La dictadura del PCC es inconvertible e inadaptable

La mayoría de los actores de la resistencia no violenta en Cuba desconocen algunas realidades, y también repiten procedimientos que la práctica ha demostrado inviables en nuestro contexto particular. Pongo el tema en la palestra digital porque, a raíz de la huelga de hambre que realiza el artista Luis Manuel Otero Alcántara, se han publicado varios artículos que considero apropiado analizar, aunque solo consideraré uno de ellos por ahora.

“Las acciones extremas y desesperadas de un ayuno utilizado como un medio legítimo de presión ante una autoridad represiva y con nula voluntad de diálogo, no pueden ser consideradas como un fracaso, aun cuando concluyan con su suspensión o la muerte de los ayunantes” —afirma Oscar Grandío Moráguez en artículo publicado en Diario de Cuba

Respetuosamente, discrepo del autor porque la huelga de hambre es una de las 198 técnicas de la no violencia y como tal se utiliza para conseguir una meta predeterminada. Por lo tanto, si esa meta no se consigue la técnica no fue usada debidamente o no es la correcta para alcanzar el objetivo. Las técnicas de la no violencia son las armas de ese método de lucha. Por consiguiente, si el arma no funciona en el momento preciso o mata a quien la usa es obvio que estamos frente a un error, puesto que la finalidad de las 198 técnicas no es causar bajas, sino liquidar el estado de opresión por cualquiera de los cuatro mecanismos que proporciona esta forma de lucha: la conversión, la adaptación, la coerción no violenta y la desintegración.

En otra parte de su escrito, Grandío Moráguez señala: “La finalizada huelga de UNPACU, y la actual de Alcántara, se han constituido en armas poderosas que sin duda generaron, y generaran solidaridad nacional e internacional hacia la causa de aquellos que piden una democratización del sistema político cubano”.

Aunque no lo declara, quizás el autor expresa lo anterior porque comparte la creencia de que la solidaridad podría originar algún cambio o reforma hacia un sistema de gobierno más democrático por conversión del opresor. Esta creencia tiene un sólido fundamento y así nos lo confirma George Russell Lakey al escribir: “La conversión consiste en que el oponente, como resultado de las acciones de un grupo o persona, cambie su punto de vista de tal manera que acepte las metas del actor no violento”.

Sin embargo, en Cuba ninguna de las técnicas agrupadas bajo el mecanismo de la conversión ha dado resultados notables desde 1988 a la fecha. Esta realidad me permite formular que, mientras no cambie el contexto vigente, será infructuoso cualquier intento de convertir a nuestro oponente: el Partido Comunista de Cuba o PCC. También han fracasado las técnicas de la no violencia basadas en el mecanismo de la adaptación ya que el PCC no acepta ninguna demanda diversa a sus planes. Así lo demuestra su consuetudinaria negación a cualquier reforma del statu quo y también su decreto de irrevocabilidad de ese statu quo, el cual introdujo en el ordenamiento jurídico del Estado dejando a la sociedad reducida a manada carneruna por mandato constitucional.

Renuente a la conversión y opuesto a la adaptabilidad que implica aceptar reformas democráticas, el PCC no ha dejado otra opción que usar aquellas técnicas de la no violencia agrupadas en los mecanismos de la coerción y la desintegración. En sus investigaciones, Gene Sharp prevé que “algunas personas y grupos pueden resultar especialmente refractarios a la conversión” y a la adaptación, por lo tanto, si tales mecanismos fallan “la acción no violenta ofrece otros (…) mecanismos a través de los cuales se puede alcanzar el cambio”.

Para aplicar esas técnicas de la coerción no violenta y la desintegración se necesita disponer primero de una gran vanguardia compuesta por activistas capacitados, entrenados, prestigiosos, disciplinados y carismáticos que, en segundo término, cree y eche a andar una campaña para reclutar e instruir a la cantidad de activistas que se necesita para crear la masa crítica y posteriormente el punto de inflexión que desintegre el estado opresivo del PCC. Es un trabajo enorme que solo puede realizarse en equipo.

Por lo anterior, es obvio que el movimiento no puede perder ni un solo activista como consecuencia de usar técnicas inapropiadas. Cuanto más valioso sea un activista más debe ser protegido por quienes lo rodean en sus actividades diarias. Deben protegerlo a cualquier costo. Cuando haya que replegarse y reestructurar la planificación de la lucha no violenta debe hacerse, porque esto no es signo de debilidad ni de cobardía sino de la fortaleza propia de la madurez y la capacitación.

