Estar enamorado es tremenda mierda

Llego a la Escuela de Cine y todo el mundo me habla del rabo. Del prepucio. De las fotos que me hice

Lo hacen con cierta burlita, como si fueran superiores. Lo más gracioso es un viejo ácido que se cree que es un genio. El muy anormal me habla y se saborea. Hipócrita. 

He venido por una semana para asesorar las tesis de un grupo de cinco estudiantes. 

Antes me pasaba el día respirando cine, leyendo, conversando… Y la noche cazando.

La Escuela de Cine. Imagínate un lugar en medio de la selva lleno de mujeres de todas partes del mundo. Alcohol. Piscina. Qué rico. Pero esta vez me ha pasado algo distinto: o estoy viejo o sigo enamorado de la loca esa.

O las dos cosas a la vez: soy un viejo enamorado. Un viejo romántico. Un Juan Gabriel. 

El lunes estaba embullado, porque el domingo estuve duro y la rechacé.

Pero el martes empecé a caer y la loca y yo nos inventamos un juego. Un juego macabro donde yo iba a perder. Siempre perderé yo. Siempre pierdo yo.

El juego consistía en guardarle la leche una semana. Así yo disfrutaba llenándole la boca mientras ella me miraba a los ojos; y así ella comprobaba que yo no la engañaba con nadie más, porque tenía abundante semen.

Este juego me puso en desventaja desde el minuto uno. Para su ego eran flores. Le quedaba reclaro (nunca lo ha dudado) que yo estaba muerto en la carretera con ella.

En fin, que estoy en la Escuela de Cine sin poder hacer el amor y sin poder masturbarme, dando clases a unos alumnos y siendo asediado por los teóricos, por querer hacerme el escritor a esta altura de la vida.

La envidia sale en cada comentario: Qué buen amigo de Legna Rodríguez… Ese texto es repetitivo… Solo hablas de sexo y haces entrevistas… Ya tienes que volver a filmar…

Sonrío y pienso: ¿Serán hijos de puta? ¡Si algunos de ustedes son los mismos que no me dejan filmar, los que me censuraron! 

Y los otros: ¿Cuándo llamaron a mi casa a decirme acá hay un plato de arroz y frijoles? Nadie. Nunca. Entonces, esas opiniones se las pueden meter ahora por el culo. Simple. Sencillo.

Pasa un crítico que es una pasita y me dice que Generación es lo mejor que he hecho en mi vida. Lo hace para molestarme, pero yo sonrío y le digo que concuerdo.

En el comedor mi rostro se refleja en los cristales. Me veo lleno de rabia. Ya no tengo la alegría que tenía antes. La alegría que me daba ser un picaflor. La alegría del desleche. 

Ahora estoy amargo, más canoso, más pesado… Y culpo a quien tú sabes. 

Estar enamorado es tremenda mierda. 

Estar enamorado es mucha mierda. Mucha.

Años atrás ahora estaría sembrando: una miradita acá, un brazo tocado, un café invitado. Ahora, como una empresa láctea, solo guardo leche. Y espero a que llegue el viernes para vernos y hacer la entrega.

El miércoles llega una luz a mi existencia con las clases, las conversaciones. El ser humano puede ver la paja en el ojo ajeno. Les hablo a los alumnos y profundizo en sus guiones, mientras llevo tres años trabado con el mío. Hablamos de cine, conflictos, puestas de cámara… 

Recupero la fe en el cine. Les pido por favor a dos alumnos que se lean mi guion.

Almuerzo con Yari Mizievin. Con la boca llena de remolacha, no paro de hablar de los últimos momentos de Kieslowski y de sus problemas con la vecina del 5to B.

Yari no cree para nada toda esa sarta de mentiras, me dice que Zulawski lo inventó todo. En un sueño que tuvo se vio en un elevador; tenía que marcar la planta baja y marcó el 9, sabiendo que el elevador se iba a trabar si subía. A la altura del piso 7, la roldana se enreda con la soga y empieza el vaivén. Zulawski tiene que mover con sus propias manos la soga, para bajar poco a poco. 

Remolacha y cine de ensayo.

Me como un arroz con leche y salgo al pasillo. Necesito un café y un tabaco. Pienso en que volví a fumar, y todos los muertos de este año me vienen a la cara.

