Las Iyá Oní Ifá. ¿Mujeres babalawos en Cuba?

La Revolución Cubana fue un proyecto ateísta, con una ideología institucionalizada, que se desarrolló como una religión política. Dentro de ese sistema de dogmas, solo era posible adorar a una entidad: Fidel Castro.

“El partido es inmortal”, afirmaba una vieja consigna. De este modo se sincretizaba el materialismo científico con el mesianismo del máximo líder. El comandante repartía panes y peces, adivinaba el futuro y hasta hacía “milagros.” En torno al dictador se creó un culto que prohibió y persiguió otro tipo de creencias. A los Testigos de Jehová, por ejemplo, se les acusó de ser agentes de la CIA y fueron enviados a campos de trabajo forzado. Las religiones de origen africano fueron analogadas con la ignorancia, la brujería y la criminalidad. Mucha gente tuvo que esconder los santos y simular que en sus vidas no cabía otra doctrina que la del marxismo-leninismo.

Cuando cayó el muro de Berlín, se desintegró la Unión Soviética, se dolarizó la economía, y el régimen cubano se quedó sin respuestas a la crisis de la década de 1990, las religiones de origen africano se convirtieron en el refugio espiritual de mucha gente. Víctor Betancourt es un sacerdote de Ifá (babalawo), que ha recibido a miles de personas buscando ayuda y solución a sus problemas. En su casa, en La Habana Vieja, fundó el templo Ifá Ìranlówo, que funciona además como un centro de investigación.

Betancourt ha estudiado la lingüística, la filosofía y la liturgia yoruba como pocos. Es considerado un transgresor dentro de la comunidad religiosa porque, entre otras cosas, desarrolló un proyecto con mujeres a las que consagró como Iyá Oní Ifá y les enseñó muchos de los secretos del sistema de adivinación de los babalawos, hasta entonces reservado a los hombres.

En 2006, tuve la oportunidad de conocerlo y de entrevistarlo en varias ocasiones. Durante meses, pude documentar algunas ceremonias y hablar con otros religiosos. Comparto con los lectores de Fiebre de Archivo una parte de aquellas conversaciones. Incluyo, además, pequeños fragmentos testimoniales de dos mujeres que fueron consagradas como Iyá Oní Ifá. Por cuestiones éticas he decidido omitir algunas fotos que tomé en las ceremonias durante el trabajo de campo.


Abel Sierra Madero

Cartel de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) que prohíbe a los practicantes arrojar ofrendas o desechos de las limpiezas (egbó) en lugares públicos. Foto tomada por el autor en la Quinta de los Molinos en La Habana. 2007.


¿Cuándo fue tu primer contacto con las religiones de origen africano?

En 1963 recibí los guerreros. De mis seis hermanos, el que siempre participó en todo lo de la santería fui yo. Mi familia por parte de madre, sí; por parte de padre no querían saber nada de esto, nada. Desde los siete años, a las actividades religiosas me llevaban mi abuela, mi tía y mi padrino, el difunto Alberto Álvarez, Arocha (Ení Oshún). Él me dejaba entrar al cuarto de santo, me colaba, y me empecé a desarrollar. Por el problema del asma, desde chiquito me decían que tenía que hacer santo pa’ que se me quitara.[1]

En el año 1971 me rayé en Palo y me hice ngueyo; en 1972, con Julián González, me hice tata nganga.[2] Como decía mi padrino: lo que abunda no daña. La gente se aferra a cualquier cosa, sobre todo el cubano. Tienen un hijo enfermo y vienen a ver a un babalawo, y le dan los guerreros. Pero en la esquina, se encontró a un espiritista que le manda un recogimiento, y ponen una bóveda espiritual.[3] Si hay que rayarse se raya, se agarra a cualquier cosa, el lío es salvarse.

En 1974 me hice medio asiento de santo, recibí Olokun. El 14 de febrero 1981 me hice santo, Yemayá. Ahí comencé como oriaté, tirando el caracol, a liderar santo. El 1 de noviembre de 1985 me hice Ifá.

Esas ceremonias son caras. ¿Cuánto costaba hacerse santo en ese tiempo?

En ese momento me costó 7000 pesos. Mis animales en Madruga costaron 501 pesos: los chivos se podían coger en treinta pesos; las palomas, tres por diez pesos; las gallinas a diez, a doce pesos. Mi padrino me cobró 1300 pesos de derecho, cuando hoy la casa más humilde te cobra 12.000; anda por 25.000 el derecho. Yo tenía buen salario, era mecánico gráfico y jefe de brigada de lo que en aquel tiempo se conocía como DOR: Dirección y Organización Revolucionaria, y que después fue el Comité de Propaganda del Comité Central del Partido Comunista.


Víctor Betancourt

El sacerdote de Ifá Víctor Betancourt durante una entrevista con el autor, celebrada en La Habana. Septiembre de 2006.


En aquellos años las religiones estaban prácticamente prohibidas. ¿No tuviste problemas por tus creencias?

A finales de los 70 yo andaba con mis iddés y mis collares y un crucifijo grandísimo en el pecho, y una vez me llamaron para señalarme sobre los collares. Querían captarme para las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC); pero no podía, por ser religioso.[4] Yo le dije que, como mismo él estaba orgulloso de ser militante del Partido, yo estaba orgulloso de ser religioso; que como mismo él ostentaba su carné, yo ostentaba mis collares. Yo era rebelde en esa época, los santos nunca los escondí, porque entendía que mi religión no iba, ni irá nunca, en contra de los principios de la Revolución.

Yo nací en la calle Sitios No. 9, y cuando fundaron Alamar, para acabar con la marginalidad y los solares aquí en La Habana, no se podía ir con santo. Y mi abuela dijo: “Pues yo me quedo aquí, que es donde he vivido siempre, sigo en mi cuartico”. Muchos religiosos escondieron sus santos; otros, los botaron. Yo no sé si fue por orientaciones del gobierno o por la interpretación que le dieron. Sí te puedo asegurar que los religiosos estuvimos sujetos a muchas presiones, a veces inaguantables. Había que pedir un permiso a la policía treinta días antes de celebrar una iniciación. Otras veces, con permiso y todo, nos molestaban constantemente. En medio de una iniciación venía un carro patrullero, nos tocaban a la puerta y todos estábamos en tensión. A veces, los que estaban ahí pensaban que la policía venía por algún delito cometido por alguno de nosotros; era una presión, un asedio constante. Eso provocaba que muchos santeros se fueran en medio de las ceremonias.