Los últimos eventos represivos en contra de los movimientos 27N y San Isidro evidencian nuevamente que el PCC es inconvertible e inadaptable, pero esto es una buena noticia porque permite ver nítidamente el camino a la libertad, y ese camino comienza con la reprogramación de la lucha, la protección de nuestros más valiosos activistas y la fase de reclutamiento, capacitación y acciones ajustadas a un plan viable basado en las técnicas apropiadas a nuestro real contexto.

“El que tenga oídos para oír, que oiga” (Marcos 4:9).


***

En las democracias los políticos suelen arrancarse el pellejo en tiras, sin anestesia y con alevosía, pero esas broncas terminan generalmente cuando el poder político se traspasa del partido que perdió las elecciones al que las ganó. La tolerancia se impone, porque en tales sistemas el respeto a la diversidad ideológica está protegido por el ordenamiento del Estado. Mas Cuba es diferente debido a que su Constitución es unipartidista y promueve el fanatismo en favor del excluyente grupo rector. Por eso, en nuestro contexto, la intransigencia y la muerte son aliadas del PCC y la gente huye de ellos por mar, aire, enajenación, suicidio o complicidad. Nos lo recuerda el poeta y periodista Antonio Conte, en su novela La fuente se rompió (2000), donde él precisa: “La intolerancia política arrastró a la nación a ese mar, vasto y llano, igual y frío, donde la imagen de la muerte es demasiado cruel para mirarla de frente”.

Ahora, terminando el primer tercio de 2021, un artista visual desafía esa intolerancia política y afronta la muerte con valor incuestionable, pero con la técnica equivocada. Se trata de Luis Manuel Otero Alcántara quien se abstiene de ingerir alimentos y agua hasta morir o que le sean devueltas sus pinturas, vulneradas y sustraídas por la turba estatal que invadió la casa del artista. También exige el ayunador que cese el sitio policiaco-militar en torno a su vivienda y que el Estado se abstenga de criminalizar y reprimir a quienes en Cuba ejercen sus libertades de pensamiento, expresión y creación artística.

Urge rescatar de una muerte segura a Luis Manuel Otero Alcántara por dos razones de peso mayor.

La primera de esas razones es que la causa por la libertad de los cubanos necesita a Otero Alcántara porque él es uno de sus activistas más notorios, quien además es el principal directivo del Movimiento San Isidro (MSI) cuyas acciones directas no violentas inspiraron en alguna medida la creación de otro movimiento, el 27N, con capacidad unitaria de artistas e intelectuales en cantidad que la dirección del Estado totalitario se sintió amenazado y desató completamente su sistema defensivo basado en la doctrina militar “la guerra de todo el pueblo”. Este es un aspecto que debe considerarse en su real dimensión, porque algunos activistas confunden esta reacción de la dictadura con miedo, pero tal percepción se produce por error de paralaje en el análisis, porque no es miedo lo que tiene la jerarquía del PCC, sino que está respondiendo planificada y agresivamente a una amenaza tangible con el objetivo de liquidarla. Para esa tarea se ha estado preparando desde los primeros años de la década de 1990 del siglo pasado.

La otra razón, proviene de la anterior y consiste en que si el propio Otero Alcántara se elimina físicamente le dará su cabeza en bandeja de plata al PCC y este obtendrá lo que no pudo conseguir en años de acoso y torturas contra el artista.  

Considerando lo anterior, analítica y desapasionadamente, ratifico que la mayoría de las veces se están usando técnicas no apropiadas para el contexto y las circunstancias vigentes, e insisto en la necesidad de reprogramar la lucha no violenta partiendo de la tarea priorizada de rescatar a Otero Alcántara de un procedimiento donde el PCC saldría beneficiado en la práctica, aunque moralmente quede estigmatizado por enésima vez como abusador de los derechos humanos, pero es un hecho que los militantes comunistas no son susceptibles a la ética porque opresión y moral son posiciones antitéticas.

“Voy a seguir con la huelga hasta el final”, declara Otero Alcántara a CiberCuba.

