Yornel Martínez: “Pocas veces suelo definirme como cubano”

Yornel Martínez nació en Manzanillo en 1981. Se graduó de pintura y dibujo en la Academia de Artes Plásticas José J. Tejada de Santiago de Cuba, y en la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte de La Habana. Vive y trabaja en La Habana.

Yornel es uno de los artistas cubanos contemporáneos cuya obra más admiro. Es una obra que articula operaciones culturales complejas a través de la subversión de las categorías artísticas, y aborda cuestiones esenciales tocantes a la esencia y a la función del arte, a los límites y a la desvalorización del acto estético, sometido cada vez más a las leyes de la moda y de la mercantilización.

Su poética pasa de una disciplina a otra, desdibuja y desvanece las fronteras entre los distintos medios artísticos, como la pintura, el dibujo, el caligrama, el objeto, la instalación, el performance, etcétera. Los mezcla, los combina, los imbrica para crear una estructura visual usando todas las potencialidades de la imagen y de la obra de arte. Su fascinación por el libro como objeto, memoria y espacio; su interés por el funcionamiento y la filosofía del lenguaje, constituyen la base de muchas de sus obras, que son un proceso de reificación y materialización de textos, poemas o ideas inspiradas en la estética de poetas vanguardistas que él admira.

Esta obra ambivalente, compleja, a la vez crítica y alegórica, se inscribe en la prolongación del lenguaje, al cual restituye los modos de una movilidad poética, y plantea una nueva configuración del artista: otros aspectos de su figura que no se limitan a la producción de obras, sino también a acciones y gestos.

La andadura estética de Yornel Martínez es una meditación poética y conceptual, reflexión y análisis habitados por un aliento personal indiscutible.

Empecemos por un autorretrato: háblame de tu infancia en Cuba, de algún recuerdo…

Fugarme de la escuela con mis amiguitos, para irnos al mar.

Mi niñez transcurrió en una ciudad del oriente cubano: Manzanillo, que actualmente pertenece a la provincia de Granma. En sus playas se produjeron los acontecimientos que dieron origen al poema épico Espejo de paciencia,de Silvestre de Balboa, en el año 1604.

En mi temprana adolescencia viví el Período Especial; recuerdo esa época como un momento de gran escasez y al mismo tiempo mucha creatividad generada como respuesta colectiva y popular ante tanta precariedad.

¿Qué formación tuviste? ¿Cómo valoras la enseñanza que recibiste?

Comencé el nivel elemental en Manzanillo, en 1993; luego ingresé al nivel medio en la Academia José J. Tejada en Santiago de Cuba, en 1996, y vine a La Habana en 2002, a estudiar en el ISA.

En el nivel medio fui alumno de Mario Trenard, excelente artista y profesor. Luego, en el ISA, fue importante para mí conocer a Eduardo Ponjuán y tener la oportunidad de participar en sus talleres de crítica. En la Facultad de Artes Plásticas, el profesor de filosofía Gustavo Pita ejerció una gran influencia sobre la mayoría de nosotros.

Al formularme esta pregunta pienso en los talleres de crítica del ISA de aquellos años. Recuerdo que los profesores insistían en la experimentación, fomentada en cierta medida por el énfasis en el proceso y el aprendizaje, en lugar de pensar en obras terminadas.

En esa etapa de formación entré en contacto con músicos, actores, bailarines de danza contemporánea… El ISA era una escuela multidisciplinaria, un espacio que no se limitaba únicamente a los procesos de aprendizaje; por aquellos años era un sitio súper activo: exposiciones, proyecciones de películas, conciertos, performances, presentaciones de teatro…

Muchas de estas actividades sucedían de manera extracurricular, solían tener lugar allí o en otros sitios. Todo eso formaba parte de un proceso de investigación, discusión, colaboración. Para mí, fue un momento de búsqueda y definición.

¿Eres reacio a explicar tu trabajo? ¿Qué crees de la crítica de arte?

Hago presentaciones de mi trabajo con regularidad; para mí es una forma de entenderlo, un ejercicio que me ayuda a clarificar ciertos procesos.

El crítico de arte es un agente más del complicado, confuso y sofisticado sistema de relaciones que conforman el arte contemporáneo. La crítica de arte, por su parte, sigue siendo necesaria. Prefiero las críticas agudas; como dijera el crítico español Fernando Castro Flórez: “una crítica que sepa sospechar de las evidencias y que aparte el humo de la actividad pirotécnica”.

¿Le atribuyes a un artista —contemporáneo o del pasado— una fuerte influencia en tu obra?

La pregunta es abrumadora: ¿¡¡¡un artista!!!?

Un artista: Marcel Broodthaers.

¿Qué obra de arte contemporáneo te habría gustado hacer?

Perfect Lovers, de Félix González-Torres.

¿Cómo definirías tu práctica artística?

No me gusta definirme ni encasillar mi obra. Etiquetar solo sirve para simplificar y confundir. Creo, no obstante, que mi trabajo tiene componentes del arte conceptual y de mil otras cosas más.

Opero en el intersticio que existe entre lo poético y lo conceptual, con un marcado interés por el lenguaje. Procuro generar transformaciones poéticas que desdibujen las fronteras entre los diferentes medios: instalaciones, objetos, caligramas, pinturas y dibujos.