Eso lo sufrimos nosotros, fuimos víctimas de extremistas y de personas prejuiciosas. Llevar un iddé podía ser un estigma, te paraban constantemente en la calle y, a veces, me sentí verdaderamente maltratado. Hay un babalawo, Aníbal Argüelles, que escribió un libro muy interesante titulado Cultos sincréticos, en el que cuenta cómo en aquella época se equiparó al babalawo, al santero, con el delincuente. Para la sociedad todos caíamos en el mismo saco; un estereotipo que se creó. Un tipo con collares era considerado un bandido, pero el tipo con una guayabera, tres tabacos en el bolsillo y tres plumas, era un hombre de bien, decente.

Eso comenzó a cambiar en la década del 80; pero algo queda todavía en el corazón de la gente. Fíjate si es así, que nosotros iniciamos recientemente a una mujer. Se llama Bertila; ella se hizo Iyá Oní Ifá en Matanzas, y trabajaba en el Comité Provincial del Partido. Es una buena trabajadora, religiosa, y la acaban de botar del Partido y del trabajo, y la razón que le dieron es que no lo comunicó, y eso que pidió vacaciones. Eso no tiene nada que ver con lo que se dijo en el Congreso del Partido. Los extremistas siguen tomando decisiones.[5]


Víctor Betancourt y Abel Sierra Madero

El sacerdote de Ifá Víctor Betancourt y Abel Sierra Madero durante una entrevista celebrada en La Habana. Septiembre de 2006.


Debido a la presión política la gente empezó a esconder los santos

Lo que yo hice con mi hijo, de hacerle Ifá, estaba prohibido por el gobierno: a los niños no se les podía mezclar con la religión. Si los de los CDR iban a investigar a uno por un trabajo, o por una beca en Checoslovaquia, o en la Unión Soviética, y veían el Eleguá, el tipo decía: “No, eso no es mío, es de mi abuela”. Las abuelitas, pobres abuelitas, que recibieron toda la culpa y se les achacaron los santos.

Entonces, en la década del 90, cuando se produjo la explosión religiosa, resulta que los nietos tenían un montón de años de santos y entonces mencionaban a las abuelas constantemente, para reafirmarse y empezar a vivir de la edad religiosa y el prestigio de las abuelas. Y antes las regañaban, porque llenaban la casa de flores o tocaban la campana y decían: “No toques más la campana a Oshún, que aquí al lado está el Comité y me vas a perjudicar, me van a negar la carrera o me van a botar del trabajo”. Ahí nacieron las famosas cajitas, el mueblecito pa’ meter a Eleguá atrás de la puerta y ocultarlo. Eso ha influido de tal manera que la gente va a coger los guerreros y lleva la cajita; a mí me da mucha gracia.

Acabas de mencionar un término que ha sido problemático entre la comunidad de las religiones de origen africano en Cuba. Háblame un poco de la historia de las Iyá Oní Ifá o mujeres babalawos, como se les conoce popularmente.

El concepto Iyá Oní Ifá comienza a socializarse en 1985, cuando a una judía le hicieron Ifá en Estados Unidos. Ella es la primera Iyá Oní Ifá en América. Hubo que sacar a la mujer del local por una ventana, esconderla, porque la comunidad religiosa cubana radicada en Estados Unidos quería lincharla. Pese a que la iniciación se llevó hasta el final, no fue reconocida, y la mujer fue despreciada. Ese evento tuvo una repercusión muy grande, incluso en la prensa.

A raíz de eso, empezaron a llegar a Cuba las fotos de la iniciación. Algunos pasos se publicaron en una revista. Por supuesto, las cosas que podían salir a la luz pública para dar veracidad del hecho. A partir de eso nuestro grupo se comenzó a interesar por la incorporación de la mujer y comenzamos a realizar indagaciones e investigaciones. A través de algunos ahijados míos, marineros, que han estado en África, confirmamos que sí, que el tema Iyá Oní Ifá era una realidad.

Mis investigaciones dentro de la religión, en Matanzas sobre todo, me habían aportado indicios de que durante los tiempos de la trata y la esclavitud habían entrado a Cuba mujeres con cierto rango: las llamadas princesas, que tenían conocimientos especiales de Ifá, y a las que se les compró la libertad inmediatamente. Esas mujeres les dictaron Ifá a muchos babalawos.

El término Iyá Oní Ifá no aparece en los textos yorubas antiguos, porque es un concepto moderno: Iyá: mujer, Oní: que posee Ifá. Apetebí no es lo mismo que Iyá Oní Ifá; incluso, la mujer en Nigeria que es esposa de un babalawo ya se considera apetebí, pero, por ejemplo, en Cuba, la apetebí es la que recibe el Kofá de Orula. En Nigeria, aunque no esté iniciada, la esposa de un babalawo ya es apetebí.


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¿Qué impide, desde el punto de vista teológico o litúrgico, que una mujer pueda ser Iyá Oní Ifá?

Cuando uno domina la parte conceptual, o sea, en qué consiste hacerse Ifá, uno se da cuenta de que sí es posible hacer Ifá a una mujer, bajo las características que se hace. Yo le he preguntado a babalawos por qué no se puede hacer Ifá a una mujer, y no saben dar una explicación conceptual sobre eso. No pueden explicar siquiera por qué ellos mismo se hicieron babalawos. Se hacen babalawos para consultar y hacer dinero; pero no te saben explicar por qué la mujer no puede estar ahí.

La preocupación fundamental es sobre quién pela la gallina. Lo de ellos es tirar la cadena y han aprendido que son los hombres y no las mujeres [quienes lo hacen].[6] No saben nada desde el punto de vista esotérico, litúrgico. Así lo vieron de sus abuelos y nada más, no saben el porqué de las cosas. Esotéricamente no hay nada que excluya a la mujer de iniciarse en Ifá, filosóficamente nuestros antepasados no plasmaron nada que fuera en contra de eso.

