Adrián Caetano: salvar un pedazo de mundo en un lugar que nadie conoce

Adrián Caetano tiene un club de fans en La Habana. Somos un grupo de hombres y mujeres entre los 30 y los 50 años que nos reunimos una vez al mes y nos tomamos un roncito, nos fumamos unos puros y nos fajamos hablando de qué peli suya es mejor, si Un oso rojo (2002) o Crónica de una fuga (2006). Hay algún que otro descarado que trata de hablar solo de Francia (2009), Bolivia (2001) o Pizza, birra, faso (1998); todos las hemos visto, pero a este socio en específico le gusta hacerse el que más sabe de Caetano.

Hace unos años, yo dejé a todos con la boca cerrada porque andaba de novio de Josefina, una argentina que era socia de nuestro director favorito.

El tiempo pasa y los integrantes del club de fans han ido cambiando. La mayoría de las pelis las conseguimos gracias a la piratería. Algunas copias mejores que otras.

La idea que tenemos es que Adrián es un tipo duro, como el prota de Un oso rojo. Hay quien dice que ni siquiera nos va a responder este cuestionario. En fin, que es un lujo y un honor hablar con este hombre que me ha inspirado en mi carrera. Un maestro de la narración.  

Caetano ha estado varias veces en Cuba (me dice que ya ha perdido la cuenta), trabajando en la Escuela de Cine de San Antonio o de jurado en el Festival de La Habana. Sin embargo, no tenía ni idea del club de fans.

Nos ponemos en contacto.

Allá va eso.


Adrián Caetano

Adrián Caetano.


¿Qué estás preparando ahora?

Estoy preparado para lo mejor y lo peor, y desde ese lugar trato de crear algo propio. El futuro apocalíptico que millones de artistas se ocuparon de contar, llegó. ¿Y cual es el nuevo futuro? Volver a la normalidad, porque es lo único que conocemos y donde estábamos seguros. Si eso sucede, la humanidad solo se habrá pegado un susto.

Creo que los cambios vienen de mano de la gente, no de un virus. Un virus no va a cambiar el orden social del mundo. Por caso van a seguir existiendo esos personajes que más quiero: los que luchan, aunque sea desde el escepticismo, desde el descreimiento, y con el mundo hecho una ruina.

¿Cómo es tu vida actualmente?

Creo que ahora tengo días más normales que antes, por rutinarios. Me gustan más las mañanas que las noches. Escucho música, hago lo que hace cualquiera en su casa, creo. Solo me diferencia la profesión y mi tiempo de trabajo; tiempos tiranos y agotadores, pero, salvo eso, tengo un día como la mayoría de las personas.

¿Escribes?

Siempre que puedo. Y cuando no puedo me siento frente a la pantalla en blanco hasta que pueda.

¿Qué te quita el sueño? ¿Qué te preocupa?

Creo que la gente que amo, la gente que tengo más cerca, mi familia sobre todo. Eso es lo único que puede quitarme el sueño o preocuparme. Todo lo demás es irrelevante para mí.

Mis seres queridos son fundamentales en mi obra. Siempre hay algo que sale de nuestros vínculos, siempre hay algo que le robo a alguno de ellos: maneras de hablar, detalles, situaciones, cosas que me cuentan. Ese es mi universo.

¿Qué te gustaría hacer en los próximos años?

Películas. Películas y más películas. Hacer películas es un acto de fe. Y cuando eso sucede con una obra, en este caso un filme, es casi una epifanía.

Una película es una parte que se te va. Y que solo vuelve haciendo otra película.

¿Es cierto que tu padre era proyeccionista de cine?

Monaguillo y proyeccionista de cine en una época donde el cine era no solo un arte, sino una artesanía.

En Uruguay, donde nació mi padre, las iglesias cumplen un rol social muy importante ayudando a los más humildes. La imagen de un monaguillo proyectando una película de Buñuel (mi padre lo hizo), ni a los surrealistas se les hubiera antojado cierta.


Adrián Caetano.

Adrián Caetano.


¿Como fue el proceso creativo para llegar a Pizza, birra faso?

Era muy joven. En esa época el impulso te gobierna y tenés todas las energías de un debutante. Fue un proceso complejo y muy placentero. Yo no sabía nada de cómo se financiaba una película, ni lo que era un premio, ni que había que revelar, y mil cosas más. Sabía narrar una historia y quería hacerlo. No era más que eso.

Amo a esa película por todo lo que significó para mí y por el momento en el que se estrenó, no solo el momento sociopolítico del país sino el momento en el que estaba el cine nacional argentino. Tuve la suerte de estar en el lugar justo a la hora justa.

¿Escribes con un coguionista?

No es una fórmula. A veces sí, a veces no.

¿Haces storyboard? ¿Preparas la escena con dibujos?

Lo mismo. No es una fórmula. Depende de la circunstancia y los medios.

¿Crees que existen películas lentas? Lo pregunto porque todas tus obras tienen un ritmo que ayuda mucho a la narración.

No hay cine lento o rápido. Hay cine bueno y malo. Y a la gente le gustan las películas malas y también las buenas. A mí me gustan algunas películas malas y descreo siempre de los premios, que se entregan como si eso legitimara algo más que la visión de unos pocos, puestos a deliberar según sus gustos y pareceres.

¿Qué crees de los festivales de cine?

Nadie puede evaluar una película en quince días de festival. Se necesitan años. Por eso es más un suceso en donde reina la casualidad.



Adrián Caetano.


