Free Denis

Aunque la fecha ha sido de cierta manera resignificada por el feminismo hegemónico, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en 1981, se eligió el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, en honor de las hermanas Mirabal —Patria, Minerva y Maria Teresa—, víctimas mortales de la violencia política del dictador Trujillo en República Dominicana.

El pasado 25 de noviembre de 2020, al mediodía, Anamely Ramos anunciaba que se unía a la huelga de hambre iniciada 7 días antes por integrantes (artistas, activistas, científicos) del Movimiento San Isidro (MSI) para pedir la liberación del músico Denis Solís, condenado a 8 meses de prisión sin cargos legales en un juicio sumario, por el delito de desacato a las autoridades.

Hasta ese momento, Anamely Ramos había asumido el rol de portavoz del MSI, además de dedicarse, junto a Omara Ruiz Urquiola, al cuidado de lxs otrxs huelguistas. Otras dos mujeres, la escritora Katherine Bisquet y la periodista Iliana Hernández, llevaban varios días sin consumir alimentos. Minutos antes Claudia Genlui había sido detenida arbitrariamente por la policía política cuando intentaba llegar a Damas 955 para visitar a su pareja, Luis Manuel Otero Alcántara, quien no había abandonado aún la huelga de sed.

Ya el 22 de noviembre, la plataforma de acompañamiento a víctimas de violencia machista YoSíTeCreo en Cuba había señalado el sesgo de género en los hechos relacionados con la huelga, lamentando lo reportado sobre la detención de la madre de Iliana Hernández, el maltrato físico a menores de edad que fueron llevadxs temporalmente a Damas 955, así como presiones ejercidas contra madres de activistas cercanxs al MSI.

La Red Defensora de los Asuntos de la Mujer (REDAMU) denunció también que la activista Marthadela Tamayo fue víctima de violencia policial durante los actos de repudio organizados por el Estado para sofocar la convocatoria del MSI a tomar las calles. La periodista Maylin Alonso, de la Agence France-Presse (AFP), también fue agredida.

La noche del 26 de noviembre, al mismo tiempo que se transmitía en la televisión nacional un programa dedicado a “La batalla cubana contra la violencia de género”, en el espacio Mesa Redonda, la policía política allanó violentamente la sede del MSI, valiéndose de la excusa de una supuesta violación de protocolos sanitarios para los viajeros internacionales. Mientras, miles de usuarios reportaban la imposibilidad de acceder a las redes sociales Instagram, Facebook y YouTube, por lo que lxs huelguistas quedaron incomunicados por más de media hora del resto de nosotrxs, que seguíamos los acontecimientos.

En este tiempo, ellxs y sus acompañantes fueron arrastrados por la fuerza, esposados fuera del lugar y llevados a distintas estaciones de policía. Las mujeres en patrullas, sentadas junto a las Marianas, y los hombres en un camión. Unx por unx fueron llevados a sus domicilios. Algunxs no podían acceder, pues sus pertenencias, incluidas sus llaves, habían quedado en Damas 955. Sus teléfonos móviles fueron reseteados por sus captores.

La mañana siguiente, Anamely, a la espera de noticias de Luis Manuel, trató de abandonar su domicilio y fue inmediatamente detenida por agentes apostados fuera de su casa, adonde la acaban de llevar.

YoSíTeCreo en Cuba condenó la violencia ejercida esa noche contra esposas de participantes de la huelga, como una muestra de violencia de género y de la violencia que sufren las mujeres que participan en la política. La ONU condena esta forma de violencia de género, aunque Bolivia es la única nación con una Ley contra el Acoso y la Violencia Política hacia las Mujeres, aprobada en 2012, que garantiza su protección en el ejercicio pleno de sus derechos políticos.

La violencia patriarcal no solo se manifiesta en violencia de género. La antropóloga Rita Segato relaciona el aumento de las violencias —sexuales, físicas, bélicas— con la precarización de la vida: “El mandato de masculinidad dice a los hombres que necesitan apropiarse de algo, ser dueños. La precarización de la posición masculina pone en cuestión su potencia.” El mandato patriarcal se afirma entonces a través de estas violaciones, para restituirse como potencia económica, moral o intelectual. Segato también ha asociado el auge de los fundamentalismos y las ideologías de carácter totalitario, y el repliegue de los hombres a estos, con la percepción del desmontaje del mandato de la masculinidad, pues “deshaciendo el orden patriarcal se está en riesgo de que todos los poderes caigan por tierra”.

