Esfínter interior. Un no-performance con Javier Marimón

En diciembre de 2019 decidí que mi próximo performance debería bord(e)ar el teatro de Javier Marimón. 

Me partía el cerebro la energía escénica y posdramática de El gatico Vasia (cómo engañé al Súbito). Me sacudía el (des)trozo y (des)plomo de la (in)notoriedad de Sinalectas. Hasta llegué a sentir que La muerte de Eleonor era un libro que había soñado y que nunca pude escribir porque alguien dijo autoritariamente: “Nació niña y nació en el monte” (para escribir ese libro, tuve que haber nacido en la orilla del Yumurí).

Investigador de la literatura/lectura como propensión al desastre y entelequia del goce, la teatralidad en la obra de Javier Marimón es una obviedad. Más allá de su formación como dramaturgo, su lenguaje es locuazmente escénico y sus libros son escenarios y atracciones. Me interesa en particular el flujo percutido que produce tensiones en Nunca la deja (Editorial Casa Vacía, 2017). 

Marimón se preocupa más por la sensorialidad que por la lógica, más por la rítmica que por el alfabeto, más por la baba que por la fobia, más por la mierda que por el clímax.

Marimón, como un lector/espectador de Grotowski, piensa en la pobreza y no en la destreza superficial del happy end; como amante/devorador de Artaud, piensa más en el esperma y el corazón que en la “obra maestra”, y la lista que remueve con sus singularidades también puede ser corroborada en Samuel Beckett.

Lo que sucede, lo que me sucede, es que la intoxicación producida por leer de un soplo a Javier Marimón es semejante, aunque en otra dirección, a la que me invadió cuando leía Desdramatizándome, de Nara Mansur Cao, o ante Penélope aserrando televiché, de Marien Fernández Castillo.

Estos instantes de voracidad duran lo necesario, son tránsitos, fugas, delirios, romances, juegos de dedos en la cama, almohadas salivadas, notas en el móvil y largas parrafadas en una agenda nueva. 

La toxicidad de estas sensaciones me fuerzan a la inoculación, inflamación y enrojecimiento, allí donde todo arde y pica, en ese espacio en el que realmente tienes ganas de cuestionarte algo. 

Por decirlo simple y rápido: no me resisto a callar lo que producen aquellas textualidades que obstinadamente buscan o insisten en el teatro. 

Hablando de obstinación: ¿Por qué todo el mundo es “N” para Javier Marimón? En El gatito Vasia… se sacude la cola y el placer cotidiano N+3. 

N: números naturales (factorial), nombres, notas, nadie, nunca, never, Nuria, noria, nodo, nagüe, níspero, ninguneo, nadería, notaría, nada, etcétera. 

Pensar que un personaje es “todo el mundo” significa jugar a la ruleta de las simplificaciones y las discriminaciones. ¿Por qué escribe N en Nunca la deja y habla de Personajes y empieza una obra que parece no quiere acabar y la titula La carpa?

En la plenitud alfabética que produce esta consonante nasal, y porque no soy capaz de hablar de matemáticas combinatorias, no hago más que apelar al problema: ¿N sirve para no-lugar, para no-carácter, no-escribir, no-teatro, no-drama? 

Digamos que todo el mundo es “no”, y que “no” es igual a N. ¿Esto cambia el mundo por un no-mundo, acelera mi fanatismo a muerte con Javier Marimón? 

En el no-mundo de Marimón, que no alude una fuerte inclinación por el llamado teatro del absurdo, encuentro un verdadero reto de lectura para mi próximo no-performance. Mientras leo el libro me pregunto: ¿Cómo crear un no-performance después de leer Nunca la deja?

Como me niego a responder lógicamente, prefiero mostrar la búsqueda de Marimón como necesidad:

N+1
(En voz alta, cambiando el tono). ¿Dónde estará el imitador de voces? (En voz baja, a N). Que piense que es intento de imitar su ausente voz, y entonces atacamos inmediatamente desde dentro con la voz de la abuela
N camina por la escena, piensa.
N
(Hablando solo).
Sí, no “fue” yo quien lo dijo. No soy sino desde ella. Cuando salgamos ni nos enteraremos. (pp. 18-19).

