Néstor Arenas: “Está de moda que el artista venda algún tipo de drama”

La obra de Néstor Arenas afronta el mundo de la imagen, no esquiva sus ambigüedades ni sus embelesos: la modela para hacerle decir todo y luego lo contrario, desnudando sus mecanismos y su estatuto. Sus pinturas, sus dibujos, sus fotografías, sus esculturas, sus instalaciones, se inscriben en el corazón de una política de la imagen en una época en que la mutación del sentido de la belleza es pasmosa. Arenas se ocupa de los problemas internos del arte antes de ocuparse de una situación externa, cultural, social o política. 

Las preocupaciones de Arenas son ante todo estéticas, por mediación de la carga significante específica que atribuye a las imágenes que retiene, y por dedicarse a fijar las líneas de un dinamismo cromático. Desarrolla su arte a partir de los símbolos iconográficos de su tiempo y de su país de origen, a la par que lo articula alrededor de la exploración voluntarista de las convenciones de la gran pintura que expresa lo invisible por lo visible. 

Producto de una época en que la sociedad ha sido redefinida por el progreso tecnológico y la publicidad, en que la cultura se ha reformado según fenómenos sociológicos, en que estamos en la prehistoria de nuevas utopías, Néstor Arenas escoge imágenes que, por su dispositivo formal, introducen un acercamiento perceptivo subversivo.

Esta obra de inspiración fotográfica, que oscila entre la autobiografía y lo ficcional, es la de un romántico posmoderno que ancla la pintura o la fotografía en la realidad histórica de su tiempo. Néstor Arenas es un artista político, pero su actitud, que nunca fue propagandística ni denunciadora, no es anecdóticamente política (no defiende ni reivindica nada). Habida cuenta de que Arenas nació y creció bajo el totalitarismo del régimen castrista en Cuba, donde el arte servía principalmente para la propaganda del poder, una vez que logró exiliarse a Estados Unidos pudo observar directamente el papel y el lugar asignados al arte moderno en una sociedad capitalista, y mostró en su obra la voluntad de desmitificar las imágenes e incluso el arte. 

Esta desmitificación no fue ni es en absoluto la manifestación de una rabia nihilista, sino la traducción de un deseo irreprimible de desmontar los subterfugios de la pintura, los mecanismos de la representación y de las utopías; de hacer fracasar la trampa de las imágenes frente a un repertorio iconográfico tan simbólico como el del comunismo o la patria; de librarse de la fatalidad de un acercamiento ideológico de las obras, y de quitarse de encima su lastre histórico.

La obra de Néstor Arenas no deja de explorar el campo visual y se renueva por ciclos: a intervalos más o menos regulares, el artista anexiona otros territorios estilísticos y temáticos. Pero sus imágenes siempre funcionan como signos ordenados según su propia y particular sintaxis formal.

Néstor Arenas nos remite a una tradición del arte del siglo XX: la búsqueda de una fantasmagoría iconográfica procedente de orígenes populares, de ilustraciones banales y anodinas; la mezcla de significantes trágicos y frívolos en una misma composición; el abrupto cambio de escala o de género a fin de recordar el auténtico valor de la cultura visual y de aumentar la sensación onírica de una imagen pintada, la cual se apodera de la mirada e inunda la conciencia del espectador.

Empecemos por un autorretrato: háblame de tu infancia en Cuba, de tu familia…

Nací en Holguín en 1964. Soy el menor de tres hermanos, fruto de la unión de un mecánico y una costurera. Viví en un barrio pobre donde pasaba cerca un río, en el que mis hermanos y yo capturábamos pequeños peces para nuestra pecera. También son muy gratos en mi memoria los viajes a la playa; para mí era como una aventura donde mi padre era el superhéroe que manejaba el camión de su amigo, y mi mamá preparaba las provisiones; salíamos muy temprano y regresábamos siempre muy cansados y quemados por el sol. Recuerdo también cómo construíamos nuestros juguetes: arcos y flechas inspirados en las famosas Aventuras, que era un programa de la televisión dirigido a los más pequeños.

Fue una infancia rodeada de carencias, pero de la que conservo gratos recuerdos.

¿Cuál fue tu primera emoción estética?

Mi primera emoción estética viene de las ilustraciones de los libros, sobre todo de uno sobre historia natural que llegó a mis manos; traté de imitar aquellas maravillosas ilustraciones de paisajes y dinosaurios. Era como viajar en el tiempo, me transportaba a un mundo de fantasías. 

Otro libro importante fue uno de esos manuales para aprender a dibujar un cómic. Fue muy útil para mi futuro aprendizaje académico.

