todo encontró su intimidad. Las tres vertientes dialogaron muy bien.


Galería


 Imaginary Habitats: la exposición de Ismael Gómez-Peralta, Norlam de León y Andy Astencio en el Miami Hispanic Cultural Art Center de la Florida.




Keren Kmanwey

Keren Kmanwey: “Los cubanos merecemos tener voz”

Juliana Rabelo

“Yo me siento una mujer muy fuerte. Primero, porque siempre he sido así, y segundo, porque he vivido en una dictadura y tuve que esforzarme mucho para poder salir de ella. El hecho de ser más pobre que la mayoría me obligó a trabajar el doble para poder alzar mi voz mediante la música”.


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