Pese a que estábamos convencidos, hicimos una bajada de Ifá, bajo la ley suprema de Olorum Adoko Ímbere; en definitiva, al sol es al primero que se le pregunta todavía, y el supremo, el que está allá arriba, dijo que sí, que no había ningún problema, que no violamos ningún paso. Primero hicimos un concilio de babalawos de nuestro grupo, y así empezamos en el año 2000, con mi esposa Nidia, y con la otra madre de mis hijos, María.

Esas iniciaciones se hicieron con los pocos elementos que tenía. Hay muchas diferencias entre esas iniciaciones y las que estamos haciendo ahora. Han venido africanos que nos han instruido mucho en estas cuestiones. Vi una serie de cosas que en Cuba se habían perdido. Ahora las ceremonias tienen más lucidez y profundidad.

El proyecto de las Iyá Oní Ifá te ha traído muchos problemas. ¿Cómo empezó todo?

En el año 1987 yo hice comentarios entre babalawos sobre lo que luego sería el proyecto Iyá Oní Ifá, y muchos de ellos, incluso amigos míos, se alarmaron. Se me creó un caos y un chisme, y pospongo ese tema hasta el año 2000. Las iniciaciones de Nidia y María se hicieron privadamente. En esa época hicimos también las primeras Geledes, que son brujas africanas; tampoco las hemos dado a conocer, fundamentalmente por lo ocurrido con las Iyá Oní Ifá. Hemos hecho Olokun directo, mucha gente le tienen miedo, porque dicen que la ceremonia es peligrosa y se pueden morir.


una de las mujeres iniciadas como Iyá Oní Ifá.

Foto tomada por el autor, durante el trabajo de campo, a una de las mujeres iniciadas como Iyá Oní Ifá. La Habana, octubre de 2006.


El problema se forma en el 2004, después de la iniciación de Alba Marina Portal, cuando uno de sus amigos presentó las fotos y el video en la Asociación Cultural Yoruba. Se formó un lío tremendo, me querían linchar; pero ya todo ha pasado y ellas están ahí.

En esta religión hay secretos y secretos, el babalawo lleno de prejuicios o desconocedor de las raíces y los fundamentos puede catalogar todo como oculto, como secreto. Quien conoce bien esto sabe que, por ejemplo, el aprendizaje del ekuele no es secreto, porque desde el momento en que el aleyo, el profano, entra al espacio religioso, se consulta, le mandas un egbó (limpieza) y sacrificas un pollo delante de sus ojos, ya empieza a tener conocimiento.

¿Qué puede hacer una Iyá Oní Ifá, y qué no?

La Iyá Oní Ifá trasciende esos secretos y el conocimiento. Los secretos no están en lo que se vea hacer; el secreto de esta religión está en por qué se hace. También puede consultar, puede tirar la cadena, lo único que se le prohíbe es ser la madrina de un babalawo o de otra Iyá Oní Ifá. Ella no debería espiritualmente engendrar, no debería; porque eso sí pudiera afectar gravemente su naturaleza humana, volver a engendrar. Es por un conflicto que existe entre la mujer y el Creador, porque el Creador creó a los seres humanos y la mujer lo igualó. Ahí hay un conflicto y un desafío al Creador. El Creador hizo a los seres humanos con Akitán Ilé bosakon, barro de la laguna, le sopló el aliento divino, emí, y la persona salió andando.

La Iyá Oní Ifá puede llegar hasta donde la apetebí no llegará nunca sin hacer Ifá. La apetebí sirve la mesa, aguanta el gallo, lava Ifá y otras cosas. No debe sacrificar animales; no porque esté prohibido, sino porque le puede hacer daño a su naturaleza humana. Solo debe hacerse en momentos coyunturales, no debe hacerse habitual. Todo el mundo sabe que se rapa la cabeza, y no puedes evitar que eso se sepa, pero la fundamentación esotérica y litúrgica de eso es lo que, en realidad, constituye un secreto; ahí es donde está el secreto. Muchas veces el mismo babalawo que está rapando la cabeza de un iniciado, no sabe ni siquiera por qué: es una reproducción mecánica, algo que aprendió a hacer, pero hasta ahí; de ahí en fuera no sabe más nada.


una de las mujeres iniciadas como Iyá Oní Ifá.

Foto tomada por el autor, durante el trabajo de campo, a una de las mujeres iniciadas como Iyá Oní Ifá. La Habana, octubre de 2006.


Pero el poder de los hombres en esta religión es bastante reciente. En la década de 1950 y 1960, por ejemplo, la historia era muy diferente.

Aquí el poder lo tenían las mujeres. Como te conté, en 1963 yo recibí los guerreros aquí, en la calle Sitios, entre San Nicolás y Manrique. Fue con mi primer padrino, Félix Quesada. Me llevó mi abuela Asunción, y Félix consultaba una persona al mes. Era un babalawo reconocido por sus conocimientos, vivía en el solarcito, en un cuartico muy pobre. Sin embargo, había muchas santeras en esta zona: Mercedes Martínez, Cuca Odúa, santeras que tenían mucho poder, una casa grande; había una afluencia tremenda de religiosos y personas que iban a verlas con frecuencia.

Antes era más común ir a consultarse a casa de una mujer que a casa de un babalawo; el babalawo era una figura extraña. No tengo referencia de que esas mujeres tiraran la cadena, pero sí tenían protagonismo. Las deidades las daban ellas, y ahora muchas de esas deidades las dan los babalawos. Eso ha creado polémica, conflictos entre babalawos y santeros, y ha dividido la religión. Los babalawos empezaron a robarse espacios que realmente no les competen. Dan Olokun de babalawo, dan Orishaoko de babalawo; pero el que tenga un poco de sentido común sabe que hay una sola divinidad: Olokun es una sola divinidad.

El dinero también ha provocado la multiplicación de santos. Cuando el extranjero viene a hacerse santo, además de las maletas y el equipaje, debe contratar un contenedor para poder llevarse la cantidad de santos que se dan en Cuba; porque es doble ahora, es increíble, parece que se han creado dos divinidades.