En el no-performance debería ser consciente de las operaciones hilarantes que modelan la escritura de Javier Marimón (pienso tomar mis ideas y sumarles el incluso de un poema en Sinalectas). En este diálogo que acabo de citar, inclusoparece que se escinde el diálogo por el no-diálogo, incluso queda la duda de si se escucha o se habla, incluso simula que todo lo que está escrito pudiera fallar y fallar y fallar.

Y dice: “siempre la lleva, nunca la deja”. 

Me dan ganas de poner esta frase en el aire. Marimón está, ya lo mencioné, en la mecánica del teatro del absurdo, en el radicalismo del teatro de la crueldad (“Tras la poesía de los textos está la poesía a secas, sin forma y sin texto”); asertivos balbuceos para todo lo que está metiéndome dentro el poeta que escribe teatro para mí. 

Con la frase sostenida en el aire, acepto que esto es el teatro pobretón: aquello que parece un escupitajo porque coquetea con la repetición absurda de los (contra)hechos o los no-hechos (mentalmente decido que ambos paradigmas incluso sean iguales, para alimentar mi no-teatro).

Quizás el no-performance debería suceder en un cuarto de desahogo o en una escalinata o en un edificio con arquitectura romántica. 

N+1
(Hace pausas mientras muerde la cabeza).
¿Debemos imitar la voz de abuela al enunciarlo? Busquemos a un imitador de voces que suprima la fuente original y se convierta en ella misma: sorprender así a la Situación Pulcra. (p. 27).

Me pregunto para el no-performance: “A ti quién te envía, ¿la Situación Pulcra?”.

Me vienen a contestar: “Allí donde lo pulcro sistémico sucede, no puede, no debe, no permitiremos que entre un CULO”. 

Esto diría un inspector del Decreto Ley 349

La distracción que genera un culo sabroso, un culo desnudo, un culo altoparlante, vociferante, atosigante, rimbombante, congo, graso, celulitoso, sería una distracción demasiado apabullante y libertaria (todo lo libertario debe ser censurado, han dicho; mejor un teatro mimético-referencial para cuidar las acciones). Quizás el no-performance debería suceder en mi esfínter. 

CULO
(Le grita a N-1).
¡Métemela tú! ¡Méteme el huevo! 
N+1
Matémoslo, nos distrae de un inmediatamente en apariencia cierto. 
Cuando se abalanzan sobre CULO, este grita.
CULO
¡Esperen, confesaré, confesaré la verdad! 
N+1
¿La verdad verdad o una de sus alternativas? 
CULO  
La superverdad.          
CULO saca un alfiler de su culo.
N         
¿Qué es eso? 
CULO
El alfiler que conduce al sistema de la Situación Pulcra. (pp. 29-30).

El sitio para arrojar el alfiler, las truculencias del futuro irrecordable de la abuela, aquí todo persiste en lo (in)necesario. ¿Escribir teatro es no-necesario? Obviamente lo es, como escribir filosofía o amar a Donna Haraway; esta última decisión se responde porque Haraway es la única persona sensible que nos advierte de nuestro parentesco. 

Para Javier Marimón escribir teatro es algo natural, evidentemente; él siempre ha dicho que es dramaturgo. Pero escribir no-teatro es la mueca que me convence para trabajar el no-performance en este 2020. 

Digamos que lo primero es aceptable, lo segundo es misterioso.

N se aleja. Se va quedando a oscuras.
N
La Situación Pulcra se está olvidando de mí, puedo sentirlo. (Pausa larga). ¡Que este brazo emancipado conmueva mi impasible sustancia! (Coge el brazo amputado de N-1 y se lo mete en su culo, la mano queda colgando por fuera). 
N+1
(Le habla a N).
Lígame a tu realidad, agárrame la pinga con mano ajena, que absorba la certeza de tus gloriosas entrañas. Arrojemos el alfiler como grupo sensorial, ¡inmediatamente! (p. 40).