Las violencias ejercidas desde el Estado cubano son una manifestación de un orden patriarcal político que busca perpetuarse en el poder por todas las vías. Este es un poder ejercido verticalmente, por lo que, en el contexto cubano, la supuestamente alta representatividad de las mujeres en cargos públicos se ve anulada por el mandato de tipo patriarcal que ellas representan y reproducen.

El acoso al MSI es el acoso a quienes se organizaron, horizontalmente, en oposición al Decreto 349: una ley que invalida su derecho a distribuir y presentar su obra en espacios institucionales, y que amenaza sus discursos con la censura. Pero es también el acoso a quienes votaron NO a una Constitución que nació truncada por la represión ejercida sobre quienes criticaron el proyecto, y por la exclusión de lxs cubanxs que residimos fuera de Cuba y a quienes se nos negó el derecho a decidir sobre el futuro de nuestro país; una Constitución que no distingue entre patria, sistema y ciudadanos, y, por lo tanto, convierte a quienes disienten en no-ciudadanos y no merecedores de los derechos refrendados en la Carta Magna, incluido el de la libertad de expresión:

“La traición a la patria es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones”.

“El sistema socialista que refrenda esta Constitución es irrevocable”.

“Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.

El gaslighting de Estado aparece entonces como otra expresión de esa violencia patriarcal en el orden político-social. Jennifer J. Freyd, Profesora de Psicología de la Universidad de Oregon, propuso en 1997 la definición DARVO (abreviatura en inglés para Deny, Attack, Reverse Victim & Offender) en referencia al mecanismo detrás del cambio de culpa que practican los manipuladores y abusadores cuando son confrontados. Como resultado, el/la abusador/a se absuelve de la responsabilidad y el/la víctima internaliza la culpa.

Así, ante cualquier acción que se produzca desde la ciudadanía y al margen de las instituciones, somos testigos de la activación de todo el aparato propagandístico del Estado para generar fake news, teorías conspirativas con la Open Society de George Soros casi siempre de fondo, artículos de opinión moralizantes y discursos de odio, que son difundidos en los medios oficiales y a través de sus cibertropas, con el objetivo de difamar, desacreditar y deslegitimar activistas, artistas y periodistas.

Las cuatro mujeres que estuvieron en San Isidro por más de una semana han sufrido sistemáticamente, y de manera prolongada, acoso y violencia política. El pasado 10 de octubre fueron detenidas arbitrariamente junto a otras mujeres, entre ellas Tania Bruguera, Camila Lobón, Aminta D’Cárdenas, Kirenia Yalit y Camila Acosta. Observamos con verdadero horror el resurgimiento de los actos de repudio orquestados por el Estado.

En cuanto a la sistematicidad de estas violencias, según datos recopilados por Cubalex, es más común que las mujeres sean víctimas de detenciones arbitrarias al menos una vez al mes, en comparación con los hombres. Lo demuestra la experiencia de Iliana.

Omara y Anamely fueron expulsadas por su activismo político de las universidades donde ejercieron durante años como profesoras: el Instituto Superior de Diseño y la Universidad de las Artes, respectivamente. Así se expresa la violencia política a través de las instituciones, que no tienen autonomía en relación con el Estado. Como consecuencia del acoso continuado, Anamely decidió enviar a su hijo junto con su padre a otro país.

Otro de los métodos frecuentes que expresan la violencia política en Cuba, especialmente sobre las mujeres, y del cual Anamely y Katherine han sido víctimas, es el desalojo forzado a partir de presiones ejercidas sobre los propietarios de las viviendas donde ellas viven rentadas. Se ejerce entonces la violencia por medio de la intimidación sobre todas las personas en su círculo afectivo o profesional.

Kathy y nos conocemos desde hace casi una década. En 2019, en una Habana recién golpeada por un tornado, Kathy tuvo que abandonar el apartamento en Santos Suárez, a pocas cuadras de mi casa, donde había vivido solo unos pocos meses. En febrero de 2019 se presentó a una lectura poética, donde recibiría un premio, vistiendo una camiseta donde se leía: #YoVotoNo. (Sus razones para votar NO a la nueva Constitución probablemente serían muy parecidas a las mías, si hubiese podido votar desde España). A partir de ese día, los vecinos comenzaron a quejarse con la dueña del apartamento de “un olor peculiar” que salía de allí, y el hostigamiento continuó hasta que Kathy fue forzada a abandonar la casa.

