María Ángeles Fernández Cuesta, ‘La Pinturitas’ de Arguedas

Desde que descubrí a La Pinturitas y su trabajo pictórico en 2009, regreso cada año a Arguedas, un pequeño pueblo español situado en la provincia de Navarra, para filmar y fotografiar la evolución de su extraordinaria obra.

Nacida el 10 de enero de 1950 en Toledo, María Ángeles Fernández Cuesta es una creadora instintiva y una mujer fascinante que realiza con tesón y de manera obsesiva una obra colorida, marcada por lo efímero, al estar pintada sobre un único soporte: los muros de un restaurante abandonado, cuyo irremediable destino será la demolición o su reforma.

Comenzó a pintar en el año 2000 sobre los muros de este edificio para representar a los que en el pueblo la despreciaban. De modo que expandió sobre las paredes un mundo personal que compensaba la exclusión de la que era víctima y la incomprensión de los que se acercaban con ánimos de burla.

Se casó con Miguel Galarreta, con el que tuvo cuatro hijos. La vida de pareja resultó difícil de sostener por diversas situaciones, pero los profundos vínculos que unían al matrimonio les permitió superar pruebas terribles. Fue a partir de 2000 que la pintura aportó a María Ángeles Fernández Cuesta cierto equilibrio, con el que evitó zozobrar ante conflictos familiares y económicos. 

En mi primer regreso, en 2010, me sorprendió constatar que casi todas las pinturas y dibujos fotografiados en 2009 habían desaparecido. La artista los había modificado con nuevas aportaciones o los había sustituido por otras. El fenómeno volvió a producirse en 2011 y así sucesivamente. Por lo que, en cada encuentro, disfruto in situ de una “muestra renovada”, que La Pinturitas, como si fuera la guía de su propio museo, suele explicar en detalles y con la mayor pasión.

No hay nada que detenga a esta creadora infatigable, que se empeña, sea invierno o verano, en transformar, embellecer y restaurar con amor sus pinturas. Sobre todo, aquellas en las paredes exteriores que, al realizarse con acuarelas, tienden a decolorarse por la exposición climática. En este acto de renacimiento de la obra, el espectador se enfrenta a un hecho artístico que emana de la necesidad interior de Fernández Cuesta de expresarse.

Sobre su trabajo, Sarah Lombardi[1] precisó:

su trabajo nace de la necesidad vital de crear que caracteriza a los artistas marginales […], a la manera de Giovanni Bosco en Sicilia (que pintaba sobre los muros de las calles del pueblo de Castellammare del Golfo), La Pinturitas se apoderó de un espacio público para convertirlo en su propio soporte expresivo, a falta de medios para comprar lienzos. Si bien esta decisión vino determinada por las restricciones y las carencias, este soporte providencial ofrece a la artista la ventaja de poder trabajar sobre una superficie enorme —varios metros de muro— y sin límites.[2]

El emplazamiento del edificio abandonado en el que pinta, situado a la salida de Arguedas, en la carretera nacional Pamplona-Zaragoza, le ofrece una posición estratégica, ideal para charlar con los viajeros, que se detienen atraídos por este inmenso lienzo de unos cincuenta metros de largo por dos de alto y que constituye la fachada. Ese contacto con el público ocasional alienta una dinámica de intercambio que impulsa y condiciona su labor creativa. 



La Pinturitas. Vídeo de Hervé Couton.


