“El derecho a existir en nuestro propio país”

Diciembre de 2018. La Habana de estos días no es una ciudad segura para los artistas y escritores. El ejercicio de la libertad de expresión y de protesta ha vuelto a aparecer como una amenaza al Estado, y quienes lo practican han devenido en enemigos gubernamentales.

La policía lleva semanas sistematizando la represión, las detenciones arbitrarias y el silencio institucional sobre aquellos creadores que han tenido la valentía de mostrar su desacuerdo sobre ciertas modificaciones a la Constitución propuestas por el gobierno representado por Miguel Díaz-Canel. Modificaciones que tienen como propósito garantizar y legitimar un mayor control sobre una población ya de por sí rigurosamente controlada.

Vistos desde la distancia de las redes sociales, y de las escasas noticias que trasmiten los medios de prensa, quienes protestan aparecen como un pequeño grupo que se niega a guardar silencio. Detrás de ellos, en las fotografías, surgen las calles desoladas de La Habana, las verjas de los ministerios a los que no los dejan acceder, las casas de donde la policía puede sacarlos en el momento menos pensado.

La Cuba de estos últimos días es un país atrapado en una batalla silenciosa y desproporcionada entre una veintena de artistas y escritores y las fuerzas del poder político, policial y judicial. Lástima que la inmensa mayoría de los intelectuales y artistas que viven en la isla aún no se haya enterado de que hay una defensa urgente de las libertades de expresión y creación librándose en nombre de ellos, y, lamentablemente, en ausencia de ellos.

Pensando ante todo en lectores ajenos a las especificidades y velocidades del entorno cubano dentro y fuera de la isla, Hypermedia Magazine habla desde La Habana con la escritora y periodista independiente Verónica Vega, una de las intelectuales vinculadas a las protestas contra el ya tristemente célebre Decreto 349.

Verónica, ¿qué es el Decreto 349? 

Se trata de una serie de regulaciones publicadas en la Gaceta Oficial en julio de este año, y debía entrar en vigor el pasado 7 de diciembre. Al parecer se esperaba que pasara inadvertido entre el “debate” sobre el Proyecto de Constitución y la promoción de la posible aprobación del matrimonio igualitario. Sin embargo algunos periodistas de medios no oficiales llamaron la atención sobre el Decreto y varios artistas independientes empezamos a reaccionar. 

Yo me sumé a la protesta al conocer de un performance que recorrió las redes sociales, donde la curadora Yanelis Núñez se embarró el cuerpo con excremento y alzó un cartel que decía “Arte Libre”.

¿Por qué la oposición a ese Decreto?

Porque a través de disposiciones legales increíbles para el contexto de estos tiempos, pretende maniatar el ejercicio de la creación y expresión artísticas, de la difusión de la obra de arte y el derecho a comercializarla usando estrategias de autogestión. El Decreto proscribe todo arte cuyo autor no esté supeditado a una institución cultural de la isla, y convierte el ejercicio del arte libre en infracciones de la ley tipificadas como graves o muy graves.

En la práctica, ¿qué crees que conllevaría su implementación?

Desaparecería definitivamente del panorama cultural cubano todo proyecto artístico independiente del Estado. Los artistas cubanos no tendríamos derecho a generar ningún festival como el de música alternativa Rotilla, o Puños Arriba, que premiaba el mejor disco underground de rap, o el festival Poesía Sin Fin… Eventos de ese tipo, que alguna vez alcanzaron gran popularidad y fueron censurados solapadamente, ahora pasarían a ser “delitos culturales”. 

Ahora mismo hay jóvenes uniéndose y armando todo tipo de proyectos, y pronto descubrirán que no pueden hacerlos sustentables, que además de luchar contra las carencias materiales tendrán que luchar contra las instituciones, ya que estas no les permitirán desarrollarse.

¿Quiénes se oponen ahora al Decreto 349?

Yo diría que la mayoría de los artistas cubanos, incluso los que gozan del amparo de las instituciones, se oponen en secreto. Es obvio que tienen que verla monstruosidad potencial, latente en estas medidas: un control más feroz que el sufrido durante el llamado Quinquenio Gris, porque entonces había cierto candor con respecto al proceso revolucionario, pero en la actualidad el pensamiento del intelectual cubano ha ido mutando. Por ser ahora más conscientes, y en cierto modo, más ambiciosos, esta parálisis impuesta al arte sería mucho más dolorosa para todos. 

Sin embargo, en la práctica, nos oponemos el grupo que creó en Facebook la página Artistas Cubanxs contra el Decreto 349, y también una treintena de artistas que exigieron y consiguieron una reunión con el Viceministro de Cultura Fernando Rojas (reunión sin resultados concretos), y que han ido publicado sus reclamos en distintos sitios de internet.

¿Por qué, a diferencia de ese grupo, la mayoría se opone en secreto?

