El virus chino ha sido un incentivo

Con motivo del año que llevamos de Covid-19, Hypermedia Magazine ha despachado las siguientes preguntas a un amplio grupo de escritores cubanos:

1) ¿La pandemia ha modificado sus hábitos y/o métodos de escritura? ¿De qué modo?

2) ¿Han variado este año sus hábitos de lectura? ¿Ha leído más? ¿Ha leído menos?

3) ¿Cuáles han sido las lecturas (títulos, autores, plataformas) más reveladoras durante esta pandemia?

4) ¿La nueva situación global le ha inspirado algún proyecto literario?

5) Cuéntenos cómo es actualmente un día en su vida de escritor(a).

Compartimos con nuestros lectores los mensajes que retornan a nuestro buzón.




El virus chino no ha alterado mis hábitos de trabajo, pero les ha insuflado cierta urgencia. Estoy en la edad de riesgo, y trato de darme prisa por si el azar y los comunistas chinos me quitan tiempo del poco que de natural debe quedarme.

Me he dedicado a terminar de revisar el tercer volumen de mis Emanaciones y a tratar de concluir una novelita corta que tengo terminada desde hace años, pero que me niego a cerrar. Lo que más me gusta es reescribir, así que he ido alargando lo de la novelita por puro disfrute, creo. El virus chino ha sido un incentivo; es lo que siempre me ha pasado con las iniquidades del comunismo: me han servido de incentivos. 

He escrito también artículos para periódicos, así que en general ha sido una etapa entretenida.

En cuanto a lecturas: redescubrir a Gombrowicz, que no aprecié debidamente en mi adolescencia, ha sido importante. Era uno de los escritores fetiche de Arenas y de nuestro grupo en la isla pavorosa.

Me han impresionado las biografías de Churchill y Napoleón, de Andrew Roberts, libros monumentales que recomiendo mucho.

He leído libros sobre distintas pandemias: la de gripe española, la de cólera en Londres.

Y una lectura formidable: la del Manifiesto redneck de Jim Goad. Qué libro tremendo.

Por lo demás, muchas relecturas: Marai, Kertész, Léautaud, y Gombrowicz, que ya he mencionado. Entre otros.


Juan Abreu

Juan Abreu.


La pandemia no me ha inspirado nada nuevo. Es el mismo mundo horroroso de siempre, pero con virus chino. Ya he aceptado la idea del fin de la civilización occidental. Así que mi furia literaria se manifiesta ahora, mayormente, en referencia a infortunios personales. Que la polla no se me pone dura tanto tiempo como antes, que orino a trozos. Que me salen manchas y me arrugo. Que el tiempo se acelera.

Me levanto y recojo la cocina, pongo la lavadora de platos, me siento a escribir un rato, después lo dejo y cocino: he mejorado mucho como cocinero en los últimos meses. Después de comer leo y salgo a pasear los perros y al regreso leo otro poco o escribo, depende.

Por las noches veo la televisión. Hace unos días vimos The Dig, una película hermosa de ver, con un Ralph Fiennes portentoso. Y así transcurren raudos mis días sobre la tierra.




Janet Batet

2020: un año bizarro

Janet Batet

Uno de los efectos más curiosos que tuvo la pandemia fue la de dislocar la relación espacial. Todo llegaba a mi patio con la misma intensidad: el encarcelamiento de Luis Manuel Otero Alcántara, la muerte de George Floyd, la campaña electoral estadounidense, el Movimiento San Isidro, la elección de Biden, el 27N.





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