En 2012, parte del enrejado que impedía el acceso al edificio desapareció y la artista aprovechó la ocasión para acceder al interior. Desde entonces decora con sus pinturas las paredes de todas las estancias, creando así otro lienzo tentacular en expansión y conformando un verdadero entorno de arte marginal. Algo que Jo Farb Hernández[3] definió como

producción atípica, intensa y obsesiva que solamente se encuentra en un puñado de mujeres en todo el mundo. […] En sus obras, el acto de pintar y volver a pintar encima nuevas imágenes, puede reflejar un alma sin reposo, pero también indica un espíritu de creatividad desbordante, que al mismo tiempo se ve dominado y liberado por las imágenes que surgen del pincel. A La Pinturitas le interesa más su obra futura que el trabajo ya terminado, y encuentra una especie de realización personal, de seguridad y, quizá, de catarsis, por los esfuerzos que invierte en su viaje a través de la expresión creativa.[4]

Los motivos pictóricos predominantes representan marañas de casas con enormes ventanas, cuerpos de animales y grotescos rostros que se superponen. Los personajes expresivos que recrea, poseen ojos fijos y prominentes, con grandes pestañas, cabelleras con motivos animales (toros, pájaros, serpientes…) y labios con formas de peces que descubren gigantescos dientes blancos en perfecta alineación. Los numerosos textos, de caracteres estilizados y zoomorfos, se multiplican entre el embrollo de nombres de jugadores y entrenadores de fútbol (María Ángeles Fernández Cuesta es seguidora del Real Madrid) o las menciones de acontecimientos que le han dejado huellas: los años de nacimiento de sus hijos o su marido aparecen pintados con regularidad, siempre precedidos por una letra “K”; el terremoto de Haití de 2010; la catástrofe nuclear posterior al tsunami de Fukushima en 2011; las hordas de refugiados que recorren las rutas Europea; y asuntos relativos a su estado civil, como el recurrente “soy de Toledo, 66 años”, en el que la edad se incrementa con el pasar del tiempo. 

Para ella, todo acontecimiento vivido y leído cobra un sentido otro en los muros, de ahí que los pinte y escriba como parte de su cotidianeidad.

El trabajo creativo de La Pinturitas se efectúa mediante la saturación progresiva del espacio. La artista traza un primer motivo con pintura negra que a continuación colorea. Después, cada parte de este “recién nacido” inspira la imaginación de la artista hasta llenarlo todo. Su trazo es preciso, al igual que el proceso con el que rellena de color las formas que dibuja, ejecutados con un cromatismo particular, innato, que lleva a cabo sin goteo alguno. En los muros interiores del edificio, cada paño de pared representa un tema homogéneo que se despliega a lo largo de varios metros cuadrados y en el que la artista estampa su firma: “Pinturitas – María Ángeles”.  

Laurent Danchin[5] comenta:

cuando uno observa su obra de cerca, descubre un rompecabezas sin fin de manos, bocas, máscaras, animales y casas; un popurrí de formas y colores, de logotipos, lemas y símbolos, de miradas algo alucinadas que se fijan en el espectador como para hipnotizarlo. Todo un mundo nacido de una creatividad inaudita que luego resulta complicado quitar de la mente, por el tiempo que se requiere para descifrar, uno a uno, los elementos que lo componen. […] Es preciso reconocer el trance creativo, lo incesante de La Pinturitas, esa bulimia de cubrir de pintura hasta el más pequeño rincón de las paredes del ex-restaurante de Arguedas, y que se ofrecen a su imaginación sin límites. Como si en cada instante necesitara volver a poner en juego su vida desde el extremo de su pincel, en un esfuerzo tan obsesivo como efímero y abocado a la desaparición, al riesgo del testimonio desde la urgencia de la idiosincrasia, de su presencia en el mundo.[6]

Teatral y voluble, es frecuente que La Pinturitas se ponga a cantar delante de sus visitantes. Esto le ha valido un importante número de videos publicados en YouTube que inmortalizan tales momentos histriónicos. Entre ellos, cuando canta a viva voz la famosa canción Como una ola, que en el pasado interpretaba la española Rocío Jurado. Le atraen las vestimentas extravagantes y se cambia de ropa con frecuencia, dos o tres veces por día. Tiende a ponerse vestidos cuyos motivos y colores van a juego con paños enteros de la obra que esté realizando, hasta llegar a confundirse con su propia pintura, de manera que parece emergida de los muros.



