Carta abierta al cine(cito) cubano

Queridos… Queridas…

Podría haber intercalado la @ en un solo querer, pero soy indiferente al lenguaje inclusivo, y parece que así será.

Pero ese no es el asunto por el que les escribo.

Primero les voy a contar un sueño que tuve anoche:

Soñé que Reinaldo Arenas no había muerto. Rey, como lo llamaban cariñosamente, había sobrevivido al virus de la inmunodeficiencia. Cogió calma y no se suicidó en 1990. Se sintió estimulado por la caída del Muro de Berlín. Por alguna razón, su organismo resistió. No corrió la suerte de Félix y Severo. Luego de Antes que anochezca, no volvió a escribir prosa. Pudo vivir de los derechos de autor de su obra anterior. Escribió un par de poemarios y se dedicó a dar entrevistas, conferencias, a ser consultor en asuntos literarios y de política en torno a Cuba, a viajar. A ejercitar su vanidad, en definitiva… También obtuvo el Premio Cervantes y se abrió una cuenta de Twitter en 2013, para celebrar sus 70 años.

El caso es que en el sueño sucedía una polémica, a través de las redes, entre Reinaldo Arenas y Antón Arrufat. No recuerdo si estuvo involucrada Hypermedia Magazine, La Jiribilla, el Miami Herald o el Times de Nueva York, además de lo que se movía en Twitter y Facebook. Eso no es importante. El caso era que Arrufat había hecho una ponencia en un evento al que Arenas no fue invitado, y había hablado de la censura en Cuba poniendo solamente los ejemplos de Eduardo Heras León y de él mismo. Arenas se puso como una fiera y fue bastante venenoso; Arrufat fue más moderado al inicio, pero terminó atacando también desde el punto de vista personal.

Se sumaron a la polémica, a favor de uno o del otro, bastantes escritores, intelectuales y artistas, desde Cuba y desde el exilio, además de los internautas satos. Todo giró en torno a quién había sido más censurado, cuál había hecho más por el otro y cuál de los dos había aportado más a la literatura cubana

En ese momento desperté. Me di una ducha y me reí como poseso.

Les cuento este sueño porque, además de haberme hecho muy feliz (no por el chanchullo, sino por lo de que Reinaldo Arenas estuviese vivo, y que todos pudiésemos asistir a su decadencia), me hizo pensar en todos los debates de los últimos tiempos: el de Art Crónica, el de Wilfredo Prieto, el de El rostro de los días, y el del cine independiente (o no independiente, o casi).


Carta abierta al cine(cito) cubano - Julio Llopiz-Casal

© Julio Llópiz-Casal: “Superación subtitulada”. Intervención en el espacio, casete VHS.


Los debates son muy importantes, vengan como vengan. Los tonos, los argumentos, las posturas, son responsabilidad de cada cual. Y denominarlo “debate”, “chanchullo” o “cochambre”, siempre va a depender de un juicio subjetivo, duélale a quien le duela, piense lo que piense Fulano, Mengano, el MINCULT, el MININT, la UNEAC, la ANAP, la Iglesia Católica, Somos +, Cuba Decide y un largo etcétera que le da la vuelta a la Manzana de Gómez (o al Hotel…, como prefiráis).

Este reciente debate, intercambio, gimnasia matutina, guerrilla… a raíz de la entrevista a Claudia Calviño publicada en OnCuba News, me ha hecho pensar en dos cosas más.

La primera es eso de si Facebook es un solar. Normalmente me parece que esa es una idea que solo puede estar en la cabeza de gente demasiado sensible o conservadora, que prefiere las posibilidades comunicativas de la época analógica, cuando la emisión de contenido (el que fuera) pasaba inevitablemente por un Consejo Editorial en toda regla, por un censor que actuaba sin regla alguna y por un control absoluto del poder sobre todos, absolutamente todos, los medios de difusión.

También están las personas de buen corazón que se abruman tanto con lo que se genera en Facebook, en torno a cualquier discusión, que desearían desaparecer con tal de no verse obligados a procesar tantas cosas desagradables… A mí también me pasa a veces, aunque mucho menos, y vivo dudando si tengo buen corazón.

Pero en general, he terminado entendiendo qué es lo que sucede en las cabecitas de quienes piensan en Facebook como un solar, y estoy de acuerdo con que Facebook es un solar, pero de manera distinta.

En Cuba, los solares los creó el General Máximo Gómez Báez. Eso dicen, y no me importa si es verdad; lo importante es la metáfora que les propongo. Cuentan que, en sus últimos años, Gómez se encontraba bastante abrumado por la cantidad de cartas que recibía de viudas de combatientes de la guerra, sobre todo de las pobres. Muchas de estas mujeres le escribían al Generalísimo para decirle que eran viudas del teniente (o capitán, o soldado) Esperancejo Pérez, un hombre valiente que había dado su vida por la independencia de Cuba, y que ellas y sus hijos habían quedado desamparados, azotados por la pobreza y sin tener donde vivir.

