Sincronismos de primavera

¿La isla como celda: castigo más purgatorio? Nada que recomendar. ¿Libros quizás, para apartar los ojos del desmadre? O para aceptar una de las versiones del desarraigo y verla como lo que es: el secuestro de lo cubano. ¿Hay invitaciones a leer?

Algunas. Muy pocas. Mejor así.

Desarraigo es volatilización.

Un tipo universal de escritura del yo.

1. 



2. 

El negrero, de Lino Novás Calvo. Búscalo. Hay varias ediciones. Novás dice que es una biografía novelada. Se comprende bien, cuando lees el libro, por qué la ficción no hace más que enfatizar la construcción de un héroe satánico: a byronic hero, por así llamarle. Un español traficante de negros. Hay testimonios diversos: J. G. Stedman y sus escritos sobre la trata negrera y la vida en Surinam, y los diarios del capitán Theodore Canot. 



3.

Ahora que mucho se habla del racismo, se comprende de inmediato que es un fenómeno siempre real por muy exagerados que puedan ser sus reclamos. Y por más que su activismo se contenga en la búsqueda de indicios, temiendo acusaciones de extremismo sectario, siempre aparecen las marcas. El racismo es un rizoma que se hunde en la piel y llega a las vísceras. Y en cualquier caso se trataría de un racismo “líquido”: sus expresiones se escurren por todas partes. 



4. 

Cuando Antonio Marichalar le sugiere a Novás escribir la biografía de Pedro Blanco Fernández de Trava, el famoso capitán negrero, ni el propio Marichalar ni el entonces muy joven Novás tenían idea de lo que iba a producirse no ya en 1933, cuando aparece el texto, sino antes, precisamente mientras era escrito irrefrenablemente en la biblioteca del Ateneo de Madrid, en tres meses de pasmo, sobre la base de una investigación que pretendía recrear la historia de la piratería. Novás estaba dándole forma a una individualidad extrañísima, donde el racismo se mezclaba con la pasión más lóbrega y vehemente, el desarraigo y la idea del mundo como una interminable serie de episodios de sobrevivencia.



5. 

Cerca de donde antes se cogía la lanchita de Regla, tras merodear por allí cuando se me hacía tarde al salir del Palacio del Segundo Cabo —sede del Instituto Cubano del Libro—, había un negro de guayabera azul y medallas incomprensibles que iba contando, sentado cerquita del agua oleaginosa, qué barcos salían de la bahía y qué barcos entraban. Era un hablador escueto, no se demoraba en detalles, no había una sintaxis ni una predicación ni un sentido. Todo era como un informe de cosas en forma de inventario: colores, formas, banderas, chimeneas, tamaños y horas. Usaba un viejo reloj de bolsillo y de vez en vez acariciaba el lomo de un perro sucio al que llamaba Napoleón.



6. 

Al escribir alguna vez sobre el epos cubano y la “blandura” que se instala en la cotidianidad, Novás no observa en Cuba más que una ausencia de “grandes hechos”, reservados en todo caso a un siglo (el XIX) donde hubo resistencias, guerras y heroísmo. Lo que vino después fue la consolidación de una especie de “estación de paso”, ideal para refugiados e inmigrantes. Lino Novás: gallego él. Procedía de Grañas do Sor. 



7. 

Mi abuela estaba muy cerca, en Asturias. Había nacido en 1900, tres años antes que Novás. Llegó a Cuba con 17 años en el mismo barco donde se enamoró de mi abuelo, un panadero. Huían de la guerra. De la pobreza. Huían del desastre y se refugiaron en un país que no mucho después sería eso mismo: un desastre. Traía algo de dinero, algo de ropa y un abrecartas de marfil con la imagen de la Virgen de Covadonga.



8. 

(Digresión. Hay un jazz clásico donde el piano es príncipe absoluto, desde Jelly Roll Morton hasta Don Shirley, o desde Art Tatum y Thelonious Monk a Herbie Hancock.

Los pianistas negros de la historia del jazz son los mejores.

Si quieres piano y jazz, escúchalos. Ellos son. Y si quieres sentimiento ahí está la guitarra del blues).



9. 

