Virar la tortilla: sobre “hopinadores” y violencia machista de Estado

Nadie dijo que sería fácil ser mujeres. Ser mujeres es una marca, como una letra escarlata. Ser mujeres te impone vulnerabilidades desde que naces, desde que te asignan roles con los que no puedes, no quieres, no sabes, no te interesa lidiar.

Vaya a saber por qué no te interesan, cuando deberían interesarte. Vaya a saber por qué, aun así, asumes que te interesan. Lo asumes tanto que cumples el mandato estricto que el patriarcado te impuso.

Yo, la verdad, no he podido interpretar todo mi papel. No soy buena actriz; confié en el criterio de mi mamá cuando me vio interpretar a la zorra de El pequeño príncipe: “Tú escribe, hija. La actuación no es tu fuerte”.

Tampoco sé si escribir lo es. Pero le he dedicado buena parte de mi vida.

Nací en Cuba en 1976. Nacer el mismo año en que se proclamaba la anterior Constitución, un año después de que se legislara un Código de Familia aún vigente, y con la herencia de leyes revolucionarias a favor de las mujeres, también es otra marca. De las indelebles.

Mientras los discursos hablaban del empoderamiento de las mujeres, yo crecía viendo a mis congéneres con la responsabilidad absoluta de la crianza y el cuidado de lxs hijxs, dobles jornadas de trabajo, techos de vidrio; veía cómo eran expulsadas de sus casas porque sus madres no aceptaban sus noviazgos, “por putas”; las veía ocultar su orientación sexual para no correr el mismo riesgo de destierro, y aguantar una violencia psicológica de altos quilates.

Y la violencia física: ser asesinadas por ex novios, ser violadas y acosadas por profesores y alumnos, por familiares y amigos de la familia. Que sus novios intentaran avergonzarlas con su falta de virginidad. Que empezaran a tener relaciones sexuales con penetración sin saber dónde estaba su clítoris, o que la piel es el órgano sexual más extenso. Que sus ginecólogos se escandalizaran porque hablaban de su sexualidad antes de tener penetraciones vaginales. Que sus madres les dijeran “Te arrepentirás”, cuando decían que habían tenido sexo por primera vez. Que no pudieran estar acompañadas por su familia para abortar. Que abortaran trece veces. Que les fuera negada la crianza de sus hijxs por “salir del clóset” travestida, aguantando el bullying.

Y las veía hacer silencio. Ya no el silencio de la víctima, el silencio por miedo al agresor, el silencio de la muerte, sino el silencio de “eso no pasa aquí, el país que más ha hecho por las mujeres”.

Las veía mientras mi abuela María me decía: “Debiste nacer varón”.

Así me forjé en el feminismo, que era visto como un rezago del pasado pequeñoburgués, innecesario a la luz de tantas bondades otorgadas mediante decretos y disposiciones firmadas por hombres, por patriarcas. La Federación de Mujeres Cubanas debía ser suficiente. Y el Partido es inmortal.

Así conocí MAGIN en 1995, de la mano de Carmen María y Norma Rita, y supe que no estaba ni tan sola ni tan loca. Así también asistí a su censura, a su desmembramiento, un año después. Así empecé a hacer periodismo y aprendí a ponerle los nombres políticamente correctos a la violencia machista y a soñar leyes para protegernos, junto a mujeres como Dalia Acosta, Sara Más, Elsa Methol, Patricia Grogg, Dixie Edith, Raquel Sierra y mi profe Isabel Moya, que tenían un camino transitado en estos temas urgentes.

Fue por entonces que me inicié en el activismo, sin ponerle nombre, con una ingenuidad que ahora me espanta. Un poco de conocimiento, y la visibilidad que da escribir sobre estos temas —preteridos en su abordaje profundo, interseccional y constante—, te hace confiable para mujeres que buscan amparo en las instituciones y no lo encuentran. Eres como un camino menos tortuoso, más seguro; aunque tú sientas que no puedes hacer mucho ante la falta de leyes, de estructuras que funcionen; aunque te mueras de miedo de fallarles cuando más te necesitan. Tu voz también empieza a ser escuchada, legitimada.

Durante los años 90 fui testigo de cómo la agenda en temas de género de la cooperación internacional comenzó a penetrar en las instituciones cubanas estatales, en la academia y las ONGs reconocidas por el Estado cubano, comprometido con CEDAW primero, y luego con Beijing. Vi cómo se podía vivir de ese tema, viajar… y creo que lo rechacé casi siempre (por no ser tan absoluta). Recuerdo que una vez dije que no cobraría. Me dijeron que estaba mal, porque lxs demás sí lo harían. Cobré el mínimo, incluso según mis propios estándares cubanos.