¿Qué pasó para que te decidieras a ser artista plástico?

La timidez. El arte fue la vía para superar mi timidez.

¿De qué manera has evolucionado como artista?

Soy un artista de constantes cambios, exigente en grado sumo con mi creación. Creo que lo que hago ahora es mejor que lo que hice el año pasado o lo que pinté hace veinte años. Si no cambiara, me aburriría.

¿Qué formación tuviste? 

Estudié en todos los niveles que existen en la enseñanza de las artes plásticas en Cuba: nivel elemental, nivel medio y superior (ISA). En total fueron doce años de estudios.

¿Cómo valoras la enseñanza que recibiste? 

Después de mi experiencia por Europa y Estados Unidos, si me pongo a comparar los sistemas de enseñanza del arte, creo que la enseñanza que recibí no fue mala en cuanto a metodología, pero no siempre tuvimos buenos maestros, quizás por su insuficiente formación. Después de esto, quedan tu talento y tu motivación para seguir adelante.

¿Han cambiado tus ideas sobre el arte? 

Sí, todos los días cambian. Cambian al leer un buen texto o al visitar un museo o simplemente al ver el Instagram. 

¿Cómo definirías tu práctica artística? 

Caótica.

¿Eres reacio a explicar tu trabajo, al acercamiento crítico?

Está de moda que el artista, además de su obra, venda también algún tipo de “drama”. A las instituciones les encanta que cuentes tu “historia” y los coleccionistas sienten un morboso deseo de saber la “historia” de la obra o del artista a quien le compran su trabajo. Debemos agradecer nuestro paso por el ISA, que nos preparó para “la muela”, el discurso. El artista dejó de ser un sujeto bohemio para convertirse en un show man; estamos en la época y en la sociedad del espectáculo.

¿Qué artistas te han influenciado y a cuáles sigues admirando? 

Piero della Francesca, Velázquez, Goya, la Bauhaus, Picasso, el movimiento Dadá, la vanguardia rusa, el Pop Art, la Transvanguardia.

Entre los artistas cubanos: Wifredo Lam, José BediaFlavio GarciandíaGustavo Acosta.

En estos momentos, la gráfica de los videojuegos y el criptoarte

Desde la distancia, ¿cómo juzgas a tu generación, la de los años ochenta?

Fue la generación que nació con los deseos de cambiar la realidad desde el arte. Fue una década que comenzó con los sucesos de la embajada del Perú, el Mariel; luego la Glasnost, la Perestroika, la caída del muro de Berlín y, para rematar, el caso Ochoa. Fue la generación que llamó la atención de instituciones, galerías y museos sobre el arte cubano a nivel internacional. Los artistas de los años noventa fueron los que en realidad disfrutaron del interés que provocó esta generación, ya que muchos de los artistas de los ochenta se “perdieron” en el exilio, otros siguen trabajando. 

¿Conoces la influencia que has tenido en otros artistas cubanos?

No sé si he influenciado a algún artista, no creo. Alguno me ha comentado que admira mi trabajo. Lo que sí he visto es que algunos artistas jóvenes tienen discursos muy cercanos al mío, y lo hacen muy bien.

Háblame de tu proceso de creación.

Me interesa reflexionar sobre las problemáticas y contradicciones de la cultura y la sociedad. Incorporo a mis pinturas iconografías de contenido político, como edificios y monumentos patrios, así como elementos eróticos, expuestos en el cuadro desde una perspectiva visual paisajística. 

En 1995 viajé a Europa y residí en España durante siete años. Visité y estudié obras en los grandes museos españoles y experimenté el hecho de estar frente al “original” de obras que me habían inspirado en mis búsquedas y preocupaciones estéticas anteriores. Desde ese momento, mi percepción de la obra tiene otra perspectiva.

En 2002 fijé residencia en Miami, donde comencé mi experimentación con la fotografía. Junto a otras técnicas gráficas, la fotografía enriqueció la textura y el soporte material de mi obra actual. 

En 2014 inicié la serie llamada Paisajes Transformers, un proyecto sobre mi serie pictórica del mismo nombre que cuenta ya con tres importantes exposiciones en Cuba y Estados Unidos, y que me ha llevado a ser uno de los ganadores del Premio Pollock-Krasner en 2019. Es un recorrido donde planteo lo que será el “paisaje del futuro”: un paisaje donde conviven, de un lado, las iconografías y la memoria gráfica que heredamos de las sociedades comunistas de Europa del Este y de Cuba; y del otro lado, un “arte de masas” salido de los mass media del capitalismo tardío y de toda esa herencia iconográfica como modos de representación de las ideologías que han motivado la historia reciente de nuestras sociedades.