En apoyo del artista, uno de los huelguistas acuartelados en la sede del MSI en noviembre de 2020, Osmani Pardo, manifiesta que “no hay otra salida que poner el cuerpo” y al respecto argumenta que es “lo único que nos queda mientras el pueblo es cómplice del verdugo que aprieta sus cadenas”, según se lee en CiberCuba

Primero refuto que el pueblo todo sea cómplice del régimen opresor con el hecho de que el PCC y sus organizaciones satélites no sobrepasan los dos millones de seguidores, según datos oficiosos. Esa cifra equivale aproximadamente al 30 % de los cubanos en edad electoral, de acuerdo al registro publicado en la fraudulenta elección constitucional de 2019. Por lo tanto, el 70 % de los electores es víctima de la minoría afiliada al PCC. En consecuencia, lo que Pardo percibe como complicidad es miedo a los castigos y estos conforman una de las seis fuentes de poder por donde se nutren las dictaduras a través de sus pilares de apoyo en la sociedad.

Aclarado lo anterior, el activista Pardo tiene parte de la razón cuando dice que “no hay otra salida que poner el cuerpo” pero es erróneo ponerlo de la forma individual en que ahora lo hace Otero Alcántara y que, de no detener su abstinencia de alimentos y agua, terminará sumando otro número al martirologio de la oposición y restándole uno de los mejores activistas de los últimos años.

Las técnicas de la no violencia que en verdad impactan al PCC son las que merman su autoridad (otra fuente de poder) y empoderan a la mayoría oprimida y temerosa. Son aquellas relacionadas a los mecanismos de coerción no violenta y la desintegración. Ambos tipos de técnicas requieren de la participación masiva, de trabajo en equipo, para que sean eficientes. Esto significa que no es el cuerpo individual lo que debe ponerse, sino un colectivo de cuerpos.

Ahora mismo, mientras escribo, unos diez activistas usaron una técnica de coerción no violenta y consiguieron tal impacto que el PCC tuvo que movilizar por lo menos el Consejo de Defensa Provincial (CDP) de La Habana y los consejos de defensa municipales (CDM) de Habana Vieja y Centro Habana. El video disponible permite asegurar lo anterior, y también que decenas de personas apoyaron oralmente a los activistas durante su intervención física y obstrucción no violenta en la intersección de las calles Obispo y Aguacate. Además, el video muestra que para controlar la protesta intervinieron varios autos patrulleros y decenas de hombres entre los que se vieron dos altos oficiales de la Seguridad del Estado, policías, agentes de la contrainteligencia vestidos de civil y boinas rojas (también llamados“avispas negras”) que es la fuerza élite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

El sistema defensivo territorial, dirigido por la jerarquía del PCC desde su Consejo de Defensa Nacional (CDN), es quien dispone de esa variedad de agentes y los puede movilizar en minutos ya que actúa de forma coordinada con los consejos de defensa estructurados en tres niveles que enlazan a esa jerarquía con la base o Consejos de Defensa de Zona (CDZ) a través de sus instancias provinciales (CDP) y municipales (CDM). Sin embargo, a pesar de décadas de preparación y perfeccionamiento del aparato represivo, si en otros seis o siete puntos del municipio Habana Vieja se hubiera replicado hoy la acción de estos diez valientes activistas, de seguro que la capital estaría en estado de sitio.

Por lo tanto, la protesta de los diez en la esquina de Obispo y Aguacate es la nueva prueba de que se necesita unidad de acción, aumentar los recursos humanos, establecer un plan táctico-estratégico, capacitar y entrenar a los actores en las técnicas apropiadas de la lucha no violenta, entre otros procedimientos logísticos, para que la resistencia consiga sus metas. También quedó demostrada la susceptibilidad del PCC al mecanismo de coerción no violenta y como este mecanismo logró hoy desintegrar, temporalmente, la autoridad estatal y el miedo en los presentes, de la misma forma que antes sucedió en la barriada de San Isidro el día que el rapero Maykel Castillo no pudo ser arrestado por la desobediencia civil de los residentes en esa zona.

Esta realidad debería considerarse para nunca más realizar acciones que no funcionen por usar técnicas seleccionadas sin considerar contexto y circunstancias específicas. Esto también eliminaría cualquier posibilidad de perder a activistas que en ocasiones perciben como una puerta cerrada el espejismo causado por la luz que ellos mismos contribuyeron a esparcir entre sus compatriotas. Esa vía que parecía bloqueada e intransitable desaparecerá igual que una obra de arte efímero, porque en tiempo histórico la opresión es tan fugaz como la vida misma.




disidencia

La disidencia cubana frente al castrismo

Mario J. Viera

No debemos convertir a la oposición no violenta cubana en otro mito. No debemos idealizar a la oposición, sino presentarla como pudiera presentarse cualquier otra corriente política: con sus características particulares, sus defectos y sus virtudes. Los opositores no son semidioses: son seres humanos que cometen errores.