Es necesario colocar en el ángulo de visión correcto las contribuciones de esa novela-embrión, ese texto protoplasmático que es El negrero. Especie de sinfonía cosmopolita, de estructura a veces torpe y brillante, de resolución parca y locuaz, ejerce sobre lo que se conocería luego como realismo mágico y lo real maravilloso un padrinazgo estilístico único. Trae a la literatura en español una materia de índole incoativa, tributaria de un orbe caótico y aún crudo. 



10. 

Extasiada y plural resulta en Novás la percepción del negro y la Trata Negrera, observados desde un sujeto extravagante e insondable, desde la historia (una historia que es factografía de lo maravilloso, compendio de lo exótico, recuento de lo mágico y enumeración de lo sobrenatural) y desde un presente signado por una americanidad caribeña y universalmente integrativa, anómala, inestable. El resultado de este aprendizaje se aprecia en un polimorfismo que obliga a Novás a acomodar las palabras en una sintaxis como de sierpe inquieta y cuya eufonía está llena de contrastes.



11. 

El negro de guayabera azul y medallas incomprensibles sigue en la Avenida del Puerto, donde aún se oye en rumor de las velas y el crujir de los norayes rozando contra las bitas de fierro. El puerto de La Habana: crucero de tiempos y espacios, de lenguas e historias. Ahí, al puerto, llegaba un colosal enjambre de narraciones sobresaltadas acerca del pasmo que el mundo produce. La Habana más viva era entonces extramural y cosmopolita. Si uno se acerca a ese hombre que describe barcos reales y fantasmáticos, que enumera gallardetes y mascarones y traza rutas reales e imaginarias, podrá ver en sus ojos que en otra vida quizás haya conocido a Pedro Blanco, hombre vil y romántico, incestuoso y saturado de dolores y silencios, entregado al mal y a la pasión irrestricta de un amor prohibido.



12. 

El negro de guayabera azul sabe que el racismo no es una definición donde cuadre el oscuro ardor de crueldades y delirios de Pedro Blanco. En la isla alcanzó a tener un ingenio azucarero. En África fue contable e hizo prosperar un negocio de venta de negros y negras (hizo crecer un harén de fama internacional), y se transformó en experto en empalmes y escogencias de pieles (disponía de varios tumbaderos adonde le gustaba ir a diario para rectificar y afinar su efusión), aparte de poseer a su servicio un pequeño ejército de marineros y ayudantes. Fue proveedor de esclavos con destino a Brasil, el Caribe continental y los Estados Unidos. Era representado por varias personas del negocio en diferentes partes del mundo y se dice que tenía cinco o seis cuentas bancarias. Se enriqueció de forma brutal.



13. 

De acuerdo con Víctor A. Gómez, el capitán Pedro Blanco no fue discreto en su impúdica y rumbosa vida sexual habanera. Era audaz, indetenible, cruel, imaginativo y al parecer ejercía un morbo demoníaco, capaz de ocasionar espanto y rechazo. Según se ha dicho, Novás Calvo invistió a Pedro Blanco de los poderes del Satán de Milton, pero acercándolo al molde romántico del héroe al estilo de Lord Byron. No cabe duda de que estamos en presencia de una extremada y feroz investidura, pero todo indica que en su gran mayoría los hechos del capitán Blanco fueron reales, incluido su presumible fin en la locura.



14. 

Una cita crucial, perteneciente a las primeras páginas de El negrero. “Lo que él (Pedro) buscaba era la narración objetiva de los hechos de aquel gran hombre llamado Napoleone. Y esto no podía encontrarlo. Narrar, y objetivamente, no lo sabía hacer nadie entonces. Todos se sentían sujetos y líricos”. ¿Acaso ha cambiado mucho, en nuestra época, lo que esa extraordinaria afirmación revela?



15. 

La Habana se incendia disminuida por la mezquindad, lo atroz, la Historia, las emociones y los paisajes humanos asociados a la insularidad y los fieros ejercicios del poder. ¿Adónde te fuiste, Pedro Blanco Fernández de Trava? 




La Habana

En el tronco de un árbol

Alberto Garrandés

Oigan, en el presente de ahora mismo, el sonido de las motosierras. Son varias. “¡Corta, corta, corta, corta!”, parece que gritan. Entre amenazas de muerte y astillas que saltan, uno ve gorriones, lagartijas, mariposas y otros animales que huyen. ¿Adónde? A donde sea.





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