¿Cómo llegas a la idea de Un oso rojo? ¿Qué pelis te inspiraron para su puesta en escena?

Me metí al cine para hacer un western. Me formé con ese cine en los 70, con los héroes descreídos, desapercibidos, que salvaban un pedazo de mundo en un lugar que nadie conoce. Alguien que hace un poco de justicia en algún tiempo y espacio. Y en ese momento estaba por nacer mi primera hija. Fue conjugar eso. Un oso rojo es una película sencilla. Fue seguir ese norte y ya.

¿Por qué ese actor? La gente que lo conoce me dice que es lo opuesto al personaje, y sin embargo es una maravilla.

El actor fue una fuerte sugerencia de la producción. Viéndolo en la distancia, pienso cada vez más que fue un acierto. Chávez hizo sencillo lo que otro hubiera complejizado.

Crónica de una fuga es una joya. ¿A quién se le ocurrió la idea del tornillo en la boca del protagonista, al final? ¿Cómo fue el rodaje?

El rodaje fue como todo rodaje, y en total fueron dos meses o un poco menos. La película está basada en una historia real. Lo del tornillo sucedió tal cual.

¿Mala está influenciada por el cine de Tarantino?

Mala está influenciada no sé bien por qué. Creo que yo imaginé otra película, diferente a la que quedó. Era una película que necesitaba más dinero del que yo pensé. Y la terminé haciendo con poco dinero. Creo que debería haber esperado un poco más, o bien reconsiderar el guion.

Mala es una película un poco apresurada, y no me refiero a ninguna decisión artística sino absolutamente de presupuesto. Por otro lado, creo que es la película más difícil de entender que he hecho. Me da la sensación de que le escatimé información al espectador.

Hace años que no la veo. Debería volver a verla.



Adrián Caetano.


¿Cómo ves la situación de la industria en Uruguay y Argentina? ¿Dónde te gusta filmar más?

Me gusta trabajar en todos los lugares a donde me lleve esta profesión.

¿Trabajas siempre con el mismo equipo?

No.

¿Qué cosa es La expresión del deseo? ¿Por qué entre 1997 y 2001te mandas a hacer un mediometraje y no un largo?

Eso es algo rarísimo. A fines del siglo pasado, Rockefeller tenia una fundación que le daba dinero a artistas para engrosar su colección privada de arte, que también incluía obras audiovisuales. Lo que te daba Rockefeller era poco dinero para un largometraje (o bien no lo consideré en ese momento). Lo que me maniató fue que era para su colección: imposible comercializarla.

Después de unos años la obra pasó a mis manos, luego de exhibirse solo en salas de cine independientes (algo de lo que, creo, Rockefeller nunca se enteró). Era un mediometraje en blanco y negro. Cuando tuve oportunidad de comercializarlo ya era tarde. Es un gran trabajo del que tengo un gran recuerdo.

¿Cómo ves la situación de búsqueda de fondos?

Siempre es una tarea difícil.

Puerta 7, Apache, Prófugos… ¿Te gusta dirigir series? ¿La relación con los productores de televisión es muy diferente a la relación con los productores de cine?

Es muy diferente. Como para que la respuesta se convierta en una disertación. Todo es diferente. Así como el cine publicitario es diferente de la televisión, y la televisión del cine. Pero todas son espacios donde expresarnos. Es como los libros, los cómics, el anime: son diferentes pero hay un lenguaje transversal, que tiene que ver con narrar historias.



Adrián Caetano.


10 películas que te maten. 10 directores a los que sigues.

Es difícil. Cambio todos los días, conforme pasa el tiempo. Sería cruel elegir solo diez, porque hay algunas que me han marcado y hoy las veo y me parecen muy malas. Y tampoco tengo una línea editorial al respecto. Es difícil hoy de hablar de honestidad cuando hay tanto negocio alrededor del cine. Sucede como en el fútbol. Ahí es donde la fe se pierde y las películas pasan a ser un negocio.

Puedo ir desde Wes Anderson hasta John Carpenter, o desde Godard hasta Glauber Rocha, o de Leonardo Favio a John Huston. Todos ellos son y fueron artesanos del cine.

Perdón, pero te debo esta respuesta completa.

¿Directores de cine uruguayo o argentino que te gusten?

Todos. Aprendo de todos un poco, y cada vez más. Tengo películas favoritas, pero como cambio mis gustos, hoy puede ser una y mañana otra, y sería injusto.

¿Una comida, una bebida, una canción?

Las tres. Y un puro también.

¿Crees en algo?

Soy religioso. El hombre sin religión sería un caos destructivo. Esa religión puede ser una madre, un pensamiento político, una forma de pensar la vida, un artista que hace canciones. Todos necesitan un orden religioso para poder llevar a cabo su trabajo, con sus detalles, de una forma u otra. Sin cielo no hay meta.

Cuando andes por Cuba ya sabes que tienes casa. De hecho, varias casas, porque el piquete del club no te va a dejar ni un minuto a solas. Gracias miles.

¡Gran abrazo!



Adrián Caetano.




Larry Villanueva

Larry Villanueva: “No creo estar listo para regresar a la Isla”

Carlos Lechuga

En los últimos años de la década del noventa, apareció en La Habana una copia en VHS de Azúcar amarga, de León Ichaso. Un clásico instantáneo. No sé cómo entró al país. La gente se la pasaba con un secretismo tremendo. Las actuaciones principales son maravillosas. Hoy me alegra poder hablar con Larry Villanueva, de orilla a orilla.


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