Print Friendly, PDF & Email
2 Comentarios
  1. Estimado Lázaro, gracias por tomarse el esfuerzo de leer y hacer una crítica respetuosa sobre mi artículo publicado en DDC sobre las huelgas de hambre en Cuba. Este comentario que realizó acá pretende ejercer un breve y no muy extenso derecho de réplica.

    Imagino que si leyó la totalidad del texto y no sus dos últimos párrafos, se dice que las huelgas de hambre son acciones extremas y desesperadas, de última instancia, ante la carencia total de otras opciones disponibles. Y cómo opciones desesperadas nunca podrán ser estratégicas, lo cual no demerita el poder simbólico de un accionar de protesta de este tipo.

    Al no ser estratégicas, y si producto de la desesperación, por lo general no han sido parte – si se hace un análisis histórico del tema – de diseños estratégicos planeados por oposiciones en un contexto de enfrentamientos contra regímenes autoritarios o totalitarios (quizás la excepción fue Gandhi). Por el contrario han sido casi siempre opciones nacidas de la desesperación ante la carencia de otras herramientas de lucha.

    En el caso de la huelga de Luis Manuel este es el caso. Su huelga no ha sido parte de una estrategia planificada de la oposición, pero sí de una reacción de desesperación, como lo prueban las dos últimas de Otero y UNPACU, como se señala en mi artículo.

    Otero, en aislamiento reclusivo total, sin acceso a internet, a reailzar llamadas telefónicas, ni siquiera a recibir visitas, en un estado de incomunicación total, y ante la frustración de ver destruida su obra y ver limitadas todas las opciones para ejercer su derecho a protestar, no tuvo otra alternativa que ofrecer lo único que podía ofrecer, su cuerpo y su integridad física como instrumentos políticos y como actores políticos. Y aquí mi texto lo indica explícitamente:

    “En el contexto de la huelga de Luis Manuel, esta se ha erigido como razón superior, extrema, ante la falta total de respuestas de un Estado represivo. Las restricciones extremas de movimiento, de expresión con la destrucción de su arte incluso dentro de su casa, sus diarias detenciones, sus limitaciones a comunicarse ante el bloqueo de su teléfono y el acceso a internet, no le han dejado otra opción.”

    Lo ideal entonces hubiese sido que Otero seleccionara otra “técnica” de protesta pacífica, pero en sus circunstancias optó por la única que él considero apropiada dada sus condiciones. ¿Es criticable? ¿Alguien que no estuvo en sus circunstancias puede juzgar su acción como apropiada o no? No lo creo, y a Otero tampoco le pareció dada sus propias declaraciones durante la huelga, donde declara que esa acción desesperada es a título personal, individual, ante la falta de otras opciones de lucha. Esto coincide con mi parecer y mi texto sobre el tema lo refleja.

    Sobre los resultados de las huelgas de hambres, que usted plantea que si no se cumplen las demandas de sus realizadores entonces son un fracaso, también mi texto da respuesta a esta afirmación:

    “Por ello, las huelgas de hambre en su accionar simbólico en sí, aún cuando sus reivindicaciones no son cumplidas, pueden ser extremadamente poderosas. Estas se constituyen en unas herramientas de denuncia impresionantes, una manera de protesta que emerge con fuerza cuando las demandas sociales colisionan con un Estado que ha agotado su capacidad de respuesta. Este es el caso cubano.”

    Por último, en su crítica hacia mi texto usted señala:

    “Aunque no lo declara, quizás el autor expresa lo anterior porque comparte la creencia de que la solidaridad podría originar algún cambio o reforma hacia un sistema de gobierno más democrático por conversión del opresor.”

    Aquí usted incumple una regla del debate académico que plantea que éste no puede basarse en suposiciones sin fundamento. Aquí usted propone una suposición, que no es real, pues no es cierta la creencia que usted supone sobre mí, esta solo existe en su cabeza. Usted infiere una suposición – aquella de que yo comparto la creencia de que la solidaridad podría originar algún cambio o reforma hacia un sistema de gobierno más democrático por conversión del opresor – y luego con la ayuda ésta suposición llega a una conclusión.

