Ingeborg Portales: intimidad de la luz en medio del bullicio

Desde fines del siglo XIX se ha aceptado que solo la fotografía tiene el poder de repetir la realidad tal cual. Hoy, sin embargo, esa imagen fotográfica ya no es de la realidad. En la era de Instagram, Youpic, Snapshot, Flicker y Pinterest, la canibalización de la imagen se ha hecho tan ubicua como el CO2 en el calentamiento global.

La imagen fotográfica ha eclipsado la realidad. El doble reemplaza al original, pero el doble es un vacío con una función específica: disimular la mentira. Diríase que la imagen fotográfica ha perdido el poder de decir la verdad. La fotógrafa cubana Ingeborg Portales ha decidido lanzarse al ruedo precisamente en este momento raro (está loca, o simplemente no resiste más el velo impostado de la mentira).

El portafolio de Portales va creciendo. Cada nueva serie enriquece lo anterior y apunta a lo que sigue. Las series Habitar en tu casa y Eternity (tomadas con cámara Nikon FM2), cubren el primer período en la Cuba de los años 90 (Portales emigró a Estados Unidos en 1997). Las series Blessed, y Unplugged (2014-2020) marcan el desarrollo posterior.


Empecemos con lo que no es

No es neovanguardista (se dice de esa imagen fotográfica que siendo alérgica a la realidad actual, persigue renovarla).

No es una foto performativa (se dice de la imagen adicta al naturalismo teatral de una Hannah Starkey).

No es fotografía “en color” (volvamos a la raíz; en La cámara lúcida Roland Barthes apunta: “el color es una capa fijada ulteriormente sobre la verdad original del Blanco y Negro”).

No se burla ni subvierte ni protesta (imperativo político-ideológico del arte contemporáneo).


Seguimos con lo que es

Ingeborg es realista porque muestra el mundo cándidamente (se dice del vestido resplandeciente que lleva la realidad). Su trabajo se acerca a la photographie humaniste de precursores como Josef Koudelka, Alicia d’Amico, Graciela Iturbide, Robert Frank y Bruce Davidson.

Apunto algunos rasgos de esta imagen:

  • estimula la curiosidad sin falso maquillaje,
  • intuye la verdad detrás de la apariencia,
  • apunta la elegancia y dignidad de la crudeza,
  • da anchura a la espiritualidad,
  • evoca un tiempo y espacio específico,
  • brinda intimidad, incluso, en medio del bullicio.

Portales es improvistadora. La foto es el tiro que captura; la vista, el oteo que improvisa la imagen en su sorpresa. La fotografía es ars mechanica, pero el mecanismo obedece al ojo y el dedo de la improvisadora de la vista que guía el disparador.

Ingeborg es expresista, porque busca imágenes expresivas en el paraíso perdido de la infancia.

Portales es fotocivista (se dice del fotógrafo que hace de la ciudad su sujeto).

Algunos tropos:

  • el collage citadino,
  • la soledad en el gentío del rush hour,
  • el ojo que busca las espaldas de la gente,
  • el ajetreo humano del subway,
  • la intimidad durante el viaje en el tren,
  • el transeúnte en su candidez,
  • las rejas de la ciudad, y lo que hay detrás de ellas.

Portales es grisista (se diría del fotógrafo que cultiva los tonos grises; el no-color para muchos). En Farbenlehere Goethe comenta el poder del espectro óptico en los sentimientos. Ingeborg, romántica al fin, discierne la tristeza de los grises: del gris lumínico, el fuliginoso, el plateado, el plomizo, el herrumbroso, el gris ascua, el gris de lava, el gris negrizco.

Portales es pecerista; la pecera es plenum de la humanidad que la habita.

Como por ejemplo:

La muchacha vestida de lentejuelas y tacones, zapateando en la estación de ómnibus.

La cantante del brazo tatuado en el pasillo grisáceo del subway.

El juego furtivo de miradas bisectadas por la luz en plena calle.

El San Jorge colgado en la pared encima de lo pomos de Clorox en el carwash “La dolorosa” de Union City.

Rostros distorsionados por la velocidad del tren.

La transeúnte citadina con su niña escudriñando apetencias detrás de la vidriera.

El tatuaje “Yo soy así” en el brazo macizo del jugador de dominó.

La cara extenuada de la rubia jornalera detrás de la ventana del carro de helados.

El músico callejero a punto de rasgar un acorde en su guitarra.

Jesús en la pared de una esquina en West New York.

La mujer que termina el último capítulo de la novela mientras espera el tren en la Grand Central.

El taxista coreano con la mirada congelada.

La anciana que devora un versículo de la Torah dentro de la canasta de compras del Thrift Store.

Recomiendo joyitas como “El entierro”, de Habitar en tu casa; “Miradas”, “El corte”, “Laberinto”, “Baby”, “El viaje”, “Remate final” y “Nereida” de Unplugged; “El altar de María” y “Protección y confianza” de Blessed.


Galería


Ingeborg Portales – Galería.




Cándido Camero

Cándido Camero (1921 – 2020), el último solo de congas

Ingeborg Portales

En el año 2006 tuve la dicha de poder conversar con Cándido Camero (1918 – 2020) a raíz del documental que sobre él realizara el cineasta Iván Acosta: Cándido manos de fuego. Digo dicha, y digo suerte, porque conversar con Cándido fue descubrir la verdadera grandeza de este genio de la música cubana, más allá de sus palabras.


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