La Pinturitas canta ‘Como una ola’. Vídeo de Hervé Couton.


Desde 2010, María Ángeles Fernández Cuesta intenta que su vida y sus pinturas reflejen la realidad de su tiempo, por lo que acota en sus obras los nombres de Internet, Facebook, YouTube, Raw Vision, y otros medios que difunden su imagen y su obra. En efecto, en Facebook ya existe una cuenta a nombre de La Pinturitas, creada por un admirador, y en YouTube se pueden ver videos grabados por los automovilistas que se detienen a contemplar su trabajo; diversos artículos publicados en la prensa navarra se hacen eco de su constancia creativa. 

De manera excepcional, la artista pinta pequeños paneles de madera que ella misma recoge o le regalan. Eso sí, siempre los trabaja en su espacio y se niega a hacerlo en otro lugar. Para realizarlos aplica el mismo proceso de los muros. Sin embargo, encuentra este ejercicio complicado por las limitaciones que le impone el soporte a la hora de contar una historia con un mínimo de motivos. Durante el encierro pandémico de la Covid-19, aún enclaustrada, no perdía su necesidad vital de crear, por lo que tuvo que pintar sobre estos soportes de madera por ambas caras; siendo esta una práctica común entre los artistas brut

Utiliza además cuadernos que llena con textos y bocetos a lápices de colores. Son nuevas composiciones que a veces encuentras reproducidas sobre los muros. Los cuadernos, abiertos por las páginas dibujadas, se exponen periódicamente en las rejas y ventanas del edificio, junto a los paneles de madera y otros efectos personales, que se integran a las pinturas murales de la fachada.

A día de hoy, las relaciones de la artista con el pueblo han cambiado gracias a la repercusión mediática que ha tenido su obra. Incluso, algunos vecinos manifiestan su simpatía al saludarla en las calles de Arguedas con un toque de claxon cuando pasan cerca de ella, mientras trabaja. 

Bajo la mirada amorosa de su esposo, La Pinturitas prosigue sin descanso con su trabajo creador. Esta mujer entrañable y generosa, que la vida no ha sido capaz de domesticar, produce una obra en constante movimiento, impetuosa, autobiográfica, donde prima el gesto de libertad plena, como una ola de color y alegría que arrasa a su paso, aún consciente de lo efímero de cada instante, de ella misma, de sus pinturas. 


Galería


© Imágenes: Hervé Couton.




Notas:
[1] Historiadora del arte, directora de la Collection de l’Art Brut de Lausana, Suiza, desde 2012. 
[2] “Prefacio”, en Hervé Couton: La Pinturitas de Arguedas, Ediciones Alpas, Montauban, 2018, p. 25
[3] Exprofesora en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad Estatal de California, en San José. Premiada con la prestigiosa beca Fulbright, que le permitió llevar a cabo sus investigaciones sobre los entornos de art brut en España. 
[4] Jo Farb Hernández, en Hervé Couton: ob. cit., p. 32.
[5] Crítico de arte y ensayista francés (1946-2017). Profesor de Literatura y especialista en arte marginal, outsider y singular. Comisario de diversas exposiciones. Miembro del Consejo Consultivo de la Collection de l’Art brut de Lausana y del archivo de SPACES (Saving and Preserving Arts and Cultural Environments), con sede en Estados Unidos. Publicó numerosos libros y fue el corresponsal francés de la revista inglesa Raw Vision.
[6] Laurent Danchin, en Hervé Couton: ob. cit., p. 37.




* Traducción: Josetxo Errea.


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‘Apologetic art’ de Arturo Larrea Cárdenas

Yaysis Ojeda Becerra

Los mejores cuadros de mi vida los quemé. Cuando me dio ese pronto, los lienzos buenos eran los que estaban por delante. La pintura me enseñó a ser consciente de mi diferencia y que mi talento era real. No tengo que demostrarlo a nadie”.






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