    Ni mi artículo ni mi pensamiento sobre el tema (lo invito a leer mis textos publicadas aquí y en DDC sobre las necesidades para una transición en Cuba ) se acercan ni remotamente a esa creencia que usted me endilga. De hecho, las mías reales y no imaginarias coinciden en muchos aspectos con las suyas.

    Gracias nuevamente por leer y comentar sobre un texto mío.

    Saludos,

    Oscar Grandío Moráguez

  2. Estimado Oscar. Gracias por su respuesta. La mía trataré que sea breve, y comenzaré por su final.

    El párrafo que dice: “Aunque no lo declara, quizás el autor expresa lo anterior porque comparte la creencia de que la solidaridad podría originar algún cambio o reforma hacia un sistema de gobierno más democrático por conversión del opresor.” No le endilga nada a usted. Si usted se fija la primera frase aclara que usted no lo declara, o sea no lo dice, y a continuación vuelvo a destacar que usted no lo dice cuando agrego “quizás”, lo que indica que podría ser o no ser, pero que de cualquier modo creo, y es mi opinión, que en determinadas circunstancias la solidarfidad crea alguna presión que concluye originando la conversión del causante del conflicto y esa conversión causa a su vez alguna reforma o cambio. Sucedió en Polonia cuando el Sindicato Solidaridad se sentó a negociar, por citar un caso.

    Incluso a continuación del párrafo anterior escribo ” Esta creencia tiene un sólido fundamento y así nos lo confirma George Russell Lakey al escribir: “La conversión consiste en que el oponente, como resultado de las acciones de un grupo o persona, cambie su punto de vista de tal manera que acepte las metas del actor no violento”.

    Por lo tanto, no afirmo que usted lo dice ni lo piensa, sino que es una posibilidad que aunque usted no la expresa, puede inferirse, porque además tiene un fundamento lógico pero que no funciona en Cuba como expreso en el párrafo siguiente porque aunque consigan mucha solidaridad, no es con solidaridad que se le pone fin a las dictaduras.

    Si lee detenidamente encontrará la primera frase “Aunque no lo declara” (usted) y después recalco “quizás el autor expresa lo anterior…” por lo cual queda probado que lo que prosigue no es de su autoria.

    Usted considera y afirma que ” las huelgas de hambre son acciones extremas y desesperadas, de última instancia, ante la carencia total de otras opciones disponibles” y esto es parcialmente cierto. Quizás sea así para un prisionero sin otro recurso por su condición de confinado. Sin embargo, para un activista en la calle no es la única opción, y sí tiene muchas otras. De hecho una de las fuentes más confiables en el tema, Gene Sharp, compiló 198 técnicas y creame que Luis Manuel Otero Alcántara pudo seleccionar varias de ellas que pondrían a la dictadura en una postura bien difícil. Obviamente, parece que LMOA se desesperó, y fíjese que digo parece, porque yo no estaba presente cuando el decidió ponerse solo en huelga de hambre y sed, en su casa que ya estaba en estado de sitio por policías, militares y paramilitares, además de cámara de vigilancia. Esto es un mal inicio porque las huelgas de hambre dependen en primer lugar de la cobertura de prensa como medio de presión, lo que en las circusntancias de sitio era casi imposible conseguir tal cobertura como vimos posteriormente que pasó. Además, es obvio que vendría el apagón de telefonía y datos móviles porque el servidor es parte del aparato represivo. En esto, y en más, es que me baso para afirmar que Otero Alcántara erró al escoger la técnica del ayuno de alimentos y líquidos.

    Optó por la peor de las opciones porque no solo su cuerpo estaba en peligro, sino que él mismo se expuso a caer en mano de los represores al quedarse solo, débil e incomunicado y esto impediría, como ahora vemos que lo impidió, que algún otro activista llegara allí en su ayuda. Por eso coincido cuando usted dice en su artículo que “Su huelga no ha sido parte de una estrategia planificada de la oposición, pero sí de una reacción de desesperación”. Si creo que él pudo hacerlo de otro modo. Incluso del modo que lo hizo antes y si obtuvo resultados. O sea hacer él su huelga de hambre y sed, pero junto a otros que lo acompañaran al menos en ayuno, o sin ayunar, pero que lo protegieran, ya que no es lo mismo secuestrar a uno y aislarlo en el hospital como ahora está, que llevarse a 14 como la vez anterior. De hecho la huelga pasada los sacaron de la casa por la fuerza, pero los liberaron casi de inmediato excepto a Otero Alcántara que lo mantuvieron más tiempo pero al final lo soltaron también sin mayores problemas. No es lo mismo lidiar con un activista que con 14.

