Sweet Smell of Success, la crápula en la jungla de asfalto

Sweet Smell of Success de Otto Preminger (1957), se considera una obra maestra del cine menor (el llamado “B movie”). Se combinan los talentos de Chico Hamilton y Elmer Bernstein para una musicalización de premio. Chico, con su conocido Quinteto, dibuja un Manhattan moderno de fines de los años 50, ácido y acelerado, metrópolis de beatniks, mafiosos y wannabes, todos superpuestos en un cuadro sans glamour expresionista de postguerra estadounidense. El guion afilado de Ernest Lehman y Clifford Odets contrapuntea el pulso neurótico de la batería de Hamilton. Con sabor verité, Preminger nos muestra un Midtown neuyorkino de constante ajetreo y bullicio. El Rush Hour antes que caiga la noche, o después de la misma. 

La historia se repite. Presenciamos un futuro anterior de Fake News avant de los años 60 cuando la televisión competía con la prensa escrita. Época que convulsiona su habitual lista de lacras: el chantaje, el proxenetismo y la cacería de brujas (tan contemporánea). Es aquí que el Quinteto de Hamilton nos regala un jazz convulso y patéticamente sensual. Entre disonancias fílmicas pasamos revista a clubs famosos del distrito teatral de la época: The 21, The Elysian, Toots Shor’s. Nos tropezamos con jazzistas, policías, lúmpenes, prostitutas y mariguaneros, la masa anárquica de la noche citadina. Todavía más tarde, sobre las 2 de la madrugada, escuchamos el clarinete solitario de Paul Horn llevándonos por angostos callejones sin salida, qué más. 

La música que no puedes perderte

“We Speak”

Alfredo Triff

Un tema que suena tan contemporáneo como hace 58 años.

En la jungla del asfalto se dan especímenes como el maligno J.J. Hunsecker (Burt Lancaster) y el taimado Sid Falco (Tony Curtis, acaso en su mejor papel en el cine), el talentoso guitarrista Steve Dallas (Martin Milner) y Susan (Susan Harrison), la inocente hermana de Hunsecker. Una historia de amor se deshace en las manos de Hunsecker y Falco, quienes compiten desde polos opuestos por la medalla del crápula: Hunsecker desde la soberbia y el poder, Falco desde el servilismo a la codicia. Las frases raudas, sopladas por la flauta de Paul Horn y el pespunte virtuoso guitarrístico de Jon Pisano se adosan a ese ambiente de tragedia y decadencia que hallamos en la Medea de Esquilo. Y es que no hay mayor diferencia entre la obra maestra y la obra menor. Lo peor mejora cualquier lugar. 

En la oferta de Spotify, pulsa Goodby Baby, elegía citadina nocturna con Paul Horn al clarinete y Jon Pisano en la guitarra, y la neurótica y deliciosa Cheek to Chico, que reproduce una de las escenas cardinales de la trama, en el club de jazz con Sid Falco y Rita su amante. 


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2 Comments
  1. Por Dios, Triff, La mentira maldita (su título en Cuba, Argentina y México) no es de Otto Preminger, sino de Alexander Mackendrick, el mismo director de El quinteto de la muerte (The Ladykillers), El hombre del traje blanco (The Man in the White Suit) y otras menos conocidas. No hizo mucho cine, menos que Billy Wilder, John Ford o Howard Hawks, pero no es Otto Preminger.
    Please, arregla eso.

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