Cibersociedad, I love you

El confinamiento nunca me ha asustado, pues lo practico sin pandemia: un poco para purificar mi mente de las contaminaciones sicológicas (entre otras) que se derivan de la vida en sociedad. 

Mi perseverante autoaislamiento comenzó en 1972, cuando tenía 11 años de edad (en paralelo a un enquistamiento insular, ya que por muchos años a los cubanos se nos prohibió viajar a otros países, es decir, fuimos sometidos a una cuarentena de fronteras sin piedad y sin nasobuco: un castigo sin culpabilidad).

Lamentablemente, a pesar de ser una antisocial-pasiva, no me salvo: también soy sociodependiente (las malas costumbres de los antepasados). No obstante, me siento feliz cuando veo las calles vacías y nadie que me convoque a una indeseable elocución. Se puede percibir el latido de un planeta, de algo más importante que pensar en la próxima exhibición, en la “filosofía de manigua” o en la cola del pollo. 

También he decidido no comer pollo.

Durante el actual “quédate quieta” que me ha regalado la COVID-19, he aprovechado mi conflicto comunicativo verbal crónico para realizar una obra; su título: Discurso para ninguno (work in progress)

En esta pieza pretendo configurar una estadística (al estilo SARS-CoV-2), un conteo de las palabras que empleo al escribir en mi laptop y en mi teléfono durante mis chateos. La cibersociedad es lo ideal para mis evasivas físico/sociales.

Esta es una obra para ser escuchada. Una vez que concluya el conteo, lo leo en voz alta y realizo una grabación enumerando cada una de las palabras de la siguiente manera: 1) cuando, 2) termine, 3) el, 4) conteo… y así sucesivamente. Laa pieza es un claro exponente de otra de mis manipulaciones autotransgresoras, en este caso: de mi deficiente conducta como parlante.

Otra de las corona-obras del momento es Maratón: Aminoplease (work in progress). Esta se compone de más de 60 fotos (tomadas en ráfaga) de mis incursiones deportivas (carreras en trote) por la sala, cocina, baño, habitaciones y un poco de escaladoren escaleras reales. 

Me he incorporado de manera entusiasta a la insoslayable tarea de ejercitar mi cuerpo y documentar ese ejercicio. Por eso he creado estas secuencias o historietas sobre mi entorno, con fotografías en movimiento, mientras practico un maratón en soliloquio dentro de mi casa. Ejerzo la terapia del fortalecimiento físico para creer que muero un poco menos o que no voy a morir en ese momento.

Mi cámara me acompaña todo el tiempo mientras corro o escalo. Las tomas no son pretenciosas, no poseen esas magníficas composiciones hechas aparentemente al descuido, calculadas o casuales, tampoco temáticas “coquetas” para maquillar las paredes de los grandes salones de arte. Son simples fotos que narran un momento, un ahora muy peculiar que no estará nunca más.

En contradicción con mi postulado out-sociedad, me interesa mostrar esas fotos al público; realizar esta otra autoagresión resulta un experimento simpático. Sin embargo, al exhibirlas no pretendo aprobación, ni lo opuesto; tampoco hinchar mi currículum: solo satisfacer esa heredada (espero que no genética) patología adictiva que tenemos los ego-artistas: la sociodependencia y la despiadada inseguridad que nos hace flaquear. 

Es aquí donde la sociedad se hace nuevamente omnipresente y todo vuelve a ser lo mismo. Esa sí que es una rutina aburrida y mediocre.

Si sobrevivimos, volverán las costumbres milenarias con toda su decadencia: saldremos nuevamente a mezclarnos, a pisotear el planeta, a mentirnos, intoxicarnos y podrirnos colectivamente un poco más.

Últimamente me sucede lo más interesante: todos los días descubro a Sandra Ceballos. Ella me levanta y me fastidia con su gótico existencialista e irreverente, pero me está cayendo bien.


Galería

Cibersociedad, I love you – Sandra Ceballos.




La tierra intermedia - Laura Insua

La tierra intermedia

Laura Insua

La filosofía taoísta plantea que todos los eventos negativos vienen acompañados de algo positivo. Si bien la situación es lamentable, este tiempo “congelado” se puede convertir en algo provechoso y que contribuya a nuestro bienestar.


Sin comentarios aún

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.