Yo siento también que el turismo religioso, la crisis económica, han distorsionado o contaminado la religión…

Hay que ser humilde, porque Orula nunca fue rico, pero hasta ahí. Humildad, pero sin pobreza. Esta religión te saca de la pobreza y te convierte en un hombre humilde; no rico, pero tampoco pobre. Dentro de la religión eso no se ha entendido. Tengo muchos ahijados; pero de Ifá, dieciséis nada más, porque es la marca sagrada. Ahijados míos que quieren y que pueden hacer Ifá, yo busco otros babalawos que se los hagan. Yo terminé con dieciséis, porque Orúnmila tuvo dieciséis discípulos, y yo respeto. De mano de Orula pasan de mil, pero no tengo la cifra exacta.

El ámbito religioso cubano ha tomado matices equivocados, porque se esparce pero no crece. El auge es beneficioso, porque cada día hay más adeptos, y ya la religión toma otro tono. Es muy bueno que crezca, pero con conocimiento. Dentro de la religión hay una nueva generación que tiene también conocimiento, pero le falta la conciencia religiosa. Aquí a las personas que vienen a consultarse por problemas de enfermedad no se les cobra nada, sea rico o sea pobre, cubano o pobre, y las obras que se hacen para ayudarlos tampoco se cobran…

¿Existen diferencias entre el ritual de iniciación que se le hace a un practicante cubano y el que se le hace a un extranjero?

Cuando se le va a hacer un santo a un cubano, uno busca lo esencial. Un cubano sabe que dentro de la comida, en la festividad, no debe faltar la harina, el bacalao, el tasajo; esta religión potencializa mucho las comidas que hayan sido secadas antes, desangradas. Llegó el turismo religioso y se formó el despelote. He visto a babalawos pidiendo langosta y camarones a un extranjero.

En la parte litúrgica también se están haciendo barbaridades, ceremonias que llevan siete días las hacen en dos. Extranjeros que vienen por dos días y quieren hacerse santo, porque se consultaron cuando llegaron y les dijeron que obligatoriamente tenían que hacerse santo. Ese babalawo no lo deja ir, no corre el riesgo de perderlo, entonces le hacen el santo en un día: se violan pasos y ceremonias previas.

En las ceremonias de un cubano, los santeros salen muy contentos con cobrar 60 pesos de derecho; pero si es un yuma, ya 60 pesos no le agradan a nadie, ya quieren 60 fulas (dólares); se disgustan. Es por eso que a los extranjeros no se les cobra igual, porque me puedo buscar un problema. Por eso hay casas religiosas que hacen santos a extranjeros.

A mí me hicieron el cuento de una española que fue a consultarse a casa de una santera que, cuando se montó con el muerto, creo que Francisco, le dijo que quería un televisor: “¡Mira cómo está el televisor de mi caballo, hay que ir a la shoping [sic] ahí; pero un Sony, dice mi caballo que un Sony!”. La española ignorante fue a buscar el Sony.[7]

¿Cómo ves la conexión entre la religión y la política?

A Fidel [Castro] se le hizo una consulta en esta casa para ver el estado de salud, y salió con Ogunda Begdé, que es un signo que te habla de la sucesión de un gobierno, pero más bien del peligro que podía traer para Cuba esa transición. La gente, sus temores y dudas sobre lo que va a pasar. Entonces hicimos un tambor y un sacrificio, queríamos hacer algo por él, pa’ que no se muera. Le dije a la prensa que le iba a hacer un tambor a Obatalá y un sacrificio a Olokun.

El tambor a Obatalá, que no es la divinidad de la paz, pero influye sobre la paz para aplacar la ira de ambas partes: la de allá y la de aquí, al dominar todas las cabezas; él puede aplacar las cosas. El sacrificio a Olokun, porque él es el único que puede prohibir que entre el mal del lado de acá. Dueño de los mares: si mañana la flota norteamericana decide invadir, Olokun se los come como si fuera un pastelito. Los hombres no pueden contra la fuerza norteamericana, pero Olokun sí. Pueden atacar por aire, que el viento, un ciclón, no sé, los envuelve y los tira contra el mar. Cuando se le da de comer a Olokun, que se le dio de todo, porque el mar se lo traga todo… se tragó al Titanic, así que se puede tragar todo…, estábamos buscando una barrera protectora. Hicimos la ceremonia en la playa del chivo, en la entrada de la bahía.

Ante esa situación crítica, política y social, el babalawo tiene que hacer algo, según los mandamientos de Ifá. Si ikú (la muerte) viniera a buscar a Fidel, Olokun no va a dejar que el ejército norteamericano entre en Cuba. Eso le corresponde solamente a los cubanos, resolver esa situación. A lo mejor alguien rogó o le puso un adimú (ofrenda) a Eleguá, pero las puertas del país es Okun, el mar; si hay caos hay que asegurar las puertas, y las puertas de un país con costas como este, es Olokun. En ese momento, ¿a qué se dedicó el país? A cambiar bombillos y calderos, refrigeradores, pero descuidaron las puertas, se olvidaron de la puerta. Eso fue el día 8 de agosto de 2006; actuamos muy rápido.

¿Cómo ves el proceso de institucionalización de la religión? Me refiero sobre todo a la creación del Centro Cultural Yoruba, que es manejado por el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido…

Creo que fue lo más inteligente, ese espacio. La Sociedad es una muy buena idea, es la manera que han encontrado para restablecer o resarcir los errores que se cometieron en los años anteriores: que ese espacio exista como espacio de concilio y diálogo.

¿Cuál es el fundamento de la ceremonia de iniciación? ¿En qué consiste hacerse santo?

La iniciación del santo es una resurrección. Cuando alguien tiene demasiados problemas en su vida, que no avanza… Te lo explico con el caso de un ahijado mío. Él tenía una vida con muchos problemas, no avanzaba: mala suerte, problemas en todos los trabajos que tenía. Se fue de la línea de su destino. ¿Qué vamos a hacer? Decidimos matarlo; matamos a Bárbaro, buscamos una madre y buscamos a alguien que represente al Creador, y volvimos a hacerlo. Ahí entra a ocupar su lugar la iyálo oricha, la madrina, y entra el obbá. Se rapa, lleno de sangre como nace un niño (iyabó), sin pelo, con un nuevo nombre y relato de vida. ¿Cómo tiene que vivir esa nueva vida? Ese es el objetivo del santo.