Le escribían al viejo pidiéndole ayuda al respecto, como ven.

Cuentan que al veterano se le ocurrió, un buen día, con las mejores intenciones del mundo, proponer a varias de estas viudas una sola vivienda. Como estas familias, numerosas como les digo, estaban en una situación extrema y no tenían más opción, agarraban la oferta y habitaban esa casa. Se la repartían, modificaban lo necesario, a su manera, con su cultura, su educación, su religión, sus tradiciones, sus prejuicios, sus odios, su amor, sus deseos de superación, y otro largo etcétera que le da la vuelta a la manzana acaramelada.

Facebook es un solar así. Los usuarios somos muchos y habitamos un espacio virtual que parece vasto, pero no lo es tanto. Como en los solares, hay escaseces, “problemas con el agua”, fricción con el vecino…

Las hostilidades a veces son solapadas; otras veces manifiestas. A veces un grupo quiere convivir en armonía, pero otro grupo o un individuo específico no, y atentan contra la armonía de todos.

Quien está demasiado abrumado y sufre mucho, quiere abandonar el solar, permutar (si se puede cambiar de geografía, mejor); pero no siempre existe esa posibilidad de catapultarse, y las razones pueden ser infinitas. Facebook es ese solar.

Los cubanos en la isla tienen tantas cosas que decirse entre sí, y tantas cosas que decirle a ese delegado del Poder Popular que es el Estado… Estuvieron tantos años sin la posibilidad real de decir estas cosas, que no experimentan la libertad de expresión, sino que padecen la libertad de expresión.

La Revolución ha sido, y es, una experiencia traumática para todos. El disentimiento se vivió de manera traumática e implicó la ruptura radical con familiares y amigos. La diferencia se experimentó de manera traumática y mucha gente se atacó verbal y físicamente solo por estar en desacuerdo.

Las libertades expresivas que implican las redes sociales, y la web en general, también se están experimentando de manera traumática. Mucha personas, entre las que me incluyo, a veces pierden el control y con mucha facilidad convierten un debate en un combate profile vs. profile.

Pero, ¿eso quiere decir que sería mejor que Internet y las redes no fueran una posibilidad real en Cuba, con tal de que no afloren los bajos instintos?

¿Sería mejor no tener un espacio de libertad expresiva, con tal mantener ese orden aparente e hipócrita que acabó con la sociedad civil cubana y con la posibilidad de construir un país de forma colectiva?

Facebook es ese solar en el que estamos todos. Y no hay recursos para irse a otro lado, ni para permutar con un “vuelto arriba” y mudarse a otro barrio, ni para NADA.

Me gusta creer que se puede cuadrar con los arquitectos y los albañiles que están en Facebook para remozar y hasta hacer arreglitos sofisticados, de los que se ven en Instagram y en los perfiles del mundo real.

Me gusta creer que un abogado, un periodista y un rapero van a crear un grupo para echarla fresca, para no dar chance a las ciberclarias, y no para hablar mierda los unos de los otros o hacer pandillas virtuales.

Me gusta creer que el solar-Facebook es una herramienta y no una esclavitud.

El solar-Facebook podría ser mejor, pero es el espacito que tenemos y antes no teníamos nada. En ese pedacito podemos tener lo que el Estado nos negó siempre: la posibilidad de leer lo que nos dé la gana, de consumir lo que nos dé la gana y de decir lo que nos dé la gana sobre lo que nos dé la gana.

Si lo que nos da la gana es de atacarnos entre nosotros y no atacar el problema real, estamos bien jodidos.



© Julio Llópiz-Casal: “Superación subtitulada”. Intervención en el espacio, casete VHS.


Ahora quiero hablarles de esa trampa verbal que es la palabra “independiente”.

La Revolución Cubana es una trampa verbal en sí misma. Una trampa que pare trampas y más trampas del mismo tipo.

Un cine no es independiente o dependiente por sí mismo. Un cine es dependiente de algo/alguien, o independiente de algo/alguien.

Es verdad que “cine independiente” es una etiqueta, comercial como todas las etiquetas, que hereda malanga y su puesto de vianda, de la industria gringa, europea, latina o de donde sea, me da igual. Un consenso puede ser mirarse en el cine independiente como si fuera un espejo, y replicar su funcionamiento en el contexto Cuba: asumir que si una película no se hace con los medios ni el dinero del ICAIC (como si el ICAIC fuese Hollywood) es independiente; asumir que si el dinero viene de la Embajada de Noruega, o de la Embajada de la Luna, o de la CIA, o de Tercer Paraíso, se está haciendo una película independiente. Como es verdad que se estaría haciendo una película independiente de los medios del ICAIC (aunque no independiente de la política cultural), digamos que sí, que es independiente ese cine. Eso es válido.

