Paʼ la gente de la caliente: Roast Battle

Hay quien se va hasta atrás con tremenda facilidad: gente inflamable, con destrezas significativas para armar un onaona a las menos cuartos. También hay quien no comprende que los ultimátum del “palo seguro”, o el edicto “a quien se tire lo voy a matar”, son patologías sociales de conflicto pretéritas, normas de confrontación inoperantes. Tan o más anodinos que los acuerdos de paz eternos o la ideología cuasi distópica de los neopacifistas.   

Ahora bien, la archiconocida doctrina “1+1=0” de Neumann (Destrucción Mutua Asegurada, o MAD), describe una situación de confrontación entre dos entes opuestos que podría resultar en la completa aniquilación de ambos si interviene un arma de destrucción masiva. En efecto, cuando se es consciente de que el único resultado posible de un conflicto es la aniquilación de las dos partes, los ímpetus belicistas son moderados hasta el extremo de desaparecer. 

En otras palabras: la probadera de fuerza pierde relevancia; se disuade cualquier hostilidad abierta contra la potencia adversaria.  

Probablemente la resolución más suculenta entre los teóricos del conflicto (luego del gran impacto bélico del siglo XX), fuera el reconocimiento de la funcionalidad de este. Salvando sus potencialidades destructivas y desintegradoras, una situación de confrontación entre dos o más entes provoca innovaciones y cambios positivos.

Toda esta muela teoricista en torno a la fajazón, pasa por alto la reyerta de interés mediático y su consiguiente efectividad propagandística, gane o pierda alguna de las partes. Para que se me entienda: hago referencia a las batallas encaminadas al entretenimiento. No caben aquí los enfrentamientos deportivos, sino la tiradera banal, el litigio trash y underground, el careo al estilo Baby Lores & Insurrecto.  


Paʼ la gente de la caliente: Roast Battle - Lesstúpida Cubana & Paolo De Aguacate

Ese tipo de cruzada está siendo más relevante a nivel popular desde la llegada de YouTube y su formato Roast Battle Roast Yourself (asarse en una batalla / asarse a sí mismo). Un evento en el cual dos adversarios (dedicados o no a la misma profesión) se sacan sutilmente “trapitos sucios”, como si de peleas de gallos se tratara. 

Todo un acto crítico de revisión mutua. Ahí nadie se juega la paz mundial, nadie es responsable del destino de una nación, o de sus derechos humanos. No existen bombas nucleares ni pesticidas mortales. Solo críticas constructivas y lacerantes en torno al desempeño profesional, las destrezas individuales, los logros y fracasos de cada contrincante.

Son, acaso, tecnobatallitas o beef entre personalidades no gubernamentales, celebridades televisivas o de la web (incluso de poca envergadura). Micropleitos que solo transcienden en los marcos de pequeñas sociedades de fans y seguidores a un culto particular. 

Entiéndase entonces el fenómeno: la arena de este tipo de gladiadores contemporáneos subyace en los comentarios de fan pages, cuentas de Instagram y Facebook, Twitter y YouTube. 

Es todo un acto de democracia para nosotros, los mortales de esta Tierra: podemos obrar como diletantes digitales e intercambiar golpes verbales entre nosotros mismos, sobre un tema que nos apasiona. Eso sí, con cierta pericia. 

Piénsese por ejemplo en la labor de Alex Otaola, quien —con un registro corriente— desenvaina oportunamente chismes, entreteje conflictos y promociona criterios opuestos entre una gama de artistas de la comunidad cubano-miamense. O sea, estamos en presencia de un producto orgánico, pero de baja factura. 


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Todo ese bello barullo me viene dejando, desde hace algún tiempo, muy sedienta. 

No encuentro un producto nacional de calidad constante y acorde a la materia battle roast; un producto, en definitiva, cercano a mis complacencias intelectuales y camorristas. No hallo resumido en scrolls ningún conflicto beligerante que llame mi atención y sepa desajustarse del mal invariable de nuestra política nacional y el eterno conflicto del bloqueo imperialista. Ese ya me tiene hasta las trancas. 

Sin embargo, Paolo y yo somos gente de armas tomar. Nosotros le “ponemos el pecho a las balas”. Por eso hemos pensado en edificar —cuidando el linaje— un battle field en nuestro Megalodón semanal. Un repositorio que sirva para invitar a algunos amigos-enemigos del ámbito artístico cubano under & roof, docto en cómo desatar con fineza el férreo y conflictivo pesticida que se diluye —a manera de pencas pullitas— en algunos perfiles personales. 

Bretes que se pierden entre memes y contenido menos sustanciosos, y que trascienden poco, ya sea por la carencia visual o gramatical. Algunos pleitos que pasaste por alto y tal vez eran de tu interés; pleitos deliciosos entre críticos, artistas visuales, curadores, músicos, diseñadores, astrólogos, influencers todos del entramado creativo cubano. 

¡Qué rico otorgarle una tarimita de ajustes pendientes a unas cuantas causas!  


Paʼ la gente de la caliente: Roast Battle - Lesstúpida Cubana & Paolo De Aguacate

Vaya, al menos a algunas de las que no han sido propiamente abordadas. Se nos antojan —aunque no estén oficialmente pactadas— “salseos amistosos” de buena gama, modo Luisma vs. Rancaño o Jorge Peré vs. Andrés Isaac Santana.

Pero claro, esto solo será posible si los adversarios lo permiten. Así que iniciamos con un proceso abierto de colaboración en MegaTiburón vs. PulgoGigante: dejamos aquí una convocatoria al gremio para que comparta, en nuestro espacio, cuidando el formato Roast Battle, alguna riñita sustanciosa. 

Déjanos tu propuesta y contáctanos vía e-mail: [email protected] o [email protected].

O simplemente escríbenos algunas de nuestras redes sociales @less_de_lesseo / @paolo_de_insta.

Si te pierdes, donguorry. Te encontramos. 

A ti y a tu arroz con mango.





Un TikTok cubano es posible - Lesstúpida Cubana & Paolo De Aguacate

Un TikTok cubano es posible

Lesstúpida Cubana & Paolo De Aguacate

Vaticino en TikTok un campo fértil para la politiquería; algo que hasta ahora no se ha explorado, al menos en la Isla. Imagino miles de playbacks con consignas de nuestro Comandante, desplegadas como si de pop soundtrack se tratara. ¿Por qué no? Un desplegar de lemas, versos martianos y sonoridad combativa en toda la plataforma.


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