¿Las mujeres son discriminadas en estas religiones?

Las mujeres son excluidas y limitadas en nuestra religión, aunque muchos religiosos digan lo contrario, y aunque muchas mujeres ni se den cuenta de ello. Las funciones que tienen las mujeres hoy en la religión son prácticamente las de una esclava doméstica del tiempo de la colonia. Y las esclavas le decían a sus hijos: “Mira qué negro parejero este, negro no usaba zapatos, ¿negro con papel y lápiz? Si negro no sabe escribir”.

Muchas santeras viejas critican a otras por no usar delantal. Se piensan que conocen bien y actúan bien en la religión, porque saben servir una mesa o saben preparar bien un cuarto de santo, o porque cocinan los animales como es, o los descuartizan. Lo único que saben es tender una cama o cocinar para el señorito. He visto criticar a santeras porque no usan el delantal, y hacer comentarios muy fuertes sobre ellas, incluso poner en duda su integridad religiosa. Mi mujer le canta canciones a Eggun, le reza a todos los santos, sabe adivinar, sabe de todo; pero no la consideran una santera verdadera. Ellas mismas aceptan su propia discriminación.

¿Son discriminados o rechazados los homosexuales en la Regla de Òşà o Santería?

Yo diría que no, creo que al contrario: han ganado mucha popularidad dentro de la Santería. En la década del 80 sí eran discriminados, incluso muchos babalawos no les daban siquiera la Mano de Orula. Tenían las leyes, leyes que inventaron ellos, y argumentaban que Ifá dice que al homosexual no se le puede dar nada.

Yo tuve la visita de muchos que venían a consultarse y me pedían hablar en privado antes de la consulta: “El problema, pa’ que usted no vaya a pensar mal de mí, o que lo adivine por otra vía, o antes que se lo digan los santos, yo soy afeminado. Yo quería, si puede ser, coger los guerreros y la Mano de Orula”. Yo le di entrada a muchos.

Los homosexuales ahora han ganado mucho espacio y todo el mundo se tira en el piso delante de sus pies. En otros espacios, muchas veces tienen que esconder su realidad. Ellos adivinan a través del caracol, del dilogún; con el caracol, con el elkuele no pueden andar, porque eso es propio de los babalawos.


Entrada del cuarto sagrado

Entrada del cuarto sagrado donde se producen las iniciaciones y ceremonias religiosas. Foto tomada por el autor durante el trabajo de campo. La Habana, diciembre de 2006.


¿Pero por qué no pueden ser babalawos?

Porque Obatalá, que fue el creador de los seres humanos, lo hizo con Yenmú, su esposa, y entre ambos hicieron la creación, que es de donde viene el semen. Un obbá que te va a hacer nacer y que no tiene las características de la creación, no puede hacer santo. A los homosexuales se les priva de eso, porque no tienen ese ashé. Son afectados por el documento, aunque Ifá no se pronuncia contra los homosexuales. Tengo muchos amigos homosexuales que van a las iniciaciones conmigo… Ah, pero no me pueden atravesar la puerta o la cortina de donde se está trabajando. A veces me han dicho: qué pasa, olúo, fulano pasó; y entonces les tengo que explicar que fulano es hombre y ellos, no.

Yo tuve un amigo que yo pensé que me iba a atacar, porque yo impedí que se hiciera Ifá, porque era homosexual. Se estaba preparando todo, por un babalawo en la calle Manrique. Cuando me enteré —ya se le había repartido el dinero a la gente, los animales estaban comprados—, le dije al babalawo que el muchacho era homosexual. Él no lo podía creer, y me preguntó si yo estaba preparado para decírselo en su cara. Yo estuve de acuerdo: sí, cómo no. Le dijeron que no, bajó su cabeza, recogieron el dinero, todo se le devolvió, y se fue pa’ México.

Hay babalawos que le han hecho Ifá a muchos homosexuales, sobre todo a extranjeros. Esto no se puede estar diciendo, porque ha creado problemas.

Al que es homosexual, yo le he dado la posibilidad de que venga con su compromiso y hasta les he dado consejos cuando tienen problemas de pareja. Me han pedido que los ayude: “Padrino, habla con él porque me quiere dejar”. Yo he intermediado entre ellos para que resuelvan sus cosas. Les he dado la posibilidad de contar sus intimidades para recibir consejos.


Mario prepara el ashé

Mario prepara el ashé después de los sacrificios de los animales que se utilizaron en una ceremonia de iniciación. Foto tomada por el autor durante el trabajo de campo. La Habana, diciembre de 2006.


Los yorubas, nuestros antepasados, no están de acuerdo con el sexo desmedido, ni siquiera en los hombres, porque no contribuye a la creación. Antes no se veía a un homosexual consultando o bailando un tambor. Ahora lo que es significativo es que, en una fiesta o en un tambor, los que se montan son ellos. Yo creo, sin exageración, que hace diez años —y yo voy a tambores todos los años— que no veo a un hombre montarse; a mujeres sí, pero muy poquitas. Aparte, han cogido fama y se contratan. Parece que hay una empresa establecida, incluso hay que hacer cola, porque tienen mucha demanda. Fulano, que es muy famoso, se monta con Eleguá; mengano, ¿tú quieres montar un buen tambor?: contrata a aquel, que tiene tarjetica de presentación y todo.

Ellos dominan en el ámbito religioso nuestro, la posesión de santos. Ya no buscan a Fernandina, que bajaba Obatalá que era una maravilla. Ahora son ellos, y la verdad es que, cuando viene ese Obatalá, el mensaje que trae es realmente profético. Eso es un espectáculo, eso es actual y moderno, consultan en el espiritismo.

Mi padrino era homosexual; se llamaba Alberto Álvarez Arocha, Ení Oshún, que Dios lo tenga en la santa gloria, Igbayé Oní Igbayén Tonú, y nunca fue bailador de tambor, sino un Oriaté de respeto. Decir Albertico en La Habana y en Matanzas, cuida’o, mucho cuida’o. Nunca lo vi con un hombre; yo viví en su casa con mi señora hace muchos años, porque no teníamos donde vivir, y siempre fue muy respetuoso. Él tenía como veintitantos ahijados, mujeres y hombres, y no sé por qué decía que él no le hacía santo a ningún homosexual. A Faustino, él le tiró un cubo de agua en la puerta y lo botó, y Faustino, ahorita, va a cumplir cuarenta años de santo. Ha sido un misterio para todos nosotros.

