La estrella fugaz de Korla Pandit

Korla Pandit es pionero de un género musical que, entre los años 50 y mediados de los años 60, permuta calificativos:Trancedance”, “Exotica”, “Tiki”, “Polinesian”. Manifiesta la fascinación de la generación de entre guerras con los ritmos y armonías de un Shangri-La pre-sicodélico e imaginario que tiene de africano, polinesio, inca y mesoamericano.

El género llegó a Cuba bautizado como “Tiki” (en parte por la KonTiki, expedición del etnógrafo noruego Thor Heyerdahl, balsero honoris causa, quien cruzó el Pacífico desde El Callao, Perú, al archipiélago Tuamotu en una balsa, para demostrar que Polinesia había sido poblada por habitantes de la América del Sur).

Una diva que resume la aventura transpacífica de Heyerdahl es Yma Zumac cantando “Karibe Tiki”.

Korla Pandit (tocando el Hammond).

Pandit, por mera asociación del Weltanschauung de la incipiente Guerra Fría, deviene etnógrafo musical décadas antes de ese potaje desabrido de los años 90 llamado World Music, lanzado por David Byrne para su sello LuakaBop.

La Exótica ahora “Tiki”, dejaría huella indeleble en La Habana moderna de los años 50, en el bar restaurante El Polinesio de L y 23 y en el suntuoso Cabaret Tropicana de Max Borges. En efecto, no poco influenció la onda “Tiki” la arquitectura de Morris Lapidus, los muebles de Charles Eames, el diseño gráfico de Alvin Lustig y el cine con el largometraje musical de Joshua Logan, South Pacific (1958).

Pandit en la película “Ed Wood” de Tim Burton.

Pandit, acicalado con turbante blanco y pedrería en el bonete, era dueño de un estilo entre noir y ciencia-ficción que hipnotizaba las amas de casa de la época Macartista (no sospechaban que el extravagante músico era un mulato de Mississippi).

El sonido Pandit es exótico y bizarro (de ahí la admiración que le tienen realizadores bizarros como Tim Burton y David Lynch). Su estética glacial y apolínea recuerda los gustos del dandi des Esseintes, misántropo cínico y perverso en la novela Contra Natura de Huysmans, solo que ahora en lugar de vivir en un castillo en París, nuestro dandi pernocta en la Suite Opalina del Hotel St. Regis en New York. 

El tikijazz de “Felipe Dulzaides y los armónicos”.

Melómanos, escuchen: Korla abre la pieza con sonido Hammond B-3 (a punto para el rock sicodélico en “Con su Blanca Palidez” de Procol Harum) y el Theremin, favorito de compositores de todos los estilos, hasta llegar al cine con el clásico de ciencia-ficción The Day The Earth Stood Still (1951) dirigida por Robert Wise y musicalizada por el genio autista de Bernard Herrmann, y el spaghetti-western de Sergio Leone, Érase una vez en el oeste (1968), musicalizado por Ennio Morricone.

Solo después vendrían los experimentos electro acústicos de Les BaxterconRitual of the Savage (1951), y el innovador Esquivel. Mencionemos a un músico cubano que abordó el sonido Exótica desde el jazz y con mucho gusto: el pianista Felipe Dulzaides y su combo “los armónicos”. 

Yma Zumac, cantando “Karibe Tiki”  (del álbum Hymn to the Sun Virgin).

Hacia finales de los años 50 la estrella de Korla se apagaba, con lo que David Hickey llamó “la novedad asexual del fenómeno Liberace”. 

Durante los años 60 algunos afortunados podían oír el show de Pandit en los pequeños tugurios de la ciudad de Los Ángeles circundando Sunset Boulevard. Luego se lo tragó la anomía, hasta que Tim Burton le dio un último rol estelar en el filme Ed Wood (1994).

Se rumora que fiel a sus raíces, Korla murió en su casa en Santa Rosa, California, vistiendo el impecable sherwani blanco que le acompañara en la fama.

Ennio Morricone: música para Érase una vez en el oeste (1968).

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Alfredo Triff

“Incluso cuando Silences no suena a blues, Adia Victoria se embebe de su espíritu y enfrenta sus demonios sin miedo”. Allison Hussey

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