Mi hermana estaba viviendo sola a pocas cuadras, y decidimos acoger a Kathy durante un tiempo. En la casa recibimos con regularidad amigxs extranjerxs (adecuadamente registradas en Inmigración) que se han quedado por temporadas largas. No transcurrió una semana desde la llegada de Kathy, y mi hermana recibió una multa y una citación del Jefe de Sector; fue interrogada acerca de unos “bultos” que entraban y salían de mi casa. Cuando el oficial no pudo definir a qué se refería con “bultos”, tuvo que admitir que la razón del interrogatorio era Katherine, quien, según el agente, era mercenaria y contrarrevolucionaria, por su amistad con Luis Manuel Otero. Mi hermana, entonces, ya no estaba albergando a una amiga sino a una delincuente.

La abogada que acompañaba a mi hermana le explicó al agente que no se había cometido ninguna ilegalidad, pues la ley establece tres semanas como el plazo para permanecer en una residencia sin registrarse, y que Katherine no se iría de la casa mientras no se violara esa ley. Pero mi hermana estaba preparando su solicitud de visado para comenzar su maestría en España, y no podía correr el riesgo de ser “regulada”. Tampoco podía publicar la citación en las redes para denunciar la injusticia.

Kathy, una vez más, tuvo que buscar otra casa. “Entre el año pasado y este año me he mudado diez veces exactamente. Es agotador”, compartió recientemente con Diario de Cuba. La noche del 26 de noviembre, Katherine, Anamely y lxs otrxs, fueron desalojadxs de nuevo, brutalmente, de la casa de Luis Manuel. Espero que esta sea la última vez.


La brutalidad policial es otra expresión del orden patriarcal político. Hace unos meses, un columnista del Granma, en respuesta al descontento expresado por los cubanxs en las redes, lanzaba esta pregunta:“¿Por qué nació su desprecio terrible y su odio incurable hacia un Estado que no les negó jamás el derecho a ser profesionales, y cuidó de sus vidas en un mundo de tantos muertos?”.

Me remonto inmediatamente a un concierto de Carlos Varela en los Jardines de la Tropical. Yo tenía 16 años y militaba en la UJC. Aquella tarde, tratando de entrar a una de sus primeras actuaciones en vivo en años, cientos de jóvenes cubanxs fuimos gaseadxs por la policía. Un periodista lo situaba en un sábado de agosto de 2007, varixs amigxs lo recuerdan, Mónica Baró lo recuerda:

“En 2006 o 2007 yo caminaba en masa a un concierto de Carlos Varela en los Jardines de la Tropical, dispuesta a coger todo el spray de pimienta del mundo en la cola para poder entrar, y el preludio del concierto eran las canciones de Porno para Ricardo de fondo. Y salíamos del concierto y seguíamos cantando Porno para Ricardo. Porno para Ricardo nos hacía cantar en la calle en voz alta, con 18 o 19 años, lo que no teníamos valor para decir. Sus canciones fueron quizás los primeros espacios de libertad política que viví en Cuba”.

Qué ironía que Alpidio Alonso sea, hoy, Ministro de Cultura ausente.

En 2011, algunos medios se hacían eco de la primera vez que se reporta, en la historia reciente, que Cuba reprime a los disidentes políticos con gases lacrimógenos y un equipo de guardias antimotines (uniformes negros, máscaras antigás, escudos, cascos y porras antidisturbios), en la ciudad de Palma Soriano.

Los adolescentes asiduos a las tecnos en el Salón Rosado de la Tropical y a las peñas de rap en La Madriguera no éramos considerados actores políticos; quizás por eso las agresiones que sufrimos no fueron registradas por la prensa independiente en ese momento. En todo caso, el despliegue de efectivos antidisturbios, más o menos equipados, no fue un incidente aislado en mi adolescencia en La Habana; aunque en el Parque de G, ser mujer te libraba de que la policía te subiera a los camiones que parqueaban cada fin de semana cerca de 23. En ese mismo parque que culmina en la estatua de José Miguel Gómez, ser blancx reducía también la frecuencia con que te detenían los policías.