La base de esta religión es el ashé, la capacidad para engendrar, por eso los yorubas tienen tantos hijos: la riqueza se basa en la prole. La gente se piensa que son hijos de los santos, y eso no es así. Los denominativos eran oní u oló, alá Aggayú, por ejemplo. Omó es un término moderno que significa hijo; pero es que la gente son poseedores, no hijos. Yo soy hijo de Zoraida, yo lo que estoy iniciado en Òşà con Yemayá.

Pero esa aproximación hacia los homosexuales es algo cubano, ¿no?  En Nigeria, por ejemplo, que es de donde proviene esta religión, el concepto de homosexualismo no existe. Es un concepto occidental.

Los yorubas sí contemplan el concepto de homosexualismo, aunque Wande Ambimbola, en su libro Ifá enmendará nuestro mundo roto, diga que no. Él tiene un criterio, pero no es cierto. Los yorubas les pusieron addoddis. Tiene un común denominativo: a (quien) ddo (hacen contacto sexual) y di (culo); desde que era un niño yo lo he visto. Alakuatás (persona que ejerce algo desconocido), raro. Si hay una palabra es porque está contemplado, quiere decir que sí existe. Cuando Ivor Miller le hizo la entrevista a Wande sobre la homosexualidad, este fue muy conservador; por eso a nivel académico se ha pensado que los yorubas no contemplaron la homosexualidad. Addo endoko undo obó (sexo vaginal) no es por el culo. 

El tablero de Orula es el vientre materno, con todo lo que se hace ahí. Nosotros trabajamos con semillas, semen, ikín. Cuando el babalawo está até fando, la tefa es como un proceso de creación. Entonces, si tú eres una persona que no tienes el ashé para tener ese contacto con una mujer, no tienes nada que hacer ahí.

Con la mujer es diferente. No se sienta porque no le hace falta. Ella tiene un tablero en la barriga. Los babalawos pedimos permiso a una mujer para que nos deje hacer eso. Cuando vamos a hacer Ifá tenemos ahí a orisha oddu que creamos aquí en Cuba, es Olofi. Nosotros adoramos a una mujer, como todas las religiones africanas. No es que la mujer no pueda, es que le está faltando el respeto a los mismos que le otorgaron ese poder de la creación.

En ese sentido los hombres somos incompletos: nos falta ese poder que a ellas les fue concedido por el Supremo. Podemos contribuir, pero no podemos engendrar biológicamente. Por eso es que hacemos Ifá, para suplir esa falta y poder engendrar; por lo menos, espiritualmente. He ahí la gran confusión y el desconocimiento de muchos babalawos de ese fundamento, que no saben en realidad el porqué de esas cosas.

Desde afuera, para el aleyo (neófito), eso puede ser visto como una limitación, o como discriminación, cuando en realidad no es así. De ahí nuestro reformismo. La mujer no puede estar relegada: al culto le falta algo. Vemos que en Cuba se adora a Yemayá y no hay pescado; se adora a Orishaoko y hay problemas con la agricultura; en un país donde hay tantos Orishaoko, es para que la agricultura fuera muy buena. 

Háblame un poco de esa deidad, Orishaoko, que es de las menos conocidas dentro del panteón yoruba. No entre los religiosos, pero sí en la cultura popular en general.

Orishaoko en sus inicios era el dios del pene: oko significa pene; y solo pertenecían a este gremio las mujeres que tenían problemas para parir. Luego, en los propios pueblos africanos, se comienza a adorar como el dios de la agricultura. Campo sembrado se le pone oko, se representa con un bastón forrado de cuentas, y simboliza un pene. Es una pinga forrada de caracoles, y dos cocos en su base.

Los hombres no deben recibir Orishaoko, no pueden recibir pene, porque se convierten en maricones. Las mujeres son las que tienen que adorar el pene, tocarle la campana al pene pa’ que se pare. Por eso hay muchos homosexuales en esta religión, porque adoran a Orishaoko. Tiene doble representación en este momento: como pene y como agricultura. En África las mujeres son las únicas que siembran, los hombres están excluidos.

¿Pero en esta religión no hay deidades andróginas que desestabilizan un poco el sistema de género y sexo establecido? Inle es una de ellas…

En el caso de Erinle —que aquí le pusieron Inle—, se dice que es andrógino, porque tiene doble faceta: como cazador y como médico o curandería. Pero es que las divinidades yorubas tuvieron estas características, porque la naturaleza no es totalmente masculina o femenina. Cuando adoramos Shangó, cuando se representa al Oshé de Shangó, se representa con dos senos. Las divinidades que hoy conocemos como masculinas, en África tienen senos, para dar ese carácter andrógino que no tiene que ver con la homosexualidad ni mucho menos, sino que es para que el dios se autocomplemente genéricamente.

Oloddumare, el Supremo, hizo a Obatalá y a Yenmú él solo. Esto no se puede confundir a partir de que hay ya una clasificación de género. Oloddumare fue el que estableció el género. Obatalá y Yenmú se unieron y tuvieron a Aggayú y a Yemayá, quienes dieron lugar a Orungán, quien, cuando creció, violó a Yemayá, y a esta el vientre se le inflamó por haber sido violada por su hijo.

¿Cuántas deidades conforman el panteón yoruba?

A Cuba entraron 24 fundamentales, que son a las que se les toca el tambor ceremonial. Después se fueron adicionando otras. Pero el panteón yoruba tiene muchas divinidades. Yo conozco 80.

¿Qué crees de un libro como El Monte, de Lydia Cabrera?

A mí ese libro me defraudó, y pienso que ha deformado la religiosidad cubana. Muchos santeros lo tienen como libro de texto, como la Biblia, y ahí hay muchas cosas que no son así. Como material docente es interesante, pero hasta ahí.

