Picadillo de Palma Real

Era el 11 de septiembre y estaban hablando en la televisión de nuevas medidas gubernamentales. Recortes. Me subió un calor por el cuerpo y miré en las redes sociales. La gente no entendía de qué se estaban riendo los dirigentes. 

Salí a la calle. La cabeza me daba mil vueltas. Tengo que darme un trago, pensé. Ya estoy viejo para un segundo Período Especial. Con 11 años uno lo pasa, pero con 36 la cosa es distinta. Pensé en la cantidad de oportunidades que tuve cuando viajé. Podía haberme quedado afuera. Pero no me quedé. 

La calle estaba oscura. Llegué a una exposición y la gente estaba como si nada. Nadie hablaba de eso. Los cubanitos y las cubanitas se paseaban por la galería con vasitos plásticos en las manos. Todo muy bonito. 

Se me subió el Sergio de Memorias del subdesarrollo y pensé: ¿Y ahora qué va a hacer toda esta gente? No estamos en 1994. Ya el pueblo se ha podido tomar un refresquito de lata, algunos han viajado, otros han podido ahorrar algo para ir al bar de moda…, Internet, los Rolling Stones, Obama…

Muchos han probado lo bueno. Otros llevan 30 años acumulados con más cansancio en los hombros. No es lo mismo. 

Me pongo hijo de puta y pienso en todos los durakos, las durakas, la farándula de las redes, la gente de los gin-tonics. Y Sergio me susurra: ahora todos van a tener que aprender a montar bicicleta. A llevar un carretón de bueyes. Bajanda para todos. Se acabaron los datos móviles. 

Me detengo. Trato de entender de dónde viene tanto odio. Y por qué me sale esta rabia con la gente que tengo alrededor. Todo este odio debe irse a otro lado.

En la calle me encuentro con Eduardo Polo, el joven realizador. Eduardo anda con una botella de vino malo y tiene una teoría interesante. Según él, estas medidas no son para todo el mundo, solo para los pobres. Los ricos, los hijitos de papá, toda esa gente, no van a coger apagones ni tienen que coger guaguas, no van a tener que volver a la Edad de Piedra. 

El nuevo Período Especial será solo para algunos. El resto seguirá viviendo igual o mejor. Eduardo ya tiene un plan: se va a infiltrar en alguna de esas casonas de Siboney y va a vivir como una rata. Como un Parasite (Bong Joon-hoo, 2019). Comerá sobras. Pero sobras ricas. Y no va a pasar calor. 

Polo sigue hablando y yo me pongo a pensar en los videoclips de reguetón que se hacen en Cuba. Siempre me llamó la atención cómo los cantantes, sin tener un peso, lograban que un amigo les prestara una buena casa o buen carro para aparentar una vida de reyes. Eso siempre me rompió el coco. Nunca me jugó el país en que vivíamos con ese tipo de imágenes. Pero ahora, cuando empeore (¿?) la crisis, ¿qué va a pasar? 

Estoy loco por ver un video de reguetón donde el cantante tenga que ir en chancletas a la cola del pan, a la cola de la guagua, y que su novia lo deje por alguien con más dinero.

Este pueblo, sus dirigentes y nosotros: los cubanitos y las cubanitas, hemos alcanzado un nivel de cinismo muy grande. Hoy, por ejemplo, no se podría hacer una película como Una novia para David. Una obra tan inocente, en el buen sentido. Esa belleza, ese amor desinteresado, ese poder-creer-en-algo, ya no existe. Ni para los que vivimos acá dentro ni para los que viven fuera. Ya hemos visto demasiado como para ser inocentes (Memorias… again). 

Hay que tener tremenda cara para pararse en la televisión y hablar de los recortes con una sonrisa en la cara.

Hay que haber vivido mucho para andar por la calle sabiendo que estás solo. 

Los dirigentes y el pueblo han llegado a un nivel de separación total. 

“Tú haz tu vida, que yo voy a hacer la mía, sigue por tu parte, sigue por tu vida”, cantan El Kamel y Un Titico. 

A eso hemos llegado. 

Cuando cae la noche los dirigentes se resguardan en sus refugios y mandan a la policía a la calle para que “ponga orden”; y la gente, el pueblo, se queda en la oscuridad, abandonados por Dios y por todos.