¿Por qué criminalizar a una generación que no tenía otros espacios de reunión? ¿Qué criminalizaban? ¿El supuesto uso de drogas en estos espacios, la música subversiva o la apropiación colectiva del espacio público?

Muchxs de esxs jóvenes que han sido gaseadxs y brutalizadxs por la policía desde hace más de una década, participaron ayer en la sentada frente al Ministerio de Cultura, exigiendo un diálogo con la institución y el ejercicio de las garantías de los derechos a la libertad de expresión, a la libre creación, al disenso; así como la revisión y cumplimiento del debido proceso judicial a Denis Solís, y que se le permitiese al artista Luis Manuel Otero regresar a su domicilio. También exigieron el cese del hostigamiento, la represión, la censura, el descrédito y la difamación por parte de las autoridades y los medios oficiales a la comunidad artística e intelectual cubana, y a todo ciudadano que disienta de las políticas del Estado; es decir, el reconocimiento y respeto al posicionamiento independiente.

No más violencia policial. No más odio político.

Mientras treinta y tantxs representantes de varios colectivos de artistas e intelectuales entablaban un diálogo con el viceministro Rojas, la electricidad fue cortada. Regresó una hora después. Desde horas tempranas, se había comenzado a desplegar un dispositivo policial en las calles y avenidas aledañas al Ministerio de Cultura, y en ese momento, en la oscuridad, comenzaron a rociar con gas pimienta a jóvenes que traían agua y comida o simplemente querían unirse al colectivo que se manifestaba pacíficamente. Al rato salieron lxs treinta con algunas promesas institucionales, mientras Luis Manuel Otero —en un hospital— y Maykel continuaban sus huelgas de hambre por la liberación de Denis Solís, y Anamely, Omara, Iliana y los otros tenían vigilancia fuera de sus casas.

Una de las promesas de la noche fue la tregua al hostigamiento de los espacios independientes. La noche del 28 se transmitió en la televisión nacional un programa dedicado a los sucesos del Ministerio de Cultura —y en especial al MSI, espacio independiente—, en el cual se repitieron las acusaciones de que sus miembrxs son terroristas financiados por el gobierno de los Estados Unidos.

El uso de gases lacrimógenos durante la sentada frente al MINCULT no se mencionó en los medios de prensa oficial. Sin embargo, el mismo día era noticia la represión de protestas en París con este agente químico.

El 27 de noviembre de 1871, ocho estudiantes de medicina, condenados injustamente por un delito fabricado, fueron fusilados en Cuba por los lacayos de las hordas del coloniaje, que pretendían perpetuar el régimen de sumisión en la Isla. La noche del 27 de noviembre de 2020, la policía cubana, y las brigadas paramilitares que movilizan en ropa de civil, reprimieron a la ciudadanía.

Hoy, que podamos comprobar, la policía cubana está armada por España y República Checa. El Centro de Estudios por la Paz J.M. Delàs recopila datos que permiten relacionar la exportación de armas por responsabilidad directa e indirecta de estados miembros de la Unión Europea, con las situaciones que generan inseguridad y desplazamientos forzados. Entre 1999 y 2018, España ha exportado armamento a Cuba por un valor de 1.491.091 euros, y República Checha por un valor de 80.309 euros en 2018.

Según las Estadísticas de exportación de material de defensa del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, en el año 2019 Cuba destinó 48.292 euros en pistolas y rifles y sus municiones para la Policía, y munición de revólveres y escopetas para las Fuerzas Armadas. Canadá también ha exportado pistolas similares a Cuba, al menos en 2014 y 2019. Solo se registra la compra a España, en 2008, de material antidisturbios no especificado, por un valor de 8.190 euros.

Cuba no está incluida en los países con embargos vigentes (entre ellos Venezuela) de material de defensa por parte de España. Al no existir una Ley de Transparencia y Acceso a la Información —programada para su aprobación en julio de 2021—, no se puede conocer qué países proveen al Estado cubano de este material, cuyo uso para el control de multitudes ha sido testimoniado en las redes, pero no documentado de forma sistemática.

El poder patriarcal, cuando más frágil se siente, usa el recurso de la violencia.

Quienes hemos acompañado desde fuera de Cuba los sucesos de estos días, hemos reclamado a los gobiernos de los países donde residimos que condenen la violencia política ejercida por el Estado cubano sobre artistas, activistas, periodistas, y en especial sobre lxs miembrxs del Movimiento San Isidro. El gobierno de la República Checa, el mismo que autoriza la venta de armas al Estado cubano, fue uno de los que se pronunciaron.