Ella hace el libro en una época en que había un hermetismo muy grande en esta religión. En aquella época esta entrevista hubiera sido casi imposible: posiblemente me hubieran quitado el Ifá. Estaba prohibido revelar intimidades de la religión. Los que daban entrevistas tergiversaban lo que decían a los investigadores. Por una botella de ron hablaban lo que era y lo que no era. Eso pasó con Lydia Cabrera. Con Natalia Bolívar, también pasó. Antes de hacer Los Orishas en Cuba, en mi casa religiosa, ella fue a investigar a donde se estaba haciendo un Itutu al que era padrino de su marido, Eduardo Pedroso, babá Iboribó. Yo estuve presente en el momento de esa entrevista, y de esto hace como 20 años.

Como la religión estuvo prohibida y hubo un vacío en la literatura, cuando se legalizó, prácticamente la única bibliografía que existía era el libro de Lydia Cabrera. Ella quiso hacerle aportes al folclor cubano, y yo no soy quien para criticar su libro; pero como religioso de cuna, con el sentimiento que me envuelve y me inspira para trabajar e investigar en la religión, para mí es un libro destructivo.

No se debe hablar de cosas cuando no se puede trascender al mariguó, la cortina que separa los secretos de los secretos. Cuando se va a hacer un libro testimonial sobre los religiosos, hay que tener mucho cuidado, porque puede confundir y crear polémicas entre los propios religiosos. He tenido discusiones con algunos que se formaron leyendo a Lydia Cabrera; ese fue su texto fundamental, y el mío fue el de mi abuelo Ilá Oyún, y ahí empezamos a discutir.

A mí lo que me interesa son esos papeles viejos que se están rompiendo: de mi abuelo, de Albertico, de Liberato, no Lydia Cabrera ni na’ de eso; tampoco, ninguna libreta de santo. Resulta que ahora todo el mundo tiene libretas de santo. Eso es incierto. Las libretas[8] de santos son de Itá o, y muchos investigadores se han confundido sobre eso: aquí todo era oral. Gracias a Miguel Febles Padrón, Oddiká, fue que se empezó a escribir en la etapa de la Revolución.


Testimonios de dos mujeres iniciadas como Iyá Oní Ifá:

Alba Marina Portal Elías

Tengo treinta y siete años y soy venezolana.[9] Soy licenciada en Derecho y en Enfermería. Yo llegué a Santiago de Cuba en el año 1983, a pagar una promesa a la Virgen de la Caridad del Cobre. Vine el 8 de septiembre de ese año y dieron una misa espectacular. Se sentó al lado mío una mujer negra, gorda. Allí me consagré con una santera llamada María Celeste Ramírez, que aún vive. Cuando me dieron el Obofakán o el Kofá de Orula, como le dicen aquí, Orula dijo que yo soy hija de Oshún. Algo me jaló de Venezuela a esta isla maravillosa.


Alba Marina Portal,

El autor junto a Alba Marina Portal, la primera mujer iniciada como Iyá Oní Ifá en el templo Ifá Ìranlówo. Foto tomada por el autor durante el trabajo de campo. La Habana, octubre de 2006.


Hace diez años me fui a Matanzas, al templo Otura Di, con mi padrino Ernesto, Oshé Omo Olúo, a seguir profundizando en la santería. En el 2000 ya sentía que debía dar otros pasos que, en Cuba, a las mujeres no se les permitían. Yo me iba a ir a Nigeria a hacer Iyá oní Ifá; pero gracias a Dios y a todos los santos conocí a Víctor Betancourt, Omolofaoro Ogunda Kuanayé.

Yo, como mujer, sentía que mi camino no podía terminar como una santera más, o como una apetebí. Las lógicas me decían que las mujeres no solo pueden servir mesas, rogar una cabeza o zumbar un coco. En esta religión todo salió de la mujer, cómo va a ser que no se pueda andar con ikines, atefar, hacer un ebbó, andar con el ekuele; esas cosas yo no las entendía.

Las Iyá Oní Ifá existieron en Cuba, pero aquí las escondieron. Por eso dije, en algún momento, que iba a llenar La Habana de Iyá Oní Ifá. Mientras yo exista, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para eso. Yo vine con el signo Obe Bara, es un signo hecho pa’ mí. Acabo de fundar el templo Ifá Iranlowo de Caracas. Todavía siento mucha oposición por parte de muchos religiosos. A las mujeres las van a seguir discriminando todos aquellos que no conozcan verdaderamente los odduns de Ifá. Uno de los que más me atacó, a través de correos, fue Frank Obeché: me decía que yo a los dieciséis días iba a estar muerta.

Yo como mujer tengo Ifá en la mano, tengo mis ikines y mi tablero, mi ekuele, tengo el mismo derecho que un babalawo; solo que tengo una cortina transparente que yo sé que no debo pasar, o sea, a Odu, que en Cuba le dicen Olofin. Porque lo que yo voy a encontrar ahí, ya yo lo tengo, no lo necesito; es como un muro invisible.

Babalawos somos todos, tanto hombres como mujeres; pero a los siete años, en Cuba, los babalawos reciben Olofin y pasan a ser olúos; yo nunca voy a poder ser un olúo, porque soy mujer. Yo no te puedo parir, no te puedo hacer Ifá; yo te llevo a casa de mi padrino y colaboro en la iniciación. No puedo rapar una cabecita yo solita, esa es la gran diferencia. Aquí hay mucha ignorancia sobre el tema. No soy feminista, soy femenina, y las mujeres tenemos derecho a ver nuestro propio destino.

Ya te digo, cada vez que yo entre a Cuba nacerá una Iyá Oní Ifá. El tabú de la menstruación es una gran ignorancia; si supieran que ahí está uno de nuestros mayores secretos. Yo cuando empecé esta lucha me juré en Gelede, las brujas de la noche, soy Iyá Mi Ochorongá. No han podido ni van a poder conmigo.


Nidia

Yo antes de hacer Iyánifá, era apetebí. Siempre he ayudado a mi marido, que es babalawo.[10] La apetebí es la que atiende al babalawo. Atenderlo en los plantes, cocinar, servir la mesa; ese era el trabajo que yo hacía. Aquí en las ceremonias, en los plantes, la mujer ocupa el mismo lugar que ocupa en la casa. Los hombres están adaptados a eso, a que la mujer es la que cocina, la que sirve la mesa, y esa serie de cosas.