No hay forma de escapar, porque al final “el culo sale lleno de mierda”. Tampoco existe escapatoria en la “salida del alfiler”. El alfiler arrojable, arrojado dentro, en el huevo, dentro, en la materia huevo, la trampa. 

Aquí todo se sucede en disputa con la imitación. El gran arte de la imitación que ha controlado nuestros sistemas de reproducción, representación y mímesis. El proverbio que dice que “imitación” es teatro, y que me resultada patéticamente risible. 

Como discute el fragmento siguiente:

N+1
Puedo imitar la voz del imitador imitando la voz de mi abuela, que conozco bien. (Pausa). ¡Comamos inmediatamente! 
N y N+1 cogen huevos y comen rápido. Luego incorporan trabajosamente el cuerpo de N-1, lo paran delante de N+1 y N lo sujeta, como un muñeco de ventrílocuo. N+1 sostiene la cabeza mordida de la abuela delante de su propia cabeza. La va moviendo mientras habla. 

En el no-performance “aparece en un enorme huevo” y avanza, CULO habla y avanza, me comprometo con el no-drama para responder: ¿qué es persistir? 

En el no-performance usaremos huevos hervidos, masticaremos huevo, descascararemos huevo, meteremos alfileres y clavos dentro para potenciar la digestión de los espectadores, para dar pruebas de una verdadera crítica a la imitación. 

Tendré que pensar cómo todos estos hechos pueden ser controlados microscópicamente; tendré que decidir si finalmente sucederán entre mis esfínteres o en uno de ellos, ya que existen: uno interior que es visceral, de músculo liso e inervado por el sistema nervioso autónomo (esfínter interno, involuntario) y otro exterior formado por músculo esquelético e inervación somática (esfínter externo, voluntario).

Escogería el esfínter involuntario, visceral, lo escogería como dificultad para pensar la siguiente demostración de Artaud: “…el espectador está en el centro y el espectáculo lo rodea. En ese espectáculo la sonorización es constante: los sonidos, los ruidos, los gritos, son elegidos en primer lugar por su cualidad vibratoria, y después por lo que representan. (Terminar con las obras maestras)”.

En Nunca la deja, persistir es como ese esfínter interno: experimentar, trocear, embarrarse las manos, intentar resolver un caso, intentar recordar, intentar teatralizar el miedo, el acecho, la supervivencia. Es decir, no construye su persistencia en lo caótico: la “cualidad vibratoria” se origina de la propia sorpresa que referentes, intertextos y acotaciones parecen traerle a la legalidad poética de su escena. 

Parte de mi fascinación por el ano, el culo y sus formas sensoperceptivas, habitan en el exceso del “Sonnet du trou du culde Arthur Rimbaud y Paul Verlaine. 

Recuerdo, en un taller con los activistas sexo-disidentes chilenos Ernesto G. Orellana y Jorge Díaz, una propuesta de trabajo físico para conectar el ano con la boca. En el entrenamiento, la propuesta activaba en mí ondulaciones y conexiones muy diferentes. En mis memorias de penetración anal y bucal el tiempo se dislocaba; en el axioma tragar y en el efecto defecar todo se relajaba; entre el placer y el dolor se reconectaba el mundo. 

Recuerdo que, después de pasar días conversando sobre feminismos y formas contrasexuales, la condena del ano formaba parte de la discusión. La condena a ser un espacio inaccesible, el prejuicio de ubicarse en el lugar de lo indecible, que asumía ahora el estandarte de ser un vehículo de liberación. 

Me quedé con muchas ganas de ver el performance Orgiología (Teatro Sur, con la dirección de Ernesto Orellana): un performance en el que el mundo queda emplazado por esta correlación viva, cruzada, devoradora, expulsora, orgiástica y colectiva. 

Definitivamente, el sujeto enunciador nombrado CULO en Nunca la deja reclama atención con su: “¡Métanmela, métanmela!”, lo cual me parece la provocación más seductora para el no-performance que sucederá en mi esfínter interior.

Sobre todo cuando Artaud ha escrito “El regreso de Artaud el momo” con la intención de que yo cumpla todas las fantasías contenidas en el teatro de Javier Marimón: “entre el ano y la mano de todos apoyada / sobre la trampa de alta tensión / de un estertor de eyaculación”. 