Porque el gobierno ha desatado una contracampaña represiva y esos hechos se han publicado también. Yo misma, el día 22 de noviembre, sufrí un arresto arbitrario por intentar participar en una meditación colectiva y pública, fui tratada como una delincuente y confinada por cinco horas en una celda en Guanabacoa. Nadie quiere sufrir esto y nadie debería sufrirlo sin ser un verdadero infractor de la ley. La estrategia del gobierno es desacreditar a los artistas que protestamos contra el 349, tratándonos como opositores políticos y desvirtuando nuestros reclamos. 

Hablas de meditación… ¿qué otras formas ha tomado la oposición activa?

Hemos realizado reclamaciones legales como el recurso de queja y petición; hemos difundido nuestra protesta en las redes sociales y hemos atraído la atención sobre nuestras demandas con acciones artísticas como conciertos, lecturas de poesía, un concurso creativo a favor de la campaña, una peregrinación con la Virgen de la Caridad del Cobre, y otros eventos que han sido violentados por la Seguridad del Estado. 

Hemos cumplido con todo el protocolo jurídico y ahora mismo son las instituciones las que comenten ilegalidades por no respondernos. La sentada convocada a sentarnos pacíficamente frente al Ministerio de Cultura, que desató otra ola de arrestos, era para exigir que se cumpliera nuestro derecho fiscal de recibir respuesta por parte del Ministerio que supuestamente nos representa.

¿No ha habido, en definitiva, una respuesta oficial?

En el programa de la Mesa Redonda del 7 de diciembre, el Ministro y Viceministro de Cultura anunciaron que el Decreto no entrará en vigor aún, sino que se debatirán hasta el consenso las regulaciones complementarias (cuya naturaleza ignoramos también).

Es obvio que nosotros, que pedimos antes que nadie un diálogo con Alpidio Alonso, no estaremos incluidos en esos debates. Todo lo que se explicó en el programa televisivo gira en torno al descontento generado por el reguetón debido a la degeneración de sus líricas, pero eso es solo un detalle del Decreto, que, además, no debería ser regulado por un policía de la cultura, sino por leyes relacionadas con la educación, el medio ambiente y la conducta cívica.

Hemos sostenido un diálogo sin interlocutor, porque todo el tiempo hemos estado solos, en un monólogo sin respuesta. En las pocas declaraciones que ha hecho el gobierno en sus medios oficiales, donde insiste en la implementación del Decreto, se habla de que ha sido “malinterpretado” y se deslizan acusaciones de ser mercenarios del imperialismo cultural a aquellos que protestan.

¿El grupo recibe financiamiento del exterior?

Hemos desarrollado esta campaña con nuestros propios recursos, en condiciones muy duras, no solo por las carencias materiales sino por tener que desatender a veces el trabajo y la familia. Lo único que hemos recibido del exterior es la solidaridad generada para llamar la atención sobre las demandas que las instituciones cubanas han ignorado, y especialmente sobre las injusticias cometidas contra nuestras personas. 

¿Cuál ha sido entonces la justificación para las detenciones policiales, las amenazas y la intimidación?

La justificación es simplemente que ellos pueden hacerlo porque tienen todo el poder. Los argumentos son los mismos que se usan contra la oposición política: que Luis Manuel Otero es pagado por una fundación cubano-americana, que Tania Bruguera es agente de la CIA… Ellos pueden difamar sin presentar ninguna prueba, con total impunidad. 

¿Hasta cuándo han previsto extender las protestas?

Estamos dispuestos a pagar tributos en caso de generar eventos lucrativos, pero no a la humillación de que nuestra obra tenga que pasar por un filtro político. Por eso protestaremos hasta la derogación del Decreto, hasta que se cree y legitime una plataforma legal para el arte independiente en Cuba. 

¿Están seguros? ¿No hay un exceso de confianza?

Lo que no hay para nosotros son alternativas. Si queremos existir dentro del arte cubano tenemos que luchar por ello, aunque sabemos que es una lucha larga.

¿Han recibido apoyo de otros artistas o escritores vinculados a los organismos estatales?

La artista más renombrada que se ha unido a la campaña, trayendo a ella toda la consistencia de su carrera, ha sido Tania Bruguera. Algunos artistas como Sandra Ceballos, Luis Alberto García y Silvio Rodríguez, por ejemplo, han criticado el Decreto en medios no oficiales; otros, como la actriz Lynn Cruz y el cineasta Miguel Coyula, se han pronunciado reiteradamente contra él.

Hasta ahora Tania Bruguera ha sido la única artista cubana de renombre —nacional e internacional— en comprometerse activamente. ¿Por qué? ¿Qué pasa con los otros?

Eso mismo me pregunto yo.

A día de hoy, ¿qué solución se espera en este debate?

Esperamos que el gobierno cubano ceda. Parece demasiado pretencioso y hasta ingenuo, pero no hay otra opción. Por lo que vimos en la Mesa Redonda que abordó el tema, es posible que la dinámica de los nuevos tiempos se vaya abriendo paso y este Decreto sea relegado en silencio, como se han ido estableciendo otras aperturas. 

Lo importante es que la realidad se imponga. Y por más que se denoste ahora esta campaña, si ganamos, los beneficiados seremos todos los cubanos. Esta es una lucha no solo por el Arte, sino por el derecho a existir en nuestro propio país.

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