Pavel Vidal: El interés por el mercado cubano puede volver a crecer

Los términos “crisis”, “limitaciones” o “dificultades” han acompañado imperturbablemente los análisis y noticias sobre la economía cubana durante décadas. Todavía muchos conservamos recuerdos de los complejos años 90, cuando la inflación, la escasez, la falta de suministros de todo tipo, convirtieron el país en un territorio asolado.

Durante el último lustro, el paisaje económico cubano se ha ido asemejando al de aquellos años, llamados del Período Especial. La población ha perdido casi por completo su poder adquisitivo, las medidas coercitivas han estancado las iniciativas privadas, las empresas militares han tomado las infraestructuras y los sectores más lucrativos, y el Estado, una vez más, ha quedado al mando de una nave atada a un ancla.

Hypermedia Magazine conversa en esta serie con un grupo de destacados economistas cubanos e intenta, a través de ellos, responder una pregunta que nos inquieta a todos: ¿Qué futuro económico nos espera?

Como primer invitado charlamos con Pavel Vidal, quien es Profesor Asociado del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, y Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana. Anteriormente fue profesor del Centro de Estudio de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana (2006-2012) y trabajó como analista en la División de Política Monetaria del Banco Central de Cuba (1999-2006).

¿Cuál es el escenario económico de Cuba a día de hoy? 

La economía cubana en 2020 está sufriendo el doble impacto de las disrupciones nacionales e internacionales asociadas a la pandemia. Por un lado, el impacto directo de las medidas de aislamiento social que sobre todo recaen en los sectores de transporte, comercio y servicios. Por otro, el efecto de la recesión global, la cancelación de los vuelos internacionales y la caída en la demanda y los precios de las materias primas. El sector de hoteles y restaurantes es el más vulnerable, y donde se proyecta la contracción más aguda en el año.

La proyección desde nuestro reporte (Cuba Standard Economic Trend Report) es una caída del 8,7 % en el PIB cubano en 2020. En comparación con el Período Especial, esta contracción sería mayor que la de 1990 (-3.0 %), pero menor que la de 1991 (-10.7 %). Al mismo tiempo, se acumulan peligrosos desequilibrios en el presupuesto del Estado, y la inflación se acelera.

¿Cuál es su valoración sobre el proceso de reunificación monetaria? ¿Cómo impactará en los diferentes sectores sociales cubanos, incluido el exilio?

Parece que veremos una importante devaluación del tipo de cambio oficial del peso cubano (CUP) y, en paralelo, el Banco Central va a sacar el peso convertible (CUC) de circulación. Esto no llevará a la eliminación de la dualidad monetaria, debido a la redolarización parcial de algunos mercados y sectores que comenzó el año pasado, y que continuará. Nos estamos moviendo a un sistema monetario CUP-USD como en la década de los 90, pero que tendrá como rasgo distintivo un tipo de cambio más realista entre las dos monedas, y nuevas escalas absolutas y relativas en los salarios y los precios.

El ajuste del tipo de cambio traerá más transparencia a los balances de las empresas estatales, y muchas de ellas tendrán dificultades para sobrevivir sin el subsidio implícito que les otorga el tipo de cambio actual. En este contexto, es crucial que se abra un camino a la pequeña y mediana empresa privada para que se generen nuevos empleos y encadenamientos productivos. Un sistema monetario y cambiario más consolidado y coherente es favorable para la inversión nacional y externa, en la cual los cubanos que viven en la isla y en el exterior, y los capitales extranjeros, deberían poder participar en igualdad de condiciones.

Hay un conglomerado militar que controla las áreas y estructuras más rentables de la economía cubana. ¿Es reversible este poder, o estamos ante un secuestro de la infraestructura económica nacional?

Todas estas empresas deberían pasar a un sistema completamente civil y operar bajo las mismas reglas que el resto de la economía.

¿Cómo prevé el curso de la economía cubana durante los próximos cinco años? ¿Cuál será su impacto en la política?

En el corto plazo, incluyendo el año 2021, la COVID-19 seguirá siendo la primera amenaza para la actividad económica, el empleo y la estabilidad social. La dependencia del sector turismo añade desafíos y genera importantes conflictos en el dilema entre salvar vidas y salvar los medios de vida.

Para que las empresas turísticas y todas las industrias y comercios que se conectan con el sector se mantengan a flote, se requiere una reapertura de las fronteras y los vuelos internacionales, pero justamente esta será la principal fuente de nuevos contagios, una vez que comiencen a arribar más visitantes desde Estados Unidos y Europa, dos de los epicentros de la pandemia. El gobierno cubano va a tener que apostar en grande a la logística y los mecanismos de control del sistema de salud, y a las medidas de bioseguridad.

Si efectivamente se retoma el curso hacia la normalización paulatina de relaciones con el gobierno de los Estados Unidos, el interés por el mercado cubano volvería a crecer. En los últimos años se han hecho importantes inversiones en hoteles que se pudieran rentabilizar con una mayor cantidad de viajes desde el vecino del norte. Debido a la pandemia, se espera una recuperación lenta de los viajes a nivel global, pero si Estados Unidos elimina las barreras para los viajes a Cuba de sus ciudadanos, la recuperación del país sería sobre un potencial de mercado mucho mayor.

Como parte de la continuidad de las reformas, me imagino una economía con una mayor diversidad de actores económicos, pero todavía con una gran presencia de la empresa estatal. Con las reformas, el país gana credibilidad en las renegociaciones con el Club de París y ante otros acreedores e inversionistas.

La apertura internacional, el mayor intercambio y la diversidad económica tendrían implicaciones políticas, aunque no podemos predecir en qué grado y con qué velocidad.

A su juicio, ¿qué medidas o qué rumbo tendría que adoptar el gobierno cubano si pretendiese dinamizar la economía nacional?

Los principales obstáculos para dinamizar la economía nacional son institucionales y políticos, y vendrán desde las fuerzas de resistencia a los cambios en el sector burocrático del PCC y en la propia Asamblea Nacional. Va a ser crucial ver el apoyo político e ideológico que reciban las nuevas reformas en el próximo Congreso del PCC.

Por otra parte, las reformas económicas estructurales no solo son importantes para enfrentar las ineficiencias y distorsiones que acumula la economía cubana desde hace décadas, sino también para otorgarle mayores grados de libertad al sector empresarial (estatal y no estatal) y que este pueda adaptarse a las tendencias económicas que van a sobrevivir a la pandemia.

A nivel global, se espera que los sectores económicos intensivos en contactos personales queden reducidos, que crezcan las inversiones en la economía digital, que cambien patrones de los consumidores y que se sostengan muchas de las prácticas de teletrabajo y del uso de espacios virtuales. El sector empresarial cubano no debe quedar ajeno a estas tendencias, si efectivamente quiere ganar competitividad y crecer de manera sostenible. Las reformas estructurales y los apoyos de las políticas públicas deben garantizar la transición a estas nuevas tendencias. La aceleración de las inversiones en la infraestructura informática y de telecomunicaciones es una condición necesaria para que todo ello se logre.




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