Jorge Yglesias se acerca. Solo me habla de enfermos y de muertos. Por ahí viene. Le huyo.

Prendo los datos móviles (dicen que si los prendes y apagas es peor) y espero mensajes de la desgraciada. 

Tengo seis mensajes. Soy un hombre feliz.

En una esquina hay un perro gordo y enfermo que hace un ruido raro. Le llaman H.Upmann. Me mira. Lo miro. El solecito nos toca a los dos.

Un alumno se acerca muy contento porque se va a Sundance. Me habla y no lo escucho.

Qué manera de hablar mierda. Me da igual adónde vas. Me da igual la lista de diez mejores películas. No, no he visto esa película cubana… 

Me doy cuenta que estoy viejo, lo único que necesito es desayuno, almuerzo y comida, y poder soltar esta carga y abrazar a la mujer que amo. Nada más. Todo lo demás es nada.

En la noche me voy temprano a la cama a ver algo. Tengo que ver algo que no me excite ni me tiente. Pongo El peral salvaje, de Nuri Bilge Ceylan, y me gusta, pero me recuerda mucho a HuevoLeche y Miel, de Semih Kaplanoglu. 

¿Cómo se llevarán esos dos? ¿Habrá bateo entre Nuri y Semih? ¿O será como Carlos Machado y yo, que son más las ganas de la gente de que nos llevemos bien o mal, que las ganas que le ponemos nosotros a cualquiera de esas dos opciones? 

Veo la mitad de la película y… ¡es jueves!

Uno de los alumnos anda muy deprimido porque no encuentra una solución para su guion. Le digo que deje de escribir y que haga un collage, un story, un mood board. Que empiece a visualizar, a jugar, a apoderarse. Puede ser el puto amo. Solo tiene que creerlo. 

Me fumo cinco tabacos. Recibo un mensaje de la mujer a la que amo. Me dice que se ha enredado, no puede verme el viernes. 

Le explico que había quedado en algo conmigo, llevo días guardando el café (no me deja usar la palabra leche en el chat), mi madre nos ha comprado cervezas, yo le compré los chocolates que le gustan… 

Le da igual. No puede. Se ha enredado.

Apago el teléfono y con rabia busco alrededor a cualquiera para singar. Me tengo que acostar con alguien más. Vengarme. Olvidarme. Salirme de esto. Mando varios mensajes para el viernes. Busco y no encuentro.

Como solo. Me voy al cuarto, me acuesto y empiezo a masturbarme. Agarro el celular para filmar la erupción de lava. Bajo el ritmo. Me vengo. Mucha leche. Cae lentamente.

La paja más triste del mundo. 

La paja más triste del mundo.

Le voy a mandar el video con esta talla: todo lo que te perdiste… Miro al techo.

La guerra está a punto de comenzar. La gente se ve en la necesidad de opinar sobre lo que le hicieron a los bustos de Martí. El cambio de moneda. Un incendio forestal. Y yo jugando con mi pinga. 

Nunca antes había estado tan oscuro. Ojalá sea cierto eso de que mientras más oscuro, más cerca está el amanecer.

Viernes. La escuela está de luto. El perro enfermo ha muerto. 

Los alumnos ya no quieren escribir y no vienen a verme.

Tengo el video de 4 megas en mi celular y muchas ganas de desaparecer.

Antes debo dejarle el video a alguien. Si me muero, que digan: tengo un video de una paja de Carlos Lechuga.

Ella no me ha escrito. Es dura. Cancela y no escribe. 

Pasa una muchacha por el pasillo. Le grito: ¿Sigues teniendo el mismo WhatsApp? Sí. Le hago señas. ¿Te puedo mandar una cosita? ¿Una cosita rara? Vale, me dice. 

La gente mala anda robando, matando, acabando con el planeta…

Y la gente buena sin saber cómo concretar el amor y mandando pingas por el celular.

Quiero morirme. 

Ya. 




Posar desnudo en calle Paseo - Carlos Lechuga

Posar desnudo en calle Paseo

Carlos Lechuga

Una amiga me quiere tirar unas fotos con la boca pintada de rojo. Yo me quiero tirar unas fotos con Laura Mónica, desnudos los dos. Pero Laura Mónica me dejó por un tipo con dinero, un mongo que si se cae come fango. Así que acabo en un apartamento en Paseo, encuero, con unas medias puestas y la boca pintada de rojo.


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