Me gusta recurrir a esa zona inagotable de producción simbólica del lenguaje; a ese campo de la literatura expandida que ha sabido incorporar las exploraciones que inició Mallarmé con Un golpe de dados y que siguió luego Apollinaire con sus Caligramas, o la poesía concreta, el poema objeto y otras escrituras visuales del siglo XX.

Háblame de tu generación, la de los años 2000.

En los años 2000 se produjo un reordenamiento en la escena artística cubana, que ha ido agenciándose de múltiples calificativos. Adentrarnos en esto nos llevaría a un entendimiento de cuáles han sido los móviles contextuales en que tal sensibilidad se manifiesta. Este tema es más complejo de lo que pudiera parecer.

Como artista, suelo plantearme ciertas preguntas con mi trabajo. Siempre hay un grupo de artistas de tu generación con los cuales puedes dialogar y compartir; cuando esto no pasa, uno se puede ver encerrado en un monólogo estéril y la obra se aísla en demasía de ciertas preocupaciones generacionales, para bien o para mal, uno nunca sabe.

¿Trabajas a partir de bocetos o dibujos?

Suelo andar con mi cuaderno, anoto cualquier idea, ya sea en forma de texto o dibujo. Desconocemos cómo, cuándo, por qué, bajo qué forma se hará presente aquello que uno quisiera que llegara: una buena idea.

¿Qué importancia le das al dibujo en tu obra?

El dibujo en mi trabajo es sobre todo una estrategia conceptual. Juega un papel importante en mi proceso creativo como vehículo de reflexión.

El dibujo como medio constituye una producción paralela a otros proyectos de mayor envergadura y duración. Su encanto radica, precisamente, en su sencillez extrema, en la humildad de un procedimiento que contrasta con el mundo que nos rodea, donde reina la desmesura tecnológica y el exceso de artificio.

¿Creas todos los días? ¿En qué momento?

Comienzo a trabajar porque tengo ganas de hacerlo. Luego, posiblemente debido al estímulo que se produce, algo comienza a anidar.

¿Con quién te gustaría tomar un café?

Con el escritor catalán Enrique Vila-Matas.

¿Qué relación mantienes con las otras artes, y cómo estas otras disciplinas han permeado tu obra?

Durante varios años trabajé con el grupo de teatro experimental El Ciervo Encantado,que dirige Nelda Castillo. Tuve la oportunidad de participar en su proceso de investigación y creación grupal. Tengo además excelentes amigos poetas.

Para mi proceso de trabajo ha sido definitivo establecer redes de afinidad, complicidad y afectos con profesionales de otras disciplinas; esto ha enriquecido las intersecciones poéticas que existen entre quienes desarrollan su trabajo en otros campos y la visión que tengo yo como artista.

Supongo que tu biblioteca puede decir mucho de tu obra. ¿Me podrías hablar de algunos libros que te hayan marcado?

En un poema del libro Elogio de la sombra (1968), Borges escribió: “Ordenar bibliotecas es ejercer, de un modo silencioso y modesto, el arte de la crítica”. Esta sentencia implica para mí pensar el criterio del orden unido a la subjetividad, personal e intransferible, que se diagrama en cada biblioteca particular.

En ese sentido, el orden de nuestras bibliotecas refleja nuestra naturaleza lectora, nuestras preferencias e incluso nuestras desaprobaciones.

Por otro lado, morder el anzuelo y responder directamente tu pregunta podría constituir un gesto pedante. En definitiva, acumular libros en un estante está más cerca de la posición de un coleccionista de libros que de la de un lector agudo.

¿Qué estás leyendo ahora?

Las primeras páginas de varios libros.

¿Por qué las referencias a la cultura asiática en tu trabajo?

El descubrimiento de América constituye una de las más extravagantes fantasías orientalistas. Cristóbal Colón llegó al continente americano en un fallido intento por descubrir una nueva ruta a la India.

Asia constituye un espacio de alteridad. En algunas obras pervive ese intento de ficcionar un territorio; lo cual me da licencia poética para echar a andar ciertas referencias culturales sin que necesariamente todo constituya una “verdad de vida”.

 ¿Cuál es tu relación con el mercado del arte?

Mi relación con el mercado del arte es directamente proporcional a tener que vivir de lo que hago: arte contemporáneo. Sin embargo, intento tomar determinaciones sobre mi trabajo que no estén orientadas hacia la venta.

¿Qué papel le concedes al arte en nuestra sociedad actual?

Creo que el arte no puede cambiar el mundo, pero sí puede reinventarlo, puede generar una grieta en lo que entendemos por realidad.

El artista muchas veces funciona como catalizador, como una chispa que hace que se desencadenen una serie de eventos. El artista cuestiona, propone e imagina nuevas narrativas.

¿Qué representa Cuba en tu vida y en tu arte?

Alimentar estas narrativas fortalece estereotipos identitarios ya manidos. Pocas veces suelo definirme como cubano. Estoy aquí. Nunca me acuerdo de que soy cubano, aunque tampoco se me olvida. Cuando salgo de Cuba tengo una desventaja: me confunden con un árabe… y mi comida favorita es la tailandesa.


© Imagen de portada: Irving Alfaro.


Galería


Yornel Martínez – Galería.




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