Mi serie más reciente, en la que me encuentro sumergido actualmente, Typologies, es una suerte de resumen de los últimos seis años de creación. Es una serie que continúa mi interés por el paisaje, pero se centra más en el lenguaje arquitectónico y geométrico.

¿Cómo transcurre tu día a día?

Cuando me levanto, preparo mi café y me pongo al día en cuanto a las noticias, una costumbre que adquirí en España, donde desayunaba en los bares y leía la prensa del día. Después toca organizar la jornada en mi taller de impresión digital; luego voy directo a la(s) pieza(s) en la(s) que estoy trabajando. 

Utilizo varios materiales para la creación: el acrílico, el óleo, los rotuladores. Generalmente preparo mis telas, tengo que estar contento con la superficie que voy a trabajar. También trabajo la escultura con diferentes materiales, como el PVC.

Al final del día, con un tabaco y un trago, disfruto de lo que he hecho y de lo que está por hacer. En mi caso, considero que una obra está terminada cuando me empieza a aburrir.

¿Qué particularidad tiene la pintura para que continuamente se anuncie su muerte y su resurrección? 

Algo tan universal como la pintura nunca muere, solo cambia.

¿Creas sin pensar en un público, sean amigos, coleccionistas, galeristas…?

La necesidad de crear va de la mano con la necesidad de mostrar, es la consagración del ego: pintamos o creamos para que de alguna manera otros consuman nuestra creación.

¿Qué afinidad tienes con las otras artes?

Tengo una relación de amor con el cine, que supera a la que tengo con la pintura. La música llena la soledad de la creación. En mi biblioteca dominan los libros de arte, pero como objetos de colección.

¿Cuál es tu relación con el mercado del arte? 

Una relación de puro interés.

¿Qué opinión te merece el lugar que ocupa el dinero hoy día en el mundo del arte?

El arte es un valor que se traduce en dinero cuando el artista o la galería lo vende, y es necesario para continuar creando. En la actualidad los artistas, influenciados por la Factory de Warhol, se convierten en empresas que producen objetos: son artistas empresarios.

El arte es una commodity donde las grandes fortunas depositan su dinero. No sé cómo será en el futuro esta relación arte-dinero, pero ya estamos vislumbrando cómo se puede perfilar el mercado del arte con el caso del criptoarte o NFT.

¿Piensas que el mercado orienta la creación?

El mercado banaliza la creación.

¿Qué relación tienes con los galeristas?

Una relación de negocio.

¿Qué papel le concedes al arte en nuestra sociedad actual? 

Show y entretenimiento.

¿Cuándo y por qué decidiste exiliarte?

A finales de los ochenta y principios de los noventa hubo un éxodo de artistas a diferentes países por la realidad política y económica que nos aplastaba. Muchos, como yo, decidimos buscar la alternativa de marcharnos.

En 1995 salí a España; necesitaba mirar el mundo, darle un aire a mi trabajo. En ese entonces mi obra llevaba implícita una crítica hacia el Estado totalitario, y me convertí en objetivo de los “segurosos “, pues la vigilancia es parte de ese sistema.

Cuando sales de Cuba, para el gobierno eres un posible exiliado; el Ministerio de Cultura te borra de sus registros como artista por la sencilla razón de que sales de su control. Automáticamente, pasas a la “otredad”.

¿Qué queda de Cuba, y de La Habana, en tu vida y en tu arte?

Quedan los recuerdos, quedan los sueños e ilusiones de un país mejor, quedan los amigos. La tierra la llevas en tu espalda, ella va en ti y tú eres la tierra, está en tu ADN. 

La Habana fue la ciudad que me impresionó desde que la vi por primera vez; de ella guardo los buenos años de estudios, el buen teatro, la Cinemateca y los grandes eventos como la Bienal y la década de los ochenta. La Habana está presente en mi obra por los lenguajes iconográficos que utilizo; un ejemplo es la serie Havana Transformers, que surgió en el contexto del acercamiento entre La Habana y Washington durante la era Obama. El hecho de vivir en Miami me acerca a los conflictos que suceden en Cuba. Mi obra es el escenario donde ocurren conflictos generacionales, estéticos y políticos. A la vez, ella “dibuja” un posible futuro de estos conflictos.


Galería


Néstor Arenas – Galería.




Carlos Luna

Carlos Luna: “Para mí el dinero es un medio, para otros es un fin”

François Vallée

“La relevancia de la generación de los ochenta terminó siendo local, insular: solo fue notable dentro del contexto de Cuba; fuera de las fronteras, no generó una diferencia. Nuestros logros como artistas en el mundo, están marcados por la individualidad”.





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