En nuestro grupo religioso, Víctor ha tratado de cambiar la situación de discriminación de la mujer: en nuestras ceremonias yo lavaba a Ifá, le daba coco a Orula, sin ser Iyanifá todavía [sic]. Algunos babalawos lo aceptaron, otros no. El cubano es machista. La mayoría de los babalawos son prepotentes y tienen la idea de que las mujeres deben servirle. A mí nunca me gustó servir una mesa, porque me sentía una esclava. Yo he visto a las apetebíes al lado de la mesa donde se sientan a comer, como unas criadas, pendientes de lo que les falta, si alguno quiere más. Entonces, la sobremesa: aquel hablando de un signo, el otro diciendo cualquier cosa, y la mujer sin abrir la boca, parada en la parte de atrás; eso a mí siempre me cayó muy mal. Yo sirvo en mi casa, en mi casa yo hago todos los papeles.

Muchos hombres no han aceptado esto, porque ven como una competencia con una mujer en el cuarto de santo haciendo lo mismo que ellos, dándole coco y cantándole a Orula. A la hora de comer, nosotras nos sentamos en la misma mesa que ellos, ¿y ahí quién sirve? O como le oí decir a un babalawo: ¿quién pela entonces los pollos? Si nosotras trabajamos a la par de ellos en el cuarto de santo, ellos pueden pelar los pollos, igualito. A mucha gente eso le preocupa mucho. Algunos hombres tampoco soportan que una tenga un poco de conocimiento; eso va a ser muy difícil de cambiar, todavía tienen que pasar muchos años.

Todavía hay gente que no cree que yo sea Iyanifá. Yo soy aceptada como Iyanifá en mi círculo religioso por los babalawos y los santeros que trabajan el santo con nosotros [sic]. Aspiro a que un día las mujeres puedan hacer lo mismo que los hombres, sin ningún problema; que yo pueda sentarme en la estera a consultar a quien venga, sin temor ni preocupación ninguna. Por eso estamos luchando. Ahora yo lo puedo hacer en mi casa. No lo he hecho aún, pero sé que hay personas que confían en mí. No lo hago, porque respeto a mi marido y a mi hijo como hombres. Si están ellos, no hay ninguna necesidad. Pero si se da una situación, una problemática que se le presente a un ahijado y ahí no hay nadie, yo lo hago. Y sé que lo va a aceptar sin ningún problema. Para que acepten sin ningún problema que la mujer tire cadena, va a tener que pasar mucho tiempo.

La santería se ha vuelto una fábrica de hacer santos, es tirar yaboses pa’ la calle y tira y tira. Hasta las prisiones están llenas de iyabós. Y ahí se ve que algo está funcionando mal, porque ¿cómo alguien que tiene hecho santo va a estar preso? Uno va a la plaza, al mercado de Cuatro Caminos, y uno ve quince o veinte paqueticos diarios de los que botan los iyabós al séptimo día del santo. Es una fábrica, porque el orgullo de muchos santeros y babalawos es decir que tienen cincuenta santos hechos. Hoy cualquiera tiene hecho santo. Los babalawos recién consagrados a la semana ya tienen ahijados, ya quieren plantar. Quieren recuperar el dinero que costó el Ifá o el santo y quitarle al otro lo que te quitaron a ti; es una cadena. Lo ven como una inversión, no como un acto de fe.




Notas:
[1] El recibimiento de los guerreros es una ceremonia de iniciación de la religión yoruba. Al iniciado se le entregan las deidades Eleguá, Ochosi, Ogún y Osún. A esta ceremonia también se le conoce como “Mano de Orula” y se diferencia por género. La de los hombres se conoce como awofaka y a la de las mujeres como ikofa o Kofá.
[2] El Palo Monte, Mayombe o Congo es una religión de origen bantú. El ngueyo es el hijo menor de la nganga (prenda) que es como se conoce a un espacio consagrado con tierra, palos, restos humanos y otros objetos. Cada prenda está dedicada a un espíritu o nkisi. El Tata Nganga es un sacerdote de esta religión. A la ceremonia de iniciación en Palo se le conoce como “Rayamiento”.
[3] El babalawo es un sacerdote que maneja el sistema adivinatorio de Ifá, cuya máxima representación es Orúnmila u Orula, el orisha de la sabiduría, conocedor del pasado, el presente y el futuro.
[4] Con el nombre de iddé se conoce a un collar consagrado por un sacerdote de Ifá o babalawo. Está compuesto de cuentas verdes y amarillas, los colores de Orula, y representa el pacto con la muerte de esta deidad yoruba. El quiebre o ruptura del collar significa un mal presagio.
[5] Se refiere a Bertila James Jiménez, a quien tuve también la posibilidad de entrevistar.
[6] La cadena o ekuele es un dispositivo fundamental en el sistema de adivinación de Ifá. Solo puede ser usada por los babalawos o sacerdotes de Ifá.
[7] Con el nombre de “shoping” se conoce en Cuba a las tiendas en dólares. Viene del inglés, “shopping” y significa comprar o ir de tiendas. 
[8] Con el nombre de Itá se conoce a una ceremonia de adivinación en la que los sacerdotes de Ifá o babalawos, basados en el oráculo de Orula, le otorgan al iniciado una serie de consejos y profecías que lo acompañarán por el resto de su vida.  
[9] Fragmentos de una entrevista audiograbada del autor a Alba Marina Portal, La Habana, 2 de diciembre de 2006.
[10] Fragmentos de una entrevista audiograbada del autor a el 15 de noviembre de 2006. Se omite el apellido a pedido de la entrevistada.




Ana Maria Simo

Ana María Simo: “Cuba es dolorosa. Trato de no verla”

Abel Sierra Madero

Sentí la represión creciente del régimen como revolucionaria radical, que era como yo me definía. La homofobia me pareció retrógrada, catastrófica para el país entero. Sin embargo, la represión que sentí desde que tuve uso de razón, fue por ser mujer. Lo viví de niña, de adolescente, y de joven adulta. Hasta que me fui del país.


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