Todos los Estados ejercen violencia sobre sus ciudadanos, en todos se violan derechos. Que el Estado español se pronunciara por la liberación de un rapero injustamente encarcelado por desacato en Cuba, mientras varios raperos han sido condenados por injurias al Rey bajo una Ley Mordaza que limita la libertad de expresión y justifica la expulsión de personas migrantes en las fronteras sin un proceso justo, sería cuanto menos cínico. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, cuando era jefa de Estado, en 2006 y 2007, permitió a la policía militarizada reprimir a obreros y estudiantes que protestaban la Constitución, ahora derogada. Durante las recientes protestas antirracistas y en contra de la brutalidad policial en los Estados Unidos, ha habido numerosos reportes de agresiones a la prensa por parte de policías y oficiales del Departamento de Seguridad Nacional.

Esas violencias no nos son ajenas. Sin embargo, su negación, desde el discurso totalitario del Estado cubano, resulta en una sucesión de injusticias epistémicas. Ser negadxs del reconocimiento de las violencias ejercidas sobre nosotrxs es revictimizante, y nos priva del acceso a justicia reparativa.


El domicilio de Denis Solís fue violentado por la policía y él fue injustamente procesado por desacato, pero la excusa podría haber sido posesión de drogas, con penas mucho más altas. Anamely ha explicado que la represión en Cuba se filtra a través de discriminaciones de diversa índole. El poder se ensaña con los más vulnerables o los menos visibles. No importa realmente quién es Denis Solís, sino lo que representa: el racismo sistémico y las formas de exclusión que reproducen el Estado cubano, sus instituciones y los actores de la sociedad. En Cuba hay presxs políticxs y también una de las mayores poblaciones carcelarias del mundo. Las cárceles son espacios donde continúan reproduciéndose estas violencias.

Además de los cuestionamientos en torno a si Denis Solís merece o no justicia, por su ideología política o su homofobia, otro argumento enarbolado por personas que han decidido no mostrar solidaridad o apoyo a los huelguistas del MSI, es que no tienen un programa. En mi opinión, el programa de San Isidro sí fue presentado por Anamely en el conversatorio con sus colegas de la Universidad Iberoamericana de México, y ha sido articulado en cada live donde interpela a cientos de personas. El MSI, al menos según lo que hemos visto estas semanas, propone reparar el tejido social fracturado por las violencias del Estado cubano, violencias que han resultado en el desempoderamiento de la ciudadanía. Es por lo que defendieron el derecho a convivir en pluralidad de ideologías, religiones y métodos de lucha, dentro de su sede en lDamas 955. Anamely ha hablado de ideología cero, de abolición de instituciones, de libertades y de justicia.

El arte y sus instituciones no pueden continuar en el centro del debate, al menos mientras no se reconozca que las instituciones culturales, como las conocemos hoy, son excluyentes y están militarizadas.

Las feministas, antirracistas, decoloniales, anticapitalistas, podríamos no militar en el Movimiento San Isidro, pero necesitamos justicia para Denis, Luis Manuel y Maykel. De nada sirve la igualdad si no hay garantías para ejercer la libertad de expresión, de creación, de movilidad, o el derecho a vivir una vida plena, libre de violencias.

Necesitamos entonces construir alianzas desde abajo y de forma horizontal, y desde esa unidad interpelar al poder.

Necesitamos redes de cuidado y apoyo mutuo, y necesitamos también la alegría de los espacios ocupados en colectividad.

En estas últimas semanas, en reacción a las violencias ejercidas sobre un colectivo marginalizado, se ha logrado activar y movilizar a la ciudadanía cubana dentro y fuera de la isla, en el ciberespacio y en las calles.

Es hora de regresar a San Isidro.

Pienso, como Anamely, que sería hermoso si Cuba se salvase a través de Denis Solís.

Liberen a Denis Solís YA.




Las razones de San Isidro

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¿Se puede debatir en Cuba tomándole la palabra a Cubadebate? ¿Es posible enriquecer el debate cubano a partir del nivel de debate que propone Cubadebate? ¿Cómo podemos hacer nuestras las “Lecciones de San Isidro”, según Cubadebate?


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