En 1999, me sumé con otras mujeres a la solicitud sobre la necesidad de una ley específica contra la violencia de género que hiciera la relatora especial en estos temas de la Organización de Naciones Unidas, Radhika Coomaraswamy.

Nos negaron mil veces las cifras. Dijimos: “Aunque solo sea una mujer, tenemos que hacer algo”. Escribimos lo que nos fue contado y callamos lo que no podíamos revelar, porque peligraban nuestras fuentes. Nos sumamos a campañas pobres de monedas. Acompañamos a mujeres violentadas. Con no pocas resistencias, incluimos a las mujeres trans dentro de la pluralidad que somos. Dejamos que nos filmaran, que nos entrevistaran… Nos expusimos.

Y, ¿qué recibimos?

Más discursos en la ONU, más informes halagüeños sobre lo que significa ser mujeres en Cuba, paridad en el Parlamento unicameral sin Ley de Cuotas, que no se traduce en visibilidad de lo que nos afecta y se nos atraganta.

La negación de los feminicidios en Cuba, y luego su reconocimiento en un informe de 2019 que cita subregistros de 2016, y que lo acota solo al ámbito de las parejas o exparejas, dejando fuera todo lo demás, todo aquello machista que nos asesina por ser mujeres.

Una promesa de Código de Familia (familia en singular), que pretende ser llevado a plebiscito por el único pecado de contener el derecho a casarse de las personas LGBTIQ+, cuando los Derechos Humanos no se plebiscitan.

Una nueva Constitución que negó el derecho al matrimonio igualitario cuando, según cifras oficiales, el 77 % de la población cubana considera que las personas LGBTIQ+ deben tener iguales derechos que las personas heterosexuales.

Una nueva Constitución que no se traducirá en una Ley Integral contra la violencia machista hasta 2028 (con suerte, porque en tiempos de COVID-19 la Asamblea Nacional del Poder Popular no se ha reunido, y eso atrasaría el cronograma legislativo), aun cuando el Estado tiene un mandato expreso de proteger a las mujeres de la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones y espacios, y de crear los mecanismos institucionales y legales para ello (Artículo 43); asegurar los principios de progresividad, igualdad y no discriminación (Artículo 41), garantizar la igualdad de sus ciudadanos, educar a las personas desde la más temprana edad en el respeto a este principio y en hacer todo esto efectivo con la implementación de políticas públicas y leyes para potenciar la inclusión (Artículo 44), así como asegurar que las niñas, niños y adolescentes sean protegidos contra todo tipo de violencia (Artículo 86).

Recibimos, además, el escarnio público en un diario como Granma. Un escarnio escrito por un hombre que minimiza a nuestras muertas y nos criminaliza a las feministas, a los medios de comunicación independientes, a plataformas como YoSíTeCreo en Cuba, nacida al calor de la denuncia por maltratos que la cantante La Diosa de Cuba le puso al músico José Luis Cortés; una plataforma que ha respondido a la demanda de las mujeres cubanas que no encuentran amparo en las instituciones correspondientes, y que abrió una línea de acompañamiento psicológico y legal a mujeres violentadas durante el primer confinamiento por el nuevo coronavirus, ante el silencio y el mal trabajo institucional (cuando estaban advertidos del aumento de la violencia machista que provocaría tener que convivir todo el tiempo con los maltratadores, por solo citar la cara más visible del recrudecimiento de la pandemia que durante siglos vivimos las mujeres).

No me cansaré de denunciar que la primera gran violencia que enfrentamos las mujeres cubanas proviene hoy del (porque constituyen una sola estructura) Estado/Gobierno/Partido. Es nuestra principal fuente de gaslight, lo que en cubano llamo “virar la tortilla”: una de las características principales de este tipo de violencia psicológica, menos reconocida y muy brutal.

Desde el Dr. Durán, el personaje del año en Cuba, quien responsabiliza a las madres cubanas de salir a la calle con sus criaturas (desconociendo el aumento de las familias monomarentales y los roles asignados a mujeres y hombres en la crianza de sus hijxs, y las carencias y la mala administración de los pocos recursos de que dispone el Estado para que podamos sobrevivir); hasta los agentes del Estado que tratan de ponernos a pelear entre feministas o enfrentarnos públicamente a los padres de nuestrxs hijxs, buscando aliadxs para descontrolarnos, amenazarnos con divulgar secretos, intimidarnos con falsas acusaciones.

