El tema como personaje en la música de Georges Delerue

Hiroshima mon amour (1959), de Alain Resnais

Hiroshima mon amour es la historia de un amor imposible e ineludible, la nube de horror encerrada en un abrazo. Georges Delerue compone una especie de sinfonieta en cuatro tiempos para un filme que debió ser un documental. (Resnais era experto documentalista. Hiroshima mon amour parte de un encargo para hacer un documental corto sobre la bomba atómica. Resnais decidió que el encargo era imposible).

Para los compositores de la Nouvelle Vague es asunto de estilo crear un tema único y reelaborarlo para la trama y los personajes. La entrada de la película recuerda L’ historie du soldat, con tres narradores y septeto de Stravinsky, música esquemática, fresca y abstracta, urdida para la guerra. 



Le sigue “Dos cuerpos”, una joyita de 1:40 segundos. Humor raveliano de quietud apolínea, típicamente francesa, que nos transporta a la serenidad dolida del Satie de la Gnossienne #3 para piano, o el Ravel del Primer Movimiento del Trío en La Menor. En efecto, Ravel admiraba a Satie y disfrutaba la Sarabanda #1 para piano del segundo. La música tiene sus linajes: Satie compuso la música para el ballet Parade, de Jean Cocteau, fundador del grupo Le Six, al que pertenecía Darius Milhaud, rollizo y prolífico compositor, maestro de Georges Delerue. 











“Lamento de la ciudad” musicaliza una Hiroshima en ruinas en black & white, filtrada por el frío lente de Alain Resnais rastreando la patología del horror. ¿Cómo retrotraer lo que se ha petrificado en el fue? Imagen y música evocando desgracias suprahumanas. 

“Hiroshima, torrentes de miniatura,
flores de oblicuas esmeraldas,
torres de piedra y arena,
música de fondo en el azul del agua” (“Hiroshima”, Eduardo Tedros).


Tirez sur le pianiste (1960), de Jean François Truffaut

“El tema de Charlie” es una simple melodía en tiempo de ragtime a-lo-piano-mécanique (el refrán dice: “la pianola toca sola sola”). 

(El mecanismo neumático de la pianola —o piano mecánico— es abastecido por un grupo de fuelles movidos generalmente por pedales accionados por una persona. Era lo mecánico del instrumento lo que apelaba a la vanguardia. Paul Hindemith e Igor Stravinsky compusieron música para pianola). 



La vida es un ragtime (la palabra significa síncopa), es decir, el síncope en la vida del protagonista, Eduard Saroyan, alias Charlie Kohler. Sucede que el primero quiso ser el segundo; cuando lo fue dio un traspié. 

La canción “Framboise”, con letra y música de Bobby Lapointe, es típica de los arrabales de la Rive gauche parisina de principios del siglo XX. Cantada por el robusto Lapointe (en personaje) es juguete de aliteración tan selecto, que Truffaut subtitula la canción en la lengua original.

Para los fans que lo seguían en el cabaré Le Cheval d’Or en París, Lapointe era conocido como “el poeta del retruécano”. Tanta era su fama de calamburista que la prensa lo apodó “cantante francés con subtítulos”. Aquí un ejemplo de retruécano lapointeano:

Elle s’appelait Françoise / Mais on l’appelait Framboise!
Une idée de l’adjudant / Qui en avait très peu, pourtant,
(des idées)…
Elle nous servait à boire / Dans un bled du Maine-et-Loire;
Mais ce n’était pas Madelon / Elle avait un autre nom,
Et puis d’abord pas question / De lui prendre le menton…
D’ailleurs elle était d’Antibes!
Quelle avanie! / Avanie et Framboise / Sont les mamelles du Destin!



Calambur aparte, la canción de Lapointe es prima, en estilo, de la deliciosa “Boum” de Charles Trenet, obligado acetato de 78 r.p.m. para cualquier tocadiscos parisino de los años 40 del siglo XX: 

Boum,
Quand notre cœur fait boum,
Tout avec lui dit boum,
Et c’est l’amour qui s’éveille. 