Pero como la palabra independiente es una trampa verbal, es también una cosita en manos de la política cultural. El sintagma cine independiente ha sido manoseado y corrompido por el Ministerio (recuerden que, como dice Fermín Gabor, cuando decimos Ministerio no nos referimos al MINCULT o al MININT, sino a la sinergia entre ambos), como mismo ha pasado con “espacio alternativo”, por ejemplo.

Si el concepto cine se refiere solamente a un audiovisual realizado con un camarón encantado (la última cámara), con un presupuesto, equipo de trabajo y almuerzo, estaríamos hablando de más. Pero me parece que no es así. El cine se hace de miles de maneras. A veces depende de un Fondo de Fomento, pero a veces depende, literalmente, de un fondo de botella. Hay mucho cine hecho de modo experimental, no convencional y no con bajos presupuestos. La noción de independiente que se debe usar para valorar ese cine es diferente. Eso también es válido.

Ahora, los invito a pensar en algo. Si el Decreto 373, y el dichoso Fondo de Fomento, van a ser aprovechados por gente talentosa que va a comprender ese mecanismo y va a aprovechar esa lógica, y además por gente mediocre y oportunista que va a ejercer la corrupción dentro de esa lógica, eso no está mal. Lo que está mal es que hay un sector del mundo del cine cubano hoy en día, más allá de cualquier independencia, que jamás va a tener una posibilidad dentro de ese sistema, y sobre eso valdría la pena discutir. Porque si se acepta ese sistema como algo natural, estaríamos aceptando que en la colonia de monos van a poder comer solo los monos con las cuatro patas sanas, los que se puedan subir a los árboles. Los monos lisiados y los monos estigmatizados y los monos apestosos, a los que les van a disparar desde las torres de vigilancia, no comerán.

Pero una discusión sobre ese tema no se logra ni poniendo sobre la mesa asuntos personales, ni desacreditando opiniones. Porque la mano de patadas por el culo que nos van a dar a Lynn Cruz, a Carlos Lechuga, a Miguel Coyula, a Claudia Calviño o a mí, cuando no le sirvamos al sistema, va a ser con la misma fuerza y con la misma bota.

No se trata del Decreto 373. Se trata del Decreto 349, del Decreto 370, de Palabras a los intelectuales, del carácter irrevocable del socialismo en Cuba y muchas cosas más.

La cuchilla, cuando baja, baja parejo.

Pregúntenle a Landrián, pero también pregúntenle a Ochoa, a Marcos Abad… Pregúntenle también a Robertico Robaina.

Estén por encima de cualquier soberbia, por favor. Me consta que no es sencillo. Para lograrlo, yo pienso cada segundo en que soy un hombre libre y vulnerable, pero que ellos son unos tiranos cobardes con armas de fuego, y que a la hora señalada van a disparar en ráfaga.

No va a ser lo mismo dispararle a un grupo unido que a una sarta de comemierdas tirándose plastas de mierda unos a los otros. Se los aseguro.


Carta abierta al cine(cito) cubano - Julio Llopiz-Casal

© Julio Llópiz-Casal: “Cine miserable, cine pobre, cine independiente” Casetes VHS, tape y marcador.




La Fracción: por qué, y por qué no más - Julio Llópiz-Casal

La Fracción: por qué, y por qué no más

Julio Llópiz-Casal

La Fracción fue un espacio mensual en el tabloide Noticias de Arte Cubano, entre 2013 y 2015. La historia del arte conceptual está llena de ejemplos de este tipo: publicaciones no convencionales e infiltraciones en espacios editoriales para canalizar ideas atípicas o subversivas.


2 Comentarios
  1. El texto toca puntos importantes. Es solidario y conciliador, contra actitudes autoritarias o sensibles que le adjudiquen al debate las toxinas de Fb. Distingue (finalmente) que la independencia se posiciona en relación a algo, y este algo no es solo el parámetro o canon de la administración cultural (que también) sino la economía del arte (pactos, prebendas, accesos, convenciones de discurso) que tienen extensiones gremiales. Que no están mal, que no se hacen depuraciones, sino alertas a tomar etiquetas y vanagloriarse de ellas. Porque el cine independiente en Berlin nada tiene que ver con el de NY y estos con el de La Habana o Caracas. El cine que se cataloga independiente tampoco es el mismo antes y despues de los decretos que regulan el arte. Porque la independencia es un criterio político y no una etiqueta comercial. Pero lo esencial es que Julio Llópiz-Casal llama a pensar como gremio, como ente cívico, en comunidad. Gracias Llópiz. 🙌🙌🙌

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