Denuncio al Estado cubano por amparar, en las páginas de sus diarios, a mansplainers, machoexplicadores u “hopinadores” (un término que tomé de Brayan Hernández Escalante, porque me encantó), para tratar de callarnos, aleccionarnos, difamarnos… Lo denuncio por no legislar urgentemente, porque esta Ley Integral no es mágica ni solo punitiva (como intenta justificarse su retraso: que ningún asesinato de mujeres queda impune, según norma el Código Penal). Esta Ley Integral contra la violencia machista es suspiro ahora y una ley a futuro.

Denuncio también al Estado cubano por el silencio cómplice de sus instituciones, por demorarse en actuar ante la inevitabilidad del alza de esta violencia en tiempos de crisis, por considerar que una misma línea telefónica puede atender lo mismo a una persona adicta a las drogas que a una mujer violentada, por no recibir las denuncias en las estaciones de policía, por dejar en libertad a nuestros maltratadores con multas risibles, por condenar a policías violadores de niñas a penas mínimas, por permitir que sus agentes intimiden a poblaciones enteras con el Decreto 370 para que no hablen con la prensa independiente ni con las activistas.

Lo denuncio por no crear refugios seguros para nosotras y nuestrxs hijxs víctimas de violencia, y por no permitirnos, como sociedad civil, gestionar esos refugios bajo su amparo y su protección.

No puedo dejar de mencionar el sesgo de género de la violencia política contra las mujeres, tema que merecería otra nota, ahora que estamos a tiempo de tener mártires.

Nadie me dijo que sería fácil ser mujeres. Nadie dijo que ser cubanas y feministas no entrañaría riesgos. Imagino las caras de algunas colegas de la región leyendo este texto desagradecido. Colegas que no tienen derecho al aborto, pero que han conseguido leyes específicas contra violencias machistas y matrimonio igualitario y ley de identidad de género y, sobre todo, un debate público. Las recuerdo en sus huelgas cada 8 de marzo, y en la reproducción del performance “El violador eres tú”: “El Estado opresor es un macho violador”.

Pienso en que aquí nadie va al paro, que el mío no se siente, y que nuestro performance fue el más pobre de país conocido: en medio de un campo de una institución estatal, con hombres mostrando sus pingas a una treintena de valientes jóvenes. Y pienso que si seguimos haciendo silencio, si seguimos siendo cómplices, tendremos que esperar más decretos de machos para que nos protejan.

No sé si habré cumplido con las expectativas de Hypermedia Magazine al invitarme a participar en este dossier. Pero cumplí conmigo, con la periodista y con la feminista, con la madre de Nina que soy.

Como no he querido que hagan mucho scroll, dejo una cronología de hitos que han revoloteado en mi cabeza para llegar a estas cuartillas. Es una cronología inacabada, casi de memorias, con la que espero se animen a colaborar, a interactuar, para ir construyendo juntxs esta historia:

  • 1959. Acceso a la educación, en igualdad de condiciones.
    7 de febrero. Acceso al trabajo, con igualdad salarial, de mujeres y hombres.
  • 1960. Surge la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
  • 1961. Campaña de alfabetización.
  • 1962. La FMC inicia acciones dirigidas a garantizar el derecho de la mujer al aborto seguro, gratuito e institucionalizado, junto a iniciativas de educación sexual y planificación familiar.
    El índice de mortalidad de las mujeres que, por falta de recursos económicos, recurrían al aborto en condiciones de alto riesgo era de 125 por 100 mil mujeres registradas.
    En el primer congreso de la FMC, su gestora Vilma Espín habló de la necesidad de romper con el “feminismo capitalista”.
  • 1965. Cuba fue el primer país de América Latina en institucionalizar la interrupción voluntaria del embarazo para resolver un problema de salud pública.
  • 1972. La FMC convoca a los Ministerios de Salud y Educación para constituir el Grupo Nacional de Trabajo de Educación Sexual (GNTES) encargado del Programa Nacional de Educación Sexual.
  • 1974. El GNTES queda oficialmente constituido. Ley de Maternidad de la mujer trabajadora.
  • 1975. Código de Familia.
  • 1979. El 18 de diciembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, sus siglas en inglés). Se repite que Cuba fue la primera en firmar y ratificarla. Pero yo no he encontrado ese dato jamás.
  • 1987. El Código Penal vigente, en los artículos 267 al 269, solo considera punible bajo la figura de aborto ilícito aquel practicado sin respetar las regulaciones de salud establecidas al efecto, con fines de lucro o sin el consentimiento de la mujer.
  • 1989. El GNTES pasa a ser el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), institución que cumple con los lineamientos, objetivos y acciones que se definen en el Programa Nacional de Educación Sexual, donde se expresa la Política Cubana sobre diferentes aspectos relacionados con la Sexualidad y que involucra a diversas entidades del Estado y organizaciones de la Sociedad Civil reconocida oficialmente.
  • 1990. Surgen las Casas de Atención a la Mujer y la Familia de la FMC.
  • 1993. Surge MAGIN, una Asociación de Mujeres Comunicadoras que llevó a discusión varios temas urgentes sobre género, derechos de mujeres y feminismo. Estará activa entre 1993 y 1996.
  • 1994. Los artículos 116 y 118 de la Ley de Procedimiento Penal podrían ser usados por cualquier persona para denunciar la violencia machista, si fuera testigo de la misma. No se preserva la identidad del denunciante.
  • 1995. Cuba se suma a la Declaración y el Programa de Acción de Beijing.
  • 1996. “Desactivación” de MAGIN debido a presiones del Partido Comunista. Eran ya unas 400 mujeres de todo el país organizadas.
  • 1997. El GNTES se adjunta a la Comisión Permanente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento unicameral) para la Atención a la Infancia, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer.
    Se crea el Grupo Nacional para la Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar, coordinado por la Dirección Nacional de la FMC e integrado de forma permanente por representantes de todos los organismos e instituciones del Estado cuyo encargo social los relaciona con la atención y/o prevención de la violencia de género e intrafamiliar. Su objetivo fue diseñar y cumplimentar un plan de acción conjunto y fundamentar propuestas a otros factores de la sociedad, con el encargo de atender de manera integral este problema.
    También surge el Centro de Estudios de la Mujer, para la labor investigativa en los temas relacionados con la situación y posición de las cubanas y las relaciones de género.
  • 1997 y 1999. Modificaciones al Código Penal para garantizar los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y hombres en todas las etapas de su vida y sin ningún tipo de discriminación por raza, orientación sexual o capacidades físicas o intelectuales.
  • 1999. La necesidad de una ley específica sobre violencia de género comienza a integrarse al debate: la relatora especial sobre la violencia contra la mujer de la Organización de Naciones Unidas, Radhika Coomaraswamy, insta a aprobar una legislación especial para enfrentar la violencia en Cuba.
  • 2003. Decreto Ley 234 de la maternidad de la trabajadora, que norma que los padres puedan compartir la licencia de maternidad con las madres (escasísimamente divulgado), y extiende a un año el período de licencia posnatal.
    Entre 2006 y 2014, solo 125 hombres se acogieron a una licencia paterna retribuida, y la mayoría lo hizo por enfermedad o muerte de la madre, según reportes oficiales. En enero de 2018, el sitio de la TV de la provincia de Holguín reconocía: “Sin embargo, muy pocos hombres se han acogido hasta ahora a este modelo de licencia de paternidad. Estadísticas evidencian que en Holguín, desde el año 2003, solo se han otorgado dos licencias en el municipio cabecera”.
  • 2008. El 25 de febrero, el Secretario General de las Naciones Unidas lanzó la campaña “Únete” (2008-2015) para poner fin a la Violencia contra las Mujeres. La campaña pone la eliminación de la violencia contra las mujeres entre las prioridades de la agenda de la ONU, y hace un llamado a gobiernos, sociedad civil, organizaciones de mujeres, organizaciones religiosas, medios de comunicación, artistas, hombres, jóvenes, sector privado, a unir fuerzas para hacer frente a esta pandemia.