“La Suite” es un ejemplo de tradición gustativa francesa con Rameau, Berlioz, Bizet y Chabrier. 



Jules et Jim (1962), de François Truffaut

Se ha dicho que Georges Delerue es a Truffaut lo que Nino Rota es a Fellini. En la colaboración de ambos para Jules et Jim queda demostrado. “Apertura” es un tributo a Offenbach, maestro francoalemán de la Opéra Comique, adorado por el populacho y despreciado por compositores serios del momento, como Camille Saint-Saëns.



“Le Tourbillon de la vie”, con letra de Serge Rezvani (secretamente escrita para Jeanne Moreau) es una canción entre cantada y conversada:  

Elle avait des yeux, des yeux d’opale / Qui me fascinaient, qui me fascinaient / Y avait l’ovale de son visage pâle / De femme fatale qui m’fut fatal / De femme fatale qui m’fut fatal. 

Al comienzo de la canción, vemos a Jim (Casanova de pelo negro) concentrado en el rostro de Catherine (Jeanne Moreau). La cámara de Truffaut se ensimisma: parece una niña, con el pelo castaño recogido en una cola de caballo, suéter a rayas y falda blanca. Cuando la cámara vuelve al rostro, aparecen ojeras premonitorias bajo los ojos negros. Catherine es una desquiciada y el torbellino de la música de Rezvani la retrata.  



“Vacances” es un tema nostálgico en forma de vals musette, para orquesta y clavicémbalo. Hay diferencias entre la música hollywoodense y la música del Nouvelle Vague. La primera es accesorio dramático incidental; la segunda elabora el tema como personaje central. Es difícil olvidar los temas de películas francesas de los años 60 como Le samurái, (1967, Francois de Roubaix), Vivir por vivir, (1967, Francis Lai), El ejército de las sombras (1969, Éric Demarsan), Las cosas de la vida (1970, Philippe Sarde) y otros muchos. 



Le Mepris (1963), de Jean-Luc Godard

El “Tema de Camille” y su ampulosa orquestación nos recuerda el clasicismo de Bernard Herrmann en Vertigo (Hitchcock, 1958), recurso dramático que Max Steiner llamara “schmaltzsuspense” y que empleara en Now Voyager (Irving Rapper, 1942), filme que le ganó su segundo Oscar. Presenciamos la secuencia de Camille (Brigitte Bardot) y Prokosch (Jack Palance), en la villa de este último, justo al ser interrumpidos por la llegada de Paul (Michel Piccoli), quien parece no darse cuenta de que su relación con Camille ha terminado. A cada pregunta aparentemente inocente de Paul, Camille responde con una evasiva cada vez más evidente. 



Ahí es donde Georges Delerue nos regala una música cargada de suspenso, tristeza y desengaño. No en balde la edición de Godard de esta escena es materia requerida en las escuelas de cine. Es un clásico ejemplo de mise-en-scène en el cine de Godard; a partir de ahora no cabrán dudas: la indiferencia de Brigitte hacia Paul se tornará repulsión. Georges Delerue, el dramaturgo de la música demuestra cómo un simple leitmotiv puede llenar el ámbito emocional de todo un filme. 

Si eres francófilo y cinéfilo combinados, sabrás que la música de Mepris tiene que haber influenciado, siete años más tarde, a otro compositor del cine francés, Philippe Sarde, en la partitura para Les choses de la vie (Paul Guimard, 1970), otro filme protagonizado por Piccoli. 





Nat Chediak, un apasionado de la música - Alfredo Triff

Nat Chediak, un apasionado de la música

Alfredo Triff

Nuestro entrevistado presenta un currículo difícil de superar: autor de un diccionario de la música latina, responsable junto a Fernando Trueba de la reaparición de Bebo Valdés, codueño de la marca discográfica Calle 54, ganador de 6 Grammys, fundador y exdirector del Miami Film Festival y director de programación del Coral Gables Cinema.


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