Contra la Granma mensura

Una amiga me llama agitada luego de la lectura del artículo de Granma “Revictimizada mil veces”, que, según ella, politiza los feminicidios en Cuba:

—¿Cómo pueden politizar algo que es cultural? Desde niña estoy escuchando como aquel mató a machetazos a su mujer o le dio candela o la tiró por la ventana.

Con “politizar”, mi amiga no se refiere al significado lato del hacer público, sino a la producción de discursos ideológicos, a la mereología (o mareología) cubana de dos pasos:

1. Forcluir, o sea, excluir y rechazar de modo concluyente la circulación de información y el debate de medios complementarios a los del Partido Comunista. Mecanismo más radical que el de la represión.

2. El esquizo-órgano oficial, “escotomizado” con tres sacudidas de estadísticas comparativas, hace desaparecer hechos desagradables de la memoria y de la conciencia de quienes han puesto su fe en la legitimidad del primado de recursos y visibilidad en Cuba. El periódico Granma, sus editores y el periodista que firma, ya no encaran los feminicidios como una parte de la realidad. Dime quién te lo dice y te diré si es real.

Esta práctica es más bien antipolítica, pues impide a las iguales hablar de sus iguales; impide la disolución de separaciones menos inmediatas, como son las jerarquías establecidas implícita/tácitamente por el dominador de la iniciativa y del discurso, en pos de una sororidad natural, tan natural que se inscribe en los cuerpos. A mi amiga no le importa lo que no se dice; le importa más lo que sí se dice. ¿Nuestro cuerpo femenino es también tu territorio expropiado, tu campo de batalla?

Cuando afirma que es cultural, se refiere a que está inscrito dentro de los márgenes de lo posible, decible y visible humanamente, contextualmente. En tanto cultural, correspondería a un proceso abierto de conciencia, nunca cerrado y nunca excluyente.

¿Cuántas veces hemos escuchado, como burda justificación anticreativa y antidignidad, que algo solamente es aceptable si viene acompañado de una dimisión o una reprogramación radical del discurso: lo de “archipiélago pobre y subdesarrollado”?

“Pero para exponer el daño de la mediatización se puede complacer a los que insisten absurdamente en que un archipiélago pobre y subdesarrollado debe compararse con países del Primer Mundo”.

Sepan que esta invención de la retórica del mal menor expone el sadismo de un gobierno que imputa a la necesidad su incompetencia.

Su incompetencia para comunicar, su incompetencia para servir a sus ciudadanos, su incompetencia para dar cuenta del uso (bueno o malo) que hace de los recursos públicos.

La pobreza y el subdesarrollo no debe ontologizarse; la pobreza y el subdesarrollo son una consecuencia, un efecto, sobre todo si se trata del rendir de una administración.

Noticias recientes demuestran que el gobierno cubano NO nos hace ningún favor: nos cobra, alto el precio, lo que nos entrega. Un gobierno no es productivo: el poder ejecutivo es por definición parásito de sus ciudadanos, vivos, concretos, a los que se debe. Mientras se siga alienando decisiones de quien paga las consecuencias, contaremos la historia de un error; seremos cuerpos de una maquinaria de ensayo y error que, además, no aprende.

Granma, has fracasado en informar, has fracasado en analizar el fenómeno real (no imaginado), y fracasas al asumir, como posición más activa, la neutralización de la verdadera información, el ataque a los espíritus sensibilizados y la reducción del debate a un hecho de “mediatización”.

En los comentarios al artículo, alguien que firma como Serguei Maryinez ripostó acertadamente:

“Yo creo que más que enfocarse en la mediatización la prensa debe enfocarse en el problema real. ¿Solo 13 países de América Latina tienen una tasa más alta de feminicidios que Cuba (muchos de ellos con una población mucho mayor a la nuestra)? Creo, que allí donde ocurran estos hechos, la prensa debe ir, contar, analizar, incidir, educar, para que nadie más tenga que hacerlo”.

Dos semanas después, recibió como respuesta de Kmilo Rodríguez:

“Según usted: ‘¿Solo 13 países de América Latina tienen una tasa más alta de feminicidios que Cuba (muchos de ellos con una población más alta que la nuestra?ʼ (…) me parece que si lo que comparas son las Tasan [tasas], entonces la población total no importa, es decir si esos 13 países están por delante de Cuba, olvídate de las diferencias en cantidad de población, precisamente para eso son las Tasas. Saludos”.

Y ahí está, tristemente aplastante: Cuba participa en una competencia de feminicidios. A llegar la última, pero compitiendo.

Las estadísticas miden la frecuencia con la que se verifica una realidad, no cambian el valor de esa realidad. La única comparación deseable de un hecho humano violento, es con un conjunto vacío. Violencia cero, máxima conciencia. En lugar de a clases de estadísticas, se debería acudir a la pedagogía de la escucha activa.

Una falla importante en este tipo de discurso de comparaciones inútiles, mediante el cual nos esforzamos en abordar cuestiones sociales, políticas y éticas complejas, es que es óntico en lugar de ontológico: se tratan seres separados de su ser.

La Granma mensura usa estadísticas de feminicidios (aquí o en Francia), separándolos de la mujer y el hombre específicos involucrados, de los familiares y amigos involucrados, de las autoridades involucradas, de los antecedentes de alertas y las consecuencias irreparables.

La Granma mensura trata de valores más que de verdad. La verdad es más profunda que los valores: es la fuente de la que se abstraen, aíslan y transmiten los hechos individuales.

La Granma mensura repite supuestos cual mantra. Pero debajo, sin embargo, están las demandas reales que preexisten y exceden cualquier psicosis de emborronar lo que ha pasado y está pasando.

Estimado Granma: se está hablando de feminicidios en Cuba. Estimado Granma: suceden feminicidios en Cuba. Allí donde suceda, y cuando suceda, un feminicidio no es un potencial mediático, no es un pretexto de oportunistas, no es “uno de los recursos más explotados por la maquinaria de medios digitales financiados para la guerra comunicacional dirigida hacia la sociedad cubana”.

Estimado Granma: con todos tus “análisis de intenciones manipuladoras”, estadísticas, profundidad de mansplaining y trabajo de “verdaderos especialistas”, se entiende cada vez menos. Forcluyes el debate. Confundes. Agradecería un artículo igual de lúcido que los de algunos de esos medios independientes que anatemizas. Exigiría una disculpa por incluir tu agenda propagandística hasta en un tema tan sensible que proyecta como víctimas potenciales a la mitad de la población cubana, a las mujeres cubanas organizadas o no, militantes o no, en evidente vulnerabilidad o vulneradas “accidentalmente”.

Periódico Granma: deberías abrir una sección de palinodias.




Virar la tortilla: sobre “hopinadores” y violencia machista de Estado - Marta María Ramírez

Virar la tortilla: sobre “hopinadores” y violencia machista de Estado

Marta María Ramírez

Mientras los discursos hablaban del empoderamiento de las mujeres, yo crecía viendo a mis congéneres hacer silencio. Ya no el silencio de la víctima, el silencio por miedo al agresor, sino el silencio de “eso no pasa aquí, el país que más ha hecho por las mujeres” . Las veía mientras mi abuela María me decía: “Debiste nacer varón”.


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