  • 2011. Cuba se suma al llamado del Secretario General de las Naciones Unidas con la campaña “Yo digo no a la violencia contra la mujer”.
  • 2012. El documento final de la Conferencia Nacional del PCC reconoce como prioridad “elevar el rechazo a la violencia de género e intrafamiliar y la que se manifiesta en las comunidades”.
  • 2013. Cuba tiene la tercera mayor cifra del mundo de mujeres parlamentarias (48,86%). No existe Ley de Cuotas.
  • 2015. En el Foro de Igualdad de Género de la ONU, que se realizó en Nueva York en el marco de la Agenda post-2015, el entonces presidente cubano, Raúl Castro, demandó compromiso y voluntad política para revertir el actual escenario, a 20 años de la adopción de la Declaración y el Programa de Acción de Beijing.
  • 2016. La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG) realizada en todo el país, verificó que la violencia al interior de las relaciones de parejas es un problema relevante a escala nacional y que, como tendencia, las víctimas no buscan justicia o ayuda institucional.
    16 de octubre. la escritora, periodista y feminista cubana Ileana Álvarez funda Alas Tensas, revista feminista independiente: “un espacio para la expresión de las mujeres, para cubrir las problemáticas de género y las búsquedas de equidad”.
  • 2018. Dejo claras mis razones, 42 por cada año vivido, para sumarme a la segunda Huelga Mundial de Mujeres.
  • 2017. Solo 7 padres se acogieron al permiso que contempla la Ley de Maternidad. 65 abuelos sí lo utilizaron, cuando en este año se extiende la norma a ellos, según la representante en Cuba del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), María Machicado Terán.
  • 2019. La Constitución de la República de Cuba registra, en su artículo 43, la obligatoriedad del Estado de proteger a las mujeres de la violencia de género y crear los mecanismos institucionales y legales para ello.
    Cuba presenta su Primer Informe Nacional sobre la Implementación de la Agenda 2030, que incluyó el primer dato oficial público sobre feminicidios en el país (registrados en 2016). De ese modo se reconoció la existencia de esos crímenes específicos contra mujeres. La comparación de este subregistro con datos de otros países de la región (El Salvador, Honduras, Guatemala, México o Brasil) en igual período, muestra una tasa baja de feminicidios, aunque similar o mayor que la de Perú, Chile o Panamá. La definición de feminicidios solo incluye los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, por lo que deja fuera otras formas de expresión más brutal de la violencia machista.
    El Anuario de Salud de ese mismo año 2016 advierte que murieron 2.545 mujeres como resultados de accidentes no precisados, y 121 víctimas mortales de agresiones que tampoco se precisan. Con estas imprecisiones, insisto en el subregistro del informe país.
  • En 2019 aumentan a 2.599 las defunciones de mujeres por accidentes no descritos, y las agresiones disminuyen a 105. Aparecen las causas: Lesiones autoinfligidas intencionalmente (257 fallecidas) y Eventos de intención no determinada (125 fallecidas). En ambas categorías (ante la no existencia de operadores del derecho entrenados, sensibilizados u obligados por ley) pueden esconderse víctimas de violencia machista, de feminicidio.
    14 de junio. La cantante Dianelys Alfonso, conocida como La Diosa de Cuba, denuncia públicamente al músico José Luis Cortés, El Tosco, por abusos verbales, físicos y sexuales en la época en que ella era cantante de su orquesta. La denuncia formal pudo hacerse finalmente al amparo de una fiscal. En este momento (septiembre 2020), el juicio a El Tosco aún no se realiza. Pareciera iniciarse el MeToo cubano.
    Junio. Surge YoSíTeCreo en Cuba, la primera plataforma de apoyo a las víctimas de violencia machista. Hasta el 7 de agosto había apoyado 35 casos de violencia machista, aunque el número de beneficiadas es mayor.
    21 de noviembre. YoSíTeCreo en Cuba acogió la Solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género, presentada por 40 ciudadanas cubanas al parlamento. La demanda fue desoída por los legisladores cubanos.
  • 2020. De marzo a agosto, YoSíTeCreo en Cuba abre una línea de ayuda para las mujeres sometidas a situaciones de violencia machista durante la emergencia sanitaria por el nuevo coronavirus.
    23 de julio. El equipo asesor del grupo nacional de la FMC para la atención de la violencia de género anuncia que “en los próximos meses” se ampliarán los servicios de la Línea 103, antidroga, habilitada para atender demandas en tiempos de aislamiento, para responder a denuncias de violencia de género y de otras que ocurren los en hogares. Al cierre de esta cronología, el servicio no está activo.
    1 de septiembre. La artista y curadora Sandra Ceballos destapa el MeToo de las artes plásticas en Cuba.
    5 de septiembre. En lo que va de año se han confirmado 15 feminicidios. Un subregistro logrado con la ayuda de la prensa y los activistas independientes, la plataforma YoSíTeCreo en Cuba y la ciudadanía que despierta.



“Tengo miedo, no tengo a donde ir” - Salomé García

“Tengo miedo, no tengo a donde ir”

Salomé García

El feminismo con que me identifico es el que está en Cuba con las coleras, las migrantes internas y les trabajadores sexuales, y que reclama un Código de Familia inclusivo. Es el feminismo que aprendo de las mujeres que presentaron la Solicitud de Ley Integral Contra La Violencia de Género; las que sostienen YoSiTeCreo en Cuba y piden refugios ya.


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