Ante todo lo censurado por la ideología heteropatriarcal, pondría la rebelión de Javier Marimón y las ganas de este intento radical de no-performance.

Metiéndome en La carpa (el engaño de R), el segundo momento no-teatro del libro, ya estoy sacándome el pellejo y escribiendo en el aire: “Vamos bien, ya estamos creando materia”. 

Acepto que me muevo ante imaginarios que ofrecen muchas resistencias y poca complacencia (separado de la corriente dramática o naturalista cubana, fuera del modismo autoficcional o postdramático). Personajes, clavículas, órdenes que dicen ser: -1, N, +1. Sillas, carpas, cuentos, citas que simulan ser situaciones dramáticas. Pruebas, tanteos, números que debieran ser leídos no por mi cuerpo, sino por el de aquellos que toman la incertidumbre y los músculos como una forma del ser

Al meterme en La carpa…, se me revelará definitivamente la percepción del ser teatro en Marimón: “La primera vez que fui al teatro asistí a un drama rural en una carpa muy pobre. La compañía había acampado en un baldío, cercanías de mi casa. Los actores se sentaban en una silla que mi madre les prestaba: la presencia de ese mueble familiar le quitaba toda verdad a la representación”. (p. 59).

El infante descubre tempranamente que la “verdad” y la “representación” son construcciones ilusorias. El infante, el primer espectador, que “lee de una revista” la historia, supone que el tedio de lo verdadero en la representación se ha basado en la materialidad de los objetos y en la energía de los objetos, en la relación del que mira con la escena. Ese infante compone lo petrificado del teatro. 

Marimón preferiría expulsar toda fuerza de la “verdad” y toda carga de la “representación”, porque aunque sabemos que “alguien mira el mismo cuadro y llora” (p. 61), toda esa niebla de la interpretación ha sido un engaño.

Lo mismo que mirar a los ojos de R en La carpa…, es imitar la voz de la abuela en Nunca la deja; la misión es la de esa búsqueda de R (¿persistencia?). Porque locus no es lo mismo que lugar, filosóficamente hablando, ni R es lo mismo que abuela, ni N es lo mismo que N-1, ni mi esfínter interior es lo mismo que el teatro nacional, ni al teatro nacional le preocupa el autoengaño de un Premio Villanueva. 

N
Elemento esencial pareció ser la reiteración del caso -1, del azar; cuando percibes que se interna más en lindes del caso +1, la reiteración de Nietszche: reitera R lo leído en revista, ahoga a -1 en ámbitos de +1, pero Nietszche sí abraza idéntico al caballo. (p. 60).

En La carpa… predomina la mirada sobre la reiteración que es vehículo también, como la imitación en Nunca la deja. Juguetear con el dedeo para conceptualizar el todo, con la esperanza de lo intraducible que manifiesta el “Sonnet du trou du cul”: “Obscur et froncé comme un œillet violet / Il respire, humblement tapi parmi la mousse / Humide encor d’amour qui suit la fuite douce / Des Fesses blanches jusqu’au cœur de son ourlet”.

Decido que el no-performance sucederá en el 2020. Decido que los nervios se activarán y la humedad tendrá lugar, mientras el alfiler toma decisiones escénicas, y así será porque: “El teatro es el único lugar del mundo y el último medio de conjunto que no queda para apelar directamente al organismo y, en los períodos de neurosis y de baja sensualidad como éste en el que nos encontramos, el único medio de atacar esa baja sensualidad mediante recursos físicos a los que ese estado no podrá resistir”. (Antonin Artaud, Terminar con las obras maestras).




31 de diciembre - Quemar el muñeco - Martica Minipunto

Quemar el muñeco

Martica Minipunto

La gran mentira de esta fecha la potencian los horóscopos, la letra del año y toda clase de taxonomía del porvenir. A esa gran mentira contraponemos, como convicción, nuestra inmovilidad. No niego la fe: hablo de la escena de inmovilidad irrefutable en la que los días de una isla hacen culto al estatismo.


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