    Usted me dice en su respuesta: ” Lo ideal entonces hubiese sido que Otero seleccionara otra “técnica” de protesta pacífica, pero en sus circunstancias optó por la única que él considero apropiada dada sus condiciones. ¿Es criticable?”.

    Yo le contesto: No, no es criticable, es su decisión, pero como es un acto público y notorio hay derecho a evaluarlo, lo cual hago de forma respetuosa en mi escrito.

    Sin embargo usted cuestiona: “¿Alguien que no estuvo en sus circunstancias puede juzgar su acción como apropiada o no? No lo creo…”.

    Bueno, anteriormente le dije que siendo un acto público y notorio, es evaluable. Es parte del trabajo que hace la prensa, los analistas, y los interesados en un tema. Usted dice que quien “no estuvo en sus circunstancias”, las de Otero Alcántara, no debería juzgar, pero no se a cuáles circunstancias se refiere. Sin embargo, si se trata de acoso, persecusión, arrestos, despido laboral, presidio político, torturas mentales y físicas, entre otros horrores, si se refiere a eso, no me han sido ajenas tales circunstancias en caso que a estas que cito se refiera. Incluso tengo un par de huelgas de hambre y sed de tres y cinco días respectivamente. Ambas en confinamiento. Por consiguiente, sé, perfectamente, a lo que se exponía Otero Alcántara.

    Luego usted escribe que: “(…) le pareció dada sus propias declaraciones durante la huelga (la de Otero Alcántara), donde declara que esa acción desesperada es a título personal, individual, ante la falta de otras opciones de lucha. Esto coincide con mi parecer y mi texto sobre el tema lo refleja”.

    Usted está evaluando, tal como lo hago yo, la diferencia es que usted cree igual que Otero Alcántara que él no tenía otras opciones, pero le repito que tenía varias más, lo que puede confirmar si revisa las 198 técnicas compiladas por Gene Sharp. Yo respeto su creencia y la de Otero Alcántara, pero presento un listado con 198 técnicas de las cuales pudo escoger otras. No lo juzgo a él, sino que evalúo su elección y por eso, y mi experiencia, puedo afirmar que es un error, tal como expreso en mi escrito. Y esto no debe ofender a nadie, sino que debe considerarse lo que argumento en favor de lo que afirmo.

    En otra parte de su respuesta usted declara: “si se hace un análisis histórico del tema – de diseños estratégicos planeados por oposiciones en un contexto de enfrentamientos contra regímenes autoritarios o totalitarios (quizás la excepción fue Gandhi)”.

    Al respecto, lamento decirle que la Historia demuestra lo contrario. Por ejemplo, los serbios estuvieron años improvisando hasta que Srdja Popovic visitó a Gene Sharp y OTPOR planificó su lucha no violenta de acuerdo al manual “De la Dictadura a la Democracia de Sharp. Hay un documental sobre el tema. Lo mismo sucedió en Ucrania con Euromaidan y con todos los movimientos de lucha no violenta que han tenido éxito. Los que han fracasado son los que han actuado improvisando. Gene Sharp en todas sus obras e investigaciones dedica un sitio amplio y detallado a la planificación llegando a formular que sin planificación estratégica y táctica de las acciones contenidas en el plan general, y sin la debida selección de las técnicas de conformidad con el contexto y las circunstancias particulares de cada caso o país, es imposible desintegrar a una dictadura, sea esta de derecha o de izquierda. Pero, aunque usted dice lo contrario a lo que demuestra la ciencia a través de estas investigaciones, yo le respeto su criterio y no me siento juzgado por usted al expresarse diferente a mí, pues lo que me interesa es analizar en que usted basa su hipótesis. Si sus argumentos y pruebas indican que estoy errado lo acepto, pero aceptar que Otero Alcántara no tuvo otra opción que la huelga de hambre y sed estando en la calle, siendo parte de un grupo que puede movilizar al menos 40 activistas y hasta inspirar que 500 artistas se plantaran frente al MINCULT, algo que no sucedía en Cuba desde 1988-89, porque usted opina así en base a lo que él dijo en un momento de desesperación, no es para mí un argumento convincente aunque le repito que lo respeto.

    Dicho esto, le ratifico que no le endilgo nada, y le pido me disculpe si cree que en algo he sido injusto con usted.

    Un cordial saludo.

    Lázaro González Valdés

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.