Eduardo Polo me enseña el decálogo para sobrevivir en la Cuba del 2019:

  1. No caigas en un hospital.
  2. Evita la policía.
  3. Evita la calle. 
  4. No veas la televisión nacional. 
  5. No tengas familia (nada que te ate).
  6. Fuma o bebe.
  7. Hazte de un arma: una lanza, un palo, un bate…
  8. Ahorra un poquito y guarda tus laticas de conservas.
  9. No te vuelvas loco.
  10. Mantén perfil bajo (todo el tiempo).

En la madrugada de aquel 11 de septiembre se nos sumaron unas amigas. Unas muchachas que trabajan en la cultura. 

No están preocupadas. Vienen de una piscina. Hablan de un hombre que tiene una supermoto y un yate. Es el jefe de una de ellas. Se parece a Maluma y tiene lindos tatuajes. Al final de la noche, ninguna de ellas tendrá transporte para regresar a casa. Pero así y todo están contentas. Contentas de que Maluma tenga su moto y su yate.

Dice mi vecina que hay que estar tranquilo porque uno no puede resolver nada. Me deja con la palabra en la boca y, como una loca, corre a ver a una cantante que hay en la televisión. La cantante no afina, pero da igual. Lo importante es que las imágenes sigan fluyendo. Showtime

Entonces me acuerdo de algo. Busco en un disco duro un libro que tengo en pdf: Con nuestros propios esfuerzos (algunas experiencias para enfrentar el periodo especial en tiempo de paz), Editorial Verde Olivo, 1992.



Leo, indistintamente: 

Artículos de carey.
Artículos de fibra de plátano.
Colchón, falda, riñonera, funda de pistola hechas con malangueta.
Aretes de caña brava.
Sonajeros de caña brava.
Doile con recortería de plywood.
Pantuflas confeccionadas con fibra.
Carbonización en tanques desechables de 55 galones.
Fabricación de bloques con cáscara de arroz.
Vivienda de tabla guano y piso de cemento.
Viviendas construidas a partir de bambú.
Enrollado del motor del ventilador Órbita 5.
Tapa para motor de lavadora.
Convertir ropas de mayores en ropas de niños y niñas.
Coger de ancho y estrechar.
Aprender a montar bicicleta.
Coger u estrechar bajos.
Parches y remiendos a todo tipo de prendas de vestir y de trabajo para hombres, mujeres y niños.
Aparato de hacer tostones o chatinos.
Junta para olla de presión.
Jugo de maguey para lavar.
Jabón líquido de jugo de maguey y ceniza de cieno.
Estropajo de yagua.
Crema acondicionadora de naranja.
Champú de romerillo.
Champú sorpresa.
Champú de estropajo.
Ambulancia y carro fúnebre de tracción animal.
Carreta de bueyes.
Aguardiente de papa.
Vino de plátano burro.
Dulce de col.
Yemitas de tamarindo.
Dulce de remolacha rallada.
Pizza de acelga.
Masas para pizza confeccionada con viandas (calabaza, boniato, yuca).
Recuperación de huevos con membranas perforadas.
Jamón de tilapia.
Mortadela de pescado.
Cría de jutías en cautiverio.
Humus de lombriz en cultivo de tabaco.
Producción de larvas para alimentación animal.
Pienso para las ocas.
Picadillo de Palma Real. 

Y me llama la atención esta última: “picadillo de Palma Real”. Wow. Pura poesía.

¿Cuántos años faltan para que Cuba sea un país normal? ¿Cuánto tiempo necesitará este pueblo para sanarse? ¿Cuántos “Períodos Especiales” nos quedan? 

El cartero de mi barrio me dijo una vez: Yo solo quiero ver el final de esta película. Ver cómo acaba la cosa. Quién va preso. Quién muere y quién se escapa con el dinero. Como en los westerns.  

Yo creo que esa película debería llamarse así: Picadillo de Palma Real. Y es un filme iraní, en blanco y negro, de siete horas y media de duración, que hay que ver sin subtítulos, en copia de cine y en la pantalla de un celular. 

Hay que joderse. 

¿En serio? 

¿Hay que joderse?




Ricardo Acosta: irreverente en cada fotograma

Ricardo Acosta: irreverente en cada fotograma

Carlos Lechuga

Ricardo Acosta: el cineasta maricón latino, cubano, apasionado, honesto. El documentalista, el editor. El ganador del Emmy. El que ha trabajado por más de veinticinco años en la industria. El que 1992 tiene que tomar la decisión de salir de la isla. Creo que es un regalo para los cubanos, para los jóvenes, descargarle un rato a este monstruo.


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